TEMARIO DEL TALLER
DE ADMINISTRACIÓN APLICADA A LA EDUCACIÓN
1. Antecedentes de la administración y organización.
2. Antecedentes de la administración y organización escolares, en México
y América Latina.
3. Teorías pedagógicas y el desarrollo de la administración y organización educativa.
UNIDAD
2: Fundamentos pedagógicos teóricos y metodológicos de la
administración y la organización.
2. Análisis teórico-metodológico de las escuelas
o corrientes que inciden en la administración educativa. (Teorías
administrativas).
3. Fundamentos pedagógicos en la administración y organización
educativas.
UNIDAD
3: Aportación de las instituciones a la administración y
organización.
2. Los sistemas de
capacitación laboral y sus fines en algunas instituciones escolares públicas y
privadas. (UNAM, UAM, IPN, Salle, Iberoamericana).
2.1 Sistemas de capacitación laboral.
2.2 La capacitación laboral en
instituciones escolares públicas.
2.3 La capacitación laboral en
instituciones escolares privadas.
3. Formas de administraciones organizacionales
empresariales públicas y privadas.
ORGANIZACIÓN Y ADMINISTRACIÓN
EDUCATIVA. ANTECEDENTES
HISTÓRICOS: LA ORGANIZACIÓN Y LA ADMINISTRACIÓN DESDE LA ANTIGÜEDAD HASTA
PRINCIPIOS DEL SIGLO XX
Para comprender mejor sobre la
administración, iniciaremos por conocer el origen etimológico de la palabra
administración, tomaremos en cuenta los diferentes conceptos de administración,
características e importancia de la misma, así como un breve marco histórico en
los diferentes periodos o edades de la humanidad, así como un breve resumen de
la administración en las civilizaciones de mayor relevancia, profundizar en el tema
de administración de cada una de estas civilizaciones es muy amplio y profundo
con características muy comunes en los procesos actuales de la era moderna.
Definición
Etimológica
La palabra “Administración”, se
forma del prefijo “ad”, hacia, y de “ministratio”. Esta última palabra viene a
su vez de “minister”, vocablo compuesto de “minus”, comparativo de
inferioridad, y del sufijo “ter”, que sirve como término de comparación. Si
pues “magister” (magistrado), indica una función de preeminencia o autoridad
-el que ordena o dirige a otros en una función-, “minister” expresa
precisamente lo contrario: subordinación u obediencia; el que realiza una
función bajo el mando de otro; el que presta un servicio a otro. La etimología
nos da la idea de que ésta se refiere a una función que se desarrolla bajo el
mando de otro; de un servicio que se presta. Para poder entender la
administración se debe conocer la perspectiva de la historia de su disciplina.
Es por eso la importancia de conocer la historia y origen de la administración,
cada civilización o sociedades han contribuido a mejorar esta disciplina que
hoy ocupa a nuestras sociedades en sus diferentes organizaciones.
El ser humano es social por
naturaleza, lo que implica vivir organizadamente. Esto, a su vez, requiere de
dividir las funciones sociales en forma ordenada, de modo que algunos miembros
produzcan alimentos, otros vestidos y otros den servicios. Desde que el hombre
constituyó la tribu requirió de administración para sobrevivir y cubrir cada
vez más sus crecientes necesidades, por lo que la administración es una de las
actividades y trabajos más antiguos e interesantes.
Podemos
decir que la administración se ha ido formando conforme han ido creciendo las
necesidades humanas.
En un principio, los administradores
nacían y eran productos de un liderazgo nato; pero la evolución de la misma
sociedad fue exigiendo más conocimientos de organización de trabajo y de un
mejoramiento continuo de los procesos, los productos y las técnicas
administrativas.
Concepto de Administración
Willbur Jiménez Castro, define la
administración como: “una ciencia compuesta de principios, técnicas y
prácticas, cuya aplicación a conjuntos humanos permite establecer sistemas
racionales de esfuerzos cooperativos, a través de los cuales se pueden alcanzar
propósitos comunes que individualmente no se pueden lograr en los organismos
sociales”.
Fremont E., Kast, dice que la:
“administración es la coordinación de hombres y recursos materiales para el
logro de objetivos organizativos, lo que se logra por medio de cuatro
elementos: dirección hacia objetivos, a través de gente, mediante técnicas y
dentro de una organización”.
Chiavenato Adalberto (1999), refiere que la palabra
administración viene: “del latín ad (dirección o tendencia) y minister
(subordinación u obediencia), y significa cumplimiento de una función bajo el
mando de otro; esto es, prestación de un servicio”. Sin embargo, el significado
original de esta palabra sufrió una radical transformación, ya que la tarea
actual de la administración es interpretar los objetivos propuestos por la
organización y transformarlos en acción organizacional a través de la
planeación, la organización, la dirección y el control de todas las actividades
realizadas en las áreas y niveles de la empresas, con el fin de alcanzar tales
objetivos de la manera más adecuada a la situación. Por consiguiente,
administración es el proceso de planear, organizar, dirigir y controlar el uso
de los recursos para lograr los objetivos.
Características
de la Administración
El fenómeno administrativo se da
donde quiera que existe un organismo social, porque en él tiene siempre que existir
coordinación sistemática de medios. La Administración se da por lo mismo en el
Estado, en el ejército, en la empresa, en una sociedad religiosa, etc. Y los
elementos esenciales en todas esas clases de Administración serán los mismos,
aunque lógicamente existan variantes accidentales. Su especificidad. Aunque la
Administración va siempre acompañada de otros fenómenos de índole distinta (en
la empresa funciones económicas, contables, productivas, mecánicas, jurídicas,
etc.), el fenómeno administrativo es específico y distinto a los que acompaña.
La
Administración Sigue un Propósito.
Una condición de la administración
es un objetivo sea esté implícito o enunciado específicamente. Es un medio para
ejercer impacto en la vida humana. Es decir, la administración influye en su
medio ambiente.
Está asociada generalmente con los
esfuerzos de un grupo, todo organismo acciona para alcanzar objetivos
determinados, los que se logran más fácilmente por medio de un grupo y no por
una sola persona, se logra por, con y mediante los esfuerzos.
Para participar en la administración
se requiere dejar la tendencia a ejecutar todo por uno mismo y hacer que las
tareas se cumplan con y mediante los esfuerzos de otros.
La
efectividad administrativa requiere el uso de ciertos conocimientos, aptitudes
y práctica. La habilidad técnica es importante para cumplir con un trabajo
asignado.
Importancia de la Administración
Una de las formas más sencillas de
la administración, en nuestra sociedad, es la administración del hogar y una de
las más complejas la administración pública. Pero el fenómeno administrativo no
solamente nació con la humanidad sino que se extiende a la vez a todos los
ámbitos geográficos y por su carácter Universal, lo encontramos presente en
todas partes. La administración se da donde quiera que existe un organismo
social, aunque lógicamente sea más necesaria, cuanto mayor y más complejo sea
éste. El éxito de un organismo social depende, directa e inmediatamente, de su
buena administración.
Antecedentes
Históricos
Desde que el hombre apareció en la
tierra ha trabajado para subsistir, tratando de lograr en sus actividades la
mayor efectividad posible; para ello, ha utilizado en cierto grado la
administración. Para comprender mejor la administración, es necesario efectuar
una breve revisión histórica donde se manifiesta más representativamente el
fenómeno administrativo.
Época primitiva
En esta época, los miembros de
la tribu trabajaban en actividades caza, pesca y recolección. Los jefes de
familia ejercían la autoridad para tomar las decisiones de mayor importancia.
Existía la división primitiva del trabajo originada por la diferente capacidad
de los sexos y las edades de los individuos integrantes de la sociedad.
Periodo agrícola
Se caracterizó por la
aparición de la agricultura y de la vida sedentaria. Prevaleció la división del
trabajo por edad y sexo. Se acentuó la organización social de tipo patriarcal.
La caza, pesca y recolección pasaron a tener un lugar de importancia secundaria
en la economía agrícola de subsistencia. El crecimiento demográfico obligó a
los hombres a coordinar mejor sus esfuerzos en el grupo social y, en
consecuencia, a mejorar la aplicación de la administración.
Antigüedad grecolatina
En esta época apareció el
esclavismo; la administración se caracterizó por su orientación hacia una
estricta supervisión del trabajo y el castigo corporal como forma
disciplinaria. El esclavo carecía de derechos y se le ocupaba en cualquier
labor de producción. Existió un bajo rendimiento productivo ocasionado por el
descontento y el trato inhumano que sufrieron los esclavos debido a estas
medidas administrativas. Esta forma de organización fue en gran parte la causa
de la caída del Imperio Romano.
Época feudal
Durante el feudalismo, las
relaciones sociales se caracterizaron por un régimen de servidumbre. La
administración interior del feudo estaba sujeta al criterio del señor feudal,
quien ejercía un control sobre la producción del siervo. Al finalizar esta
época, un gran número de siervos se convirtieron en trabajadores
independientes, organizándose así los talleres artesanales y el sistema de
oficios con nuevas estructuras de autoridad en la administración. Los
artesanos-patrones trabajaban a Iado de los oficiales y aprendices en quienes
delegaban su autoridad. El desarrollo del comercio en gran escala originó que
la economía familiar se convirtiera en economía de ciudad. Aparecieron las
corporaciones o gremios que regulaban horarios, salarios y demás condiciones de
trabajo; en dichos organismos se encuentra el origen de los actuales
sindicatos.
Revolución Industrial
Esta época se caracterizó por la
aparición de diversos inventos y descubrimientos por ejemplo, la máquina de
vapor-, mismos que propiciaron el desarrollo industrial y, consecuentemente,
grandes cambios en la organización social. Desaparecieron los talleres
artesanales y se centralizó la producción, lo que dio origen al sistema de
fábricas en donde el empresario era dueño de los medios de producción y el
trabajador vendía su fuerza de trabajo. Surgió la especialización y la
producción en serie. La administración seguía careciendo de bases científicas;
se caracterizaba por la explotación inhumana del trabajador, horarios
excesivos, ambiente de trabajo insalubre, labores peligrosas, etc. y por ser
una administración de tipo coercitivo, influida por el espíritu liberal de la
época, que otorgaba al empresario gran libertad de acción.
Por otra parte, la complejidad del
trabajo hizo necesaria la aparición de especialistas, incipientes
administradores, que manejaban directamente todos los problemas de la fábrica.
Todos estos factores provocaron la aparición de diversas corrientes del
pensamiento social en defensa de los intereses de los trabajadores y el inicio
de investigaciones que posteriormente originarían la administración científica
y la madurez de las disciplinas administrativas.
Siglo XX
Se caracteriza por un gran
desarrollo tecnológico e industrial y, consecuentemente, por la consolidación
de la administración. A principios de este siglo surge la administración
científica, siendo Frederick Winslow Taylor su iniciador; de ahí en adelante,
multitud de autores se dedican al estudio de esta disciplina. La administración
se torna indispensable en el manejo de cualquier tipo de empresa u organización
dando como resultado las diferentes clases de administración, ya que a través
de la misma se logra la obtención de eficiencia, la optimización de los
recursos y la simplificación del trabajo. En la actualidad, la administración
se aplica en cualquier actividad organizada: desde la realización de un evento
deportivo hasta el lanzamiento de un cohete ínter espacial, siendo
imprescindible para el buen funcionamiento de cualquier organismo social.
La Administración en las Antiguas
Civilizaciones
China
El gran filósofo Confucio sentó las
primeras bases de un buen gobierno en China, a pesar de que nunca estuvo
satisfecho de los que había aportado con tal fin en los diferentes cargos que desempeñó,
desde magistrado local hasta primer ministro. Al retirarse de la vida pública
escribió sobre aspectos políticos y gobierno, incluyendo su criterio sobre
varias cosas.
Otros contemporáneos de Confucio se
interesaron también en los asuntos administrativos y de ellos Micius o Mo-ti
fundó, 500 años antes de Jesucristo, una rama de la misma escuela, que difería
fundamentalmente en aspectos filosóficos más que en principios. A través de
varios siglos, los chinos tuvieron un sistema administrativo de orden, con un
servicio civil bien desarrollado y una apreciación bastante satisfactoria sobre
muchos de los problemas modernos de administración pública.
Egipto
En Egipto el tipo de administración
se refleja una coordinación con un objetivo previamente fijado, su sistema el
factor humano ya tenía cargos especiales es decir contaba con arquero,
colectores de miel, marineros; algo importante de esta organización es que ya
se contaba con un fondo de valores para los egipcios que se obtenía de los
impuestos que el gobierno cobraba a sus habitantes, con el fin de después
duplicarlo al comercializarlo por otros objetos.
Egipto tenía una economía planeada y, un
sistema administrativo bastante amplio, que ha sido clasificado por Weber como
“burocrático”. Debido a los medios de comunicación marítimos, fluviales, así
como el uso comunal de la tierra, fue necesario que tales servicios y bienes
fueran administrados de manera pública y colectiva, a través del gran poder del
gobierno central. La idea que prevaleció en el antiguo Estado egipcio durante
la IV, XI y XVIII dinastías fue que debía haber una severa coordinación de los
esfuerzos económicos de toda población, a fin de garantizar a cada uno de los
miembros de la comunidad, y para ella la misma como un todo, el más alto grado
de prosperidad.
El sistema de los ptolomeos tuvo
gran influencia en la administración de Filadelfia, puesto que en ella también
la agricultura, el pastoreo, la industria y el comercio fueron conducidos
dentro de iguales marcos de rigidez. Durante el Imperio Otomano (1520-1566 d.
J.) se organizó una excelente administración de personal público, a pesar de
que estaba concebida como un sistema de castas. Tantas las formas burocráticas
egipcias como sus seguidores levantinos tuvieron gran influencia en los
criterios de gobierno y la región.
ROMA
La organización de Roma repercutió
significablemente en el éxito del imperio romano y aunque no quedan muchos
documentos de su administración se sabe que se manejaban por magisterios
plenamente identificados en un orden jerárquico de importancia para el estado.
Después de varios siglos de monarquía, ejercida por soberanos etruscos, la
república es instaurada en 509 a. c. En lo sucesivo, todos los ciudadanos
forman el populus romanus, que se reúne en unas asambleas, los comicios. Cada
año eligen unos magistrados encargados de gobernar el país: Cuestores
(finanzas), ediles (administración), y pretones (justicia). En la cumbre, dos
cónsules ostentan el poder ejecutivo, dirigen al ejército y realizan las funciones
de jefes de estado. Acceder a estas diferentes funciones, una después de otra,
constituye el curus honorum. Por último,
todos los antiguos magistrados componen el senado, que controla la política
interior y dirige la política exterior. Conquistadores atrevidos, cultivadores
y comerciantes prudentes, los romanos manejan con igual ardor la espada que el
arado. De esta manera engrandecen sus territorios e implantan una
administración encargada de fomentar su desarrollo. Cada uno de los pueblos sometidos
les suministra un importante contingente de soldados y esclavos. Los ciudadanos
van abandonando progresivamente a estos últimos, cada día más numerosos, la
mayor parte de sus tareas.
Este sistema subsistirá durante varios siglos
y permitirá que los romanos lleven a cabo una obra gigantesca y múltiple en los
límites de su inmenso imperio: construcción de incontables monumentos,
carreteras y acueductos; explotación de minas y canteras, irrigación. Pero
también les quitará el sentido a la lucha y el esfuerzo, dejándolos finalmente
desarmados ante las invasiones de los bárbaros, que acabarán con su poderío a
partir del siglo IV de nuestra era. El espíritu de orden administrativo que
tuvo el Imperio Romano hizo que se lograra, a la par de las guerras y conquistas,
la organización de las instituciones de manera satisfactoria.
El estudio de estos aspectos se
puede dividir en las dos etapas principales por las cuales pasó la evolución
romana, a saber; La República y el Imperio. Sin embargo, deben estudiarse
también la monarquía y la autocracia militar. La primera época de la República
comprendió a Roma como ciudad y la segunda a su transformación en Imperio
mundial, y es justamente este último período el que puede ser de mayor interés
de estudio por el ejemplo administrativo que ha dado. Cuando vino el Imperio, y
éste extendió sus dominios, el sistema consular tuvo que transformarse en el
proconsular que trató de lograr una prolongación de la autoridad del cónsul. Fue así como éstos y los pretores
recibían una extensión del territorio bajo su tutela, después de un año de
trabajo y pasaban así a tener jurisdicción sobre una provincia, bien como
cónsules o como pretores. Años más tarde, al comienzo de la Era Cristiana, vino
otro cambio de gran importancia, al convertirse el imperio Romano en una
autocracia militar establecida por Julio Cesar y mantenida luego por sus
antecesores. Correspondió a Diocleciano (284-205 después de Jesucristo)
reformar la autoridad imperial; eliminó los antiguos gobernadores de provincias
y estableció un sistema administrativo con diferentes grados de autoridad.
Fue así como debajo del emperador venían los
prefectos pretorianos. Bajo ellos los Vicarios o gobernantes de la diócesis, y
subordinados a ellos los gobernadores de provincias hasta llegar finalmente a
los funcionarios de menor importancia. Entre las limitaciones mayores que se le
apuntan a los sistemas administrativos romanos están la era de ampliación que
tuvo la forma de gobierno de la ciudad de Roma
al Imperio, y también la reunión de las labores ejecutivas con las judiciales,
a pesar de que se reconoce que fueron aislados los conflictos de autoridad que
se presentaron por equivocadas concepciones entre los derechos y los deberes
particulares. Ello se subsanó por la disciplina que tuvieron en su organización
jurídica, la cual ha servido de pilar fundamental a la concepción del derecho.
GRECIA
La aportación que dio Grecia a la
administración es grande y fue gracias a sus filósofos, algunos conceptos
prevalecen aún.
SOCRATES. Utiliza en la organización
aspectos
administrativos, separand
el conocimiento técnico de la
experiencia.
PLATON. Habla de las aptitudes naturales de los hombres, da origen a la
especialización.
ARISTOTELES.
Nos habla de lograr un estado perfecto, a través de una buena administración.
PERICLES. Nos da unos de los principios básicos de la administración que se
refiere a la selección de personal. La administración gubernamental griega tuvo
cuatro pasos evolutivos, puesto que sus estados tuvieron:
Monarquías
Aristocracias
Tiranías
Democracias
Con la única excepción de Esparta, en
donde siempre hubo una aristocracia. La monarquía ateniense fue su primer
sistema de gobierno y tuvo relativamente poca importancia desde un punto de
vista administrativo; en tanto que el período aristocrático, que duró hasta el
siglo antes de Jesucristo, y el democrático si tuvieron una gran trascendencia.
Mientras la democracia, el sistema de gobierno griego consistió en una asamblea
popular denominada la eclesia, en el cual residía la autoridad máxima, y en
ella participaban directamente todos los ciudadanos.
Fue así ésa la primera manifestación que tuvo
del concepto de gobierno de la mayoría y de que la soberanía del Estado la
tiene el pueblo. En la eclesia se encuentran en buena parte las bases de
nuestros sistemas democráticos actuales, con algunas limitaciones y
diferencias. En la eclesia se discutían los asuntos y se formulaban las
políticas a través de decisiones en las cuales tenían participación todos los
ciudadanos.
América Latina Época
Precolombina:
En esta época fueron tres las
culturas las que afectaron los cambios administrativos; la cultura Maya, Olmeca
y la Azteca. En cada una tuvo gran importancia la administración sí analizamos
las tres culturas, encontramos en ellas que existía una estructura organizacional
muy compleja, al igual que sistemas económicos y políticos perfectamente
definidos. Contaban con ejércitos, sindicatos, sistemas culturales, comercio,
etc.
Aspectos Históricos de
la Administración:
Periodo
Contribuyente Principales aportaciones
5000
A.C. Sumerios: Establecieron registros escritos para uso comercial y
gubernamental.
4000-2000
A.C., Egipcios: Practicaban inventarios los inventarios. Llevaban diarios
ventas e impuestos; desarrollaron una elaborada burocracia para la agricultura
y la construcción a gran escala, emplearon a tiempo completo administradores y
usaban proyecciones y planeación.
4000
A.C., Hebreos, Aplicaron el principio de excepción y la departa mentalización,
los Diez Mandamientos, la planeación a largo plazo y el tramo de control, así
como leyes morales, agrícolas, sanitarias y de aspectos religiosos bien
definido, la sociedad Hebrea fue administrada a través de Patriarcas, Jueces,
Reyes y los caudillos que se levantaron bajo el mandato divino de su creencia.
2000
– 1700 A.C., Babilónicos Reforzaron leyes para la conducción de los negocios,
incluyendo estándares, salarios y obligaciones de los contratistas.
500
A. C., Chinos: Establecieron la Constitución Chow y Confucio sentó las primeras
bases para un buen gobierno.
500-200
A.C., Griegos: Desarrollaron la ética del trabajo; la universalidad de la
administración (Sócrates); iniciaron el método científico para la solución de
los problemas.
200
a.C. – 400 d.C., Romanos: Desarrollaron sistemas de fabricación de armamento,
de cerámica y textiles; construyeron carreteras; organizaron empresas de
bodegas; utilizando el trabajo especializado; formaron los gremios; emplearon
una estructura de organización autoritaria basada en funciones.
300
d.C. – Siglo XX, Iglesia Católica: Estructura jerárquica descentralizada con
control estratégico y políticas centralizadas.
1300,
Venecianos: Establecieron un marco legal para el comercio y los negocios.
Conclusión:
Las actuales concepciones
administrativas son el resultado de un proceso iniciado en los mismos albores
de la humanidad y que ha venido evolucionando y adquiriendo sus propios
perfiles a través de diferentes épocas y etapas. Dicho proceso administrativo se
inició como un hecho obligado cuando dos individuos tuvieron que coordinar sus
esfuerzos para hacer algo que ninguno de ellos pudo hacer por sí solo y
evolucionó hasta convertirse en un acto previo y cuidadosamente planificado y
racional que permite alcanzar los objetivos con los menores esfuerzos posibles
y con las mayores satisfacciones para los individuos.
El estudio histórico de esa
evolución administrativa nos muestra los enfoques que tuvo esta ciencia en
Egipto, China, Grecia y Roma, y la influencia que tuvieron ciertos
procedimientos utilizados en esos lugares sobre algunas prácticas actuales en
el campo, entre ellas de la organización funcional de los poderes del Estado.
Tema
2
La Organización
de las Instituciones de Educación Superior: la Relación entre las Instituciones
Educativas y los Sistemas Administrativos en América Latina
RESUMEN
Este trabajo es un esfuerzo
intelectual para promover el debate y la discusión en todos los niveles sobre
la importancia de la organización de las instituciones educativas para el establecimiento
de un proyecto educativo comprometido con las necesidades de la población en
América Latina. Se enfatiza la importancia que posee el papel de los sistemas
administrativos al interior de las instituciones educativas en el
establecimiento
de metas
que no sólo se refieran al incremento de la calidad académica sino también al compromiso
que a fortiori las instituciones de educación superior tienen con la
sociedad en diversas cuestiones.
Palabras
clave: institución, organización, administrativo, educación, América Latina.
ABSTRACT
This work is an intellectual effort to promote the
debate and the discussion, in all levels, on the importance of the educational
institutions organization for the establishment of an educational project
compromised with the needs of the population in Latin America. I emphasizes the
importance possessed by the administrative systems role within the educational
institutions in establishing goals not only related to the increase of the academic
quality but also to the fortiori commitment top education institutions
have with the society in diverse questions.
Key words: institution, organization, administrative,
education, Latin America.
La importancia de este
tema radica que en la actualidad se asiste a un periodo de turbulencias y de
cambios drásticos a nivel global, que están dando lugar al surgimiento de una
nueva época, caracterizada por la incertidumbre sobre el futuro: cambian las demandas
de la sociedad y de las personas, cambia la situación internacional, se proponen
nuevas reglas del juego, cambia el rol de los agentes permanentes y surgen nuevos
actores sociales, en una palabra, cambia la organización mundial de la
sociedad.
La educación no es ajena a estas transformaciones. Todos
los países están haciendo un gran esfuerzo por cambiar la organización de sus
instituciones educativas, especialmente en lo que respecta a los sistemas administrativos
y su respectivo peso para el desarrollo social.
Esto incide en los diferentes procesos de interrelación
entre la administración de las instituciones y las mismas prácticas
pedagógicas, no sólo a nivel nacional, sino también a nivel global, esto para
mí es muy importante porque significa la reorganización de los diferentes
niveles en la función administrativa en las instituciones de educación a nivel mundial.
Por principio de cuentas, por función administrativa
entenderemos el proceso de crear, diseñar y mantener un ambiente en el que las
personas de manera individual o que trabajan en grupos, alcancen con eficiencia
metas seleccionadas. Como administración, las personas realizan funciones
administrativas de planeación, organización, dirección y control. Éstas,
comúnmente llamadas funciones de la administración, son esenciales dentro de
cualquier empresa, en el ámbito de la organización de las instituciones de educación
superior. Resalta que lo que compete a la función de la administración en las instituciones
educativas y en general en las empresas, es sabido que una vez que se han aplicado
las primeras cuatro funciones de la administración entonces se aplica la de coordinación.
Sin embargo, Salvador Mercado en su texto intitulado Administración
titulada 2da parte: Teoría y Práctica menciona que aún es necesario poner
una acción extra para accionar los cinco puntos anteriores, esto es, dar
a las personas con las cuales trabaja el administrador cuanta
información necesiten para tomar decisiones acertadas.
Esto afecta directamente a la organización de las cadenas
de mando que desde la perspectiva de Stephen Robbins
funciona cuando el empleado no depende de dos o más jefes, lo cual implicaría
que tal vez tenga que manejar demandas o prioridades encontradas. [2] Si no hay
información dada por el administrador encargado, el empleado tendrá que buscar
en otros mandos para obtener información lo cual implicaría romper la cadena.
También afectaría al llamado tramo
de control, el cual se define como la cantidad de subordinados que un gerente
puede dirigir en forma eficaz y eficiente. [2] Pues el control de los empleados
al no aportar información completa; la consiguen con otros mandos, haciendo que
se tambaleé la autoridad entendida como derecho inherente a un puesto
administrativo
que permite girar órdenes y esperar que sean cumplidas, afectando el mando del
administrador que originalmente controla. [2]
No obstante, esta situación global
no se reduce a los niveles de la función de la administración, ni sólo a las
cadenas de mando o al tramo de control sino que también abarca la interacción
de las instituciones educativas con la estructura de los procesos de aplicación
en los sistemas administrativos en función de los problemas típicos en la organización
de las instituciones educativas, la toma de decisiones de las instituciones educativas,
específicamente, desde la interacción que ejercen con su medio ambiente, con la
función de la administración, y con la categorización de las instituciones
educativas como sistemas, etc. Veamos algunos antecedentes para ilustrar lo ya
mencionado.
I.
Antecedentes
Ahora bien, en el caso de los nuevos escenarios globales
que inciden directamente en los procesos de la organización de la
administración de las instituciones y su impacto en la educación, existe una
conciencia muy fuerte de que se están agotando los estilos tradicionales de
operar. Hay mayor margen para la creatividad en la resolución de los problemas
y también mayor tolerancia frente a la inseguridad y a las incertidumbres. Se generan
nuevas condiciones y oportunidades favorables para los cambios.
En América Latina el reto es más complejo. La década de
los ochenta concluye con una gran crisis económica, con el caos que produce el
desvanecimiento de una época histórica y la esperanza que genera el comienzo de
otra. Se encuentra sumida entre la crisis derivada de los problemas acumulados
del pasado, que todavía no ha resuelto y que se han agudizado en la década
perdida de los ochenta, y la crisis asociada a las transformaciones planetarias
que dan cuenta de los cambios en la organización de los sistemas productivos,
de las nuevas tecnologías y de los nuevos modos de organización, que originan
un nuevo orden competitivo basado en el conocimiento. [3]
Frente a esta difícil situación, es necesario tener en
cuenta un modelo de transformación, organización y de desarrollo alternativo
que considere como estrategias básicas: el fortalecimiento de los sistemas
administrativos y educativos que sean democráticos, pluralistas y
participativos, además de que posibiliten la integración nacional, la cohesión
social, la proyección de las culturas locales, el mayor protagonismo de las
personas y de los grupos de todas las clases sociales sin excepción, la representatividad en el ámbito de la
actividad política, social y educativa, así como el logro de mayores grados de
consenso en la proposición de objetivos y metas, la transformación de las
estructuras educativas en el marco de la globalización que les permita
adecuarse a un nuevo paradigma caracterizado por la competitividad académica,
etc.
Debido a lo expuesto, es sumamente
importante revisar en el contexto del cambio y desarrollo mundial posterior al
siglo XX, especialmente en América Latina, cómo se da la génesis organizativa
de los procesos de interrelación entre los sistemas administrativos y las
instituciones educativas para revisar cuáles han sido los elementos más
importantes que teórica y prácticamente han incidido en la forma de organizar
la administración institucional dentro de las instituciones de educación
superior (IES) en dicha región.
Por lo anterior, el objetivo de este
trabajo es explicar brevemente los cambios que están aconteciendo y que
configuran los escenarios futuros en los cuales se desarrollarán la organización
de las IES en lo que toca a las funciones administrativas y que afectan directamente
la labor de las instituciones de educación superior en América Latina.
Se analizará a nivel macro y
llegando a generalizaciones relevantes cómo han impactado los cambios globales
de los últimos diez años en los procesos de organización en la administración
en las instituciones educativas. Con ello, se observará la incidencia de las
nociones teóricas propias de la administración y cómo se incorporan a las prácticas
educativas.
Una vez especificados estos cambios
se examina cómo los nuevos escenarios reconfigurados han producidos nuevas
formas de concebir la administración de las instituciones, especialmente fijaré
mi atención en el proceso de desarrollo de los sistemas administrativos y su
impacto en las instituciones educativas en América Latina.
II. Los
cambios necesarios en América Latina
En América Latina (A.L.), el reto
fue más complejo puesto que la década de los años ochenta concluyó con
una gran crisis económica, con el caos que produce el desvanecimiento de una
época histórica y la esperanza que genera el comienzo de otra.
Esto afectó la calidad y los procesos de gestión de la
educación, lo que indefectiblemente motivó a renovar e innovar ciertos
parámetros de acción tanto en las instituciones de educación como en los
procesos administrativos para modificarlas de acuerdo con las necesidades
actuales.
La mayoría de los sistemas educativos en A. L. ha
iniciado procesos de reformas y transformaciones, como consecuencia de la aguda
conciencia del agotamiento de un modelo tradicional que no ha sido capaz de
conciliar el crecimiento cuantitativo con niveles satisfactorios de calidad y
de equidad, e incorporar como criterio prioritario y orientador para la
definición de políticas de gestión (aquí se utilizará como sinónimo de administrativas)
y la toma de decisiones, en la satisfacción de las nuevas demandas sociales.
Hoy, hablamos de un nuevo orden mundial competitivo
basado en el conocimiento, en el cual la educación y la capacitación son el
punto de apoyo de largo plazo más importante que tienen los gobiernos para
mejorar la competitividad y para asegurar una ventaja nacional. El
funcionamiento óptimo de los sistemas educativos pasa a ser una prioridad
esencial de los países. Enunciamos a continuación las principales demandas que
los cambios plantean a la organización de los sistemas educativos y que se incorporan
a las agendas de especialistas y de gobernantes.
En el caso de las instituciones educativas, es necesario
preparar ciudadanas y ciudadanos capaces de convivir en sociedades marcadas por
la diversidad, capacitándolos para incorporar las diferencias de manera que
contribuyan a la integración y a la solidaridad, así como para enfrentar la
fragmentación y la segmentación que amenazan a muchas sociedades en la
actualidad. En consecuencia, los sistemas educativos serán responsables de distribuir
equitativamente los conocimientos y el dominio de los códigos en los que
circula la información socialmente necesaria, y formar a las personas en los
valores, principios éticos y habilidades para desempeñarse en los diferentes
ámbitos de la vida social.
Es importante mencionar que formar a las personas en
principios éticos y habilidades afecta a lo que Robbins llama
departamentalización de funciones que se define como el agrupamiento de las
actividades de acuerdo con las funciones que se desempeñan, [2] porque puede
organizar su planta dividiendo a los especialistas según las ramas de conocimiento.
No obstante, si articulamos el punto anterior con los
procesos de formación humana en el ámbito de la administración, se hace imprescindible
formar recursos humanos que respondan a los nuevos requerimientos del proceso
productivo (calidad de los alumnos egresados en las instituciones educativas) y
a las formas de organización del trabajo resultantes de la revolución global
actual (las formas de organización en la administración
de dichas
instituciones). Para incrementar la competitividad académica, el mayor desafío es
la transformación de la calidad educativa: grupos cada vez más numerosos de individuos
con buena formación, impulso de la autonomía individual, logro de un mayor acercamiento
entre el mundo de las comunicaciones, la esfera del trabajo y de la educación y
otorgamiento de prioridad a las necesidades del desarrollo económico: los usuarios,
los mercados laborales y las empresas que utilizan conocimientos administrativos.
Habría que capacitar al conjunto de la sociedad para
convivir con la racionalidad de los nuevos cambios, especialmente, con las
nuevas tecnologías, ideas y formas de pensar, para transformarla en instrumentos
que mejoren la calidad de vida y que incidirían directamente en la ética y los
valores morales de los ciudadanos.
En A. L. le corresponde a los sistemas educativos
impulsar la creatividad en el acceso, difusión e innovación científica y
tecnológica, desarrollar capacidades de anticipación del futuro y de
actualización permanente para seleccionar información, para orientarse frente a
los cambios, para generar los nuevos, para asumir con creatividad el abordaje y
resolución de problemas. Los miembros activos de una sociedad no sólo necesitan tener una formación básica, sino que deben
incorporar conocimientos sobre informática y
tecnología, aspectos que no eran imprescindibles hace sólo una década.
III.
Tendencias en el desarrollo de los niveles del sistema educativo
Definido el horizonte de largo plazo
que confirma el valor estratégico de la educación en las próximas décadas,
corresponde ahora establecer alternativas de respuesta de los sistemas
educativos, tanto en el plano de las políticas y estrategias, como en las
formas de organización y administración. En los países iberoamericanos existe
consenso sobre la necesidad de reformar el Estado, con el objetivo de lograr
mayores grados de exigencia, adoptando como paradigma la satisfacción de las
necesidades personales y sociales de los usuarios de los servicios educativos,
y como metodología, la incorporación de nuevas prácticas de
planificación-organización y de gestión de los gobiernos.
Establecer una especie de
organización mecanicista (o burocracia) donde el hecho de respetar el principio
de la cadena de mando que asegure la existencia de una jerarquía formal de
autoridad, donde cada persona sea controlada y supervisada por un superior.
Ello implica, a su vez, conservar un tramo de control pequeño en los niveles cada
vez más altos de la organización, creando estructuras altas e impersonales. No obstante, otras corrientes de la
administración de instituciones educativas apostarían por la implementación de
la estructura orgánica, que se define como una organización laxa y flexible,
poca especialización, formalismos y centralización tan rígida y estable es la organización
mecanicista.
IV.
Estructura de los sistemas educativos y su relación con los aspectos
administrativos
La combinación de principios
políticos, pedagógicos y administrativos configura la estructura de los
sistemas educativos a partir de los cuales se definen los niveles, los ciclos,
la obligatoriedad y los criterios de articulación y de coordinación. Los
niveles identifican los tramos en que los sistemas atienden el cumplimiento de
las necesidades educativas que plantea la sociedad en un determinado contexto
de espacio y de tiempo.
Su duración tiene que
ver con hacer explícitas estas necesidades sociales.
En un contexto de cambio social mencionado, las nuevas
demandas educativas refuerzan la defensa de la escuela como institución
destinada prioritariamente a la transmisión y apropiación del conocimiento
sistematizado. El éxito de este nuevo enfoque dependerá del equilibrio que se
alcance entre los dos ejes de la organización institucional de los sistemas
educativos: el eje de la unidad que promueve la integración administrativa y el
eje de la descentralización que reconoce la diversidad.
En la última década se han producido estudios sobre la
descentralización administrativa que tienden a enfatizar la dimensión local
como un ámbito privilegiado de intervención. [6] El surgimiento de la escuela
como una organización con cierta autonomía administrativa es uno de los procesos
más significativos que están ocurriendo en la transformación de los sistemas
educativos. En general, la falta de iniciativa y de autonomía está ligada a la
dificultad en hacer llegar a las escuelas los recursos consumidos por las
máquinas burocráticas y la dudosa efectividad de los “paquetes preparados”,
junto con la excesiva reglamentación y la visión homogénea de realidades locales
y escolares muy dispares, son algunas de las explicaciones que justifican las estrategias
de descentralización en el sector educación.
Los procesos de descentralización administrativa se hacen
efectivos en las escuelas cuando se acompañan con autonomía y con poder de
decisión sobre aspectos sustantivos de su quehacer. Estudios recientes lo
confirman a partir del análisis de características comunes que poseen algunas
escuelas eficaces. Haddad afirma que “las escuelas eficaces y bien organizadas
presentan varias características en común: disponen
de un ambiente bien ordenado, enfatizan el desempeño académico, establecen
altas expectativas para el desempeño de sus alumnos y
son dirigidas por profesores y directores que
realizan un enorme esfuerzo por ofrecer una enseñanza efectiva y estimular a sus alumnos a que aprendan, independientemente
de sus condiciones familiares...”.
La lógica que opera para la
transformación del Estado, la administración y la resignificación de sus
funciones adecuándolas a las demandas de la sociedad, se aplica también para la
transformación de la escuela y sus funciones para adecuarse a los requerimientos
de la comunidad y satisfacer sus necesidades educativas. En este marco se
inscriben los nuevos papeles que asume la institución escolar.
La institución escolar debe
convertirse en un espacio de democratización y participación de la sociedad, y
de punto de contacto de los sectores populares con el Estado. La expansión de
la escolaridad representó un significativo avance en la igualdad de las
oportunidades de acceso al sistema. La equidad sólo se logrará si la escuela
tiene éxito en ofrecer a todos una educación de calidad.
Es necesario configurar un estilo de
gestión administrativa a nivel local, diferenciado y flexible en su
organización escolar, que desarrolle capacidades y formas propias de interactuar
en su medio social, que incorpore las necesidades desiguales y que trabaje sobre
ellas a lo largo de los años de escolaridad.
Conformar un ámbito con capacidad de
decisión para la elaboración de su proyecto educativo y la construcción de su
propia identidad a partir del conocimiento más cercano de las demandas
sociales, desarrollar capacidades para la administración pedagógica de la
institución, que focalice todos los esfuerzos en el logro de metas que atiendan
la calidad de los resultados educativos y el mejoramiento del ambiente y de las
condiciones de aprendizaje.
Transformarse en un espacio con
poder para organizar la oferta educativa y combinar el uso de los recursos
humanos, técnicos, físicos y financieros de acuerdo con las necesidades y
oportunidades en función de su propio proyecto educativo, a partir de la
existencia de un mínimo de oferta socialmente justa sin la cual las escuelas no
pueden funcionar. Ejercer un desempeño institucional eficiente, que rinda
cuentas a su comunidad de los resultados de aprendizaje de sus alumnos.
En la interrelación de las
instituciones educativas con los aspectos administrativos Guiomar Namo de Mello
ha brindado aportes sustantivos en varias publicaciones. Parte del análisis de
los efectos que produjeron las estrategias centralizadas que se adoptaron para
mejorar la calidad de las escuelas, entre las cuales destaca la provisión de
insumos básicos necesarios para el funcionamiento cotidiano de los
establecimientos.
Estos insumos recibieron el mismo
tratamiento que las demás normas de organización escolar, es decir, todas las
escuelas recibieron los mismos insumos, sin considerar las peculiaridades de
cada uno y, por lo general, los recibieron fuera de fecha debido a la demora de
los procedimientos burocráticos. Robbins, a su vez, comenta que la autonomía
administrativa de las escuelas requiere, como condición indispensable, el mayor
grado de decisión posible en lo relativo
a dos insumos básicos y necesarios para su organización: finanzas y
personal. Una real alteración del poder del sistema educativo sólo será posible
si se hace efectiva dicha delegación. Dice
el autor que ninguna institución puede tener identidad, iniciativa y proyecto
si no posee el control sobre sus propios recursos y su equipo.
En cuanto a la administración de los
recursos humanos, “…las políticas homogéneas sobre la carrera magisterial y el
salario fueron uno de los principales factores que determinaron la pérdida
de la fuerza de parte de las escuelas. Las normas de incorporación, los
nombramientos, las admisiones y despidos negociados directamente por los
sindicatos y la administración central, hacen difícil que las escuelas adopten decisiones responsables sobre aspectos cruciales de
su organización, tales como currículo, uso del
tiempo, perfil de los profesionales adecuados a sus propuestas de trabajo...
En los países en
que existe la estabilidad en la carrera docente, sería deseable que ese derecho no estuviese limitado a puestos
específicos en las escuelas, sino a nivel
del sistema... De esta
forma, si la escuela decide despedir a un profesor o a un técnico, podrá
hacerlo poniendo al profesional a disposición de la administración central, la
que procederá a reubicarlo... reservando el derecho de la escuela a escoger.
Deberán permitirse los perfiles diferenciados de los equipos escolares,
dependiendo de la propuesta de la escuela...”.
Ahora bien, en cuanto a la administración de los recursos
financieros, en el caso de las remuneraciones “…al menos una parte de las
decisiones sobre las remuneraciones debería delegarse a las escuelas, como por
ejemplo, las jornadas extraordinarias de trabajo. Otra alternativa importante
sería la posibilidad de establecer estímulos salariales, a partir de niveles
mínimos fijados en escalas homogéneas, que diferenciaran los salarios
en base a los
resultados. De este modo, cada escuela tendría derecho a un volumen adicional
de recursos a ser utilizados para pagos extraordinarios de su equipo, a partir
de los resultados de las evaluaciones que indiquen que la escuela está
mejorando su desempeño. Este es, sin duda, un tema controvertido, pero no por
eso debemos retirarlo de la agenda de discusión...”.
En el caso del financiamiento de programas
compensatorios, para que la autonomía de las escuelas no produzca efectos
negativos se requieren mecanismos fuertes de compensación financiera. Le
corresponde a la administración central, en cumplimiento de las metas de
calidad, equidad y universalización del acceso y del egreso, orientar recursos
a las escuelas para asegurar un mínimo de oferta socialmente justa, a partir de
la cual cada institución pueda elevar la calidad de los aprendizajes de sus
alumnos.
En el caso de la administración para el financiamiento de
proyectos institucionales para promover innovaciones educativas la administración
estatal orienta su intervención a través de mecanismos que alienten a las
escuelas a mejorar sus niveles de calidad y eficiencia, e incentiven el uso
racional de sus recursos, voluntad que se expresa en su proyecto educativo.
Para ello es necesario establecer procedimientos para la convocatoria a la
presentación de proyectos y el concurso para que se juzgue la calidad de los
mismos, efectuado por comisiones evaluadoras altamente capacitadas y de acuerdo
con normativas generales. El financiamiento de los mejores proyectos puede incluir
un componente de complemento salarial para los profesores comprometidos en ellos.
En el caso del presupuesto de la escuela autónoma, “…la
autonomía financiera no es una transferencia esporádica de recursos que ya
vienen predestinados para cierto tipo de gasto...” Se trata de crear mecanismos
mediante los cuales la escuela posea su propio presupuesto, transferido en
cantidades globales, con capacidad para administrarlo y con poder de decisión
sobre cuáles son los gastos prioritarios, sin que existan limitantes referidos
a ciertos tipos de gastos.
Y más todavía, los gastos de las planillas de sueldos
serían parte constitutiva de este presupuesto, aunque la escuela no sea la
agencia pagadora, fijando los recursos destinados en manos de la administración
central del sistema que haría efectivos tales pagos con las informaciones
suministradas por las escuelas... Los gastos que efectúa el Estado (sueldos,
compra de materiales), serán descontados del presupuesto de la escuela.
La autonomía de la escuela no significa que el
presupuesto se transfiere en especie, sino que ésta tiene el poder de decidir
cómo ejecutarlo, aun cuando una parte permanezca como un crédito al que la
escuela tiene derecho a pesar de estar suministrado por las instancias
centrales... Aunque dicha autonomía financiera no se implante de una vez y
completamente, previendo que habrá etapas y procesos de negociación,
considerando inclusive los plazos para capacitar a las escuelas en esta tarea,
el objetivo final debe ser éste. Sólo en estos términos la autonomía financiera
puede constituir un instrumento de auto mejoramiento de las escuelas, útil para
perfeccionar su organización interna, obligando al equipo a pensar en el
conjunto de la escuela, en el proyecto, en los objetivos y en las prioridades”.
Finalmente, en este marco los países diseñarán sus
alternativas y construirán sus caminos. Mientras tanto es necesario conducir
los procesos de transición y avanzar en la realización de estudios preparatorios
sobre normas jurídicas, simplificación de procedimientos de control
burocrático, costos por tipos de escuela, criterios comunes y diferenciales
para la asignación de recursos, especificación de los gastos que se reservan al
Estado o a los municipios y los que se delegan a la escuela, y de acciones destinadas
al diseño de programas de capacitación destinados a desarrollar competencias
para el ejercicio de las nuevas tareas.
CONCLUSIONES
Por tanto, para que las sociedades
actuales caminen hacia estándares más elevados de calidad educativa y eficiente
manejo de las funciones y recursos administrativos debe tomarse en cuenta la
cultura original de su contexto y la situación activa de cada participante.
Las sociedades cambian a un ritmo
más rápido que la escuela y es cada vez más evidente el aislamiento de la
cultura escolar, cerrada a la dinámica de la creación cultural externa y a los
problemas cruciales de las sociedades y de los hombres. Esta desconexión entre
la escuela, gestión administrativa y la sociedad explica la obsolescencia de
muchos de los contenidos curriculares y la falta de aprovechamiento de recursos
externos.
Las instituciones escolares tienen
que plasmar en su organización administrativa, en sus prácticas pedagógicas y
en su currículo, su vocación de apertura y su capacidad de dar acogida a las
múltiples expresiones y preocupaciones de la población, no para asumir más
tareas de las que les corresponde hacer por función, capacidad y recursos, sino
para adecuar sus proyectos educativos a los requerimientos de la comunidad, y
para aprovechar, a su vez, los recursos educativos y económicos de la
comunidad, concitando su apoyo y comprometiéndola con el proyecto educativo del
establecimiento.
Por tanto, las prácticas de la
organización administrativa, las prácticas pedagógicas y el currículo
vocacional son partes indisolubles de la construcción de la génesis de una política
educativa de calidad; de buena calidad que incentive el aprovechamiento de los recursos
administrativos y educativos en bien de la sociedad.
Asimismo, me parece que es necesario
reconocer el cimiento desde el que se pretende dirigir al sistema educativo en
América Latina y especialmente al sistema educativo mexicano. De no ser así, es
seguro que se reconocerían las distintas expectativas o enfoques racionales
para edificar la naturaleza del concepto. En esa forma, no sólo se esclarecería
la intención de la política, se dispondría del soporte cognitivo e instrumental
para garantizar la calidad de la educación.
Tema
3
La Enseñanza de las Teorías de la
Administración: Limitantes
Epistémicos y Posibilidades Pedagógicas
Diego Armando Marín Idárraga**
Resumen: En su devenir
histórico, el conocimiento en Administración se ha estructurado con una vasta producción
de enunciados, algunos con estatus de teoría y otros más con un “aire” de
discurso ideológico. Es así como el constructo del saber administrativo ha
bandeado entre dos lógicas que en ocasiones se hibridan: una racionalidad de
tipo teorético y otra de carácter praxeológico. En la primera tipología se
cuentan las teorías de la Administración y en la segunda los enfoques propios
de la gestión. En el presente artículo se busca introducir un marco de
reflexión epistemológico y pedagógico que advierta la necesidad de diferenciar
la dualidad teórico-práctica, en el momento de encarar la enseñanza de la
Administración.
Es oportuno reconocer que estamos enfrentados a un
“nuevo” mundo, caracterizado por cambios acelerados que influencian todos los
sistemas y especialmente el empresarial. Es indudable que las expresiones
inherentes a los procesos de globalización están transformando el ambiente de
los negocios y con ello también los conceptos y fundamentos propios de la
Administración concebida en las postrimerías de la revolución industrial, que
hoy, con el advenimiento de la sociedad posmoderna –del conocimiento y la
información–(Toffler, 1982), deben ser repensados y actualizados a
las nuevas realidades
fenomenológicas, revestidas de complejidad, paradoja, no linealidad y no
predictibilidad (Morin, 1996). El desarrollo de tal sociedad “posindustrial”
encarna la imagen del cambio, que insta mayor atención intelectual a los
procesos de gestión en un entorno complejo y abundante en factores que amenazan
constantemente la supervivencia de las empresas (Etkin y Schvarstein, 2000, p.
135).
Consecuente con este cambio de época, los procesos de
enseñanza-aprendizaje deben experimentar una completa transformación,
dando lugar a una reflexión de lo pedagógico en virtud de la
socialización del conocimiento, de manera que frente a las necesidades de la
sociedad actual, se propicie un sistema de educación acorde a los paradigmas de
la nueva economía, cada vez más digitalizada (Tapscott, 1997).
Entendiendo que “el hombre de hoy debe ser educado para
que no naufrague en la información” (Monroy, 1996, p. 16), es necesario
transformar nuestra mentalidad
y comprender los
elementos característicos de la era de la información para adaptar el sistema
educativo a las nuevas demandas y oportunidades socioculturales, económicas,
tecnológicas, científicas y organizacionales.
Tal realidad, expandible al campo de la Administración,
sugiere la necesidad de asumir una responsabilidad pedagógica, en función de la
formación de administradores integrales en las dimensiones del saber y el hacer.
Este argumento implica que, aunado a la preocupación del conocimiento, debe
aflorar una “inquietud pedagógica” hacia una educación con sentido, a fin de
generar ambientes de reflexión que induzcan pensar en el qué, los por
qué y los para qué de la enseñanza.
Consintiendo este preámbulo, la exposición que procede
comprende una “provocación” a la reflexión acerca de la enseñanza de las
teorías de la Administración. El documento se estructura en dos partes: en la
primera se deja plasmado el problema que enfrenta el conocimiento en
Administración y se intenta inducir una reflexión de sus limitantes
epistemológicos, entendiendo esto como la forma en que se ha estructurado
particularmente el saber administrativo y no como un rastreo de su
cientificidad.
En la segunda parte se introducen algunas apreciaciones
pedagógicas y las posibilidades para la enseñanza de las teorías de la
Administración. Previo al inicio, y para efectos del presente escrito, valga
estimar la siguiente aclaración necesaria. Existen dos conceptos a los cuales
se alude en el texto, que pese a corresponder a una misma unidad en relación
con su objeto de intervención, tienen sus propios límites de diferenciación, a
saber: Administración y gestión.
La gestión es un concepto emergente del management
(neologismo asumido de la escuela americana) que abarca el compendio de
técnicas apropiadas por el manager –gerente– para actuar en las
organizaciones con el objeto de garantizar la racionalidad técnica y social
(Martínez, 2002, p. 4). Su aplicación en las organizaciones es el resultado de
la razón subjetiva (Horkheimer, 2002), y
está al servicio de una lógica de tipo instrumental-utilitaria centrada en la
adecuación de los medios para el alcance de los fines.
Corresponde a la
parte empírica del discurso administrativo. En ella se hallan las
“herramientas” conceptuales para direccionar las organizaciones. Con relación a
la Administración, ésta comprende el corpus teórico que engloba
todas las nociones para describir, explicar y prescribir a las organizaciones y
el comportamiento del individuo en su interacción con ellas –cuyas acciones
derivadas se materializan a través de la gestión– (Kliksberg, 1995, pp. 35-42).
Esto ha dado lugar a un conjunto de categorías que se han formado
históricamente y que en este campo del saber se identifican como las teorías de
la Administración.
De esta manera, la asociación entre Administración y
teorías de la Administración representa un arreglo de entidades inseparables,
evidenciándose el principio de recursividad, en el que la Administración se
concibe con las teorías de la Administración que a la vez son el fundamento de
la Administración. Queda entonces propuesta la diferenciación entre las
categorías Administración teorías de la Administración y gestión; la primera es
el conocimiento objetivo (episteme), la otra es técnica (tecnhé),
las cuales no deben ser entendidas como elementos aislados, pues están
inherentemente conectadas.
La Naturaleza del Conocimiento
en Administración: ¿Un Infortunio Epistemológico?
“La ciencia administrativa se presenta en nuestros días
como un conjunto de discursos fragmentados, estratificados en el tiempo y
yuxtapuestos en el espacio, más bien que reunidos en un proyecto global y
articulado en torno a una problemática coherente, hasta el punto de que cabe
legítimamente preguntarse qué autoriza a hablar de una ciencia en singular, y
también, simplemente, de ciencia”.J. CHEVALLIER
Para acometer la enseñanza de las teorías de la
Administración se debe tener claridad de la esencia del conocimiento en
Administración. Es decir, para enseñar Administración se debe entender qué es Administración.
Este juego de palabras, aparentemente tautológico, es el fundamento para
acercar una posibilidad en la enseñanza de las teorías de la Administración.
Partiendo de aceptar que los problemas del aprendizaje son mucho más que la
simple preocupación por la didáctica, la reflexión pedagógica acerca de la
enseñanza de las teorías de la Administración debe trascender la mera
consideración metodológica.
Debe orientarse en
mayor medida a la comprensión teórica de la Administración, matizando el sesgo
hacia la gestión, de modo que la enseñanza se acople en sincronía con el avance
del saber tanto en lo científico como en lo tecnológico, y se procure un
equilibrio entre lo teórico y lo pragmático, entre el desarrollo de
competencias tanto cognitivas como técnicas.
Esto debe permitir que el estudiante, además de saber el
“cómo se hace”, comprenda también el “por qué” se hace. Le Mouël (1992, p. 30)
expone que, en el campo de la gestión, el tomar demasiado partido por la
acción, lo que expresa es un desprecio por el conocimiento, puesto que el
centrarse inmoderadamente en la cuestión del ¿cómo?, actúa en detrimento del
¿por qué?, eludiéndose así la reflexión crítica necesaria para el progreso
conjunto del pensamiento y la acción. De tal manera, en los párrafos
subsiguientes se trata de dejar planteado el problema que enfrenta –en
su carácter epistémico– el abordaje de la enseñanza de las teorías de la
Administración. Esto se hace por dos razones: primero, es fundamental conocer
las ausencias estructurales en la conformación de un saber particular, para
elucidar carencias epistémicas y aproximar soluciones o prescripciones, y,
segundo, porque lo pedagógico se erige al servicio del saber (y no al
contrario) .
Siguiendo a Barragán (1998, pp. 14-15), empecemos por
introducir que la epistemología, asumida como una teoría de la ciencia, se
encarga del estudio de las diferentes condiciones de los conocimientos
objetivos o verdaderos. Su interés es la búsqueda de objetividad del
conocimiento y la forma como este se construye y estructura en una ciencia
particular, de ahí que se ocupa de la naturaleza y los límites del mismo.
La epistemología se preocupa por los datos constitutivos
del conocimiento humano para determinar a partir de ellos su valor; por eso los
juzga, los critica y los fundamenta Por su parte, Hoyos (1980, pp. 51-52)
explica que la epistemología tiene como objeto inmediato los problemas de las
ciencias, como son su estatuto teórico, sus presupuestos, el sentido de validez
de sus juicios, sus alcances y la problemática de sus aplicaciones en la
sociedad concreta. Por lo tanto, en razón a tales planteamientos, la condición
epistemológica de la Administración debe referirse a la manera como se
constituye el conocimiento formal de la disciplina, a su esencia, alcance y
exigencias científicas.
Es de advertir que la búsqueda de una explicación
epistémica para la Administración ha sido objeto de múltiples abordajes que aún
no han entregado resultados concluyentes. Ha sido común observar un surgir de
posiciones polarizadas que sustentan la Administración a partir de la simbiosis
entre la ciencia, la técnica y el arte, sin lograrse un acuerdo
satisfactorio5 . Referenciando a Morris (1974, p. 74), “se hace evidente una considerable
historia de confusiones que rodean los diferentes esfuerzos por asociar el
concepto de Administración con el de ciencia”, distorsionándose su sentido epistémico
hasta el punto de reducir las explicaciones en el ámbito de la técnica y hasta
del arte. A este propósito, López (1999, pp. 21 y ss.) escribe que esta
discusión se ha alimentado con planteamientos por un lado de la escuela
anglosajona, centrada en lo pragmático y consuetudinaria a la herencia
ingenieril, y por otro con la escuela germana, focalizada en el rigor
científico y sustentada en la sociología y la economía.
Pero quizá la problemática epistémica de la
Administración sea la misma que enfrentan las ciencias sociales en general.
Según Mardones (1991, pp. 19-57), el campo de la filosofía de las ciencias
sociales alberga un debate polémico, ya que no existe consenso respecto a la
esencia de las ciencias del espíritu o humanas, constatándose una carencia
epistemológica.
Para él, “las diversas posturas se reducen a proponer un modelo
de explicación científica según el canon de las ciencias naturales (positivismo)
o un modelo diferente donde se acentúa la peculiaridad del objeto socio- histórico,
sicológico y el modo de aproximación a él (hermenéutica, fenomenología,
dialéctica, lingüística...)”. Con Mardones se observa cómo las ciencias sociales,
buscando legitimarse científicamente, han apelado indebidamente al método de
las ciencias de la naturaleza, ya que las explicaciones científicas en este
campo no deben ser rastreadas exclusivamente en términos causalitas (tradición aristotélica), o en términos
teleológicos (tradición galileana). Para este autor hay que dar lugar incluso a
un postulado de la complementariedad a fin de lograr concreciones metodológicas
más justificadas.
Asimismo, se refieren las ideas de Chanlat (2002,
pp.19-28), para quien las ciencias sociales surgen como la facultad para
explicar los fenómenos de las sociedades que vivencian profundas mutaciones. Dice el autor que “desde
el comienzo y a lo largo de la historia, las ciencias sociales han oscilado
entre dos actitudes con respecto al estudio científico de los fenómenos
humanos: de una parte una posición naturalista, objetivista, causalista y
cientificista y, de la otra, una posición humanista, subjetivista, finalista y comprensiva”.
La primera, con Comte como su representante, intentaba una explicación
positivista siguiendo el modelo de las ciencias naturales, y la segunda, con
Dilthey a la cabeza, intentaba una emancipación del paradigma de la “física
social”.
Al igual que Mardones, Chanlat emite la apreciación de la
complementariedad en la concepción científica de las ciencias sociales. Así
escribe: “más allá de los acalorados debates que estas dos visiones puedan
suscitar, cada una de ellas participa, a su manera, en la definición de las
exigencias científicas propias de las ciencias sociales. Se comprende entonces
que las ciencias humanas, por razón de su objeto que es también y ante todo un
sujeto social-histórico, tienen características singulares y, al mismo tiempo,
intenciones que comparten con las ciencias naturales”.
De otra parte, es importante referenciar las ideas de Le
Moigne (1997, pp. 163-185), quien expone que las ciencias de la gestión han
experimentado obstáculos históricos para sustentar una identidad epistemológica
que legitime su estatus científico, especialmente por los paradigmas
positivistas que incluyen los cánones hipotético-deductivos propios de las
ciencias naturales.
Por lo tanto, para este autor, la aparente incoherencia
epistemológica de las ciencias de la gestión no está en la disciplina per se
sino en los positivismos que toma como referencia.
Por extensión, se concluye entonces que uno de los
mayores inconvenientes que enfrenta la Administración corresponde a los
intentos “romanticistas” de vincular su carácter científico con los imperativos
del positivismo naturalista, que concentra su observancia epistemológica en la
óptica del paradigma matematizable de la ciencia (Cornella, 1998; Chevallier y
Loschak, 1980).
Empero lo anterior, las dificultades epistémicas para
consolidar el saber administrativo no se deben únicamente a su heredad en el
ámbito de las ciencias sociales. También radican en la forma como
históricamente se ha construido su conocimiento. Si bien han existido
desarrollos serios que se condensan en teorías, la ruptura epistémica se da en
el momento en el cual aparecen las llamadas “modas” administrativas que no
alcanzan el estatus de una teoría sólida. Partamos de reconocer que el
conocimiento se consolida, en buena parte, con base en teorías. A través de la
conformación de una teoría, el conocimiento va adquiriendo una coherencia
interna que permite configurar el saber en una ciencia –o disciplina–
particular.
De acuerdo con Le
Mouël (1992, p. 28), “una teoría es un conjunto de conceptos abstractos en cuyo
interior, por medio de ciertas reglas de combinación y deducción, es posible
concluir en la necesidad o probabilidad de algunas configuraciones igualmente
abstractas que se considera representan a los fenómenos”. Christensen y Raynor
(2003, pp. 55-62) exponen que la elaboración de una teoría sólida se da en tres
etapas. Inicia con la descripción de un fenómeno que desea entenderse, luego se
clasifican los aspectos de dicho fenómeno en categorías, para terminar
formulando hipótesis de lo que causa el fenómeno y por qué. De su confiabilidad
en la explicación, se pasa de comprensiones tentativas a predicciones
confiables.
Por consiguiente, podría decirse que la mayor
consistencia epistemológica de la Administración radica en aquel saber que
ampara una noción más estructural, rigurosa y racional en el ámbito del
conocimiento formal y significante. Pese a que la elaboración de una teoría en
la Administración se constituye en un evento problemático (Pfeffer, 2000, pp.
269-271), hay que reconocer que este saber se encuentra condensado en la categoría
de las teorías de la Administración (organizacionales- administrativas), las
cuales fundan la disciplina administrativa. Disciplina aquí se asume en
la idea de Foucault (1970, p. 299), para quien corresponde a “un conjunto de
enunciados que copian su organización de unos modelos científicos, que tienden
a la coherencia y a la demostratividad, que son admitidos, institucionalizados,
transmitidos y a veces enseñados como unas ciencias”.
Con base en este planteamiento foucaultiano, puede asumirse
que la Administración, como disciplina del conocimiento, se fundamenta en
teorías que citan los aportes al saber administrativo que de cierta manera han
tenido claridad sobre su objeto de estudio, cuyos postulados han sido
objeto de validaciones empíricas, que han adquirido cierto grado de respetabilidad
académico-histórica, que han tenido reconocimiento universal por
sus regularidades en las explicaciones de los comportamientos
humano-organizacionales, y que requieren sustentarse en otras ciencias (humanas
económicas) debido a su carácter ecléctico. Cabe destacar entonces aquellas
contribuciones que han intentado definir el constructo teórico de la
Administración, a partir de aproximaciones de carácter hermenéutico sobre su
objeto de estudio. Justamente se cuentan dos vertientes que se conmutan entre
sí: la teoría administrativa y la teoría organizacional. La primera,
enfatizando en el hombre y su comportamiento como gestor y gestionado, acopia
los aportes que han intentado explicar el fenómeno administrativo desde lo
estructural-funcional, mediante aproximaciones de tipo mecanicistas y
normativas; y la segunda, enfatizando en la estructura y el proceso, fundamenta
las ideas en torno al carácter conductual de los individuos en las relaciones
dirigente-dirigido, mediante aproximaciones sicológicas, sociológicas y
políticas. Ambas teorías, a manera de eventos autológicos6 (Foerster, 1996, p.
140), intentan explicar la condición del sujeto que administra la organización
(de la cual él es parte integral), en un acuerdo contractual –entre el poseedor
del capital y el administrador– por la rentabilidad de su inversión .
En esta perspectiva, el vacío espitémico de la
Administración se da cuando empieza a disminuirse el desarrollo del
conocimiento –según la validación de teorías en las categorías administrativa y
organizacional ya referidas– y cuando casi simultáneamente hace su surgimiento la
ideología administrativa. A continuación se explica este acontecimiento en una
idea sucinta.
La Revolución Industrial, a finales del siglo XIX,
caracterizada por la utilización de la gasolina y la electricidad como fuentes
de energía, la industrialización del acero, la modernización de las
comunicaciones, el perfeccionamiento del ferrocarril, el desarrollo de la
aviación y la consolidación del capital financiero, representó el hecho
histórico que marcó el surgimiento de la gran empresa industrial, sobre todo en
países como Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Francia (Martínez, 2002).
Ante la ampliación de los mercados y el aprovechamiento de las oportunidades de
comercialización, estas industrias centran sus objetivos de negocio en la producción
y la mayor eficiencia.
Es así como se empezaron a gestar los primeros análisis
que condujeran a sistematizar prácticas racionales de Administración. De este
modo, subyacen esfuerzos de teorización con base en diversas aproximaciones
para explicar los fenómenos de la Administración. Se cuentan así las
aproximaciones de tipo normativo, esforzándose en descubrir las reglas y
“normas” que la Administración debe observar y seguir, las aproximaciones
sicológicas focalizadas en el análisis de la conducta individual de los agentes
organizacionales, las aproximaciones sociológicas analizando a la organización
como una estructura de relaciones sociales (De Bruyne, 1973), y las
aproximaciones sistémicas y contingentes que han dado lugar a metateorías en el
marco de la complejidad.
Podría decirse que desde su surgimiento precoz en el
ámbito de la Revolución Industrial, la Administración se ha nutrido con el
desarrollo de tales teorías, las cuales de alguna manera han permitido
vislumbrar un sustento epistemológico más o menos acertado. Sin embargo, a
partir de la última mitad del siglo XX, el desarrollo teórico de la
Administración es opacado –infortunadamente para su condición epistémica– por la
introducción acelerada de una serie de fórmulas que orientan cómo lograr el
éxito empresarial mediante la mejor manera de gestionar (Chanlat, 2002, p. 32;
Jackson, 2003, pp. 42-45).
Discursos como la reingeniería, el aprendizaje
organizacional, la gestión del cambio, las competencias, TQM, EVA, BSC, entre
otros (la lista es abrumadora), responden a la inventiva de autores que
intentan seudoteorizar en el campo de la administración, a partir de soluciones
a problemas suscitados en culturas particulares y en momentos históricos
específicos, cuya efectividad no es tan demostrable en otros contextos. “La
obsesión por estudiar las compañías exitosas y sus ‘mejores prácticas’ es una
de las principales razones por las que las modas y trivialidades en el management
vienen y van con una regularidad tan alarmante” (Christensen y Raynor,
2003, p. 60).
Aparece así la ideología en el campo de la
Administración, eclipsando el desarrollo de la teoría. Por ideología se
entiende un sistema de representaciones, ya sean imágenes, mitos, ideas o
conceptos, que entrañando una lógica y rigor propios, está dotado de una
existencia y de un papel histórico en una sociedad determinada, y cuya función
práctico-social es más importante que la función teórica o de conocimiento que
caracteriza a la ciencia (Althusser, 1967, p. 191). En consecuencia, ante la
disminución de los trabajos que permitieran teorías consolidadas, la
Administración empieza a experimentar serias carencias epistémicas, en especial
por el advenimiento de discursos construidos como ideología, y que
alegóricamente se conocen como las “modas administrativas”. Así las cosas, el
conocimiento en Administración ha de ser objeto de una serie de intenciones
conceptuales que han pretendido su construcción epistemológica, pero que sólo
han representado una producción fructífera de retóricas carentes de coherencia
y de estatus teórico, ante la falta de una definición clara del objeto de
estudio . Asumiendo la idea de Chanlat (2002, pp. 24-28), para quien las
exigencias científicas de una disciplina social corresponden a su capacidad de
describir, explicar, comprender y evaluar los fenómenos, puede fácilmente
deducirse que la ideología administrativa adolece de tales capacidades. Una investigación seria requiere la
formulación de hipótesis profundas para ser validadas en un lapso amplio de
tiempo, frente a lo cual las “modas” administrativas caen en la arbitrariedad
de introducir las respuestas, antes de realizar la investigación (Jackson,
1994, p. 16).
Aparecen así ciertos “paracientíficos” de la
Administración, aquellos que Huczynski distingue como gurús, ya sean
académicos, consultores o directivos-héroes (citado por Jackson, 2003, p. 39),
quienes han intentado “axiomas” para consolidar un estatuto teórico propio,
introduciendo una serie de paradigmas que a lo sumo no han trascendido de ser
más que un laboratorio de enfoques a partir de los elementos básicos de
planeación- organización-dirección-control. Según Cruz Kronfly (1982, p. 9),
“tal pareciera como si para algunos, la administración no fuese más que un
conjunto de técnicas para enseñar a planear, organizar, dirigir, integrar y
controlar las organizaciones, con lo cual quedaría reducida al proceso administrativo
mismo”10 . (Es de entender que el proceso administrativo significa la técnica
de operacionalización del conocimiento en administración. Configura la parte
instrumental del saber administrativo, que procede del conocimiento emergente
de las teorías organizacional y administrativa.
Así, hay que atender que lo epistémico corresponde a la
consolidación del saber y no a su aplicabilidad). Sin embargo, varios de los
enfoques se originan en prácticas de gestión que se construyen como producto de
la aplicación del proceso administrativo, sin observancia de lo teórico. Tal es
el caso de ideologías como el hoshin kanri, la gestión por objetivos, la
gerencia participativa, la administración por procesos, entre otras, que han
cobrado vida desde la vivencia gerencial para instituirse como seudoteorías.
Son el resultado de la sistematización de la experiencia
de empresarios en sus prácticas de terreno, quienes, aprovechando el respaldo
de su corporación (llámese GM, Toyota, Microsoft…), intentan generalizar sus
propias concepciones sin una validación universal y desconociendo que su
implementación se da en circunstancias particulares y en contextos específicos.
Siguiendo a Christensen y Raynor (2003, pp. 55-62), en su interés de encontrar
fórmulas que aseguren el éxito de las empresas, los gerentes aplican eufemismos
teóricos (modas administrativas) que han sido efectivos en otros escenarios,
pero que pueden carecer de una descripción amplia y cuidadosa de los fenómenos,
y de la expresión en categorías que impliquen una inferencia universal de
regularidades. Asimismo, la aversión a lo teórico lleva a desconocer la
relevancia que tiene el análisis de causalidades por encima de la simple
correlación entre atributos y resultados del fenómeno que se observa. La adopción
de “recetas” sin un estatus de teoría, más que el éxito, puede traer el fracaso
para la empresa.
En este sentido, Villegas (1996, p. 55) expone que
actualmente existe una avalancha de tecnologías blandas que se aplican
indiscriminadamente a realidades sociales totalmente distintas a las de origen.
Igualmente, López (1998, p. 79) escribe que “se ha incurrido en el error de
razonamiento que Cohen y Nagel (1971) recogen como errores de contexto, que
consiste en hacer extensivas sin las debidas cautelas, las explicaciones correctas
en un lugar o ambiente a otros distintos.
El error de contexto propicia que la implantación de propuestas
administrativas exitosas en otros contextos y situaciones, se lleve a efecto de
manera mecánica y acrítica, sin tener en cuenta la situación en la cual se hace
la implantación”. Este es quizá uno de los mayores inconvenientes que enfrentan
las empresas. En lo que Le Mouël (1992, p. 120) ha calificado como la
internacionalización de la gestión, muchos de los modelos teóricos son
elaborados en ambientes culturales foráneos,
que se importan y aplican
sin las debidas cautelas. De manera que en una sociedad de organizaciones cada
vez más complejas, tratar de adoptar modas administrativas, fragmentadas y
antagónicas entre sí, como la “revelación” de la gestión, implica una visión
reduccionista de la Administración. En cadencia con el cambio, va apareciendo
una colección de “proverbios”, cuyos resultados son parciales y
circunstanciales, pues su identidad común es “el empirismo a ultranza y el cortoplacismo
como recetas de éxito” (Romero, 1998, p. 31). Si bien en todas las
organizaciones se pretende la búsqueda de la mejor fórmula para administrar y lograr
la eficiencia (the best way, en la idea taylorista), no resulta
aceptable conjugar múltiples técnicas sin un estatuto epistemológico que las
sustente. Se gesta, entonces, “una jungla de la administración” (Koontz, 2002,
p. 17), que evidencia una pluralidad de criterios que hacen difícil asumir en
un único enfoque la filosofía de la Administración . Cada uno de ellos propone
conceptos administrativos cuyos patrones dominantes carecen de claridad y de
una línea de pensamiento que sustente sus planteamientos teóricos.
En el propósito de encarar la complejidad que reviste la
gestión de las organizaciones, el sometimiento de la Administración a esta
serie de idealizaciones conceptuales, no ha logrado los resultados anunciados.
Esto ha implicado que la Administración sea entendida más en términos de
actividades, que como un arreglo teórico de enunciados que prescriben el
“hacer”, corriéndose el riesgo de convertirse en una práctica sin observancia
teórica.
Del mismo modo, los “gurús” que se han ocupado de la
Administración, han desarrollado diversas metáforas, ambicionando formalizar
una regularidad y racionalidad de aplicación genérica. Ante esto, Cornella
(1998, p. 11) advierte que “el uso de metáforas es común en todas las ciencias.
Pero el problema de su
utilización en el management sea quizás que se aplica antes de que éste
haya encontrado sus principios básicos. Las metáforas se convierten, entonces,
en estimulaciones puntuales en la trayectoria del management como
disciplina que sería más zigzagueante y errática que las otras disciplinas que
parten de unos principios establecidos”.
Los intentos de establecer relaciones con el mundo
biológico, físico-químico y sociocultural han alejado a la Administración de la
búsqueda de sus nociones esenciales e identidad. Las diferentes formas de
pensarse las organizaciones, como máquinas, como organismos vivos, como
cerebro, como fenómeno cultural, como institución política, como cárcel
psíquica, o como proceso de dominación y cambio (Morgan, 1998) entrañanun
pluralismo ideológico que ha dado lugar a concepciones de la administración
poco claras y aun por desarrollarse. De acuerdo con Ghyczy (2003, p. 73), es
atractivo para los negocios extraer lecciones empresariales de otras
disciplinas como la guerra, la biología o la música, pero el entendimiento de
la realidad a través del modelado en metáforas, significa un proceso endeble en
la esfera del discurso racional.
A toda esta panorámica se suma que muchas de las
carencias teóricas que enfrenta el conocimiento administrativo se deben también
en buena medida a la literatura derivada de consultores, quienes documentan el
producto de sus intervenciones en los conocidos best seller que
son comercializados como los mejores métodos de gestión, cuya observancia
garantizará el éxito empresarial –y que además son usados peligrosamente, como
fuente bibliográfica formal en los procesos de enseñanza–. Para Jackson (2003,
p. 46), “gran parte de la información contenida en los libros de los gurús
proviene de experiencias y observaciones directas de los autores. Los best
sellers son descaradamente subjetivos y anecdóticos en su enfoque”.
Es así como el
afán mismo por justificar e introducir la “receta ideal” para administrar las
organizaciones, ha llevado a que los académicos desvíen el análisis de la
Administración desde sus supuestos teóricos, y se limiten a explicaciones desde
la concepción pragmática. “Seguir las novedades y la moda sin cierto sentido de
una agenda de investigación teórica capaz de resistir el acoso de la novedad y
la unicidad, ocasiona problemas en el desarrollo del campo de estudio”
(Pfeffer, 2000, p. 266). En este sentido, el conocimiento en Administración
tiende a estructurarse más desde la perspectiva operativa que entraña la
gestión, eludiéndose la atención con respecto a la discusión teorética.
Así pues, de todo lo hasta aquí plasmado, se deriva que
la mayor dificultad que enfrenta la enseñanza de las teorías de la
Administración está ligada a la identificación y entendimiento de aquello que
realmente alberga un sustento epistémico. Y ésta es sin duda una labor a
enfrentar desde los procesos formativos. Urge la necesidad de edificar el
conocimiento administrativo sobre lo teorético, moderando el influjo técnico
propio de la gestión. Es capital discernir la diferencia entre teorías de la
Administración y enfoques o “modas” administrativas, para atenuar el
mayor énfasis instrumental en la enseñanza. Efectivamente, lo teórico debe dar
vida a lo empírico y no al contrario, puesto que no es admisible enseñar como
teoría aquello que banalmente es ideología –y las modas administrativas no son
más que retóricas que no alcanzan la consistencia de una teoría–.
En síntesis, el conocimiento administrativo se enfrenta a
la exuberancia de discursos ideológicos –y hasta ortodoxos– que distorsionan y
tornan imprecisos los argumentos epistémicos de significancia, situación que es
necesario advertir en la educación teorética de la Administración. No apunta
esto a censurar la doctrina de las racionalidades técnicas, ya que sin duda, en
la formación de administradores, la dualidad teoría-práctica no es excluyente
ni ambivalente, pues simbólicamente son dos “caras de una misma moneda”. Lo que
se sugiere aquí es que para vencer las limitantes
epistémicas en la enseñanza de las teorías de la Administración, es preciso
alejar los enfoques pragmáticos propios de ser enseñables como gestión,
gerencia o management.
Administración
y pedagogía: una posibilidad
“Id donde esté la gente. Aprended de ella.
Mostradle su amor. Partid de lo que ya sabe. Construid sobre lo que ya ha
hecho. Y cuando hayáis terminado vuestra tarea, sabremos que hemos sido exitosos
cuando ellos digan: lo hicimos nosotros mismos”. PREMISA
CONSTRUCTIVISTA
El nuevo siglo trajo inherente una
avalancha de cambios a todo nivel, que demarcan una nueva dinámica mundial.
Rodríguez (1999) expone entre los más significativos el ocaso del bipolarismo
como eje de la distribución política mundial, la revolución informática con sus
efectos en el mundo del trabajo, la globalización del intercambio, la hegemonía
del neoliberalismo económico y la interdependencia de los mercados financieros.
La educación superior no se sustrae
a la realidad de nuestro tiempo. La mayor internacionalización y movilidad
académica exigen prácticas de formación integrales y de calidad, que estén
acordes a este nuevo escenario. Para Pérez (2002, p. 19), hay tres grandes
impactos actuales sobre el mundo académico, que están influenciando
radicalmente la demanda y la provisión de los servicios de la educación
superior. Ellos son: la emergencia de la sociedad de la información (que está
transformando la naturaleza del trabajo y de la organización de la producción),
el fenómeno de la mundialización (que incide sobre las posibilidades de
creación de empleo), y la revolución científico-técnica (que crea una nueva
cultura y que plantea acuciantes cuestiones éticas y sociales).
Para hacer frente al complejo
ambiente mundial, las universidades en lo curricular investigan y definen el
perfil del profesional en Administración requerido para responder a los retos
que demanda la sociedad globalizada y lo asumen como el referente para orientar
posibilidades formativas. Igualmente, obtienen la información del entorno,
sobre todo la referida a tendencias del ejercicio profesional y el anclaje
laboral, como insumo para discutir propuestas pedagógicas (Calderón, 1995).Si
bien esta labor refrenda la contemporaneidad de los procesos académicos, es de
entender que la reflexión pedagógica es un evento endógeno, que debe iniciarse
en el terreno mismo del aula de clase, en donde, mediante la correlación
docente-discente, se forma el futuro profesional.
Así, en medio de la red
conversacional que se teje en el colectivo aula, el docente debe empezar a
pensar esta pregunta problemática: ¿cómo seducir al estudiante para que
comprometa su interés en la incorporación del conocimiento? El qué y el cómo
–la enseñabilidad y la enseñanza– son manifestaciones propias del evento
educativo, que conllevan a negociaciones tanto cognitivas como culturales. En
esto, sus protagonistas (docente-estudiante) establecen relaciones dialógicas
que mediante un acuerdo encierran la probabilidad del aprendizaje. Pero, ¿de
qué manera se logra este acuerdo?
Partiendo de los anteriores
interrogantes, lo que sigue es un intento de reflexión sobre lo pedagógico, que
a la vez permita elucidar una posibilidad para la enseñanza de las teorías de
la Administración. A modo de introducción, valga retomar textualmente a Handy
(1993, p. 49), quien escribió: el hombre que estaba frente a la clase dijo
“ahora, aprendan esto” y escribió una ecuación en el pizarrón. Los alumnos
la copiamos en nuestro cuaderno. Tres meses después, la volvimos a
copiar en la hoja de examen. Si la segunda vez la transcribíamos
igual que la primera, significaría que la habíamos aprendido [...]. Ese fue mi primer
concepto de aprendizaje. Posteriormente vine a darme cuenta que no
había aprendido en la escuela nada que ahora pudiera recordar
excepto esto: que alguien ya había resuelto todos los problemas y que la
respuesta estaba en algún libro o en el cerebro del maestro. El
aprendizaje parecía ser la transferencia de respuestas de ellos hacia
mí .
Sin duda que aquí se encuentra un
llamado de atención a la hora de encarar la enseñanza de cualquier saber. Reducir
arbitrariamente los procesos de aprendizaje al transmisionismo reproductivismo,
supone un estado terminal del conocimiento, que impide el rastreo de nuevos
sentidos y significados para los problemas cognitivos. La enseñanza
unidireccional ubica al docente como el único dotado de sabiduría y al
estudiante como
imbuido en la ignorancia.
En este esquema, se desconoce
que el conocimiento es afín a una red autopoiética, en donde las soluciones a
los problemas dan origen a nuevas encrucijadas, en un ejercicio iterativo de
discusión. Precisamente el objeto del conocimiento está en la búsqueda
incesante, por lo cual el docente debe motivar a sus estudiantes a la
vocación por la curiosidad, por la indagación, por la pregunta. Según Badillo (2000, p. 115), la práctica pedagógica que
históricamente se ha asociado con aprendizaje mecanicista y repetitivo, en el
que la acción cognoscitiva se limita a “archivar en la memoria neurofisiológica
definiciones y discursos”, evidencia serios inconvenientes que perjudican la
creatividad.
Frente la
emergencia de procesos formativos flexibles y autónomos, se hace necesario que
el docente, además de calificarse
permanentemente en el conocimiento propio de su disciplina, encare una
reflexión pedagógica que le motive a descubrir los caminos apropiados para
coadyuvar la apropiación del conocimiento en sus estudiantes. Esta introversión
es substancial para acercar la inteligibilidad de la relación
docente-estudiante; más aun si se tiene en cuenta la cuasi ausencia de espacios
de discusión sobre lo pedagógico por parte de los maestros universitarios.
Para ello se debe partir de aceptar que la pedagogía es más
que un simple evento instructivo. Implica todo un proceso de formación que, en
la óptica de Delors (1998), se estructura en torno a cuatro pilares de los
cuales subyace el conocimiento: aprender a conocer (comprensión), aprender a
hacer (influencia en el entorno), aprender a vivir juntos
(cooperación-fraternidad) y aprender a ser (autonomía-juicio-responsabilidad).
Hacia estas dimensiones deberá apuntar el rol docente.
Un aprendizaje significativo será aquel que además de
competencias cognitivas y técnicas, entregue a los estudiantes elementos para
ser mejores individuos en su sociedad. Para iniciar esta labor de reflexión
pedagógica es evidente que existen varias alternativas. Diversos trabajos
investigativos han buscado explicar cómo los sujetos acceden al conocimiento.
Tales aportes dan una explicación de las manifestaciones conductuales y los
patrones cognitivos del ser humano en los procesos de aprendizaje, que sirven
de referente para apoyar el proceso formativo.
Entre ellos, valga destacar el constructivismo cognitivo
como una posibilidad paradigmática en la búsqueda del saber. Este enfoque
afirma que el sujeto construye su propio conocimiento desde el interior, a
partir de estrategias y estructuras cognoscitivas, en una actividad mental que
está en interacción permanente con el entorno. De esta manera se propicia un aprendizaje
en espiral, caracterizado por la asociación docente discente, que
acompañado del entendimiento empírico heredado de la interacción cultural,
genera nuevos conceptos de reflexión que se apoyan en el pre-saber, para a
través de la tríada conceptualización-contextualización- comprensión, lograr
madurar las capacidades de los estudiantes.
En esta perspectiva, para Piaget (citado en Coll, 1994),
el proceso de construcción del conocimiento no es el resultado de una mera
copia de la realidad preexistente, sino de un proceso dinámico e interactivo a
través del cual la información externa es interpretada y reinterpretada por la
mente que va construyendo progresivamente modelos explicativos cada vez más
complejos y potentes. Para este autor, conocemos la realidad a través de los
modelos que construimos para explicarla, siempre susceptibles de ser mejorados
o cambiados.
En este enfoque se puede concluir que el aprendizaje
ocurre cuando el estudiante es capaz de relacionar, de manera no arbitraria y
sustancial, la nueva información con los conocimientos y experiencias previas
que posee en su estructura de conocimientos, a través de la mediación del
docente.
Si se acepta como válida la anterior exposición, el
inicio del camino con respecto a la enseñanza de las teorías de la
Administración estaría en la dirección de una imprescindible innovación del rol
docente, inherente a un cambio de paradigma, desde un énfasis en la transmisión
de conocimientos a un énfasis en la construcción del saber, invistiendo
al estudiante de autonomía y caracterizándolo como artífice de su
formación, de modo que sea él quien se automotive-conscientice hacia la
indagación del conocimiento y alimente actitudes reflexivas, críticas y
argumentativas que dinamicen su aprendizaje, conjuntamente con el ejercicio de
una responsabilidad intrínseca.
De acuerdo con Monroy (1996, p. 101), “el aula de clase debe
ser concebida como un espacio social para la democracia, además de ser un
espacio científico que permita conjuntamente coadyuvar en el autoconocimiento del
estudiante”. En este sentido, la enseñanza de las teorías de la Administración
debe motivar la participación, buscando que la discusión y el debate contribuyan
a la incorporación del conocimiento y al cultivo de valores. Tales
consideraciones conllevan a que el docente identifique al alumno como un interlocutor
válido de una acción comunicativa, desvirtuando los prejuicios que ubican a
profesor y estudiante en polos diametralmente opuestos, y por el contrario, se
reconoce una toma de conciencia de doble vía, en donde el docente asume que el
estudiante está dotado de un pre-saber y el estudiante reconoce que el docente
valida el diálogo intersubjetivo; acciones que conducirán al acuerdo
cognoscitivo.
Es de advertir, sin embargo, que la interacción de los dos
actores puede implicar un conflicto de saberes, debido a ideas y conceptos con
poca consistencia argumentativa. Ante esto, el docente como protagonista –focal–
del acto formativo y como conocedor de la disciplina administrativa, debe
buscar encauzar soluciones asertivas según la lógica de la razón, de modo que se
logre una negociación y acuerdo relevante, que en esencia justifique la
evidente eficacia en la construcción del aprendizaje.
En este esquema, además, el docente debe acometer otra
función esencial: transformar la enseñanza de las teorías de la Administración
en un formato en el cual converjan sincrónicamente tres dimensiones: una acción
epistémica, dada por el dominio del saber y su justificación telética;
una acción axiológica fundamentada en un proyecto de valores por
negociar-construir en un contexto cultural dado; y una acción praxeológica
–integradora de las dos anteriores– que se sustenta en la operacionalización
del conocimiento en coherencia con el comportamiento.
La conjugación de las dimensiones teórico-ético-práctica
(saber-ser-hacer) encierra la posibilidad de un aprendizaje
significativo, lo cual está en correspondencia con la invitación que
hiciera la Unesco (Delors, 1998) para reflexionar en torno a la
educación para el siglo XXI. Ahora bien, aceptando como una
posibilidad pedagógica el anterior referente conceptual, en el ámbito
específico de la enseñanza de las teorías de la Administración, cabe
plantear unas consideraciones adicionales, que aunque albergan un matiz
más procedimental, son de especial atención en una apreciación
teleológica de lo curricular.
Primero, en materia del contenido de la enseñanza referido
a las teorías de la Administración, podría decirse que la presentación de las
teorías ha respondido a una cierta sucesión de hechos –que incluso se ha manualizado
en los “libros de texto”19 –. Si bien esta linealidad, debida a la exposición
del saber administrativo por periodos de tiempo, es una característica de este
campo disciplinar, el llamado de atención es a realizar análisis más dinámicos
relacionados con las conexiones conceptuales, los atributos semejantes y las influencias
transversales entre teorías, buscando que los estudiantes adquieran una visión
holística e integral del pensamiento administrativo.
Segundo, recordando lo expresado anteriormente, la Administración
se entiende desde dos perspectivas: de un lado, las teorías de la
Administración (organizacionales- administrativas) que son fundantes del conocimiento
del cual emerge la disciplina, y, de otro, el saber técnico que se materializa
en la gestión. Se dijo aquí que ambas connotaciones deben entenderse como una
unidad en sincronía (la teoría deviene en práctica). Sin embargo, la falta de
atención a este razonamiento ha conllevado una visión fragmentada en la
formulación curricular para la enseñanza de la Administración, pues el marcado
énfasis instrumental hacia los negocios ha afianzado la enseñanza de técnicas y
herramientas, despreciando un mayor sustento teórico –se ha privilegiado la acción
en detrimento del conocimiento (Le Mouël, 1997, p. 28)–. Es substancial comprender
que en la invención-evolución del pensamiento administrativo se halla el rigor
teórico que entrega al estudiante los elementos para el “saber hacer”, por lo
cual debería existir mayor ponderación de las asignaturas que se refieren a las
teorías de la Administración.
De esta manera, y asintiendo como hecho medular la
preeminencia del conocimiento como bastión de la técnica (Administración
vs. Gestión), el plan de estudios debería estructurar al menos tres ambientes
para la enseñanza de las teorías de la Administración .
El primero comprendería los orígenes de la Administración
–indicios y formas primitivas, su evolución hasta los esbozos administrativos
de la economía clásica (Smith, Ricardo ...), los precursores de la
Administración (Owen, Babbage, Towne, ...) y las primeras manifestaciones de la
sicología industrial (M. P. Follet, L. Gilbreth, ...).
El segundo incluiría pensamiento clásico (Taylor, Fayol,
Urwick, Gulick,...), enfoque burocrático (Weber,), teoría de las relaciones
humanas (Mayo, ...), aportes behavioristas (Maslow, Herzberg, McGregor, ...),
teoría de sistemas (Kahn, Katz, Forrester...) y enfoque de contingencias
(Lawrence, Losh, Woodward, ...).
El último reuniría otros aportes conceptuales, quea unque
tengan un dudoso estatus de teoría, revisten un tratamiento solemne de las
dinámicas administrativo- organizacionales: el institucionalismo (Chandler,
Sloan, Mintzberg...), la administración por objetivos (Drucker, Odiorne, ...),
el conductismo organizacional (Barnard, Lewin, ...), el desarrollo
organizacional (Bennis, Blake, Mouton, ...), la calidad total (Deming,
Ishikawa, Juran, ...), el estructuralismo (Etzioni, Parsons, Strauss, ...) y el
paradigma de la complejidad (Morin, Foerster, Beer, ...)21 .
La anterior prescripción podría calificarse como
contenciosa e insensata, pero precisamente lo que se quiere insinuar es la
importancia de una fundamentación más teórica en la formación del
administrador, atenuando el mayor énfasis instrumental.
Finalmente, para complementar las consideraciones
expuestas hasta el momento, no deja de inquietar la manera como se
operacionaliza la búsqueda cognitiva. Empero ésta es una circunstancia
meramente metodológica que concierne al quehacer docente y que se ampara en la
libertad de cátedra; no por ello resulta inasequible una revisión sutil acerca
de los métodos para apoyar el trabajo pedagógico.
El método23 es “un principio de organización y ordenación
del trabajo docente de acuerdo a un fin preestablecido, configurado sobre la
marcha del sistema educativo y ajustado además a las leyes intrínsecas y a las
exigencias de cada materia” (Restrepo, 1986). El método es el vehículo fáctico
a través del cual el docente dotado de una actitud pedagógica particular, traduce
el conocimiento al estudiante para facilitar el aprendizaje.
El método encarna una estrategia de enseñanza, que
responde a un enfoque teórico de cómo se lleva a la práctica la discusión por
el conocimiento. Tradicionalmente, la estrategia de aprendizaje por recepción
(exposición magistral) ha dominado los ámbitos de clase y su trascendencia
histórica la ubica como un protocolo de difícil desapego. No obstante, son cada
vez más utilizadas las prácticas cimentadas en otras estrategias como el
aprendizaje por descubrimiento, el constructivismo y las modernas NTIC (Nuevas
Tecnologías de la Información y la Comunicación), que se individualizan o
combinan para el logro de los objetivos pedagógicos.
A la luz de la pedagogía se han estructurado diversos
métodos para materializar las acciones fundantes de cada estrategia, que han
apoyado la enseñanza en los diferentes campos del saber. En el caso de la
Administración, han sido recurrentes el método magistral, centrado en la
autoridad y saber del docente; el método expositivo abierto, con el control por
parte del docente, pero con una motivación hacia la reflexión y discusión
grupal; el método de proyectos, que enfatiza la búsqueda de alternativas
cognoscitivas mediante la realización y experimentación; el método de
problemas, que busca el aprendizaje significativo mediante el planteamiento y
solución de situaciones; el método de indagación, que acerca al estudiante a la
investigación e incentiva la curiosidad intelectual; y el método de casos,
concebido para argumentar y problematizar una realidad figurada.
Cada uno de estos métodos ofrece sus propias
posibilidades, según las circunstancias y características de un determinado
tema, y solo desde su aplicabilidad se pueden señalar ventajas y desventajas.
En particular, el método de casos ha sido la práctica más
acérrima en las escuelas de negocios.
La usanza ha demostrado que el método de casos se ha
constituido en una herramienta para la enseñanza de la Administración, desde su
introducción por la Universidad de Harvard.
En su concepción pragmática, la Administración implica acción
y por lo tanto desarrollo de habilidades de actuación frente a situaciones
reales de las organizaciones. El rol del método de casos es precisamente poner
en “escena” a los estudiantes, mediante simulaciones de la realidad. No
obstante, algunos autores han coincidido en observar serias restricciones. Por
ejemplo, Aktouf (2002) señala que este método evidencia deficiencias como el
desarrollo lento de competencias, el hecho de asumir una madurez inexistente en
el estudiante, el simplificar abusivamente las funciones empresariales y su
presentación sesgada por el fuerte contenido ideológico. Citando a Friedrich,
expone que “Si Harvard es el templo del método de casos, el método de estudio
de casos es solamente una maquinación que aparenta realidad, es como un juego
electrónico de jockey, que nunca podrá producir verdaderos jugadores de jockey”
(Aktouf, 2002, p. 75).
Este
autor igualmente polemiza que la enseñanza de la Administración a través del
método de casos es limitada solo a abstracciones de la realidad, subjetivizadas
y relativizadas al criterio unidireccional de su elaborador. “Como en todo, el
abuso es nocivo. Hacer de él a la vez, o casi, la teoría y la ilustración, el
hecho y el concepto, el ejemplo y la generalización, es tan pretencioso como
antiintelectual [...]. El caso debería conservar el papel de complemento, de
auxiliar, de ilustración simple que nunca debió perder” (Aktouf, 2002, p. 79).
En oposición, existen otros autores que justifican su bondad por considerar que
prepara al estudiante para hacer frente a situaciones cotidianas de los
empresarios y permite aprender actuando, ya que obliga al estudiante
a pensar de manera analítica,
factual y reflexiva. De igual manera, lo exaltan como una alternativa (entre otras)
para el despertar investigativo por su capacidad de describir, entender y
explicar (Ramírez, 1999, pp. 13-27).
Así pues, podría sostenerse que en tanto que este método
no sea considerado como un medio tendencioso para la generación-configuración
de un saber teórico, podrá emplearse como un ejercicio válido de discusión de
saberes ya elaborados que ofrece buenas posibilidades. Para terminar,
accediendo que sea dable asumir una propuesta de discusión-construcción, como
alternativa para crear situaciones de incorporación del aprendizaje en la
Administración, entonces, ¿cómo lograr materializarla en el ambiente de clase? Se
torna necesario confrontar y armonizar la dupla teoría-práctica, con una
pedagogía que proporcione al estudiante una visión integradora de las teorías
de la Administración y sus implicaciones empresariales, propiciando que sea él
quien desarrolle una actitud analítica, crítica y argumentativa.
En concordancia con el esquema constructivista ya referido,
subyace como inquietud pedagógica para dinamizar el proceso de
enseñanza-aprendizaje de las teorías de la Administración, una intención
simbiótica de manifestaciones hermenéuticas, explicativas y prescriptivas.
Partiendo de las manifestaciones hermenéuticas – aquellas en las cuales se
establece un diálogo con el texto para interpretar significados y dotar
sentidos–, el estudiante realiza una exploración bibliográfica de los temas a
tratar en clase, en una actividad extra aula acompañada de una guía de
aprendizaje, cuyo objetivo es la incorporación de conocimientos previos.
Una vez preparado el material consultado, se da lugar en
el colectivo aula a las manifestaciones explicativas (explicitaciones-justificaciones-sustentaciones-relaciones),
a través de la presentación individual y socialización grupal, con el objeto de
acordar la construcción teórica acorde con la racionalidad del conocimiento.
El ciclo termina con las manifestaciones de tipo
prescriptivo (proposiciones-hipótesis-soluciones-generalizaciones- perspectivas),
con homologaciones teórico prácticas, en aplicaciones a la realidad, en donde
los estudiantes contrastan las teorías de la Administración en un ámbito
organizacional real, problematizan sus supuestos y prescriben recomendaciones
de adopción como cimiento de la acción gerencial. Esta fase permitirá superar
las críticas que se hacen en torno al distanciamiento que existe entre la
formación de administradores y su objeto de estudio (Christensen y Raynor,
2003). Frente a la complejidad, globalización y competitividad inherentes a los
procesos de modernización de las empresas, está sentado que el futuro
profesional en Administración debe poseer las competencias cognitivas y
procedimentales para comprender los fundamentos, principios, teorías y modelos
administrativos y de gestión, que le faciliten la consecución de metas y
propósitos en el ámbito profesional e institucional, lo cual –de alguna manera–
puede entrañar una posibilidad de logro a partir de las consideraciones aquí
planteadas.
Conclusión
La sociedad del siglo XXI, caracterizada por entramados de
información que tornan borrosos los límites espacio-temporales, demanda
profesionales en Administración que respondan a los requerimientos de la mundialización
organizacional. La preparación y formación de personas idóneas en el saber
administrativo y praxis gerencial, acorde a la dinámica del cambio, es un
compromiso conjunto de docentes, educandos e instituciones.
En consecuencia, los profesores deben afianzar los
procesos formativos en la incorporación del conocimiento –del cual subyace la
técnica–, de manera que los estudiantes validen que la gestión efectiva de las
organizaciones se sustenta en las competencias que logren desarrollar en su
vida formativa.
Así, la enseñanza de las teorías de la Administración debe
partir de la comprensión de su carácter epistemológico. Si bien la historia del
pensamiento administrativo ha denotado una falta de claridad con relación a la
concepción epistémica de la Administración, no es desdeñable que en las teorías
administrativas y organizacionales se pueden hallar sustentos indemnes a la ideología
de “gurús”, los cuales dan una explicación satisfactoria respecto a la
naturaleza del conocimiento
administrativo, y que
entregan los elementos para identificar la Administración como una disciplina
de índole científica.
El conocimiento en Administración se halla concentrado en
enfoques y teorías; pero son estas últimas las que representan los constructos
teóricos que reúnen las regularidades que validan el conocimiento en diferentes
contextos. Dichas teorías se operacionalizan y homologan con la praxis a través
de la gestión, que se constituyen en la expresión procedimental del conocimiento
administrativo (y es en esta práctica donde pululan las modas).
En correspondencia con lo anterior, la expresión
pedagógica para la enseñanza de las teorías de la Administración parte de
admitir que los procesos de enseñanza- aprendizaje son mutuales y en ellos
confluyen docente-discente en interacciones dialécticas que permiten descubrir
el conocimiento, a partir de los preconceptos y la socialización, discusión y
argumentación del saber.
Es así como el aprendizaje debe ocurrir mediante la generación
de espacios de diálogo constructivo, en los cuales el docente, con criterio
tolerante y sensato, reconoce la mente del otro (estudiante) y propicia la adopción
de competencias mediante manifestaciones hermenéuticas explicativas-prescriptivas,
soportadas en diferentes acciones metódicas y factuales.
UNIDAD
2: Fundamentos pedagógicos teóricos y metodológicos de la
administración y la organización.
Tema 1
Fundamentos
del Saber Administrativo
RESUMEN
El presente texto tiene por objetivo
delimitar, de manera general, algunos de los conceptos más importantes del
saber administrativo; en primera instancia, práctica administrativa y saber
administrativo. Estos conceptos están ligados con los que en el texto se
denominan fundamentos de la administración, estableciendo consensos sobre
algunas expresiones comunes en el lenguaje administrativo, y contribuyendo a la
comprensión de estos temas para los estudiantes de los primeros niveles del
programa de Administración de Negocios, en las áreas de su formación básica.
Además, se hace una exposición general sobre los fundamentos —económicos,
religioso-culturales y socio-psicológicos— con especial énfasis en la forma en
que contribuyen a estructurar, histórica y conceptualmente, el saber administrativo.
Palabras
clave: práctica administrativa, saber administrativo y fundamentos.
The objective of this paper is to set the limits,
under a general perspective, of some of the most important concepts of the
administrative knowledge; administrative practice and administrative knowledge
from an initial perspective. These concepts are linked with the so called
administration foundations within the text, establishing consensus about some
common expressions in the administrative language, and contributing to
understanding such themes for the students of the Business Administration
program’s first levels, in the basic formation areas. Besides, a general
presentation is made on the foundations —economics, cultural-religious, and
socio-psychological— particularly on the way they contribute to structure both,
historically and conceptually, the administrative knowledge.
Key words: administrative practice, administrative
knowledge and foundations
INTRODUCCION
El diccionario de la Real Academia
de la lengua española, define la palabra fundamento como “Principio y cimiento
en que estriba y sobre el que se apoya un edificio u otra cosa; raíz, principio
y origen en que estriba y tiene su mayor fuerza una cosa no material” (Real
Academia, tomo1, 1992). Desde estas acepciones se entenderá el término
“fundamentos” en lo que toca al saber administrativo; es decir, se considerarán
fundamentos aquellos conceptos, circunstancias o procesos históricos que hayan
aportado, de una u otra manera, a dar forma al saber y a las prácticas
administrativas más reconocidas en Occidente. Estos fundamentos son
considerados no como principios filosóficos o teóricos inmutables, sino sujetos
al cambio, a la historia,
a los procesos de configuración que han constituido el saber de la administración
moderna y, en este orden de ideas, contribuyen a la comprensión de las
dinámicas de la administración, propias de un determinado momento en el tiempo.
Así, el campo de conceptos que comprenden el saber
administrativo no está por fuera de su historia. Una distinción importante
tiene que ver con lo que, para efectos de este artículo, se entenderá como
práctica administrativa, a diferencia de saber administrativo. En general, y a
modo de ejemplo, la práctica es entendida como todo acto rutinario establecido
por un grupo humano en el orden de la técnica, la religión, la economía o la
política. Por ejemplo, existen prácticas tecnológicas —la fabricación de
objetos de piedra—, prácticas económicas —el trueque—, prácticas religiosas
—veneración de santos—, prácticas políticas —el voto—, todas ellas en el
dominio del quehacer empírico, en el marco de unas actividades rutinarias
establecidas culturalmente.
Práctica implica todo lo que sea fácil o inmediatamente
traducible a la acción y reducido a ella
(Abbagnano, pp. 939-942, 1998). La práctica está en el orden de un conocimiento
rudimentario, pragmático y concreto, que rige la vida cotidiana en los niveles
más primarios de la supervivencia.
Para hacer comprensible el concepto de práctica en el
campo de la administración, es necesario remitirnos a las condiciones de las sociedades
“primitivas”, y en general precapitalistas, en las que el hombre debe resolver
su problema de supervivencia. Dado que el hombre ha debido enfrentarse al mundo
natural para aprovechar los recursos que garanticen su vida, han sido
necesarias históricamente una serie de prácticas que podrían denominarse como
prácticas administrativas, y que están en el orden del manejo, la gestión y la
administración de recursos, que pueden ser: alimentos, armas, animales,
herramientas, capacidad de trabajo
humano, el fuego, el conocimiento de los cambios climáticos para las siembras,
o para beneficiarse de las crecientes de un río, entre otros.
Como lo afirman Hernández y Rodríguez, “poco a poco, la
humanidad llegó a conclusiones sobre cómo debía organizarse para producir lo
que necesitaba, aprendió de los fracasos, también de sus éxitos y gradualmente
formó una teoría empírica que se transmitió de generación en generación bajo
las condiciones de cada pueblo” (Hernández y Rodríguez, p. 37, 1994). Esta
teoría empírica —que se refiere a las condiciones materiales de la existencia y
a la capacidad del hombre para insertarse en las relaciones de producción y de
trabajo y transformarlas activamente— fue durante siglos una práctica económica
y cultural de la cual se derivó posteriormente un saber administrativo.
Pero existen también actividades más complejas, que
trascienden una relación más directa con la naturaleza, y cuyo manejo también
hace parte de los propósitos de bienestar que el ser humano debe lograr:
actividades en el orden de lo social, lo económico y lo político, por ejemplo.
En resumen, la práctica administrativa como tal, deviene del hacer
directamente, teniendo en cuenta la experiencia que se adquiere a partir de la
realización misma de actividades tendientes a obtener un fin determinado —el
bienestar general— a hacer un uso óptimo de los medios con los que se cuenta
para cumplir tal fin, y al logro de la supervivencia individual y la de la
comunidad.
El saber, por su parte, se puede entender de dos formas:
una, “como conocimiento en general que, en este caso, designa toda técnica que
se considere adecuada para dar información en torno a un objeto, un conjunto de
tales técnicas o, también, el conjunto más o menos organizado de sus
resultados”; y otra, que lo entiende como “ciencia, o sea como conocimiento de
algún modo garantizado en su verdad” (Abbagnano, p. 1027, 2001). Acá se adopta
el concepto tradicional de la ciencia, es decir, aquel en el que se incluye una
garantía absoluta de validez y es, por lo tanto, como conocimiento, el grado
máximo de la certeza. En el sentido más reglas válidas que superan el
conocimiento empírico y se abstraen de las condiciones particulares de la
realidad, proponiéndose como universales, es decir, como objetiva.3
El hecho de que el conocimiento de la administración haya
sido durante tanto tiempo de orden práctico, no lo demerita, no supone que
ocupe un lugar de menor valor frente al saber administrativo, que en ciertos
momentos de su historia ha sido denominado como una “ciencia”. Durante miles de
años la humanidad construyó conocimiento confiable a partir del saber práctico,
pero es en nuestra época cuando las valoraciones excesivas sobre el
conocimiento científico han desvalorado otras formas del conocimiento como el
conocimiento común, popular y práctico.
La adquisición de un conocimiento confiable acerca de
muchos aspectos del mundo ciertamente no comenzó con el advenimiento de la
ciencia moderna y del uso consciente de sus métodos. En realidad, a este
respecto, muchos hombres, en cada generación, repiten durante sus vidas la
historia de la especie: se las ingenian para asegurarse habilidades y una
información adecuada, sin el beneficio de una educación científica y sin una
adopción premeditada de modos científicos de procedimiento (Nagel, p. 15,1994).
Lo relevante en esta diferenciación entre práctica y
saber administrativo no estáen privilegiar a la una sobre el otro, sino en
resaltar la naturaleza diferente que cada tipo de conocimiento supone y la
forma como se ha ido conformando históricamente un campo de saber ligado a una
profesión, que con el tiempo se ha denominado administración. Con el transcurso
del tiempo, las sociedades se han tornado más complejas, de manera que
culturalmente están mejor dotadas para superar el saber empírico y práctico
sobre el manejo de sus recursos, y convertirlo en un saber teórico.
Por su sistematicidad
y por los procesos históricos de su configuración, estos saberes se han denominado
en las sociedades occidentales, y principalmente con el advenimiento de la
modernidad, como “ciencias”. Para efectos de este texto, se propone el concepto
de saber administrativo, suspendiendo por el momento la discusión en torno al
carácter científico que algunos le han adjudicado a la administración, esto es,
si hoy la administración se tiene como una ciencia o no.
El saber administrativo hace alusión a la teoría administrativa
o a las teorías de diversas disciplinas y ciencias, a la luz de las cuales la
administración se ha pensado y se ha construido a si misma como un campo de
saber. Es decir, se habla de saber administrativo en términos de un
conocimiento más sistematizado, formal y abstracto. Este conocimiento al que se
hace alusión, se refiere a su carácter teórico, explícito, que trasciende la
aplicación pragmática y tiende a convertirse en una elaboración propiamente
teórica, no obstante sus implicaciones prescriptivas. Este tipo de conocimiento
habla de realidades que rebasan la experiencia cotidiana, supera el nivel de un
conocimiento empírico y pragmático de la experiencia, dado que se construye a
partir de elaboraciones abstractas de conceptos y categorías que están en el
orden del discurso (Bonilla y Rodríguez, pp. 30-31, 1997).
Con el advenimiento de la sociedad moderna, después del
siglo XVIII y, particularmente, con la Revolución Industrial, la velocidad con
la que las industrias se expandieron, crecieron y se diversificaron, hizo que
quienes las administraban —en algunos casos los mismos propietarios e
inversionistas— se vieran en la necesidad de optimizar sus procesos, de
“organizar la casa” pues, si bien existían los medios económicos para que la
industria subsistiera, la idea era que produjera los mejores resultados
posibles y que continuara creciendo.
Este proceso de creciente mecanización y de reunión de
los asalariados en una fábrica o en un taller, donde se vieron obligados a
trabajar uno al lado del otro, cuando antes lo hacían de manera separada y
espontánea, y la necesidad de que los obreros cumplieran con los ritmos
regulares de las máquinas —pues antes trabajaban de modo irregular y
espontáneo— obligó a pensar el problema de la administración y del control,
como lo plantea William Asworth: “entre los problemas más estrechamente
relacionados con la introducción de la maquinaria, figuraba el de la
administración y control, un problema que consistía en asegurar que las
ventajas potenciales ofrecidas por el mejoramiento técnico se convirtieran en
realidades prácticas, y que todas las varias divisiones del proceso productivo
se combinaran de tal modo que contribuyeran más eficazmente al resultado
Final” (Asworth, p. 97,
1978).
Para esto, era necesario recoger experiencias sobre el
manejo de los talleres y las actividades comerciales y, a partir del control
sistemático de los tiempos, movimientos y habilidades de los obreros, así como
de métodos como el contable, hacer que su administración fuera más ordenada,
con fines establecidos hacia los cuales trabajar y con la posibilidad de prever
los resultados. En este contexto de mayor complejidad de las industrias, fue
claro que las elaboraciones de las ciencias y la tecnología aportaron mayores
posibilidades de eficiencia e innovación para el capitalismo. De allí que
muchas de las prácticas y procedimientos administrativos del siglo XIX se
sistematizaran, organizaran y recogieran en elaboraciones teóricas incipientes,
pero que apuntaban a un saber “científico” sobre la administración.
En las etapas más tempranas de su desarrollo como saber
—a finales del siglo XIX y principios del XX— las funciones de control y
organización que tuvo que enfrentar la ingeniería, derivaron hacia la
formulación de incipientes teorías caracterizadas por la observación
sistemática y la medición de los tiempos y movimientos, el estudio de las
destrezas, el manejo de las herramientas y la capacitación, como medios para la
regulación del trabajo productivo de los obreros y como una forma de organizar
técnicamente los talleres y garantizar la eficiencia de sus procesos
productivos. Particularmente en los Estados Unidos se presentaron propuestas
más concretas que apuntaban a la organización metódica y planeada del trabajo
en los talleres, a partir de observaciones sistemáticas que llegaron a
convertirse en textos escritos con pretensiones de cientificidad, y que se
constituyen en el cuerpo de conocimientos que fueron dando forma al campo de
saber denominado Administración Científica.
Esta última y otras corrientes teóricas norteamericanas y
europeas, que tuvieron desarrollos posteriores, han contribuido a la
configuración de lo que hoy se denomina Administración. Charles Babbage
(1792-1871), Henry Laurence Gantt (1861-1919) y Frank Bunker Gilbreth
(1868-1924) fueron algunos de los precursores del movimiento de la
Administración Científica, a partir de los intentos que cada uno hizo de
sistematizar y organizar los tradicionales conocimientos prácticos del manejo
de los talleres y darles forma teórica, pretendiendo extractar unos principios
generales para la organización científica del trabajo.
La labor de estos
primeros teóricos se centró en pensar las prácticas que tradicionalmente se
habían asumido en los talleres para organizar el trabajo. Se trataba de un proceso de
sistematización que sugiere un acto de conocimiento que hace que una acción pase
del conocimiento empírico al universo de las ideas estructuradas y de un
pensamiento abstracto para iluminar de nuevo la acción; es decir, elaborar
teóricamente las experiencias y los actos para la producción de saber sobre
ellos mismos, cuyo objetivo fundamental es el mejoramiento de la misma práctica.
En síntesis, se pretendía recoger el saber empírico que
durante décadas se había producido en los talleres para, con su teorización,
establecer unos principios generales de la organización del trabajo que
pudieran aplicarse en estos escenarios, independientemente de sus
características particulares, de los trabajadores y de los procesos productivos
específicos. Es entonces a partir de estas propuestas escritas que se comienza
a configurar un campo de saber en la administración.
El hecho de comenzar a consignar por escrito las
observaciones, los conocimientos y todo un saber empírico recogido a lo largo
del tiempo y que se conservó en la tradición oral, fue otorgando al saber
administrativo que surgía el estatuto de “saber científico”. Esta pretensión de
registrar en textos escritos tiene que ver con la preocupación propia del siglo
XIX por una mayor precisión y exactitud en el cuerpo de los conocimientos que
aspiraban a convertirse en ciencias. La formación textual de un saber que
tradicionalmente fue oral contribuyó a originar criterios de orden,
racionalidad, exposición fáctica, medios de verificación y argumentación
propios de las ciencias, con la finalidad de crear un corpus teórico
susceptible de ser difundido ampliamente en la sociedad, más allá de los
círculos especializados del saber, y ello sólo fue posible con la producción de
su escritura.
Así, los precursores de la Administración Científica
(Babbage, Gantt, Gilbreth) y el mismo Taylor supusieron una alteración en la
“formación discursiva” que sirvió como soporte para el saber de la administración
que se estaba gestando. Con la forma escrita que la administración iba produciendo,
ella ingresaba al campo de La investigación moderna, [que] se caracteriza por
su capacidad para organizar y ordenar tradiciones de pensamiento de modo que se
adecuen tanto a la presentación racional, como al uso pedagógico y didáctico.
La relación entre saber y organización textual es, pues, indispensable para que
una cultura ordene y codifique el conocimiento. (Morrison, 178, 1995).
El movimiento de la Administración Científica logró una
mayor forma y difusión internacional con el trabajo de Frederick Taylor
(1865-1915) titulado “Principios de la Administración Científica”, publicado en
los Estados Unidos en 1911. Gantt y Gilbreth, junto con otros estudiosos de la
organización racional del trabajo hicieron parte de la escuela de la
Administración Científica.5 No obstante la diversidad de interpretaciones sobre
la importancia atribuida a Taylor, la mayoría de los autores adjudican a éste
un papel fundamental en la formulación del movimiento científico, lo cual
supone su capacidad para sistematizar y formular con mayor coherencia teórica
los principios básicos de un saber que cada vez se configuraba como un campo
teórico relativamente autónomo respecto de la ingeniería y de la economía. Para
Aktouf, por ejemplo: Reconociendo esta posible
diversidad, se proponen los siguientes fundamentos, y dentro de ellos algunos
conceptos derivados: fundamentos económicos, religioso culturales y
socio-psicológicos, que serán desarrollados a continuación.
FUNDAMENTOS
ECONÓMICOS.
Para comenzar, es vital conocer y
comprender el contexto que rodea el saber administrativo, en particular el
proceso conocido como Revolución Industrial. El escenario inicial de la
administración es la empresa económica capitalista, que según Erich Gutenberg
se limita a “una entidad que busca la optimización de sus factores
productivos.” (López, p.31, 1999). Posteriormente esta empresa se hace más
compleja y trasciende la producción industrial, incursionando además en la
oferta de servicios. Según Alfred Chandler, conocido economista norteamericano
del siglo XX, la empresa pone varias unidades bajo su control, actúa en
diversos lugares, lleva a cabo diversos tipos de actividad económica y produce
varios bienes y servicios. “Las actividades de esas unidades y las
transacciones entre ellas transcurren entonces internamente. Son operaciones
coordinadas y vigiladas por empleados asalariados, que sustituyen a los
mecanismos de mercado.”7 (Chandler, p.120, 1994). En ese escenario inicial se
desarrollan unas singulares formas de división del trabajo, de organización de
los recursos y de gestión de las relaciones sociales que le son propias. Tal
escenario hace su aparición única y exclusivamente con la Revolución Industrial
— siglo XIX especialmente— es decir, con una economía capitalista moderna que
rompe con los antiguos esquemas de organización de los recursos de las
sociedades antiguas y de la medieval europea.
Como ya se ha sugerido, la mayor
complejidad de las sociedades supone una serie de prácticas que superan la
supervivencia inmediata en una relación directa con la naturaleza. Así, las
prácticas administrativas se van orientando hacia la organización de las
instituciones sociales, la construcción del mundo material de las ciudades, el
gobierno, y los mecanismos políticos y culturales necesarios para la
organización de una sociedad, superando así la etapa en la que las prácticas
administrativas se limitaban al manejo de recursos que resultaban de
actividades extractivas de la naturaleza: agricultura, ganadería y minería,
para llegar a plantear la necesidad de sistematizar, ordenar las enseñanzas
derivadas de tales prácticas, y así señalar el camino hacia un saber más
sistematizado y ordenado, fruto de las preocupaciones alrededor de esas nuevas
sociedades.
En este sentido interesa delimitar
el concepto de división del trabajo, entendido en su dimensión social, como
aquellas actividades que los diferentes integrantes de la sociedad realizan
como resultado de una división de funciones, para el logro de los objetivos que
la benefician. Para Carlos Marx esta división tiene sus inicios con la
separación entre el campo y la ciudad y las distintas actividades económicas y,
materiales que ello supone, y particularmente con la diferenciación de los
grandes géneros del trabajo: comercio, agricultura, ganadería, minería,
industria, etc. Es así como en una sociedad existen aquellos que fabrican
bienes materiales, otros que siembran la tierra, otros que imparten
conocimientos, otros que curan las enfermedades y otros que crean obras
artísticas. Todos se benefician mutuamente del trabajo de los demás.
En tanto es una forma de organizarse para
aprovechar al máximo los talentos y habilidades de los diferentes grupos
sociales, en la búsqueda de, un beneficio común, la división del trabajo es una
práctica administrativa asumida históricamente por las sociedades,
noción que se ajusta a la que se ha propuesto anteriormente.
Según Heilbroner, las sociedades se han
organizado de tres maneras para resolver el problema de la supervivencia. Para
este autor, algunas sociedades — agrarias, campesinas, antiguas, medievales,
entre otras— se han organizado a partir de la tradición,
“transmitiéndose de generación en generación, de acuerdo con la costumbre y el
uso, los distintos oficios y actividades necesarias” que la división social del
trabajo estructura para su supervivencia (Heilbroner, pp. 26-67, 1985). Un
segundo grupo de sociedades —los grandes imperios antiguos de Egipto y Roma,
por ejemplo— ha organizado sus recursos basado en el mando de una autoridad
central “que cuida que sean
realizadas las tareas necesarias” (Heilbroner, p. 27, 1985) adjudicando por
autoridad a cada grupo aquellas actividades que le son encomendadas:
construcción, agricultura, alfarería, comercio, defensa del territorio, culto
religioso y gobierno.
Estas dos primeras formas de gestionar los recursos para
resolver la supervivencia (la tradición y la autoridad central) corresponden a
sociedades cuyos sistemas de producción son anteriores al capitalismo, es
decir, sus sistemas de producción son esencialmente manufactureros y sus
integrantes están organizados de
acuerdo con su
condición étnica, su procedencia de castas, linajes o su posición política.8
Después de un milenario proceso histórico bastante complejo, y que no interesa
detallar acá, la sociedad de mercado rompe con las maneras tradicionales
de dividir el trabajo e instaura lo que la sociología ha llamado las clases
sociales, de acuerdo con la relación que establecen las personas con los
factores de la producción.
Estas clases
sociales son denominadas por los clásicos estudios sobre el capitalismo como
burguesía y proletariado.10 (Mijailov, p.13, 1997). Para Heilbroner, el sistema de mercado propio del mundo
capitalista moderno es la tercera forma de organización de los recursos y en
ella se propone que cada cual actuara de acuerdo con lo que fuera para él más
ventajoso monetariamente. En este sistema es el móvil de la ganancia, no el
impulso de la tradición o el látigo de la autoridad, lo que encamina a cada
cual hacia su actividad. Pero, aunque cada cual goza de libertad para
encaminarse hacia donde le lleva su olfato de lucro, la acción recíproca de
unos hombres sobre otros, trae como consecuencia que se realicen las tareas
necesarias para la sociedad (Heilbroner, p. 28, 1985).
Para este autor, el sistema de mercado logró instaurarse
tras un complejo y conflictivo proceso histórico que él denomina “revolución
económica” y que tuvo lugar entre los siglos XII y XIX. Como parte del
desarrollo de este nuevo sistema, se comprendieron la tierra, el capital y el
trabajo como factores generadores de riqueza que, si bien habían existido desde
siempre, no se les había explotado como recurso productivo y no existían como
entidades abstractas, como ‘agentes’ de producción, como entes económicos
impersonales (Heilbroner, p.36, 1985). Estos factores existían materialmente,
pero no eran concebidos como “mercancías” movilizadas para generar riqueza. En el sistema de mercado estos factores de
producción son dinamizados por el proceso de
oferta y demanda regido por la lógica de la ganancia, ideal que fue ajeno
a la Edad Media, y particularmente a la doctrina
católica que condenaba la acumulación, la
usura y toda ganancia que superara el “precio justo” de un bien, como se verá más adelante, y que fue un elemento fundamental
para que se instaurara el capitalismo moderno.
A partir de lo expuesto hasta ahora,
es pertinente delimitar la noción de división del trabajo, en su acepción
técnica, pues este concepto se constituye en un antecedente que será asumido
por las teorías clásicas del saber administrativo como uno de sus fundamentos.
Para Marx, la división técnica del trabajo se funda en las manufacturas, que
tuvieron lugar en la Europa de los siglos XVI al XVIII, pero que se acentuó en
la Revolución Industrial con la maquinización de los procesos industriales y la
mayor complejidad de la organización social. Más específicamente, se trata de aquellas
actividades que se realizan desglosadamente en los talleres y que hacen alusión
a las sucesivas fases de la producción y de la especialización de los obreros. Esta
problemática, entonces, no ha sido ajena al pensamiento económico occidental, por
el contrario es un tema esencial de su tradición.
En este sentido, para Omar Aktouf, Adam
Smith, Frederick Taylor y, adicionalmente, Charles Babbage, son tres de los grandes
pilares, hasta la actualidad inamovibles, del conjunto del pensamiento administrativo
predominante en el occidente industrializado. Uno de los principios más evidentes
y fundamentales de este pensamiento, de los más determinantes y más persistentes,
desde Smith, es la división y la especialización del trabajo, principio que progresivamente
ha llegado hasta la elaboración de las actuales concepciones que presiden la
dirección del trabajo y la repartición de roles dentro de la empresa. (Aktouf, p.
35, 1998). Si bien el concepto de división del trabajo es una herencia
principalmente de la sociología y de la economía para explicar el
funcionamiento de la sociedad, a la administración le interesa particularmente
la manera como el trabajo se divide y especializa en las organizaciones, entendida
como “la división continua y la subdivisión de las tareas o funciones en
actividades minuciosas altamente especializadas…” ,(Ritzer, p. 192, 2002). No
obstante no ser objeto de este artículo profundizar sobre este particular, es
importante señalar que existe diversidad de posiciones frente a las consecuencias
que trae consigo la división del trabajo en la organización. Se concluye
entonces que la división técnica del trabajo es un concepto central de la
administración, en tanto compromete la dinámica propia de las organizaciones insertas
en el mundo capitalista, donde el desarrollo de la tecnología ha contribuido a que
el trabajo se organice de forma tal que permita la articulación de los procesos
organizacionales con la lógica del capitalismo.
FUNDAMENTOS
RELIGIOSO-CULTURALES.
A partir de lo expuesto hasta ahora,
los fundamentos religiosos y culturales no pueden comprenderse de manera
aislada, sino en relación con los fundamentos económicos. La formación del
sistema de mercado supone la construcción de unos dispositivos técnicos y
materiales propios del mundo capitalista, que se va desarrollando en Occidente,
pero también la construcción de dispositivos éticos y culturales sin los cuales
no habría sido posible la aparición del capitalismo. Como se ha visto hasta el
momento, la organización de un sistema de mercado supone una nueva forma de
relación entre el hombre y el trabajo, más evidente a partir del siglo XII en
el occidente europeo, donde se desarrolló una actividad comercial y una vida urbana más
activa que darían lugar posteriormente a la formación de la economía
capitalista.
En especial después del Renacimiento (S. XV y XVI), el comercio
y las actividades artesanales urbanas fueron ganando espacio, desplazando a las actividades agrícolas propias de una
economía cerrada donde los señores feudales monopolizaban el poder económico y
político. En este nuevo escenario de relaciones económicas, el sistema de
mercado se ve sustentado en valores y formas de vida que van configurando un campo
ético y moral secular —propio del mundo de la economía y los negocios— que se
independiza de la ética católica tradicional que condena la ganancia. Según la
doctrina católica, “los medios de enriquecerse, que humanamente considerados
parecen estar justificados de todo punto, se hallan en contradicción, no sólo
con el espíritu del Evangelio, sino con prohibiciones expresamente hechas por
Jesucristo y sus Apóstoles” (Groethuysen, p. 354, 1985).
Así pues, esta moral católica no daba lugar a la ganancia
ni a la usura, pues se las condenaba como prácticas que permitían la
acumulación de riqueza, y por medio de ésta, el apego del hombre al mundo
terrenal. Dado que la Iglesia Católica promovía la valoración de lo
sobrenatural y la idea de que el mundo terreno era algo efímero y no
definitivo, toda valoración excesiva de lo material, en este caso el afán de
lucro de los nuevos empresarios burgueses, era combatido por los teólogos y
sacerdotes como actividades pecaminosas y reprobables.
Este fue un largo
y complejo debate entre dos visiones contradictorias del mundo: el burgués y el
de la Iglesia entre los siglos XII y XVIII, que se inscribe en el contexto de
la Revolución Económica expuesto por Heilbroner. La postura católica que
condenaba la generación de ganancia y por ende el espíritu capitalista, puede
ejemplificarse con lo dicho por un representante de la teología católica, en
1783: Dios, que en la Sagrada Escritura está ordenándonos constantemente
despreciar la riqueza, Dios, que nos pone ante los ojos con terribles imágenes
de sus fatales consecuencias, Dios, que dice que la codicia, que constituye el
motivo principal de todas las grandes empresas mercantiles, es la fuente de
todo mal, Dios no creó al hombre para amontonar dinero y poner en circulación este
dinero para gloria del comercio y del Estado; creó a los individuos lo mismo
que a los estados para su propia gloria (Groethuysen, pp. 369-370, 1985).
Es de aclarar que la condena de la Iglesia Católica sobre
el comercio se dirigió básicamente al comercio en gran escala, al que daba
lugar el desarrollo del capitalismo y de la burguesía, por las notables
ganancias que producía y la acumulación de capital que de allí se derivaba.
Mientras que el comercio en pequeña escala o artesanal era visto como un comercio
“honrado” que supuestamente no perjudicaba a otros y que no era injusto a la
luz de la moral católica. En este sentido el lucro sólo era aceptable dentro de
los márgenes de supervivencia que permitía el trabajo mismo. Por ello, se
sospechaba del comerciante que buscaba la ganancia (lucrum) por su
acumulación excesiva de fortuna. Dentro de la visión de la Iglesia, sólo era
lícito el comercio para el propio sustento (sustentatio) y el que se
invertía en obras de caridad, mientras que la acumulación a gran escala de
mercancías y artículos de primera necesidad con propósito especulativo, se
consideraba como avaricia. Sólo el comercio en pequeña escala transado con el
justo precio (iustum pretium) de los artículos, se consideraba lícito,
mientras que el comercio practicado “racionalmente” —el que buscaba la
ganancia— era calificado de pecado (Von Martin, pp. 121-122, 1976).
El debate teológico sobre la ganancia se desarrolló de
manera más clara a partir del siglo XII en la Europa occidental cuando
aparecieron los burgos o ciudades donde el comercio dinamizaba la economía
agraria estática y cerrada de la Edad Media. Los burgos dieron lugar a un nuevo
actor social, la burguesía, cuyo protagonismo económico fue más claro a partir
del Renacimiento (siglo XV y XVI) socavando el poder de los discursos
teológicos tradicionales que combatían la nueva ética del capitalismo.
La aparición de la burguesía
está ligada a la secularización que sufrió la sociedad europea, donde la
economía monetaria ganaba un creciente terreno como forma de organización
económica. En este mundo de mayores intercambios comerciales la actitud del nuevo
empresario intelectual, individualista, y más racional que supersticioso estaba
acorde con unas nuevas actitudes de cálculo como explicación posible del mundo
natural, donde los valores eran intercambiables, impersonales, abstractos,
mercantilizados.
Este nuevo empresario burgués fundó
una serie de valores éticos, cuya aparición histórica fue más clara hacia el
siglo XVIII con el mundo de la Ilustración: la iniciativa individual, el
sentido de ganancia, la valoración del trabajo como motor del progreso social y
como elemento de dignificación moral del hombre, la valoración de la propiedad
privada, la disciplina laboral, el ahorro, la austeridad en el gasto, la
valoración de la ciencia en oposición a la fe y la creencia de que el hombre
era dueño y señor de su destino, lo cual lo liberaba de aceptar un orden social
que la iglesia proclamaba como inmutable e incuestionable. Todos estos valores
hacían parte de una nueva racionalidad que se expresó en el homo economicus y
que fue reforzada por la ética protestante.
El protestantismo, que surgió de una
división del cristianismo, ofreció una manera de aproximarse al trabajo del
hombre como camino del bien y de la salvación. “Max Weber señala que la ética
religiosa del movimiento protestante crea un clima económico y ético que fue
altamente favorable para el desarrollo del capitalismo y la industrialización
en Inglaterra, Escocia, Holanda y, más tarde, en Nueva Inglaterra” (Hernández y
Rodríguez, p. 44, 1994). El protestantismo se dividió posteriormente en luteranismo
y calvinismo. Mientras el luteranismo en sus comienzos honró el trabajo,
apreciando el oficio en sí y su valor de utilidad a la comunidad —mas no de
utilidad en el sentido monetario— que redundaría en un hombre más rico, el
calvinismo propendió por un reconocimiento al interés en términos monetarios,
como resarcimiento al tiempo en el cual un hombre dejaba de percibir beneficios
por un dinero que había prestado a otro; es decir, la acumulación individual,
pasó a ser lo deseado y lo socialmente aceptado. Países como Alemania o Suecia
siguieron la línea luterana, pero Suiza, Inglaterra y los Estados Unidos,
tienen una marcada influencia calvinista.
En este sentido, la administración
moderna hereda unas complejas tradiciones éticas y religiosas que fueron
soporte para el capitalismo, donde se inscribe el moderno escenario de acción
del hombre de negocios.
FUNDAMENTOS
SOCIO-PSICOLÓGICOS.
Dentro de lo que se entiende como
“universalidad de la administración”, se habla de los aportes que los
desarrollos de diversas ciencias y disciplinas han hecho al campo del saber
administrativo; es el caso de las ciencias sociales, y particularmente aquellas
que durante el siglo XIX arrojaron nuevos conocimientos sobre el hombre y el
trabajo, en parte motivadas por los nacientes interrogantes y problemas
sociales que suscitaban la modernización y la revolución industrial.
Como ya se planteó anteriormente,
desde la sociología fue claro que el nuevo escenario económico capitalista
estaba conformado por dos actores sociales que antes no existían, denominados
clases sociales: burguesía y proletariado. Las relaciones de poder y de
producción en que los involucraba el mundo de la producción suponían
intercambios humanos muy complejos, conflictivos y de antagonismo social, de manera
que empezó a evidenciarse la “lucha de clases” y el conflicto social.
Era evidente que en el escenario
productivo que resultó de la Revolución Industrial, la burguesía poseía la
tierra y el capital, y el proletariado la capacidad de trabajo, estando este
último subordinado a las lógicas capitalistas que definía la burguesía y a
procesos sociales imprevistos que empezaron a ser leídos como fenómenos de
descomposición social: la pobreza, la explotación, la mendicidad y la
desarticulación de las familias campesinas en nuevos escenarios urbanos fabriles, entre
otros.
Ese nuevo campo de problemáticas sociales que surgió con
el capitalismo, fue denominado como la “cuestión social” y suscitó de parte del
estado, la Iglesia Católica y los empresarios la preocupación por propiciar
relaciones sociales más armónicas y menos conflictivas, que fueran funcionales
al capitalismo. De este modo las conflictivas relaciones sociales entre el
proletariado y la burguesía no pondrían en riesgo la viabilidad del sistema predominante
en Occidente, amenazado por el comunismo, que supuestamente tendría lugar con
la disolución del capitalismo y que
daría paso a la “dictadura del proletariado”.
Es entonces en este contexto que se hace pertinente
pensar en la cooperación como un mecanismo impulsado principalmente por la
Iglesia Católica y los empresarios para promover unas relaciones sociales y
productivas que se compadecieran con la comunidad de intereses compartidos por
capitalistas, directivos y trabajadores. Particularmente a finales del siglo
XIX el ambiente de antagonismo social se vislumbraba bastante convulsionado, lo
que suscitó de parte de la Iglesia intentos de conciliación entre las clases
sociales y la intervención desde la pastoral católica de las problemáticas
sociales causadas por el capitalismo, especialmente las relacionadas con la
pobreza, la marginalidad y la explotación obrera.
La preocupación de la Iglesia por los problemas sociales
que generaba el capitalismo se materializó en la Encíclica Rerum Novarum,
publicada en 1891 por el papa León XIII, y cuyo objeto eran las relaciones
entre el capital y el trabajo. Lo que la Encíclica establecía era la
alternativa cristiana a la cuestión social en la que se plantea la necesaria
contribución de la Iglesia, el estado y los interesados —en este caso obreros y
patronos— para el encauzamiento y superación del problema social. Reivindicando
la legitimidad y el carácter imprescindible de la intervención de la Iglesia en
los asuntos sociales, opta por una actitud menos idealizada frente a los
problemas sociales (Martínez Boom et. al, p. 16, 1996).
A propósito de la contradicción entre capital y trabajo,
la Iglesia proponía la cooperación mutua, obviamente con el carácter
moralizante con el que la Institución veía este asunto: La violencia de las
revoluciones civiles ha dividido a las naciones en dos clases de ciudadanos,
abriendo un inmenso abismo entre una y otra. En un lado, la clase poderosa, por
rica, que monopoliza la producción y el comercio, aprovechando en su propia
comodidad y beneficio toda la potencia productiva de las riquezas, y goza de no
poca influencia en la administración del Estado. En el otro, la multitud
desamparada y débil, con el alma lacerada y dispuesta en todo momento al alboroto
(Rerum Novarum, artículo 33).
La reconocida cortedad de las fuerzas humanas aconseja e
impele al hombre a buscarse el apoyo de los demás. De las Sagradas Escrituras
es esta sentencia: «Es mejor que estén dos que uno solo; tendrán la ventaja de
la unión. Si el uno cae, será levantado por el otro. ¡Ay del que está solo,
pues, si cae, no tendrá quien lo levante!». […] El hermano, ayudado por su
hermano, es como una ciudad fortificada (Rerum Novarum, artículo
35).
En este sentido se hace más comprensible que las teorías
administrativas —cada una desde su especificidad teórica e ideológica— fueran
permeables a la doctrina social de la Iglesia, que tomaba forma a finales del
siglo XIX y principios del XX, reivindicando la cooperación como un elemento
fundamental dentro de las organizaciones para lograr los objetivos que les son
propios. Como concepto, la cooperación
se refiere a la confluencia de intereses entre los actores organizacionales.
Este carácter moralizante que alcanzó la cooperación logró
importancia considerable dentro de la ideología del Mejoramiento Industrial
(1870-1900)11 que tuvo mayor impacto en los Estados Unidos, y de ella se
derivaron significados alusivos tanto a las tradiciones católicas, como a las
formas no religiosas de agrupación del mundo obrero: solidaridad, caridad,
colaboración, ayuda, asociación y mutualismo. Nuevamente, la Encíclica Rerum
Novarum es ilustrativa al respecto: Finalmente, los mismos patronos y
obreros pueden hacer mucho en esta cuestión, esto es, con esas instituciones
—se refiere a instituciones de carácter social y de beneficencia— mediante las
cuales atender convenientemente a los necesitados y acercar más una clase a la
otra.
Entre las de su género deben citarse las sociedades de
socorros mutuos; entidades diversas instituidas por la previsión de los
particulares para proteger a los obreros, amparar a sus viudas e hijos en los
imprevistos, enfermedades y cualquier accidente propio de las cosas humanas;
los patronatos fundados para cuidar de los niños, niñas, jóvenes y ancianos.
Pero el lugar preferente lo ocupan las sociedades de obreros, que comprenden en
sí todas las demás […] Es grato
encontrarse con que constantemente se están constituyendo asociaciones de este
género, de obreros solamente o mixtas de las dos clases; es de desear que crezcan
en número y eficiencia. Y, aunque hemos hablado más de una vez de ellas, Nos
sentimos agrado en manifestar aquí que son muy convenientes y que las asiste pleno
derecho, así como hablar sobre su reglamentación y cometido (Rerum Novarum,
artículo 34) Autores tan reconocidos de la administración clásica como
Frederick Taylor (1856-1915) y Elton Mayo (1880-1949) plantearon explícitamente
la cooperación como herramienta fundamental para el logro de los objetivos en
la organización, con un claro significado racional y técnico, ya no
moralizante. En el caso del primer autor y su teoría, la administración
científica se fundamenta en la firme convicción de que los verdaderos intereses
de ambos —patrón y empleado— son idénticos [y más adelante agrega] cada obrero
debiera ser instruido diariamente por sus superiores y recibir de éstos la
ayuda más cordial, en lugar de ser, por una parte, compelido o forzado por su
capataz, y, por la otra, abandonado a su propia inspiración. Esta cooperación
personal estrecha e íntima entre la dirección y los obreros constituye la
esencia de la moderna administración científica (Taylor: pp. 133-134, 143,
1994).
Hacia los años de 1930, el segundo autor, con un enfoque
más social y una preocupación humanista por el hombre en el contexto del
progreso industrial del siglo XX, también se refirió específicamente a la
cooperación como medio para lograr no solamente los fines de la empresa, sino
que el hombre rescatara esa capacidad espontánea y natural para la cooperación
con los demás seres humanos. Mayo reconocía que “la colaboración en una
sociedad industrial no puede ser librada al azar”, en este sentido se refirió
al problema de que en la sociedad industrializada, “no ha aparecido un esfuerzo
para desarrollar una habilidad social o colaboradora que compense o equilibre
el desarrollo técnico.” (Mayo, pp. 27-32, 1977).
Hasta hoy día el tema de la cooperación es una constante
preocupación en el pensamiento administrativo, logrando ser interpretada de
distintas maneras según corrientes y épocas. De manera similar a lo que ya se
mencionó para los fundamentos económicos y religiosos, en cuanto a que no es
posible trazar fronteras claras que los separen, ocurre con los fundamentos
socio-psicológicos en relación con los fundamentos religioso-culturales, bien
sea en su vertiente protestante o católica.
Otros aportes de las ciencias
sociales, particularmente de la psicología y sus trabajos sobre el
comportamiento humano, fueron retomados por el pensamiento administrativo,
aunque de manera aislada, es decir, sin considerar el contexto o la teoría de
origen en su totalidad. Según el autor Idalberto Chiavenato, aparecieron “nuevos
conceptos, nuevas variables y, sobretodo una nueva visión de la teoría administrativa,
basada en el comportamiento humano en las organizaciones (…) mientras que la
sociología influyó profundamente en el estructuralismo —y más específicamente
la sociología organizacional.” (Chiavenato, p.561, 1999). Entre los conceptos
que se vienen señalando, se encuentran: motivación, liderazgo, comunicación,
trabajo en equipo, entre otros. Más recientemente la antropología ha permitido
reconocer las lógicas simbólicas y sociales que se tejen de manera específica
dentro de las organizaciones, que van creando lo que se ha denominado cultura
organizacional.
En el ambiente de tecnificación,
industrialización y especialización del trabajoobrero, fue visible un ambiente
de “abatimiento moral y de depresión obrera”, (Aktouf, p. 219, 1998) lo cual
evidenciaba que la visión del homo economicus Taylorista se quedaba
corta frente a las necesidades e insatisfacciones de los obreros. Éstas no podían
ser respondidas sólo desde lo salarial, pues el pensamiento administrativo de
la época se percató de que “los elementos de orden afectivo y emocional eran
tan importantes para el esfuerzo y la productividad, como los incentivos
materiales” (Aktouf, p. 220,1998).
En este contexto se hace necesario plantear el
problema de la motivación, concepto que
aparece en la escuela de las Relaciones Humanas hacia la década de 1930,
orientado a las lógicas de una psicología organizacional preocupada especialmente
por la relación entre los ambientes sociales de trabajo y la productividad de
la empresa. Para la época era claro que los problemas de la administración no giraban
simplemente en torno a los procesos de la mecanización y al incentivo
económico, como lo plantearon inicialmente los teóricos de la Administración
Científica, sino que también era necesario reconocer los fenómenos sociales y
psicológicos que tenían lugar en las fábricas, desde perspectivas que no eran
exclusivamente técnicas, sino desde las ciencias sociales.
Los nuevos conocimientos que se
tenían sobre la motivación humana, particularmente los estudios de Abraham
Maslow (1908-1970) y Frederick Herzberg (n. 1923)12, sirvieron al pensamiento
administrativo para comprender, desde una perspectiva conductista, la
motivación humana; conocimientos que la administración ha pretendido trasladar
a la organización, no siempre de manera afortunada, para explicar e inducir en
los trabajadores ciertas conductas que la benefician.
De esta manera puede concluirse que
los planteamientos desarrollados desde la sociología, la psicología y la
antropología han contribuido a perfilar conceptos como los de la cooperación,
motivación y liderazgo, entre otros. Estos conceptos hablan de las dinámicas
que suceden en las organizaciones y que no pueden explicarse exclusivamente
desde perspectivas tecnicistas o productivistas, pues tienen gran contenido
social y cultural que se refieren a lo inasible del ser humano.
CONSIDERACIONES
FINALES
La administración ha estado
tradicionalmente inscrita en una concepción de racionalidad pragmática, que
reduce las posibilidades del saber a lo exclusivamente útil y productivo. En
estas visiones tecnicistas, la administración se ha caracterizado por ser prescriptiva: un
manual de recetas de cómo ser exitosos con la empresa, sin lugar a reflexiones sobre la responsabilidad ética y las
consecuencias sociales y culturales que debe
asistir a toda decisión empresarial.
Ser conscientes de los fundamentos teóricos de la
administración, abre la posibilidad a los administradores de pensar su
profesión no simplemente como un quehacer práctico que se restringe
exclusivamente a una acción, programa, estrategia o moda, sino que implica
actitudes de pensamiento, reflexión crítica y responsabilidad ética frente a
las decisiones que se toman a diario en una sociedad que ha delegado en las
organizaciones y en sus directivos, el manejo de recursos económicos, físicos, naturales
y humanos.
Como se ha sugerido en este texto, los administradores
son herederos de unas tradiciones prácticas y teóricas que han resultado de la
construcción de diferentes ciencias y de trabajos de pensadores cuyo legado
está atravesando el oficio diario de quienes dirigen las organizaciones.
Desconocer o ignorar estas tradiciones de pensamiento es ignorar la complejidad
de un campo de saber que ha requerido de muchos años de historia para
conceptualizar el mundo de las organizaciones modernas y los retos que les
significa a los administradores, con actitudes ético políticas de
responsabilidad social.
Tema 2
La Organización y Administración de Centros Educativos:
una Visión Desde el Concepto de las Buenas Prácticas en Educación
Resumen Este documento se propone desarrollar una
estrategia apropiada desde el campo de las ciencias de la administración y
desde la concepción de calidad, que puede constituirse en una herramienta
eficaz para los centros educativos, cuando éstos deban acreditar su desempeño
ante diferentes organismos, ante padres, alumnos y, sobre todo ante sí mismos;
o bien, cuando deban certificarse para obtener una calificación para los
títulos que expiden. Para ello, se acudió a las herramientas que ofrecen las
Buenas Prácticas en Educación (BPE), intentando identificar sus términos más
usuales, los procesos y procedimientos más adecuados para asegurar estas
prácticas; las fuentes de confusión y los errores más comunes que las
desnaturalizan, así como el impacto social de un servicio educativo mal
producido. Y, además, se intenta valorar la importancia y la utilidad de las
BPE para el diagnóstico, diseño, desarrollo, aplicación y control del trabajo
pedagógico; el uso correcto de la documentación y la función que representan
las áreas de evaluación e investigación para el aseguramiento de la calidad
durante el proceso de obtención de un servicio eficaz, eficiente, pertinente y
relevante. Finalmente se presenta una aproximación a un modelo con algunos de
los elementos que es necesario describir en un Manual de Calidad de un centro
educativo.
Introducción
La experiencia de
muchos años realizando capacitación en grandes empresas desde la educación no
formal, permitió tener contacto con procesos y procedimientos de las ciencias
de la administración que, si fueran apropiados para la naturaleza y la
idiosincrasia de las instituciones educativas, podrían resultar herramientas
eficaces a la hora de ordenar las organizaciones de educación formal. Esto será
así toda vez que se respeten las pautas culturales y las finalidades
humanísticas de cada institución educativa. La manera en cómo hacemos nuestro
trabajo educativo afecta a miles de personas que se ven alcanzadas directa e
indirectamente por sus resultados. Las personas confían en los educadores y en
las instituciones educativas, por eso cumplir y hacer cumplir las normas de
buenas prácticas en educación es un deber moral presente en nuestras
responsabilidades deontológicas profesionales.
En los últimos
años organismos gubernamentales y no gubernamentales, nacionales e
internacionales, se han encargado de establecer pautas de orden general y de
auditar los procesos y resultados de los sistemas educativos, calificándolos, a
fin de mostrar a la sociedad cuáles son las instituciones más confiables en esa
materia y así orientar las elecciones de la población, como también para evitar
que sea sorprendida en su buena fe, con ofertas que no cumplen con los mínimos
requerimientos de calidad, concepto éste de imprescindible definición previa al
inicio de todo proceso que se encamine a su búsqueda.
En este artículo se trazarán algunos lineamientos
teóricos sobre las buenas prácticas en educación (BPE), en el marco de la
noción de búsqueda de la calidad, con alguna breve ejemplificación de
aplicación práctica. Sólo ello, dado que la apropiación de esta tecnología de
organización y administración, es particular y específica a cada centro, son
sus integrantes quienes deben realizar los esfuerzos necesarios para tomar las
decisiones que permitan la selección y el uso de aquellos elementos que puedan
resultar más útiles a su realidad. Esto quiere decir que, aunque no se busque
estrictamente acreditar o certificar, bien puede resultar un incentivo para
repensar la propia organización y proyectar rediseños administrativos que
contribuyan a mejorar la calidad de lo ofrecido.
Primer paso: ¡paciencia y personas dispuestas! La
experiencia adquirida desde 1985 trabajando y certificando con las Normas ISO
en sistemas de educación no formal –capacitación en empresas– permitió
experimentar los pros y los contras de la aplicación de criterios derivados de
las ciencias de la administración para trasladarlos a las ciencias de la
educación. Desde ese enfoque práctico se ofrecen –sin la ingenuidad de creer
que su ejecución será sencilla, pero en el convencimiento de que es posible–
algunos líneamientos que pueden llegar a ser aplicables en los sistemas
formales de enseñanza. La experiencia proporcionó claridad en cuanto a que es
necesario: 1º. Asumir una actitud paciente ante los diferentes tiempos
personales, de grupo e institucionales y 2º. Valorar la importancia de la
participación de los equipos de trabajo y la necesidad del acompañamiento de
todos, desde los directivos hasta el último asistente. En fin, los papeles no
resultan un gran problema, se escriben y reescriben, se transforman en grandes
palimpsestos... sin embargo, las personas sí deben estar convencidas, pues son
el pilar fundamental de todo cambio. Esto es así por la relación que se
establece al adquirir otros valores y otra cultura, en este caso la de la
calidad, inscritos en marcos teóricos de una episteme ajena. Pensar la educación desde modelos de
organización no habituales en nuestros campos de actuación, no es tarea
sencilla. Y esto es así, porque implica una apertura conceptual y un ejercicio
cognitivo que ponga en marcha funciones de pensamiento flexibles, con amplitud
de criterio para la consideración de la multivariabilidad, la complejidad y la
dinámica propias de los sistemas, tal que, las personas y los grupos puedan
desarrollar los esfuerzos de transpolación de un campo del saber a otro para
vencer la entropía, aprovechar críticamente lo apropiado y recrear herramientas
en función de las necesidades determinadas y sentidas por cada organización.
Sabemos, que no es fácil... pero, tampoco es imposible. Las perspectivas de
abordaje de nuevos modelos o el rediseño de paradigmas organizativos y de administración
no usados en los centros educativos, nos conduce, primero, al necesario
desarrollo de procesos de comunicación que involucran vitalmente procesos de
decisión que son importantes para el cambio institucional. Pero… controlemos la
ansiedad: el cambio demanda tiempo, tiempo que no es igual en todas las
organizaciones. Y durante ese tiempo es imprescindible una forma especial de
comunicación: la difusión, 1 que consiste en el modo por el cual se disemina
una innovación entre los miembros de un sistema social, por caso, el de los
centros educativos.
Los estudios de
difusión se refieren a los mensajes que constituyan ideas nuevas, a partir de
las cuales se procura obtener cambios de comportamiento evidentes; es decir, la
adopción o rechazo de estas ideas o prácticas nuevas. La meta de la
investigación en difusión es acortar el periodo entre la invención y la
adopción generalizada. Sin embargo, como su propia paradoja, una vez que la
difusión está en marcha es imposible detenerla. Una idea práctica requiere de
un proceso mental a través del cual una persona pasa del primer conocimiento
hasta la confirmación de su actitud frente a ella. Primero la percibe, la
conoce; después, desarrolla una inclinación favorable o desfavorable hacia
ella, se persuade; a continuación, la adopta o rechaza, decide; y por último,
confirma su decisión, hace uso pleno de la novedad como una buena alternativa
de acción disponible.
Este artículo sólo pondrá en contacto al lector con
información que le permita conocer algunos elementos teóricos del modelo de
calidad, pero desde el punto de vista de la educación. Entonces, se recomienda
que tenga en cuenta:
1. Las ventajas relativas que pueda obtener de
la propuesta, que perciba en qué grado puede mejorar lo que hace en su centro
educativo.
2. La compatibilidad
con su realidad; el grado de consistencia con sus esquemas de valores y sus
experiencias pasadas.
3. La complejidad del planteamiento; si es
difícil de entender y usar o puede intentarse.
4. La practicabilidad; en qué grado puede ser
aplicado, qué elementos representan una utilidad concreta y cuáles sólo
potencialmente.
5. La observabilidad; cómo sus resultados
pueden ser visibles a otras personas e instituciones y cómo pueden agregar
valor en la consideración social que se tiene de su institución. La calidad es
un cambio cultural en el centro educativo que depende sí de la influencia
tecnológica, pero fundamentalmente de la influencia de las personas; de quienes
funcionalmente se ven comprometidos en la solución de problemas colectivos con
respecto a una meta común, concepto que representa la cohesión del propio
sistema. Así que, además de adhesiones encontraremos resistencias, dudas,
avances y retrocesos, durante el proceso, las ideas, creencias, valores y
afectividades de las personas que interactúan en la organización serán
diferentes en sus atributos y, probablemente, deban administrarse varias
crisis, propias de la naturaleza del cambio. Ahora bien, si queremos mejorar la
organización y administración de nuestros centros, es imprescindible contar con
múltiple y variada información, desde diferentes miradas y perspectivas, a fin
de contar con elementos de juicio confiables para elegir, para tomar aquellas
decisiones que doten de calidad a las ofertas educativas y las coloquen a la
altura de las demandas sociales y culturales de la región.
Algunos
Conceptos Preliminares
Las buenas prácticas en educación constituyen
un conjunto de pautas que deben seguirse para la organización y administración
de los centros que se dedican al diagnóstico, diseño, desarrollo, aplicación y
evaluación de sistemas educativos formales y no formales, presenciales y a
distancia, bajo modalidades puras o integradas2 que ayudan a la promoción de
las cualidades humanas individuales o asociadas. Las pautas se elaboran sobre
la base de diferentes componentes que permiten calificar la oferta educativa,
como puede ser:
a. La formación del personal que integra los
equipos de trabajo y su preparación específica para la tarea que se le ha
asignado.
b. Las instalaciones y el equipamiento que se
utiliza en el sistema, su frecuencia de uso y su destino apropiado.
c. El orden y sistematización de la
documentación que formaliza, registra, administra y controla al sistema. d. Los
estilos de liderazgo y las formas de participación de la comunidad educativa.
e. Los procedimientos que se utilizan para
llevar a cabo las diferentes acciones técnico-pedagógicas.
f. La producción y
distribución de materiales de enseñanza, formatos, posibilidades, objetivos,
alcances y limitaciones.
g. Las formas particulares de utilización de
los medios y los propios modos de comunicación frente a otras instituciones,
frente a los alumnos, frente a la comunidad cercana, frente al país y la
región.
h. Los intentos de cooperación
interinstitucional, nacionales e internacionales. Marcos legales de referencia El gobierno de cada país tiene autoridad
legal para asegurar que las instituciones educativas cumplan con las BPE,
auditando instalaciones, equipos, documentación, procedimientos de trabajo y
conformación de los equipos docentes y de conducción. En uso de sus funciones,
puede efectuar recomendaciones, proceder a la suspensión de carreras y hasta el
cierre de los establecimientos, atento a la responsabilidad social que lo
alcanza frente al derecho de las personas a recibir las mejores ofertas
educativas en igualdad de oportunidades.
En Argentina, por ejemplo, la Comisión Nacional de
Evaluación y Acreditación Universitaria ha elaborado diferentes criterios para
la verificación y acreditación de las ofertas universitarias y el Consejo
Federal de Educación, a su vez, a través del Documento A-14, convalidado como
Resolución ME No. 63/97, también provee una reglamentación para el ordenamiento
interno de los sistemas educativos, lo que permitirá la posterior certificación
de los títulos otorgados.
Así mismo, el
Instituto Argentino de Normalización ha publicado las Normas ISO 9001: 20003 en
la Educación, que constituyen los lineamientos para su implementación "en
los establecimientos de educación formal (en todos los niveles), de educación
de adultos y de educación no formal y organizaciones especializadas en
capacitación de recursos humanos como así también departamentos de capacitación
en organizaciones empresarias no especializadas" (de: Misión, Norma ISO
9001: 2000).
Gestión de la Calidad Educativa
Los criterios
enunciados en el párrafo anterior, no se alejan de los seguidos en los países
que han sistematizado los requerimientos que permiten evaluar desde auditorías
externas la validez de sus sistemas educativos, tampoco, de los instrumentos de
evaluación institucional que algunos establecimientos de educación superior
están concretando como parte del procedimiento interno o contratado a través de
la asistencia de servicios de terceros evaluadores. Esto es así porque, una
institución sabe que para lograr sus objetivos, los factores técnicos,
administrativos y humanos que afectan la calidad de sus servicios, deben estar
bajo control. Mecanismo que es necesario orientar a la disminución, eliminación
y prevención de las deficiencias en la calidad. Pero para ello, cada propuesta
de educación debe ofrecer servicios que:
1. Satisfagan el uso, el propósito y la
necesidad. Conceptos que deberán estar bien definidos en los respectivos
idearios.
2. Satisfagan las
expectativas de los alumnos, sus padres, las organizaciones que contratan
servicios educativos, las organizaciones empleadoras receptoras de graduados,
etc.
3. Cumplan con las normas y especificaciones
establecidas por las políticas institucionales y jurisdiccionales. 4. Cumplan
con los requerimientos de la sociedad en su conjunto, atendiendo al bien común.
5. Estén disponibles en igualdad de
oportunidades.
6. Provean beneficios sin dispendios.
En definitiva, los
programas deben cumplir con los objetivos fijados en la política de calidad de
la institución educativa y de su jurisdicción. Aunque un efectivo sistema
siempre debe diseñarse para satisfacer las necesidades y expectativas de los
“clientes” y para proteger los sanos intereses de la institución. Por ello, es
imprescindible desarrollar un conjunto de elementos básicos con los cuales
implementar la gestión de la calidad. La selección de los criterios apropiados
dependerá de la oferta y la demanda que exista en ese ámbito geográfico, la naturaleza
de la carrera ofrecida, los procesos de diseño y aplicación organizados y las
necesidades de las personas.
En este caso, la particularidad del servicio de
educación, que es esencialmente formativo, amplía una visión –en principio–
restringida a la necesidad social, económica y laboral, en tanto también debe
procurar la satisfacción de la necesidad personal, íntima, espiritual y
vocacional, muchas veces por el solo goce intelectual y estético; cuestión que
hace compleja su conjunción en una integración equilibrada y armónica. Esta
circunstancia es una de las diferencias primordiales respecto a sistemas de
otra naturaleza.
Una segunda
distinción de importancia, surge de la extensión y alcance que adquieren los
sistemas bajo la modalidad a distancia y virtual, respecto a las necesidades
localizadas en ámbitos geográficos específicos, las cuales pueden verse
traspasadas por los intereses particulares de las personas residentes en
cualquier lugar del mundo.
Ahora bien, ¿qué
pasos son convenientes a fin de establecer las buenas prácticas como valor en
la organización educativa? Veamos
a) Determinar el ciclo de la calidad. Lo que
permitirá modelizar las interrelaciones de todas las actividades relacionadas
con la educación ofrecida; graficar los procesos centrales que describen cómo
realizar la prestación y, medir el grado de conformidad con los parámetros de
satisfacción establecidos.
b) Estructurar el sistema de calidad. Para
determinar las acciones y a asignar las responsabilidades dentro de la estructura
organizativa. Es decir, pretende establecer una organización que administrará
sistemas educativos a través del diagnóstico, diseño, desarrollo, aplicación y
evaluación de diferente currícula. Por lo tanto, desde esta óptica
organizacional previa, proveerá a definir las responsabilidades; a fijar clara
y suficientemente las líneas de autoridad y su delegación; a identificar
problemas reales o potenciales de calidad; a iniciar medidas preventivas o
correctivas; a definir claramente líneas de comunicación; a proveer recursos
suficientes y adecuados que permitan la aplicación de las políticas y objetivos
de la calidad; a determinar el nivel de competencia, experiencia y
entrenamiento necesarios para asegurar la capacidad del personal; a identificar
los factores de calidad que afectan la organización interna y externamente; a
crear nuevas ofertas, procesos, tecnologías; a adoptar acciones preventivas; a
desarrollar, comunicar y conservar procedimientos operativos que coordinen los
diferentes programas institucionales; a redactar procedimientos simples,
inequívocos y comprensibles, como modo habitual y permanente de trabajo.
c) Documentación del sistema. La política y
los procedimientos del sistema de calidad deben ser documentados por escrito,
sistemática y ordenadamente; y deben prever medidas para una apropiada
identificación, comunicación, archivo en medios confiables y recuperables y
registros con copia asegurada; como asimismo, limitarse a la extensión
estrictamente necesaria en función del alcance de la actividad.
d) Auditorías del
sistema de calidad. El plan de auditoría, programa los procedimientos
evaluativos para informar hallazgos, conclusiones y recomendaciones, permite
comprobar la eficacia, eficiencia, efectividad y relevancia del sistema de gestión
y de sus resultados. Es en realidad, un plan de mejoramiento continuo, en tanto
los informes de seguimiento deben reflejar las disconformidades, deficiencias,
desviaciones de los objetivos pautados, sus posibles causas y para cada una de
ellas, las recomendaciones acerca de las acciones correctivas más pertinentes;
así como también, es una oportunidad para comprobar el comportamiento de las
correcciones sugeridas en auditorías anteriores. Como se verá, aquí se hace
imprescindible la formación de auditores calificados con desempeño idóneo para
la realización de los procedimientos de control, recomendación y seguimiento.
Los puntos a), b)
y c) se compendian en el Manual de la calidad, por lo que éste constituye el
documento básico que describe qué y cómo se hacen las diferentes actividades en
la Institución. Se utilizan redacciones precisas para las definiciones, y
gráficos (diagramas de flujo) para describir adecuadamente los procesos y
procedimientos. El manual de la calidad sirve como referencia permanente,
puesto que establece los métodos acostumbrados y aquellos ocasionales que
facilitan la introducción de cambios, modificaciones, revisiones o agregados.
El manual puede asumir distintos formatos: general, para toda la institución;
particular, para algún sector o programa; especializado, para funciones como
por ejemplo, modalidad, diseño o evaluación.
Aseguramiento de
la calidad El aseguramiento de la calidad es un concepto estrechamente ligado
al de buenas prácticas en educación, porque con su aplicación mantenemos los
procesos, los procedimientos y los resultados bajo control, de manera tal que
las evaluaciones periódicas reúnen información y datos preventivos y ante
cualquier desviación que se detectara, facilitan su corrección inmediata,
manteniendo el servicio educativo dentro de los parámetros de calidad fijados
para una institución y/o carrera, curso, o cualquier tipo de actividad de enseñanza
y aprendizaje ofrecidos. Como se ve, la buena estructuración de los procesos de
evaluación de la calidad es fuente para la toma de decisiones, cuando se quiere
remediar, actualizar o recrear propuestas. Evaluación, investigación y
validación La evaluación y la investigación –sin duda– constituyen los métodos
más ricos para el desarrollo y aseguramiento de los procesos de buenas
prácticas en la educación.
Existen modelos de evaluación, como la investigativa, de
E. Suchman (1967),4 que se constituye en un paradigma amigable con los planes
de BPE; también resulta compatible el de satisfacción del cliente, de R. Stake
(1967). Dentro del contexto de prácticas valorativas, las técnicas estadísticas
y la validación son instrumentos consistentes y confiables para ser aplicados a
las diferentes dimensiones de la calidad, tales como:
a. El análisis del mercado.
b. El diseño de los proyectos educativos.
c. Las especificaciones de necesidad,
confiabilidad, predicción de durabilidad, etc.
d. El control de los
procesos educativos y estudios sobre la capacidad de la organización para
brindarlos.
e. La determinación de los niveles de calidad
y de los planes de seguimiento y control.
f. El análisis de todos los datos, la
evaluación de desempeño, el análisis de los defectos.
En este marco
investigativo pueden llevarse a cabo –entre otras– algunas acciones como a continuación
se ejemplifican:
*Diseño de planes
experimentales.
* Análisis de varianza y de regresión.
* Evaluación de seguridad del sistema y
análisis de riesgos en el corto, mediano y largo plazo.
* Ensayos metodológicos, mediales e
instrumentales.
* Gráficos de control de la calidad.
* Inspecciones por muestreo estadístico.
La validación consiste en un programa documentado que
suministra un alto grado de aseguramiento acerca de procesos, procedimientos y
resultados que se deben mantener en las especificaciones deseadas, las que se
han estimado como de calidad. Es un instrumento altamente confiable para
suministrar datos valiosos para la evaluación y muy significativo –cuando tiene
continuidad– en el mediano y largo plazos. La definición de validación remite
a: firme, robusto, fuerte, reforzado, que vale (porque tiene valor) o debe
valer legalmente y su concepto, en una primera aproximación, lleva a la idea de
dar fuerza a algo, confirmarlo, hacerlo válido. En definitiva la validación se
propone:
a) Comprobar que
un proceso realmente puede ser confiable, es decir, que es posible su junio de
2005 reproducibilidad sin fallas y de dar como resultado un producto o servicio
que está conforme a sus criterios.
b. Comprobar o ratificar que el procedimiento de control
de calidad aplicado produce valores legítimos, fidedignos que permiten una
evaluación precisa de la calidad del servicio. Existen dos tipos de validación.
Una prospectiva, que aplicamos esencialmente a nuevas carreras u ofertas
educativas, y una retrospectiva, que implica un examen estadístico sobre datos
útiles representativos de los procesos y procedimientos llevados a cabo
históricamente. Consiste en una determinación enteramente significativa de la
capacidad de reproducción satisfactoria de los procesos, al menos sobre cinco
cohortes. Los programas de validación deben ir acompañados por otros referidos
al control de los cambios que son necesarios operar en los sistemas, a fin de
mantener o incrementar su calidad. La revalidación es un programa formal de
revisiones que indicará la frecuencia y la muestra que se examinará para
observar la validez de los parámetros establecidos.
Confusiones y Errores
Las confusiones y
errores en los procedimientos técnico-pedagógicos de las organizaciones
educativas, prácticamente son conceptos no abordados tanto como los que se
refieren a los costos ocultos en la educación. Los costos son variables que
facilitan la comprensión de la relación entre los medios invertidos y los
resultados logrados. Hablar de costos desde la perspectiva pedagógica nos
introduce en un problema filosófico que no se abordará en este artículo, pero
sí es necesario reafirmar la complejidad, la profundidad y las múltiples
dimensiones que implican hablar de costos en materia educativa, cuando sería
más adecuado retornar a la noción de inversión. Pero tampoco se realizan con
frecuencia los análisis de inversión-beneficio con vistas a la regulación de
las condiciones generales del sistema.
Los errores y defectos cometidos en las organizaciones
representan falta de calidad –en este caso– con repercusión en las ofertas
educativas; que por esa causa se convierten en inadecuadas, ineficaces,
ineficientes; en fin, sin propiedad para ser ofrecidas como posibilidad
formativa para el desarrollo personal, ni valor para promover en la sociedad
cualquiera de sus áreas culturales: filosóficas, religiosas, artísticas,
científicas, tecnológicas.
Ejemplos de errores tenemos a diario, cuando se reasignan
horas a profesores cuya formación nada tiene que ver con el campo de estudio a
enseñar; cuando se diseñan contenidos que no corresponden con el espacio
curricular; cuando los docentes enseñan lo que conocen y no lo que deben;
cuando no se cubren inmediatamente los cargos vacantes; cuando se mantienen
ofertas desactualizadas o se superponen con las de otras instituciones,
incrementando ofertas iguales y desatendiendo otras necesidades emergentes;
cuando se destinan recursos a proyectos que requieren fuertes inversiones para
escasos beneficios; cuando se fijan horarios reducidos de asistencia para los
alumnos, aumentando el aprovechamiento de las instalaciones de una misma
institución pretendiendo mayor cobertura pero a costa de menor tiempo escolar;
etc. Ejemplos de confusión, se observan cuando se siguen las instrucciones
equivocadas o se emiten y reciben las comunicaciones de manera inexacta y a
destiempo; cuando sus textos se prestan a significados de interpretación
polisémica; o los mensajes provienen de diferentes fuentes con criterios
disímiles para su aplicación; cuando se cambian directivas sobre la marcha y no
hay procedimientos seguros de comunicación o se archiva la documentación bajo
criterios equívocos que dificultan la ubicación; cuando se publicitan perfiles
de carreras con incumbencias inexactas o engañosas o bien, no se comunica la
inserción laboral de manera clara y precisa, entre otros.
Los errores y las
confusiones se transforman en no conformidades del sistema, es decir, son
aspectos que no cumplen o pueden no cumplir con las especificaciones que se han
determinado como parámetros de la calidad del servicio ofrecido Se espera que
las BPE aporten los instrumentos necesarios para reducirlos o evitarlos y
mantener así los sistemas en sus niveles óptimos de calidad. Por ello, las
normas sugieren una serie de procedimientos básicos:
a. Identificar y documentar todas las acciones
no conformes.
b. Segregarlas para prevenir su uso
inadvertido;
c. Verificar periódicamente, con personal
capacitado, para evaluar sus potenciales o reales efectos (funcionales,
administrativos, estéticos, satisfacción del cliente, opinión pública,
reputación, etc.).
d. Disposición política por emergencia: la
decisión de usar un ítem no conforme, debe acompañarse de las precauciones
adecuadas.
e. Prevención para
evitar la repetición de no conformidades.
Impactos de los servicios educativos Nuevamente estamos
ante las características especiales de los servicios educativos y de su
trascendencia en el proyecto de vida personal, porque si bien, los resultados
de la educación necesitan ser evaluados por sus logros inmediatos, también
deben serlo por su relevancia en las acciones futuras. Las consecuencias de los
procesos de aprendizaje, no obstante posibilitan la habilitación social para el
desempeño de distintas actividades de características culturales con inserción
en la estructura ocupacional, también producen una especialización creciente en
la conformación de esquemas cognitivos, emocionales y morales, tendientes al mejoramiento
y la dignidad del hombre.
El sistema de
gestión de la calidad mide los resultados obtenidos durante el transcurso y al
final del proceso formativo y difícilmente puede hacerlo de manera absoluta con
aquellas condiciones que sirven de soporte para la constitución de nuevas
estrategias de pensamiento, que incluso pueden obtenerse una vez pasados los
años escolares, pero gracias a su influjo. Y he aquí, uno de los problemas que
no pueden pasar inadvertidos a quienes enseñan: los efectos en el tiempo de las
situaciones de enseñanza del presente. Sin embargo, una organización
administrada desde la política de la calidad, desarrolla un sistema tal que
impide el apartamiento de los objetivos fijados, guía la introducción de nuevos
propósitos basándose en necesidades que surgen también de nuevas condiciones;
permite la reparación de los errores y la prevención de acciones incorrectas,
con lo que asegura a la comunidad el ofrecimiento de lo que verdaderamente ha
prometido.
Las elecciones
sobre el servicio educativo quedan entonces, bajo la libertad de opción de los
interesados en las propuestas curriculares de una determinada institución
educativa, cuya transparencia muestra qué hace y cómo hace su gestión técnica y
pedagógica.
Valor y Utilidad de
las BPE
Los valores de las BPE se aprecian en la satisfacción de
quien llamaremos genéricamente cliente, expresión que pretende alcanzar a los
alumnos, sus padres, las organizaciones que contratan servicios educativos, los
fines de las jurisdicciones nacional, provincial y municipal, los empleadores,
las instituciones educativas de diferente nivel que reciben a los graduados
para continuar su formación.
Y también, la
satisfacción de los proveedores con quienes la institución interactúa a través
de la contratación de servicios intermedios como transporte, alquiler de
instalaciones y equipamiento, limpieza, mantenimiento y seguridad, capacitación
profesional y técnica, producción de materiales y recursos didácticos,
librería, asistencia social (medicina preventiva, seguros, recreación), marketing,
comunicación y publicidad, albergues y apoyos estudiantiles, orientación
vocacional, tutorías extracurriculares, etc. Es decir, en la cadena de la
calidad intervienen articulados diferentes tipos y niveles de organización, que
podría graficarse de manera sencilla, así: Las buenas prácticas en educación
representan una garantía de orden y una avanzada para la modernización de las
organizaciones y su puesta al día con las teorías y estudios experimentales que
delinean pautas para su óptimo funcionamiento con mayores probabilidades de
éxito, tanto para las personas que la integran como para quienes son los
beneficiarios directos e indirectos de su acción, sean particulares,
institucionales o ambientales.
La diferencia
principal se centra en el paso desde un actuar azaroso, casual o asistemático a
la aplicación de métodos de trabajo científicos y tecnológicos. Si las
instituciones dedicadas a la educación integraran las BPE con las Normas ISO
9001:2000 y el Programa de Desarrollo Sostenido, darían un vuelco de suma
importancia en su rumbo, le imprimirían un fuerte carácter de aseguramiento a
sus procesos y procedimientos, reduciendo –o, en el mejor de los casos
eliminando– las improvisaciones, el trabajo desorganizado, la respuesta –el
“efecto rebote”– a demandas varias provenientes de las líneas jerárquicas o de
las modas, la mayoría de las veces inconducentes, anómicas, anárquicas,
impertinentes y cambiantes, provocadoras de desvíos en la naturaleza, cultura,
políticas y objetivos de la institución. A la par, confirmarían una línea
filosófica y axiológica de buen hacer propia del sistema.
No obstante, para
que estos conceptos innovadores se incorporen en la cultura de cada
organización, son necesarios algunos pasos previos de capacitación y
aprendizaje, para comprender e interiorizar las pautas que permiten renovar los
modelos de organización de los centros educativos, tales como:
1. Aprender las
normas que rigen las condiciones de calidad.
2. Aprender a valorarlas y a apreciar sus beneficios.
3. Elaborar las
propias pautas de monitoreo y control interno, en concordancia con las normas generales.
4. Llevar registros detallados y permanentes de diseño,
desarrollo, aplicación, evaluación y distribución
de los servicios educativos.
5. Estudiar,
capacitar y dar ejemplo.
En definitiva, si
se aspira a cumplir exitosamente con los fines loables de la educación6, es
necesario recrear paradigmas organizacionales que aumenten su capacidad
reuniendo nuevas condiciones de calidad y las garanticen.
Un Manual de
Calidad… ¿También en Educación?
Tal como lo definiera anteriormente, las buenas prácticas
en educación constituyen un conjunto de pautas que deben seguirse para la
organización y administración de los centros que se dedican al diagnóstico,
diseño, desarrollo, aplicación y evaluación de sistemas educativos formales y
no formales, presenciales y a distancia, bajo modalidades puras o integradas,
que ayudan a la promoción de las cualidades humanas individuales o asociadas.
Es decir, trata sobre la funcionalidad de las
instituciones para que sean más viables y exitosas en el cumplimiento de sus
finalidades. Implican un cambio de valores y de cultura representado por la
adopción de rigurosos métodos de trabajos sistemáticos, ordenados, prolijos y
controlados cuyos procedimientos se describen en el Manual de calidad de la
organización. Éste, constituye un documento para la descripción de qué se hace
y cómo se hace el trabajo en la institución, a la vez que resulta base de
comparación7 confiable para la realización de las auditorías internas, diseñadas
a fin de obtener evidencias cuanti o cualitativas sobre los hechos y no sobre
los dichos. Es decir, se compara si las acciones que lleva a cabo la
organización educativa respetan lo que ha descrito como sus procesos y
procedimientos regulares en las tres dimensiones de análisis propias de su
naturaleza:
* Dimensión pedagógico-didáctica.
*Dimensión organizacional administrativa.
*Dimensión socio-comunitaria.
Modelo Para la Elaboración del Manual de Calidad
A continuación, se
presenta un índice con algunos de los elementos que podrían desarrollarse en un
Manual de calidad de una organización educativa, sin la pretensión de agotar
los ítems, no obstante, puede ser de utilidad para tomar conciencia sobre las previsiones
que es necesario describir y, a la vez, puede inducir a la incorporación de
otras igualmente importantes, que no se le hubieran ocurrido a la autora de
esta propuesta. Sin embargo, no escapará al lector que, para llevar a cabo la
implementación de este u otro modelo en igual sentido, será necesario iniciar
el proceso por el cual se introduce cualquier modelo innovador, en la
organización el que precisará de:
*Un periodo de información, clara, presentada
por distintos medios y con frecuencias intermitentes.
*Un lapso de persuasión sobre los valores que
impregnan el cambio, sus efectos inmediatos y su impacto a futuro, a escala personal e
institucional.
* Un tiempo de
aprendizaje con enseñanzas sistemáticas sobre el tipo de organización al que se
aspira.
*Un tiempo de espera durante el
cual los “primeros innovadores” sensibilizarán a quienes aún dudan de los
beneficios de introducir la innovación. Iniciar la aplicación de las normas
comenzando por la redacción del manual de calidad y el orden y clasificación de
la documentación.
Seguir con la formación de líderes y auditores. Educar en
una cultura afín a los proyectos de desarrollo sostenido; penetrar en la
naturaleza y en el impacto que en el mediano y largo plazos tienen sus
prácticas, que alcanzan desde el cuidado del ambiente hasta la preservación de
la historia y los recursos para las generaciones futuras, atravesando las
acciones profesionales y técnicas, que en el caso del campo educativo, permiten
lograr no sólo la conciencia y el convencimiento que luego se transmite desde
las múltiples tareas de liderazgo, sino también un perfil de autoridad y de
gestión con grandes potencialidades para la creación y el ejercicio competente
de proyectos, programas y planes innovadores.
Y finalmente, el
establecimiento de los plazos –sin prórrogas– para la puesta en práctica del
sistema integral de gestión de la organización, bajo los lineamientos de la
búsqueda de la calidad.
Manual de Calidad
* Datos Institucionales
Se describe
nombre, dirección, formas de comunicación, niveles educativos que atiende y
modalidades de enseñanza adoptadas (formal, no formal, presencial, a distancia,
integradas). l Propósitos de su actividad De acuerdo con el ideario de la
institución, se explícita el objeto fundamental de sus acciones, por ejemplo,
“proveer calidad en la formación de profesores de diferentes especialidades a
través de la investigación y el desarrollo y la continua innovación de los
diseños curriculares”; “lograr el mejoramiento de la profesión docente”;
“contribuir a la calidad de vida del personal que constituye el equipo de
trabajo” ...
* Políticas de calidad
Consignar fecha de elaboración y políticas de calidad que se seguirán a partir
de su vigencia. Definir el concepto de calidad en el contexto de cada
organización y en consonancia con las normas existentes en la materia:
- Qué es calidad.
- Calidad a través de la gente.
- Calidad centrada en
los “clientes”.
- Conceptos involucrados con la calidad.
- Seguridad y calidad.
- Aseguramiento de la calidad y mejora
continua.
- Buenas prácticas.
- Control de la calidad.
- Relación con las
normas ISO.
- Relación con otros
sistemas de gestión.
* Personal-equipos de trabajo Respecto del
personal:
- Describir titulación, postitulaciones,
investigaciones, publicaciones, premios, etc.
- Describir el
desarrollo de la carrera profesional: ayudante-alumno, adscripto, ayudante
diplomado, jefe de trabajos prácticos, profesor adjunto, titular, asociado,
visitante, invitado, etc.
- Describir puestos jerárquicos desempeñados:
jefe de departamento, secretario, director de centro, decano, etc. Respecto de
los equipos de trabajo:
- Experiencia en trabajos de rutina.
- Experiencia en tareas innovadoras.
- Experiencia en proyectos especiales.
Respecto de ambos:
- Explicar las
posibilidades de desarrollo de carrera profesional: nuevos puestos,
remuneración, beneficios.
- Describir las funciones y sus
responsabilidades.
- Determinar claramente
las líneas de autoridad y la delegación en casos de vacancia.
- Los métodos para la
cobertura de cargos.
- Asignar responsabilidades y funciones, en
orden a prevenir desempeños incorrectos, desautorizaciones, faltas leves o graves,
ausencias, etc., que puedan afectar el servicio ofrecido.
- Establecer los modos
de comunicación y de participación: reuniones semanales, mensuales, asambleas,
pequeños grupos, etc.
- Fijar las formas de
interacción horizontal y vertical (personal, electrónica, epistolar, etc.).
- Determinar las formas de interacción intra e
interinstitucional (informales, por convenios, etc.).
* Capacitación –
perfeccionamiento – actualización
- Se diseñan programas de entrenamiento
periódicos para todos los niveles y categorías de personal (docente y no
docente).
- Cursos internos y externos. Carrera
profesional y promoción.
- Formación de formadores. Programas específicos
sobre nuevos servicios, nuevas tecnologías, cambios culturales, cambio de
responsabilidades y nuevos roles, introducción de innovaciones, incremento del
conocimiento específico, refuerzo sobre áreas débiles, etc.
*Seguridad social-higiene laboral
- Se describen los
servicios sociales que cubren al personal de manera habitual y en casos de emergencias.
- Se analizan las enfermedades profesionales que afectarían a la salud. Riesgos
y prevenciones. Aseguradoras del trabajo.
- Se explicitan los
procedimientos de higiene individual (v.g.: vestimenta adecuada en aulas,
laboratorios, gimnasios, etc.) y ambiental (higiene y desinfección de espacios
públicos ampliamente frecuentados, equipos e instalaciones)
–Tal vez por contrato
de terceros–.
* Instalaciones y
equipos - Se establece: localización, designación, construcción o adaptación
–en su caso– y mantenimiento de las salas donde se realizan las distintas
actividades.
- Auditorios, salones de actos, campos
deportivos, espacios de usos múltiples.
- Factores que pueden afectar a determinados
equipos, condiciones para su preservación y cuidado. Sistema de reserva para el
uso.
- Entornos laborales. Luces, olores, colores,
temperaturas, humedad y ventilación apropiados para la enseñanza. Medidas de
protección y sistemas de seguridad (v.g.: por interrupción de la energía
eléctrica, cortocircuitos, inundaciones, alarmas, etc.).
- Sistemas computarizados. Aseguramiento de la
información: copias.
*
Bibliotecas-hemerotecas-laboratorios-tecnologías varias
- Descripción, catalogación, registro,
disponibilidad, condiciones de uso. Requerimientos. Condiciones. Horarios y
tiempos. Organización de préstamos y utilización. - Insumos críticos.
Reparación, mantenimiento y reposición. Calibración de instrumentos.
- Modernización, reemplazos y compra.
- Diseño, desarrollo y actualización de la
página Web institucional.
* Servicios - Electricidad, agua, gas.
Telefonía e informática. Pagos. Control periódico. Atención de fallas.
Situaciones críticas.
- Cafetería y sala de fotocopiado. Sistemas de
concesión y administración.
- Servicios para
alumnos no residentes que viajen con motivo de exámenes, cursos o trámites.
*Documentación Una buena documentación
constituye la parte esencial del sistema de aseguramiento de la calidad. Ella
define:
- El marco legal en el
que se desenvuelve la institución.
- Los procedimientos de
administración de personal.
- Los procedimientos de
administración de alumnos.
- Los procedimientos de
diagnóstico, diseño, desarrollo, aplicación, evaluación y distribución de
ofertas curriculares.
- Los procedimientos de
evaluación e investigación institucional.
- Los procedimientos de
medición, análisis y mejora. El manual deberá especificar la forma y
condiciones para dar claridad de la redacción de todo tipo de documento que
produzca la institución, el diseño del texto, el lenguaje utilizado, su forma
de registro y la frecuencia de las revisiones a las que será sometido para su
actualización.
* Realización
- Planificación de los diferentes programas
institucionales. Apertura en unidades simples, de ejecución posible y de
concreta observación de sus resultados. Cálculo de tiempos.
- Diagnósticos. Métodos e instrumentos.
Gráficos. - Determinación de necesidades. Conciliación de necesidades.
- Diseños. Modelos y
tipos.
- Desarrollo.
Estrategias. Producción de materiales de enseñanza, de aprendizaje, de difusión
y comunicación, de integración institucional, de asistencia comunitaria.
- Análisis de
viabilidad y pertinencia. Inversiones: costo-beneficio.
- Operaciones
relacionadas: especialistas (profesores invitados, cátedras libres,
examinadores de otras instituciones, etc.), viáticos, movilidad y gastos
corrientes para equipos itinerantes, becas, premios, publicaciones,
cooperadoras escolares.
- Aplicación. Métodos,
técnicas, recursos. Medios. Formatos. Modalidades de distribución. Programación
de tiempos y recursos (técnicas de Gantt, CPM-PERT, etc.).
- Control de gestión:
evaluación institucional de procesos y procedimientos.
- Metaevaluación.
- Medición, análisis y
mejora.
- Planificación de los
procesos de auditoría y evaluación.
Validación.
- Capacitación de auditores.
- Ponderación de los
criterios de medición. Uso de técnicas estadísticas. Gráficos. - Toma y análisis de datos.
- Control de no
conformidades. Recomendaciones. Control de su ejecución.
- Proyectos de mejora
continua. Planificación.
Para Concluir…
Las
organizaciones, al menos las educativas, deben mirar por las personas a quienes
se les brinda el servicio y también, por la promoción de las personas asociadas
que brindan el servicio; es una organización que se administra hacia adentro y
hacia afuera. Entonces, la calidad de los centros, es relevante en función de
la especialísima condición de su finalidad. Aplicar las buenas prácticas en los
centros educativos es intentar un camino más que ayude a cumplir esas metas.
Así, no debería haber prejuicios, ni pre-conceptos, ni limitaciones
ideológicas, ni ninguna otra restricción más de las que surjan de las necesidades
mismas de las personas, de esta manera, resultará una apropiación de
conocimientos, creativa, ética y útil, cuando seamos capaces de aplicar los
conocimientos de cualquier campo del saber, sin desnaturalizar la función de la
educación. Einstein sostenía que para solucionar los problemas debemos pensar
de manera diferente a como pensábamos cuando los creamos; parafraseando este
razonamiento, creo que para mejorar nuestros centros educativos, debemos pensar
en organizaciones diferentes a las que tenemos. Esta es una oportunidad para
considerarlo…
Tema 3
Planeación Estratégica
Proceso a través del cual se declara la visión, la misión
y los valores de una empresa, se analiza su situación externa e interna, se
establecen sus objetivos a largo plazo y se formula las estrategias que
permitan alcanzar dichos objetivos.
La planeación estratégica se realiza a nivel
organizacional, considera un enfoque global de la empresa, razón por la cual se
basa en objetivos y estrategias que parecen simples y genéricos, pero que
afectan a una gran variedad de actividades.
Debido también a su carácter organizacional, se proyecta
a largo plazo, teóricamente para un periodo de 5 a 10 años, aunque hoy en día en
la práctica, debido a los constantes cambios que se dan en el mercado, para un
periodo de 3 a un máximo de 5 años.
Análisis
Dafo
¿En qué consiste?
El DAFO (iniciales de Debilidades, Amenazas,
Fortalezas y Oportunidades) es una herramienta que permite al
empresario analizar la realidad de su empresa, marca o producto para poder
tomar decisiones de futuro.
El DAFO puede ser un buen comienzo cuando nos planteamos un
nuevo proyecto empresarial ya que ayuda a establecer las estrategias para que
éste sea viable.
Además se puede convertir en una herramienta de reflexión sobre
la situación de una empresa ya creada.
El análisis DAFO se divide en dos partes:
1.
Análisis interno: (Fortalezas y
Debilidades)
En esta fase se realiza una
fotografía de la situación de la empresa o proyecto empresarial considerando
sus Fortalezas y sus Debilidades.
2.
Análisis externo: (Amenazas y
Oportunidades)
Tanto las Amenazas como las
Oportunidades pertenecen al mundo exterior a la empresa pero deberían ser
tenidas en cuenta bien para superarlas, en el caso de las amenazas, o bien para
aprovechar las oportunidades que brinda el mercado exterior.
Una vez realizado el análisis, es necesario definir una estrategia que
lleve a potenciar las fortalezas, superar las debilidades, controlar las
amenazas y beneficiarse de las oportunidades.
La
matriz DAFO muestra el conjunto de factores DAFO: Debilidades, Amenazas,
Oportunidades y Fortalezas. Si ya se ha iniciado un DAFO, la matriz enseña cada
uno de los contenidos introducidos por el usuario y permite añadir nuevos
contenidos, editarlos y borrarlos, asimismo ofrece una ayuda que aporta ideas
sobre el contenido de cada uno de los factores.
Supuesto práctico
Actividad de comercio al por menor de cigarrillos electrónicos o
vapeadores.
Antecedentes:
Persona física que realiza una actividad de informática como
profesional desde 2008:
- Alta en la actividad profesional con
epígrafe del IAE 763 (Programadores y analistas informática).
- Realiza la actividad desde casa (fuera de
local).
- Cotiza en el RETA por la base mínima.
Objetivo del DAFO:
Invertir en un negocio nuevo: comercio al por menor de
cigarrillos electrónicos o vapeadores, y compaginarlo con su actividad debido
al auge de este tipo de productos:
- Alta de un local en el epígrafe empresarial
6532 - COM.MEN.APARATOS DE USO DOMESTICO.
- Sigue cotizando igual en la Seguridad
Social.
- En un principio, no contratará trabajadores.
- Para simplificar, se comercializarán dos
tipos de artículos: los cigarrillos electrónicos o vapeadores y sus
componentes, recambios, complementos, etc.; y los líquidos para cargar los
cigarrillos y vapear (fumar).
Elaboración del DAFO
Factores
El primer paso es reconocer los 4 factores DAFO, es decir, las
debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades.
Debilidades:
- Compaginar las actividades
- Desconocimiento de este tipo de artículos
Amenazas:
- Caducidad de los líquidos para vapear
- Condiciones rígidas de los proveedores
- Escaso margen de beneficio por producto
- Los proveedores no financian
- Licencia de apertura más cara
- Elevada competencia
- Fase del ciclo de vida del negocio
- Efectos en la salud
- Incertidumbre en la regulación del sector
Fortalezas:
- Actividad accesoria a la principal
- Experiencia en emprendimiento y autoempleo
- Sin necesidad de contratación
- Experiencia en comercio online y redes
sociales
Oportunidades:
- Local comercial idóneo
- Mínima inversión inicial
- Autofinanciación
- Sencilla gestión de compras
- Gran variedad de artículos
- Sustitutivo del tabaco
- Etapa de consolidación
Los cuales se plasmarán en un diagrama llamado “Matriz de
factores DAFO”, el cual sirve para poder visualizar de forma más didáctica
todos los factores que influyen en nuestro negocio.
"Matriz de factores DAFO"
Estrategias
Se procede a crear las estrategias que harán frente a todos los
problemas detectados, y que nos permitirán destacar el negocios
frente a la competencia.
Estrategias de Supervivencia (debilidades + amenazas):
- Gestión óptima del almacén
- Viabilidad a medio plazo
Estrategias Adaptativas (debilidades + oportunidades):
- Aprovechar sinergias en la puesta en marcha
- Política de comunicación
Estrategias Defensivas (fortalezas + amenazas):
- Formación del emprendedor
Estrategias Ofensivas (fortalezas + oportunidades):
- Política de promociones agresiva
- Política de precios
“Matriz de Estrategias DAFO”
Resultados
Aquí se muestra el listado de las estrategias a seguir,
ordenadas por prioridad de acuerdo a la importancia que se haya otorgado a cada
uno de los factores DAFO.
Estrategias
A partir de los datos introducidos en los factores DAFO, se
pueden establecer las estrategias más convenientes para el proyecto
empresarial. Existen cuatro tipos de estrategias:
- Estrategias
Ofensivas: Se obtienen
relacionando Fortalezas + Oportunidades.
Son estrategias de crecimiento:
Buscan relacionar los puntos fuertes internos y externos para mejorar la
situación. Ejemplo: Si la empresa es líder en un determinado producto
(Fortaleza), y sube la demanda (Oportunidad), se pueden emplear estrategias más
agresivas de ventas, promociones, etc.
- Estrategias
Defensivas: Se obtienen
relacionando Fortalezas + Amenazas.
Son estrategias reactivas:
Relacionan los puntos fuertes internos para contrarrestar las amenazas
externas. Ejemplo: Si la empresa es líder en un determinado producto
(Fortaleza), y baja la demanda (Amenaza), se pueden crear productos nuevos,
bajar precios, etc.
- Estrategias
Adaptativas: Se obtienen
relacionando Debilidades + Oportunidades.
Son estrategias de reorientación:
en este sentido, se cambia algún elemento en las debilidades para aprovechar
las oportunidades. Ejemplo: Si hay un servicio post-venta deficiente, y se
detecta que es algo con gran valor en los servicios que se ofrecen, se puede
potenciar y crear una campaña publicitaria para divulgarlo.
- Estrategias
de Supervivencia: Se obtienen
relacionando Debilidades + Amenazas.
Busca relacionar los puntos débiles
internos y externos para conocer la situación de la empresa respecto de la
competencia y el mecanismo a utilizar para revertir esta situación. Ejemplo:
ante la pérdida de cliente en la empresa y mantenimiento de los mismos en empresas
de la competencia, se deberían crear nuevas estrategias de fidelización.
Es un error común confundir estrategias con acciones: Las
estrategias no son concretas y pueden incluir una o más acciones.
Prioridades
Esta herramienta DAFO tiene el valor añadido, respecto a otras
parecidas, de ayudar a priorizar las diferentes estrategias que se puedan crear
y ayuda a saber en qué orden deberían llevarse a cabo. De este modo, en función
del valor que se asigne a cada apartado al DAFO, las estrategias (que estarán
relacionadas con estos valores) tendrán mayor o menor importancia. La
aplicación realiza la priorización de forma automática.
https://dafo.ipyme.org/Home
INCRIBIRSE PARA PODER ACCEDER A LA HERRAMIENTA
TEMA 2. Teorías
de la Administración Pública y Privada
LA Administración Según el pensamiento romano, tratar de
formular una regla o definición es peligroso, porque ello obliga a tenerla como
tal, aun cuando pueda significar problemas. Sin embargo, considero que
proporcionar la definición del ser u objeto materia de estudio, es
indispensable en los-libros de carácter docente, porque en esencia, de acuerdo
con la lógica, definir es dar la mejor respuesta a la pregunta ¿Qué es esto? La
respuesta requerida puede comprender los tres ámbitos de las definiciones
conocidas: la nominal o etimológica, la conceptual o lógica y la real. La
primera, como su nombre lo indica nos conduce al conocimiento del ser que se
define, a través del significado gramatical o semántica de las palabras que la
componen, y aunque es, en varias ocasiones el paso obligado para llegar a la
definición lógica, no siempre lo es, pues ésta deberá comprender en todo caso
el género próximo y la diferencia específica que permitirán la tipificación del
ser que se define, e inclusive, su diferenciación con otros seres semejantes.
De aquí que la verdadera preocupación científica está comprendida en la
ambición de buscar y proporcionar la definición lógica del ser u objeto que se
define.
La definición
real, proporciona elementos de la realidad que circunstancialmente se presentan
en torno al objeto a definir, pero que no son necesarios e inherentes al mismo,
por lo cual, la definición real excede los propósitos científicos. En
consecuencia, partiré de la definición etimológica de administración y de
ciencia de la administración para formular la definición buscada que es la mejor
respuesta a las preguntas ¿Qué es la Administración , ¿Qué es la Administración
Pública?, etc.
El término
administración deriva de la palabra latina administratio, onis,
administratíone, cuyo significado es administrar que está compuesto de los
vocablos ad y ministrare que quiere decir servir, En tales condiciones,
gramaticalmente a la administración se le puede definir como la actividad
consistente en servir o prestar servicios. El Diccionario de la Lengua
Española, equivalente a la Real Academia Española, proporciona lo que llama
definición activa, contenciosa, de justicia, diocesana, militar, municipal,
proporcionando también otros significados en relación con la misma.
A la primera la
define como acción del gobierno al dictar y aplicar las disposiciones
necesarias para el cumplimiento de las leyes, para la conservación y fomento de
los intereses públicos, al resolver las reclamaciones a que dé lugar lo
mandado. Esta definición etimológica, es como todas las de su tipo, simplemente
el primer paso para llegar a la definición lógica que enmarque el género
próximo y la diferencia específica de la misma.
La actividad estatal que hoy conocemos con el nombre de
"Administración" o "Ciencia de la Administración" tiene
antecedentes que se ubican en tiempos remotos de la humanidad, pues en efecto,
tan pronto como ésta concibió la posibilidad y necesidad de la vida comunitaria
y advirtió las ventajas que implican vivir aprovechando los servicios de sus
semejantes y al mismo tiempo servirles, dio advenimiento a la administración.
Lourdes MÜNCH
GALlNDO yJosé GARCÍA MARTíNEZ respecto a la definición de administración
transcriben las de algunos autores, entre otras las siguientes:
"Isaac GUZMÁN VALDIVIA. Es la dirección eficaz de
las actividades y la colaboración de otras personas para obtener determinados
resultados".
José A. FERNÁNDEZ ARENA. Es una ciencia social que
persigue la satisfacción de objetivos institucionales por medio de una
estructura y a través del esfuerzo humano coordinado". "Elementos del
concepto". "Si se analizan detenidamente las anteriores definiciones,
se puede observar que todos los autores concuerdan, de una u otra manera, en
que el concepto de administración está integrado por los siguientes elementos:
l. Objetivo. Es decir, que la administración
siempre está enfocada a lograr fines o resultados.
2. Eficacia. Consiste
en lograr los objetivos satisfaciendo los requerimientos del producto o
servicio en términos de cantidad y tiempo.
3. Eficiencia. Se
refiere a "hacer las cosas bien". Es lograr los objetivos
garantizando los recursos disponibles al mínimo costo y con la máxima calidad.
4. Grupo social. Para
que la administración exista, es necesario que se dé siempre dentro de un grupo
social. 5. Coordinación de recursos. Para administrar, se requiere combinar,
sistematizar y analizar los diferentes recursos que intervienen en el logro de
un fin común.
6. Productividad. Es la relación entre la
cantidad de insumes necesarios para producir un determinado bien o servicio. Es
la obtención de los resultados con el mínimo de recursos, en términos de
eficiencia y eficacia". Y enseguida manifiestan: "Con los
anteriores elementos es posible emitir una definición integral de la
administración: "Proceso cuyo objeto es la coordinación eficaz. y
eficiente de los recursos de un grupo social para lograr sus objetivos con la
máxima productividad "
Respecto a la
ciencia de la administración pública, Ornar GUERRERO dice: "La ciencia de
la administración pública es una de las disciplinas que, con mayor dignidad,
cuenta en su haber con pergaminos nobiliarios de antigüedad académica. Su
origen se remonta a los principios del siglo XVIII, cuando los soberanos de
Prusia establecieron las primeras cátedras de enseñanza científica de los
quehaceres administrativos, para los servidores del Estado".
"Desde entonces, la ciencia de la administración ha
sido materia de estudio y reflexión, aunque es cierto que la improvisación y el
olvido han provocado que nuestra disciplina se haya extraviado más de una vez,
al grado que algunos piensen que ni tiene pasado, ni su objeto de conocimiento
tiene el rigor de una ciencia. Entre aquello que se perdió se encuentran las
ciencias camerales o ciencias de la administración del Estado absolutista y de
cuyo dramático extravío se llegó a pensar que habían precedido a la economía,
no a la ciencia de la administración”.
"Durante el
siglo XIX, la ciencia de la administración volvió a perderse, aunque
parcialmente, 10 que indujo a ciertas personas a crear "nuevas ciencias de
la administración”. A principios del siglo XX y a otras más,
extraordinariamente ingenuas, a creer en ellas. Fue este el tiempo en que se
consagró el gerencialismo y luego los estudios sobre las organizaciones, que
supieron acomodarse temporalmente en el hueco dejado por la ciencia de la
administración".
"Pero en los
tiempos actuales las cosas han cambiado y, una vez que la ciencia de la
administración ha recuperado su identidad y autenticidad, las modas
intelectuales del presente han comenzado a ser desplazadas. Hoy día, los países
del mundo vuelven a interesarse en el estudio de la actividad estatal y la
ciencia de la administración ocupa de nuevo el sitial que le corresponde".
Es evidente que desde el siglo XIX hubo tendencias
importantes para constituir a la administración como la Ciencia de la
Administración, tarea que dio resultados positivos, puesto que la misma, reúne
los requisitos para ser considerada como tal, pues tiene un objeto, un fin y métodos
propios, que le hacen obtener la calidad de Ciencia. El objeto es la materia
que estudia dicha ciencia, es decir, los fenómenos, prácticas, técnicas,
esfuerzos que le permiten elaborar sus principios. Su fin está constituido por
las reglas o principios que se obtienen mediante el uso de los métodos
adecuados, que son los procedimientos por medio de los cuales se conoce y
depura el material y se elaboran los principio" correspondientes de esta
ciencia.
En virtud de la materia u objeto de la Ciencia de la
Administración se deduce que es una ciencia social y para probarlo o
confirmarlo aclararé que la diferencia esencial entre las ciencias sociales,
culturales, normativas, teleológicas, etc. y las ciencias de la naturaleza,
causales o fácticas, consiste en que mientras en las primeras el hombre a
través de su conducta es protagonista de las mismas, y su hacer y quehacer
determinan en muchas ocasiones su contenido, en las ciencias naturales o
causales, por el contrario, el hombre solamente se limita a ser un espectador
de los fenómenos y de las leyes de la naturaleza, que son fatales e
inevitables, por lo cual el ser humano únicamente se limita a observarlas,
conocerlas, interpretarlas y aplicarlas o valerse
de las mismas para realizar las actividades que, inclusive, pueden tener el
carácter de científicas.
Las ciencias están
clasificadas o separadas en los dos grandes grupos que he mencionado y que los
diferentes autores que tratan de las mismas les dan el nombre que ellos estiman
conveniente, pero en esencia corresponden a cualquiera de los dos grupos ya
citados y también es natural que en las ciencias respectivas se utilicen los
métodos idóneos para llegar al conocimiento, bien sea el método racionalista,
llamado también deductivo, apriorístico o sintético, o bien, el método
empirista conocido también, por su modo de operar, como método analítico o
método a posteriori; es decir, para llegar al conocimiento lo hacemos a través
de la razón o de la experiencia, pero también puede suceder que lo hagamos por
medio de ambas, por lo cual debe afirmarse que los métodos más que excluirse se
complementan, y que el uso del método está en razón directa de la ciencia de
que se trata, ya que está determinado por la materia u objeto de la misma.
Sobre el método de las ciencias sociales, Félix KAUFMANN
sostiene que, "las dificultades capitales de los análisis metodológicos de
las ciencias sociales tienen su origen en la extraordinaria riqueza de
problemas que se cruzan y enredan entre sí. Mientras que en los estudios
similares de la lógica, de la matemática y de la física teórica nos
encontramos, por lo general, con un número bien limitado de cuestiones y
podemos divisar, por lo menos a trechos cortos, el camino a seguir, en las
ciencias sociales nos encontramos con el espectáculo confuso de innumerables
caminos que se pierden en el infinito".
En efecto, la
problemática de la metodología de las ciencias sociales debe entenderse en
razón directa de la importancia de su contenido, que son las relaciones e interrelaciones
humanas que están determinadas no solamente por razones de normación, sino
también de motivación y que en consecuencia, los puntos de partida para llegar
al conocimiento propuesto son variables, pero más cambiantes aun son los
recorridos que se tienen que hacer para llegar a los propósitos planteados y
que en múltiples ocasiones intervienen factores que dificultan la llegada
rectilínea al fin o propósito buscado, pero esta circunstancia no debe causar
desilusión o desánimo en la investigación de las ciencias sociales, sino por el
contrario representa un reto a la inteligencia humana para tratar de conocer la
problemática que determina la conducta de la humanidad, en las distintas
sociedades y en las circunstancias particulares e históricas que se presentan.
Las ciencias sociales no pueden proporcionar respuestas
precisas y uniformes en todos los casos porque su materia la constituyen
acciones, interacciones y actividades humanas en las cuales nunca se da el
principio de la fatalidad como sucede en las ciencias naturales o causales en
las cuales las respuestas siempre son las mismas, de manera que al conocer la
causa ya se pueden determinar los efectos que ésta producirá y a la inversa,
conocidos los efectos se puede indagar, de manera inequívoca, cuales fueron las
causas que la produjeron. Por todas las razones expuestas es evidente que la
Ciencia de la Administración, es una ciencia social y por lo tanto no es una
ciencia exacta, pero sus principios y reglas son firmes y precisas y están
enmarcadas en el rigor científico.
Respecto a la
administración WilburgJIMÉ- NEZ CASTRO la define de la siguiente manera
"Administración es una ciencia social compuesta de principios, técnicas y
prácticas y cuya aplicación a conjuntos humanos permite establecer sistemas
racionales de esfuerzo cooperativa, a través de los cuales se puedan alcanzar
propósitos comunes que individualmente no es factible lograr".
El propio autor
proporciona también la siguiente definición: "La administración es un
conjunto de conocimientos y de investigaciones que tiene sus propios principios
y permite obtener conclusiones confiables y susceptibles de adquirir carácter
unitario y general"." Con el material expuesto, me permito definir a
la administración de la siguiente manera: "Es la actividad estructurada,
ordenada y organizada que llevan a cabo las autoridades correspondientes del
gobierno o de alguna institución u organismo particular, para que mediante las
leyes, reglas, principios y técnicas respectivas, y del esfuerzo cooperativo se
satisfagan las finalidades colectivas que le han sido encomendadas, y que
individualmente no pueden ser satisfechas".
LA CIENCIA DE LA
ADMINISTRACIÓN PÚBLICA
La Ciencia de la
Administración Pública es una ciencia social que tiene por objeto la actividad
del órgano ejecutivo cuando se trata de la realización o prestación de los
servicios públicos en beneficio de la comunidad, buscando siempre que su prestación
se lleve a cabo de manera racional a efecto de que los medios e instrumentos de
la misma se apliquen de manera idónea para obtener el resultado más favorable
por el esfuerzo conjunto realizado. Alejandro CARRILLO CASTRO define a la
administración pública como "el sistema dinámico -integrado por normas,
objetivos, estructuras, órganos, funciones, métodos y procedimientos, elementos
humanos y recursos económicos y materiales- a través del cual se ejecutan o
instrumentan las políticas y decisiones de quienes representan o gobiernan una
comunidad políticamente organizada ".6 Es comúnmente aceptado que la
Administración Pública se lleva a cabo mediante las actividades que tienen el
siguiente contenido:
a) Mantener el orden público;
b) Satisfacer las necesidades de la población
y
c) Conducir el desarrollo económico y social,
partiendo siempre de la base jurídica de que el acto administrativo se realiza
bajo un orden jurídico, que crea, modifica o extingue situaciones jurídicas
particulares y concretas, y que en un Estado de derecho toda la actividad
administrativa está determinada por el principio de legalidad a que se refiere
el artículo 16 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de
1917, es decir, que todos los actos de la administración pública deben estar
señalados por la Ley, puesto que de otra manera serían anticonstitucionales, de
ahí que es cuestionable la opinión de quienes sostienen que la realidad de la
actividad administrativa avanza más rápidamente que las leyes y que por tanto
la primera, puede señalar los derroteros y cambios de las segundas. Tal
criterio opera si se trata de hechos y realidades sociales que tipifican
conductas que posteriormente estarán comprendidas en las leyes, pero que tal
situación no puede aceptarse como válida respecto a la actividad administrativa,
considerándola como antecesora del ordenamiento legal.
También se considera a la administración pública como un
esfuerzo racional del gobernante para cumplir con los compromisos adquiridos
con la ciudadanía, y a la vez, como una disciplina académica que utiliza el
método científico para la búsqueda de soluciones a los problemas que se generan
con motivo de las relaciones entre el Estado y la sociedad civil, y a ella
corresponde la tarea de manejar/y administrar el patrimonio del Estado, de
acuerdo con las leyes de la materia, para la satisfacción de las necesidades
colectivas, debiendo buscar en todo caso un equilibrio de la situación
financiera del mismo a través del gasto e ingreso público. La administración
pública tiene los mismos o semejantes problemas estructurales y funcionales de
una organización privada, aun cuando sus características siempre permitirán
diferenciarla de ésta. La administración pública, transforma los insumos en
productos y tales son: los recursos humanos, financieros, materiales,
políticos, tecnológicos y de poder, mediante el proceso de decisión. Se debe
aceptar que a lado de la Ciencia de la Administración Pública existe la Ciencia
de la Administración Privada y que ambas tienen características comunes, pero
también principios, reglas y objetivos que les distinguen y separan.
De lo expuesto se deduce que la Ciencia de la
Administración Pública se refiere solamente a la actividad de uno de los
órganos del Estado: al ejecutivo o administrativo. La Administración Pública es
una ciencia que se va consolidando firmemente pero que siempre estará
relacionada estrechamente ligada con la Ciencia Política, y en términos de
expresión normal se hablará siempre de la relación existente entre la política
y la administración, aceptando la mayoría de autores que la política es la
ciencia que se refiere a toda la actividad estatal con sentido deontológico, en
tanto que, la Administración Pública se refiere solamente a una parte de la
actividad estatal enmarcada fundamentalmente en la prestación de los servicios
públicos. Representa la actividad de uno de los órganos originarios del Estado:
el ejecutivo, es la concreción de la voluntad del poder político, por lo cual,
la administración no puede ni debe considerarse como un fin en sí mismo, sino
el medio o instrumento a través del cual.iel Estado satisface las necesidades
de su población llevando a cabo los servicios públicos que requiere la
comunidad y todas las tareas que beneficien a la misma y justifiquen su
existencia a través de la historia.
El Estado realiza
una actividad, que es la que el hombre históricamente le ha encomendado, y ella
varía, en consecuencia, a través del tiempo, del espacio y de los sistemas
políticos, pues mientras en el Estado liberalista clásico la actividad de éste,
sobre todo en el aspecto económico, era menor que la del Estado
intervencionista y todavía más reducida que la del totalitario, pero se debe
reconocer que el Estado neoliberal o liberal de finales del siglo XX tiene una
intervención muy importante y variable que está muy por encima de la que tenía
el Estado liberal clásico.
A la actividad que realiza el Estado se le han dado
distintos nombres, tales como: atribuciones, funciones, facultades, cometidos,
servicios públicos, prerrogativas, etc. Considero que los nombres correctos
para designar a la actividad estatal son: atribución y función, aceptando el
significado que ambas le da el Dr. Gabino FRAGA, es decir, a la atribución como
el contenido de la actividad del Estado y a la función como la forma en que se
realiza esa actividad, sosteniendo que las funciones deben ser consideradas,
además, desde el 'punto de vista formal y material, el primero cuando se
refiere al órgano que realiza la función y el segundo cuando se atiende al
contenido de la misma. El significado de atribución y función expuesto es
contrario al expresado por el del Dr. Andrés SERRA ROJAS que se apoya en el
criterio de Benjamín VILLEGAS BASAVILBASO para quienes la atribución representa
la forma de la actividad estatal y la función el contenido de la misma.
Las funciones
tradicionales del Estado son tres: la legislativa, la 'ejecutiva y la judicial,
a las que agregaré la función social del Estado que a partir de la segunda
década del siglo XX ha tomado gran auge. A través de estas funciones estatales
se realiza toda la actividad del Estado de contenido múltiple y de una riqueza
extraordinaria para satisfacer las necesidades de una sociedad permanentemente
evolutiva que asigna al Estado nuevas atribuciones. Las denominaciones
expresadas no son unánimemente aceptadas por los teóricos de la Política, de la
Teoría del Estado, de los del Derecho Administrativo y de la Administración
Pública.
Así por ejemplo,
León DUGUIT y sus seguidores, a la actividad del Estado la identifican con el
servicio público. Considero que ésta denominación no es muy afortunada, puesto
que no toda la actividad estatal es servicio público y tampoco éste es
realizado únicamente por el Estado, ya que también lo pueden llevar a cabo los
particulares mediante actos de concesión o autorización, sin embargo, debe
reconocerse la importancia del servicio público en la definición de la
administración, aunque no siempre se use este nombre. Sobre las funciones del
poder público León CORTIÑAS-PELÁEZ dice: "En un intento por superar las
confusiones terminológicas tan frecuentes entre los cultivadores de la ciencia
de la administración y del derecho administrativo, parece importante contribuir
previamente aquí a un deslinde, lo más preciso posible, de ciertas nociones
capitales.
En este sentido séanos permitido hacer referencia a los
conceptos de función del Poder Público, de Poder del Estado, de facultad y de
cometidos del Poder Público..... "Genéricamente la función del Poder Público
es una manifestación de la voluntad general que, mediante la emisión de actos
jurídicos y/o la realización de operaciones materiales, tiende al cumplimiento
de los fines supremos del Estado, preceptuados por la Constitución y demás
reglas subordinadas del ordenamiento jurídico"... "la función
administrativa es la única que no puede contentarse con la simple emisión de
actos jurídicos, pues su plenitud exige la ejecución de los mismos mediante
operaciones materiales"... "las facultades son poderes jurídicos
específicos de que están dotados los órganos de la administración pública para
el cumplimiento de los respectivos cometidos..... Mientras las funciones constituyen una categoría
abstracta y universal, válida para todos los países y para todas las épocas;
los cometidos, por el contrario constituyen una categoría concreta y
particular, que puede variar según el "genio propio" de cada país y
de, cada circunstancia histórica"... "llamamos cometidos esenciales a
estas tareas concretas, en función administrativa y mediante actos de autoridad
o imperio, insusceptibles de toda concesión a los particulares, en régimen
estricto de derecho público, y cuyos destinatarios se encuentran frente a ellas
en calidad de súbditos"."
Todo lo expuesto
por él autor citado lo lleva a cabo para tratar de demostrar que el término
"cometidos" es el indicado o el adecuado para ser utilizado como el
contenido de la actividad de la administración pública desechando los otros
términos que han quedado mencionados por los motivos que él menciona.
Sin embargo, considero que la palabra atribuciones del
Estado es el indicado porque se refiere al contenido de la múltiple y riquísima
actividad estatal enmarcada dentro de las facultades, funciones y atribuciones
del órgano ejecutivo o administrativo que tiene como tarea específica y
fundamental la de llevar a cabo la
función administrativa no solamente considerada desde el punto de vista formal,
sino también desde el punto de vista material y que comprende a todas las
actividades que los autores en cita llaman cometidos, pero que en nada cambian
el contenido de la actividad administrativa formal y materialmente hablando,
que representa el contenido-del órgano llamado administración pública.
Como ya quedó expuesto entre la Política y la Administración
Pública existe un vínculo indisoluble, puesto que la primera proporciona los
principios fundamentales sobre los cuales se llevan a cabo las actividades de
la segunda, pues dentro del proceso político se discuten los objetivos y se
establecen las prioridades de esas actividades, atendiendo a" los
criterios derivados de la ideología, de la importancia de las necesidades y de
los recursos con que se cuentan para realizar a través de la administración los
proyectos determinados por la política. Respecto al político, que es la persona
que crea, sistematiza, interpreta y expresa la política, el Licenciado Jesús
REYES HEROLES, manifestó en diferentes ocasiones, en discursos, conferencias o
coloquios que: "Es el político quien con su saber, con su experiencia, en
su arte o en su ciencia si se quiere, le pude decir al técnico lo que es
posible realizar y lo que no es posible; las resistencias que hay que vencer
para una modificación o transformación; cuando avanzar y cuando detenerse; los
riesgos de la inmovilidad y del avance.
Es el político quien explica a las colectividades cómo,
cuándo yen que forma satisfacer sus necesidades, como sortear peligros y
asechanzas, como adoptar medidas que pueden ser contraproducentes a lo que con
ella se busca. La profesión del político es la sensibilidad para pulsar lo que
una colectividad quiere y lo que uno quiere; para armonizar intereses total y
fragmentariamente contrapuestos, cuando las consecuencias de su choque se
pueden traducir en perturbación, transtorno, retroceso; es el político
profesional al quien con la cabeza y el carácter ayuda a las colectividades a
moldear las duras y resistentes realidades.
Por ser así, es lo que la existencia de una clase
política es factor decisivo para la estabilidad y el progreso de los
pueblos." y agrega: "Hagamos más, mucha más política; hagamos mejor
política". "Si logramos que triunfe la fuerza de la política sobre la
política de la fuerza, habremos conseguido una victoria para México". El
Administrador Público es la persona que lleva a cabo los proyectos y programas,
planes y esquemas señalados por el político, o para decirlo en forma impersonal
y con intenciones de incursionar en el campo científico, la Ciencia Política
formula los proyectos, diseña los esquemas y perfila los principios
fundamentales, determinados por las aspiraciones sociales, en tanto que la
Ciencia de la Administración Pública lleva a cabo las actividades, jurídicas,
intelectuales y materiales que concretiza las posibles satisfacciones de las
necesidades de la sociedad.
En México se da el caso
de que el político y el administrador están representados por la misma persona,
el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, que es al mismo tiempo Jefe del
Estado y del Gobierno y que como tal es el que realiza las actividades
políticas más importantes de la Federación y al mismo tiempo en su calidad de
titular del órgano Ejecutivo de la Unión, es el Jefe o Titular de la
Administración Pública Federal, coincidencia que evita problemas por la disputa
de poder. Lo mismo puede afirmarse del los Gobernadores de los Estados de la
Federación que encarnan al mismo tiempo los papeles más elevados de la política
y de la administración de sus entidades federadas.
Respecto a los Municipios corresponde a los Ayuntamientos
llevar a cabo las actividades políticas de los mismos, en tanto que el
Presidente Municipal, es el ejecutor de los acuerdos de éstos, el Administrador
Municipal por excelencia, aun cuando debe reconocerse que en varias ocasiones
realiza actividades de índole política. Se afirma que en nuestro país de 1821 a
1854 se vivió en la etapa de mucha política y poca administración, de 1854 a
1874 en la época de la definición política y administrativa y de 1876 a 1910 se
vivió con el criterio de mucha administración y poca política.
Debe concluirse en este aspecto en el sentido de que la
política determina y señala los derroteros y caminos por los que debe marchar
la Administración Pública.
LA CIENCIA DE LA ADMINISTRACIÓN PRIVADA
A lado de la
administración pública existe la administración privada, y si bien es cierto
que la primera se ha constituido por méritos propios en un largo proceso
histórico como Ciencia de la Administración Pública, cuyo contenido está
determinado por la actividad de uno de los órganos fundamentales del Estado: el
ejecutivo o administrativo, también es cierto que la Administración Privada se
ha formado como ciencia, teniendo sus principios y reglas, así como, objeto,
fin y métodos propios. Es evidente que la Ciencia de la Administración Pública
se ha visto enriquecida con el pensamiento de teóricos de la Política, del
Derecho Administrativo y de la Ciencia de la Administración Pública, pero
también la administración privada lo ha hecho, aunque en menor grado que la
administración pública, lo que resulta comprensible puesto que la primera
abarca una parte importantísima de la actividad estatal, aun cuando debe
reconocerse la existencia de una enorme cantidad de libros relativos al estudio
de algún aspecto concreto de la administración privada.
La Administración
Privada está íntimamente vinculada con la administración pública, puesto que
ésta siempre podrá cumplir con sus atribuciones, facultades o cometidos
mediante el caudal de recursos, fundamentalmente económicos que solamente puede
obtener de los particulares e innegablemente se puede afirmar que los más
importantes y poderosos contribuyentes al ingreso o erario estatal, son algunos
particulares, las empresas, organismos, etc., es decir, personas físicas y
morales que realizan o intervienen en los distintos aspectos de la
administración privada, por lo que debe aceptarse que una excelente
administración privada enriquece a la administración pública, pues sería
imposible concebir a ésta rica, vigorosa y próspera al lado de una
administración privada carente de iniciativa, de recursos y solvencia moral,
técnica, científica y económica.
Por lo expuesto en
los párrafos que anteceden se tratará en algunas partes de este libro varios
temas que atañen fundamentalmente a la administración privada, pero considero
que deben estudiarse por las relaciones e importancia que tienen, en el campo
de la ciencia de la administración pública, y que en muchas ocasiones se
derivan de ésta. Respecto a la Administración Privada, también es una ciencia
social que debe respetar al orden constitucional, pero sus reglas y principios
no tienen la inflexibilidad de los de la administración pública, ya que varían
en periodos mucho más cortos, obedeciendo a las circunstancias que le impone la
mercadotecnia, pero aun así su estructura y organización esimportante para el
logro idóneo de sus cometidos.
Aun cuando
considero que es difícil dar una definición de la Teoría de la Administración
Privada que cumpla en plenitud con los requisitos de la lógica, formulo la
siguiente: Es una ciencia social que en ocasiones se auxilia de conocimientos
técnicos, y cumpliendo con el orden constitucional y reglamentario que del
mismo se deriva, forma sus principios, reglas y normas a efecto de aprovechar
el esfuerzo cooperativo y coherente del personal humano, recursos materiales y
científicos para lograr que con el mismo se incremente la productividad y la
producción de una empresa que labora bienes para la satisfacción de las
necesidades colectivas, con carácter especulativo.
Tema 3
Capacitación
Basada en Normas de Competencia Laboral. Una Alternativa Para el Nuevo Milenio
en Cuestión de Capacitación.
El mundo se encuentra en un proceso de cambio permanente,
que en los últimos años se ha acelerado con el desarrollo científico y
tecnológico, que ha influido en forma notoria en todos los aspectos de la
sociedad contemporánea. Hoy en día se da la competitividad con base en la
preparación de los recursos humanos. La globalización a nivel mundial ha traído
una mayor vinculación entre las economías y la movilidad laboral ha exigido
mayor velocidad de cambio y adaptación de los sistemas de educación y
capacitación a las tendencias tecnológicas y a las transformaciones
organizativas de la producción, por ello, la globalización incluye, además de
los procesos de producción y comercialización, la de los sistemas de educación
y capacitación de recursos humanos, por lo que éstos deben mejorar su calidad y
acelerar su adaptación a las nuevas condiciones de la tecnología, la economía y
la sociedad.
CAPACITACIÓN LABORAL
Con el contexto anteriormente mencionado, la
capacitación no puede concebirse como una actividad aislada y desvinculada de
las estrategias de mejoramiento de la productividad y competitividad de la
economía. La capacitación laboral constituye un proceso esencial para la
transformación productiva. La falta de una capacitación se refleja con mayor
fuerza en el ámbito de las empresas: micro, pequeñas y medianas, que en su
conjunto formarían más del 90% de los establecimientos productivos en México y
que en su mayoría se encuentran en un estado de desventaja ante la competencia
externa. La exigencia de una mayor capacitación se manifiesta dentro y fuera de
la empresa.
Externamente se
presenta como un proceso continuo, integral, de calidad, acorde con las
tendencias tecnológicas y los cambios en las estructuras ocupacionales.
Internamente forma parte de las estrategias de calidad total y mejoramiento
continuo, reingeniería de procesos y sistemas, con el fin de elevar la
productividad y competitividad. En el centro de una estrategia de cambio se
encuentra la formación integral y permanente de los recursos humanos, con el
fin de enfrentar en mejores condiciones los mercados globalizados y el cambio
tecnológico continuo, a través de elevar los niveles de productividad y
competitividad. El desarrollo integral de los individuos los hace más
perfectibles, ya que se involucra al ser biopsicosocial. Fomentar el
conocimiento en forma exclusiva es reducir el proceso de aprendizaje a una
actividad mental, por lo que es necesario desarrollar, asimismo, habilidades y
actitudes que se presentan en cada actividad humana. El hombre involucra todo
su ser en el proceso de aprendizaje y debe constantemente buscar una
congruencia entre el SER-SABER Y SABER HACER.
NUEVOS RETOS Y PLANTEAMIENTOS EN LA CAPACITACIÓN LABORAL
Los principales
retos que enfrenta actualmente el sector empresarial es: modernización
tecnológica, reorganización de los procesos de producción y trabajo, así como
la formación permanente de los recursos humanos. La organización para la
cooperación y el desarrollo económico (OCDE) ha señalado que la solución a los
problemas del empleo tiene relación con el desarrollo de tres capacidades básicas:
- Capacidad de Innovación
- Requiere imaginación
y creatividad para enfrentar el cambio.
- Capacidad de
Adaptación
- Adecuar los cambios a
la tecnología y a los mercados, con el fin de responder con mayor agilidad a
las necesidades cambiantes.
- Capacidad de
Aprendizaje
- Asumir el aprendizaje
como un proceso continuo y sistemático, con la finalidad de un desarrollo de
capacidades adaptativas e innovativas.
Lo anteriormente
mencionado nos origina un nuevo concepto de la formación y la capacitación,
como actividades que se transforman en procesos esenciales para la vida
productiva de los individuos. Las empresas deben percibir a la capacitación
como un proceso integral y permanente, y no solamente como una obligación
legal. Se debe reconocer los beneficios que aporta la capacitación en los
recursos humanos, que se refleja en una mayor productividad e ingreso
económico.
Asimismo, lo anterior tiene repercusión en la cultura y
desarrollo organizacional, originando un ambiente de motivación, crecimiento,
productividad, cooperación, compromiso, etc. Existe una necesidad de reformar
el sistema de capacitación y formación, ya que la economía de la oferta se está
transformando en una economía por demanda. Las empresas están adoptando
sistemas flexibles de producción con el fin de atender con rapidez y
oportunidad a las distintas necesidades de la demanda. En un modelo flexible y
dentro de una estrategia de mejora continua, el trabajador debe tener la
capacidad de incorporar y aportar sus conocimientos al proceso de producción y
participar en el análisis y solución de problemas que obstaculizan la calidad y
la productividad.
Con lo
anteriormente mencionado se pretende darle un valor a la educación profesional
técnica, ya que muchos jóvenes ingresan a las carreras técnicas poco motivados
y las visualizan como una última opción de desarrollo profesional. Un país como
el nuestro, con un cúmulo de necesidades insatisfechas, debe apoyar a este
número creciente de estudiantes potenciales, que carecen de los medios para
ingresar a la educación superior y que tienen urgencia por entrar al mercado
laboral en forma activa y percibir ingresos.
PROBLEMÁTICA DE LABORAL EN MÉXICO LA CAPACITACIÓN
La capacitación
laboral en México ha enfrentado algunos problemas como:
- Los programas de
capacitación son diseñados, aplicados y evaluados académicamente y no tienen
vinculación real con problemas y requerimientos de los procesos productivos.
- No hay una adecuada
coordinación entre los programas de capacitación, que son básicamente
organizados por especialidades.
- Existe una rigidez en
los programas de capacitación, que representa una barrera de entrada que afecta
en forma negativa la permanencia y movilidad en el mercado laboral.
- No se ha tomado en
cuenta el cambio en los perfiles ocupacionales que requieren de nuevas
capacidades laborales, de caracterización genérica, que desarrollen habilidades
para: análisis y resolución de problemas, trabajo en equipo, asumir
responsabilidades, capacidad para comunicarse, etc.
-No se ha generado una
mayor movilidad laboral dentro del proceso productivo, con el fin de crear una
visión de mayor amplitud en las actividades de trabajo.
- Falta reconocimiento
en la experiencia laboral, ya que los conocimientos obtenidos a través de la
experiencia no tienen un reconocimiento formal, de manera que no se da la
posibilidad de acreditar conocimientos para la carrera profesional y personal.
La industria
requiere cada vez más trabajadores competentes con los conocimientos necesarios
para responder eficazmente a las exigencias del proceso productivo. La
desvinculación que se presenta entre el sistema formativo y productivo no
ofrece a los trabajadores la posibilidad de alternar el trabajo y el estudio
para actualizar sus conocimientos de manera rápida. La educación y la
capacitación técnica deben reformarse y obtener un reconocimiento similar a la
educación académica.
Las actividades
laborales carecen de una Revisión temática visión de amplitud dentro de los
procesos productivos (el desempeño de una función en varios contextos), por lo
que la movilidad laboral no se ha generado a gran escala. Debido a lo anterior,
la capacitación laboral debe reformarse para adaptarse a las necesidades
cambiantes.
CAPACITACIÓN BASADA EN NORMAS DE COMPETENCIA LABORAL
Se ha realizado una reforma estructural a la formación y
capacitación de los recursos humanos mediante el surgimiento de las
competencias laborales. El término de la competencia tiene su origen en los
cambios técnicos y organizativos de las empresas, así como en la falta de
capacidad de adecuación del sistema educativo a las necesidades cambiantes del
aparato productivo y de la sociedad.
En los años ochenta el movimiento de las competencias
laborales empezó a tomar fuerza en países con sistemas de educación-formación
rezagados, como es el caso de México y algunos países de América Latina. Dentro
del Proyecto para la Modernización de la Educación Técnica y de la Capacitación
(1995-2000) surge un sistema de Certificación de capacidades laborales con
aceptación en el mercado laboral, así como la definición y establecimiento de
un sistema de educación y capacitación basados en Normas de Competencia
Laboral.
Así mismo se
establece el Consejo de Normalización y Certificación (CONOCER) establecido
oficialmente, con el objetivo de normar y validar los procedimientos de las
competencias laborales. El Consejo se encuentra constituido, en una parte, por
diversos comités técnicos (supervisores, gerentes de línea, etc.), de las
diferentes áreas ocupacionales del sector productivo, donde se definen los
contenidos de las normas de competencia laboral, con el objeto de asegurar su
coherencia y consistencia.
En forma simultánea se establecen organismos
Certificadores y Centros de Evaluación de Competencias Laborales para acreditar
y certificar los conocimientos, las habilidades y las actitudes, acordes a las
normas técnicas de competencia establecidas por el Consejo de Normalización y
Certificación. Las calificaciones otorgadas son dos: competente o
no-competente.
Una norma de competencia laboral (NCL) es la descripción
de los conocimientos, habilidades, destrezas y operaciones que una persona debe
desempeñar y aplicar en diversas situaciones de trabajo. A continuación se
presenta un esquema explicativo de la norma: Criterios de desempeño: Logros
aceptables en cada elemento de competencia. Describen los desempeños esperados.
Éstos incluyen las evidencias de los desempeños que
pueden ser: Directas (detalla las situaciones requeridas por los criterios de
desempeño) y las del producto (detalla los resultados esperados en cuanto a los
productos tangibles). Campos de aplicación: Se expresa el contexto en que se
logra el elemento de competencia (circunstancias) e incluye a las evidencias
del conocimiento que pueden ser: conocimientos fundamentales (métodos y
principios que son constantes para un desempeño competente) y los conocimientos
circunstanciales (que permiten tomar decisiones y adaptarlas a situaciones
variadas). Orientación de la evaluación: Se detallan los métodos de la
evaluación y un análisis comparativo entre las diversas evidencias obtenidas.
Dentro de este marco surge la Capacitación Basada en
Normas de Competencia Laboral como un sistema, metodología o modalidad para la
capacitación de los recursos humanos, que a partir de sus experiencias y
conocimientos previos, busca un desarrollo integral, con el fin de un
desarrollo óptimo. La noción de Competencia incluye un carácter holístico de la
actividad humana, en el que se articulan teoría y práctica, el ser-saber y
hacer.
Las Competencias
se centran en el desempeño, ya que la formación debe tener impacto directo en
la actuación de los capacitados y no solamente ser un requisito de formalidad.
El fomentar la adquisición de conocimientos, habilidades y actitudes en los
trabajadores, como requisitos indispensables para tener un alto rendimiento
laboral, origina una mayor conciencia en el trabajo desempeñado, en cuanto a
buscar calidad en el producto o servicio y el tener presente a la actividad
laboral como una posibilidad de desarrollo personal y no exclusivamente como
una actividad mecánica. Este modelo educativo utiliza a las normas como eje en
la orientación del trabajo, ya que representa una expectativa de desempeño en
el lugar de trabajo, contra la cual se compara un
comportamiento observado. La norma, asimismo, es un parámetro evaluativo, para
determinar la competencia o incompetencia del candidato, independientemente de
la forma en que la competencia fue adquirida.
Para garantizar las normas de competencia, éstas serán
definidas por los diversos sectores productivos y constituirán un lenguaje
común para dar uniformidad a la formación de recursos humanos. Existen cinco
niveles de competencia que se refieren a los diferentes grados de dominio de
una competencia. Estos niveles se encuentran determinados por variables de
autonomía y responsabilidad en la ejecución del trabajo. Los niveles van desde
actividades rutinarias y predecibles hasta técnicas complejas con un alto grado
de autonomía, responsabilidad y planeación.
LA NORMA COMO UN INSTRUMENTO REGULADOR DEL MERCADO DE
TRABAJO
La norma de
competencia laboral es un instrumento que permite articular la formación con
elementos de recursos humanos, en lo que respecta al mercado de trabajo
interno, como son: sistema de salarios, participación, ascensos, etc. En cuanto
al trabajo externo, representan ser un sistema de información dinámico en lo
que se refiere al "saber hacer" en procesos productivos. De lo
anterior se concluye la necesidad de establecer bases para un entendimiento
común, generando un sistema simbólico en cuanto a la administración de recursos
humanos.
Se pretende lograr la flexibilidad del modelo del sistema
de capacitación técnica en competencias, mediante la estructuración de los
programas en módulos de aprendizaje, donde cada uno corresponde a una unidad de
competencia y donde estudiantes y trabajadores puedan progresar gradualmente
hasta llegar a dominar grados avanzados de competencia.
Las normas de
competencia laboral hacen explícito lo esperado en el proceso de capacitación,
lo que origina un mayor control y responsabilidad sobre el propio aprendizaje.
CERTIFICACIÓN DE LAS NORMAS DE COMPETENCIA
La certificación de las normas de competencia se ubica
como la última etapa en el sistema por lo que es importante mencionar que las
competencias se van actualizando en un proceso interactivo, además de que se
puede transferir de una competencia a otra. El proceso de certificación tiene
tres momentos:
1.-Acreditación de la competencia por
instancias facultadas.
2.- Acreditación por
parte de instituciones facultadas para emitir un certificado.
3.- Acto de
certificación. Los evaluadores son personas clave dentro de un sistema de
certificación de competencias, ya que son los que aplicarán el primer proceso
directo de la evaluación, debido a su experiencia en la función ocupacional,
por estar como supervisores o como gerentes de línea.
El evaluador tiene un contacto directo con el candidato a
certificación y debe tener presente que para realizar una evaluación correcta
en competencias debe: Revisión temática
- Evaluar el desempeño del candidato en el
área de trabajo, básicamente observando.
- Evaluar al candidato utilizando diversas
evidencias (documentos testimonios, proyectos, diario de aprendizajes, etc.).
¿QUÉ ES UNA COMPETENCIA?
La competencia comprende la especificación del
conocimiento y la habilidad, así como la aplicación de ambos dentro de una
ocupación o nivel industrial para la norma de desempeño requerido en el empleo.
El concepto de competencia se enfoca en lo que se espera de un trabajador en el
centro de trabajo, esto hace referencia a la capacidad de transferir y aplicar
habilidades y conocimientos a nuevas situaciones y contextos.
¿QUÉ SON LAS NORMAS DE COMPETENCIA?
Son aquellas que
definen las competencias requeridas para el desempeño efectivo en el empleo. Se
relacionan con prácticas reales laborales, expresadas como un resultado,
aplicables en diversos contextos.
Tabla 1.Algunas diferencias entre el Sistema de Capacitación
Técnica Tradicional y La Capacitación Basada en Normas de Competencia Laboral
CAPACITACIÓN TRADICIONAL
|
CAPACITACIÓN BASADA EN NORMAS DE COMPETENCIA
LABORAL
|
Los contenidos de los
programas son académicos, poco flexibles y altamente especializados.
|
El sector productivo
establece los contenidos la definir un sistema normalizado de competencia
laboral (SNCL). Los cursos son modulares y graduales, con el fin de adquirir
competencias más avanzadas.
|
No hay opciones ante
la deserción y no se da la suficiente preparación para satisfacer necesidades
requeridas por el sector productivo.
|
El aprendizaje se
define como una y habilidades de
conocimientos y habilidades de utilidad. Cada trabajador va a su ritmo,
proceso individualizado.
|
No hay una
estandarización en los resultados de la capacitación. No se da reconocimiento
a los aprendizajes realizados fuera del sistema educativo.
|
Se utiliza un sistema
de certificación basado en demostración de los conocimientos y habilidades.
Origina una estandarización.
|
Los diplomas o
certificados no proporcionan información real de las habilidades y
conocimientos del trabajador.
|
Se da una
certificación o acreditación a los conocimientos y habilidades adquiridos empíricamente, que
ofrecen datos sobre su formación real.
|
El capacitado no se
encuentra muy motivado en su proceso
formativo ya que no toma una posición activa en él, así mismo percibe una desviación
con el sector productivo.
|
El capacitando
encuentra una mayor motivación en su proceso de formación, ya que toma una
actitud activa, se adecua a sus necesidades particulares y obtiene un
reconocimiento que avala sus
conocimientos y habilidades reales.
|
PUNTO DE
VISTA PEDAGÓGICO
Esta nueva modalidad en capacitación es una metodología
de enseñanza orientada a desarrollar conocimientos y habilidades necesarias
para desempeñar un puesto de trabajo determinado, con ventajas para el
capacitando en cuanto a la flexibilidad y rapidez en la adquisición de
conocimientos y destrezas específicas. Así mismo permite seleccionar tiempos
con el fin. De alternar estudio y trabajo, así como el poder interrumpir y
reanudar la formación a largo tiempo.
En la actualidad, el contexto de las empresas se
caracteriza por el requerimiento de tener que capacitar nuevamente a su
personal, para adecuar el currículo, donde se hace referencia a los
conocimientos y habilidades, a las nuevas condiciones de los procesos
productivos. Es importante el que las instituciones que ofrezcan servicios de
capacitación, introduzcan innovaciones tecnológicas en los contenidos temáticos
de sus programas. Se ha dado poca relación entre los sectores educativos y los
que se dedican a la producción, por lo que es importante tomar en cuenta
algunos aspectos como:
- Se ha tenido una
concepción reducida del aprendizaje como algo fragmentado y aislado
- Se han ofrecido pocas
posibilidades en el diseño curricular de integrar actitudes, habilidades y
conocimientos en el proceso educativo.
- Se han promovido
pocas situaciones de aprendizaje "convergentes", donde se den
situaciones laborales lo más apegadas a la realidad posible.
- Muchos de los
contenidos en los aprendizajes se dan de manera abstracta y fragmentada, así
como el no ser relevantes para situaciones laborales.
- No se ha reconocido
suficientemente al educando como un individuo capaz de organizar y dirigir su
aprendizaje.
CONCLUSIONES
- Es importante
subrayar con base en lo anteriormente mencionado, el realizar un equilibrio de
estatus entre la educación profesional técnica y la académica, ya que cada vez
son más necesarias las alternativas para
el creciente número de
jóvenes que no tienen acceso a una educación superior.
- Con la modalidad de
la capacitación basada en normas de competencia laboral, se pretende revisar el
proceso de capacitación y establecer un marco de reglamentación basado en las
normas de competencia laboral (NTCL), con el objeto de vigilar su cumplimiento
y garantizando un nivel mínimo de calidad, al favorecer una capacitación
enfocada al mercado.
- La capacitación
basada en competencias pretende evitar la discriminación y ofrecer igualdad de
oportunidades, evitando barreras que no permitan el avance del sistema. Así
mismo, se pretende ofrecer un mejor proceso evaluativo que se caracterice por
ser válido y confiable.
- El fomentar una
fuerza laboral calificada, flexible y con una alta productividad es lo que
caracteriza a esta modalidad de capacitación, ya que el desarrollar habilidades
y actitudes es actualmente una exigencia de las economías modernas.
- Las normas de
competencia laboral son un reflejo de modelos laborales, de las cuales se
derivan las unidades y los elementos de competencia, como parte constitutiva de
ellas.
- Esta modalidad en
capacitación pretende generar individuos responsables, con una actitud de
apertura a los cambios tecnológicos y de organización. Con una motivación para
superarse y buscando constantemente una calidad en su desempeño profesional.
- El generar en los
trabajadores que se capacitan una actitud de "bien hacer", supera a
la realización de movimientos mecánicos y automatizados, para obtener un
producto de calidad y competitividad.
Referencia