sábado, 25 de abril de 2020

Cuadro CQA




Cuadro CQA
CUESTIONES DEL DESARROLLO DURANTE LA PRIMERA INFANCIA

Lo que sé
Lo que quiero conocer
Lo que aprendí
Primera infancia



Sentido del yo




Desarrollo de la autonomía


Conciencia



Diferencias entre los bebés





viernes, 24 de abril de 2020

Antología Taller de administración aplicada a la educación



TEMARIO DEL TALLER DE ADMINISTRACIÓN APLICADA A LA EDUCACIÓN


UNIDAD 1: Origen y desarrollo de la administración y organización y su relación con la pedagogía.

1. Antecedentes de la administración y organización.
    1.1 Antecedentes de la administración.
    1.2 Conceptos de la administración.
    1.3 Conceptos de la organización.
    1.4 La administración y la organización en la educación.

2. Antecedentes de la administración y organización escolares, en México y América Latina.
    2.1 Antecedentes de la administración escolar en México.                                   
    2.2 Organización escolar en México.
    2.3 Administración escolar en México.
    2.4 Organización escolar en América Latina.

3. Teorías pedagógicas y el desarrollo de la administración y organización  educativa.
    3.1 Teorías pedagógicas.
    3.2 Desarrollo administrativo de la educación.
    3.3 Desarrollo organizacional de la educación.

UNIDAD 2: Fundamentos pedagógicos teóricos y metodológicos de la administración y la organización.

1. Análisis de los fundamentos teórico-metodológicos de la administración. (proceso administrativo).
    1.1 Fundamentos de la administración.
    1.2 Teoría de la administración.
    1.3 Metodología de la administración.
    1.4 Análisis de los fundamentos de la administración.

2. Análisis teórico-metodológico de las escuelas o corrientes que inciden en la administración educativa. (Teorías administrativas).
    2.1 Metodología de la administración escolar.
    2.2 Metodología de la administración educativa.
    2.3 Análisis de teorías administrativas.
    2.4 Corrientes que inciden en la administración educativa.

3. Fundamentos pedagógicos en la administración y organización educativas.
    3.1 Fundamentos pedagógicos.
    3.2 Pedagogía y administración.
    3.3 Organización educativa y pedagógica.
    3.4 Fundamentos pedagógicos en la administración.

UNIDAD 3: Aportación de las instituciones a la administración y organización.

1. Administración pública y administración privada.
    1.1 Concepto de administración pública.
    1.2 Concepto de administración privada.
    1.3 Origen de la administración pública y privada.
    1.4 Aportaciones de la administración a la educación.

2. Los sistemas de capacitación laboral y sus fines en algunas instituciones escolares públicas y privadas. (UNAM, UAM, IPN, Salle, Iberoamericana).
    2.1 Sistemas de capacitación laboral.
    2.2 La capacitación laboral en instituciones escolares públicas.
    2.3 La capacitación laboral en instituciones escolares privadas.

3. Formas de administraciones organizacionales empresariales públicas y privadas.
    3.1 Formas de administración empresarial pública.
    3.2 Formas de organización empresarial pública.
    3.3 Formas de administración empresarial privada.
    3.4 Formas de organización empresarial privada.





























UNIDAD 1: Origen y desarrollo de la administración y organización y su relación con la pedagogía.

Tema 1


ORGANIZACIÓN Y ADMINISTRACIÓN EDUCATIVA.  ANTECEDENTES HISTÓRICOS: LA ORGANIZACIÓN Y LA ADMINISTRACIÓN DESDE LA ANTIGÜEDAD HASTA PRINCIPIOS DEL SIGLO XX
            Para comprender mejor sobre la administración, iniciaremos por conocer el origen etimológico de la palabra administración, tomaremos en cuenta los diferentes conceptos de administración, características e importancia de la misma, así como un breve marco histórico en los diferentes periodos o edades de la humanidad, así como un breve resumen de la administración en las civilizaciones de mayor relevancia, profundizar en el tema de administración de cada una de estas civilizaciones es muy amplio y profundo con características muy comunes en los procesos actuales de la era moderna.

Definición Etimológica
            La palabra “Administración”, se forma del prefijo “ad”, hacia, y de “ministratio”. Esta última palabra viene a su vez de “minister”, vocablo compuesto de “minus”, comparativo de inferioridad, y del sufijo “ter”, que sirve como término de comparación. Si pues “magister” (magistrado), indica una función de preeminencia o autoridad -el que ordena o dirige a otros en una función-, “minister” expresa precisamente lo contrario: subordinación u obediencia; el que realiza una función bajo el mando de otro; el que presta un servicio a otro. La etimología nos da la idea de que ésta se refiere a una función que se desarrolla bajo el mando de otro; de un servicio que se presta. Para poder entender la administración se debe conocer la perspectiva de la historia de su disciplina. Es por eso la importancia de conocer la historia y origen de la administración, cada civilización o sociedades han contribuido a mejorar esta disciplina que hoy ocupa a nuestras sociedades en sus diferentes organizaciones.
            El ser humano es social por naturaleza, lo que implica vivir organizadamente. Esto, a su vez, requiere de dividir las funciones sociales en forma ordenada, de modo que algunos miembros produzcan alimentos, otros vestidos y otros den servicios. Desde que el hombre constituyó la tribu requirió de administración para sobrevivir y cubrir cada vez más sus crecientes necesidades, por lo que la administración es una de las actividades y trabajos más antiguos e interesantes.
Podemos decir que la administración se ha ido formando conforme han ido creciendo las necesidades humanas.
            En un principio, los administradores nacían y eran productos de un liderazgo nato; pero la evolución de la misma sociedad fue exigiendo más conocimientos de organización de trabajo y de un mejoramiento continuo de los procesos, los productos y las técnicas administrativas.

Concepto de Administración

            Willbur Jiménez Castro, define la administración como: “una ciencia compuesta de principios, técnicas y prácticas, cuya aplicación a conjuntos humanos permite establecer sistemas racionales de esfuerzos cooperativos, a través de los cuales se pueden alcanzar propósitos comunes que individualmente no se pueden lograr en los organismos sociales”.
            Fremont E., Kast, dice que la: “administración es la coordinación de hombres y recursos materiales para el logro de objetivos organizativos, lo que se logra por medio de cuatro elementos: dirección hacia objetivos, a través de gente, mediante técnicas y dentro de una organización”.
            Chiavenato Adalberto (1999), refiere que la palabra administración viene: “del latín ad (dirección o tendencia) y minister (subordinación u obediencia), y significa cumplimiento de una función bajo el mando de otro; esto es, prestación de un servicio”. Sin embargo, el significado original de esta palabra sufrió una radical transformación, ya que la tarea actual de la administración es interpretar los objetivos propuestos por la organización y transformarlos en acción organizacional a través de la planeación, la organización, la dirección y el control de todas las actividades realizadas en las áreas y niveles de la empresas, con el fin de alcanzar tales objetivos de la manera más adecuada a la situación. Por consiguiente, administración es el proceso de planear, organizar, dirigir y controlar el uso de los recursos para lograr los objetivos.
 Características de la Administración
            El fenómeno administrativo se da donde quiera que existe un organismo social, porque en él tiene siempre que existir coordinación sistemática de medios. La Administración se da por lo mismo en el Estado, en el ejército, en la empresa, en una sociedad religiosa, etc. Y los elementos esenciales en todas esas clases de Administración serán los mismos, aunque lógicamente existan variantes accidentales. Su especificidad. Aunque la Administración va siempre acompañada de otros fenómenos de índole distinta (en la empresa funciones económicas, contables, productivas, mecánicas, jurídicas, etc.), el fenómeno administrativo es específico y distinto a los que acompaña.

La Administración Sigue un Propósito.
            Una condición de la administración es un objetivo sea esté implícito o enunciado específicamente. Es un medio para ejercer impacto en la vida humana. Es decir, la administración influye en su medio ambiente.
            Está asociada generalmente con los esfuerzos de un grupo, todo organismo acciona para alcanzar objetivos determinados, los que se logran más fácilmente por medio de un grupo y no por una sola persona, se logra por, con y mediante los esfuerzos.
            Para participar en la administración se requiere dejar la tendencia a ejecutar todo por uno mismo y hacer que las tareas se cumplan con y mediante los esfuerzos de otros.
La efectividad administrativa requiere el uso de ciertos conocimientos, aptitudes y práctica. La habilidad técnica es importante para cumplir con un trabajo asignado.

Importancia de la Administración 

            Una de las formas más sencillas de la administración, en nuestra sociedad, es la administración del hogar y una de las más complejas la administración pública. Pero el fenómeno administrativo no solamente nació con la humanidad sino que se extiende a la vez a todos los ámbitos geográficos y por su carácter Universal, lo encontramos presente en todas partes. La administración se da donde quiera que existe un organismo social, aunque lógicamente sea más necesaria, cuanto mayor y más complejo sea éste. El éxito de un organismo social depende, directa e inmediatamente, de su buena administración.

 Antecedentes Históricos 

            Desde que el hombre apareció en la tierra ha trabajado para subsistir, tratando de lograr en sus actividades la mayor efectividad posible; para ello, ha utilizado en cierto grado la administración. Para comprender mejor la administración, es necesario efectuar una breve revisión histórica donde se manifiesta más representativamente el fenómeno administrativo.

Época primitiva

            En esta época, los miembros de la tribu trabajaban en actividades caza, pesca y recolección. Los jefes de familia ejercían la autoridad para tomar las decisiones de mayor importancia. Existía la división primitiva del trabajo originada por la diferente capacidad de los sexos y las edades de los individuos integrantes de la sociedad.

Periodo agrícola

            Se caracterizó por la aparición de la agricultura y de la vida sedentaria. Prevaleció la división del trabajo por edad y sexo. Se acentuó la organización social de tipo patriarcal. La caza, pesca y recolección pasaron a tener un lugar de importancia secundaria en la economía agrícola de subsistencia. El crecimiento demográfico obligó a los hombres a coordinar mejor sus esfuerzos en el grupo social y, en consecuencia, a mejorar la aplicación de la administración.

Antigüedad grecolatina

            En esta época apareció el esclavismo; la administración se caracterizó por su orientación hacia una estricta supervisión del trabajo y el castigo corporal como forma disciplinaria. El esclavo carecía de derechos y se le ocupaba en cualquier labor de producción. Existió un bajo rendimiento productivo ocasionado por el descontento y el trato inhumano que sufrieron los esclavos debido a estas medidas administrativas. Esta forma de organización fue en gran parte la causa de la caída del Imperio Romano.

 Época feudal

            Durante el feudalismo, las relaciones sociales se caracterizaron por un régimen de servidumbre. La administración interior del feudo estaba sujeta al criterio del señor feudal, quien ejercía un control sobre la producción del siervo. Al finalizar esta época, un gran número de siervos se convirtieron en trabajadores independientes, organizándose así los talleres artesanales y el sistema de oficios con nuevas estructuras de autoridad en la administración. Los artesanos-patrones trabajaban a Iado de los oficiales y aprendices en quienes delegaban su autoridad. El desarrollo del comercio en gran escala originó que la economía familiar se convirtiera en economía de ciudad. Aparecieron las corporaciones o gremios que regulaban horarios, salarios y demás condiciones de trabajo; en dichos organismos se encuentra el origen de los actuales sindicatos.

Revolución Industrial

            Esta época se caracterizó por la aparición de diversos inventos y descubrimientos por ejemplo, la máquina de vapor-, mismos que propiciaron el desarrollo industrial y, consecuentemente, grandes cambios en la organización social. Desaparecieron los talleres artesanales y se centralizó la producción, lo que dio origen al sistema de fábricas en donde el empresario era dueño de los medios de producción y el trabajador vendía su fuerza de trabajo. Surgió la especialización y la producción en serie. La administración seguía careciendo de bases científicas; se caracterizaba por la explotación inhumana del trabajador, horarios excesivos, ambiente de trabajo insalubre, labores peligrosas, etc. y por ser una administración de tipo coercitivo, influida por el espíritu liberal de la época, que otorgaba al empresario gran libertad de acción.
            Por otra parte, la complejidad del trabajo hizo necesaria la aparición de especialistas, incipientes administradores, que manejaban directamente todos los problemas de la fábrica. Todos estos factores provocaron la aparición de diversas corrientes del pensamiento social en defensa de los intereses de los trabajadores y el inicio de investigaciones que posteriormente originarían la administración científica y la madurez de las disciplinas administrativas.

Siglo XX

            Se caracteriza por un gran desarrollo tecnológico e industrial y, consecuentemente, por la consolidación de la administración. A principios de este siglo surge la administración científica, siendo Frederick Winslow Taylor su iniciador; de ahí en adelante, multitud de autores se dedican al estudio de esta disciplina. La administración se torna indispensable en el manejo de cualquier tipo de empresa u organización dando como resultado las diferentes clases de administración, ya que a través de la misma se logra la obtención de eficiencia, la optimización de los recursos y la simplificación del trabajo. En la actualidad, la administración se aplica en cualquier actividad organizada: desde la realización de un evento deportivo hasta el lanzamiento de un cohete ínter espacial, siendo imprescindible para el buen funcionamiento de cualquier organismo social.

La Administración en las Antiguas Civilizaciones 

China

            El gran filósofo Confucio sentó las primeras bases de un buen gobierno en China, a pesar de que nunca estuvo satisfecho de los que había aportado con tal fin en los diferentes cargos que desempeñó, desde magistrado local hasta primer ministro. Al retirarse de la vida pública escribió sobre aspectos políticos y gobierno, incluyendo su criterio sobre varias cosas.
             Otros contemporáneos de Confucio se interesaron también en los asuntos administrativos y de ellos Micius o Mo-ti fundó, 500 años antes de Jesucristo, una rama de la misma escuela, que difería fundamentalmente en aspectos filosóficos más que en principios. A través de varios siglos, los chinos tuvieron un sistema administrativo de orden, con un servicio civil bien desarrollado y una apreciación bastante satisfactoria sobre muchos de los problemas modernos de administración pública.

Egipto

            En Egipto el tipo de administración se refleja una coordinación con un objetivo previamente fijado, su sistema el factor humano ya tenía cargos especiales es decir contaba con arquero, colectores de miel, marineros; algo importante de esta organización es que ya se contaba con un fondo de valores para los egipcios que se obtenía de los impuestos que el gobierno cobraba a sus habitantes, con el fin de después duplicarlo al comercializarlo por otros objetos.
             Egipto tenía una economía planeada y, un sistema administrativo bastante amplio, que ha sido clasificado por Weber como “burocrático”. Debido a los medios de comunicación marítimos, fluviales, así como el uso comunal de la tierra, fue necesario que tales servicios y bienes fueran administrados de manera pública y colectiva, a través del gran poder del gobierno central. La idea que prevaleció en el antiguo Estado egipcio durante la IV, XI y XVIII dinastías fue que debía haber una severa coordinación de los esfuerzos económicos de toda población, a fin de garantizar a cada uno de los miembros de la comunidad, y para ella la misma como un todo, el más alto grado de prosperidad.
            El sistema de los ptolomeos tuvo gran influencia en la administración de Filadelfia, puesto que en ella también la agricultura, el pastoreo, la industria y el comercio fueron conducidos dentro de iguales marcos de rigidez. Durante el Imperio Otomano (1520-1566 d. J.) se organizó una excelente administración de personal público, a pesar de que estaba concebida como un sistema de castas. Tantas las formas burocráticas egipcias como sus seguidores levantinos tuvieron gran influencia en los criterios de gobierno y la región.



ROMA
            La organización de Roma repercutió significablemente en el éxito del imperio romano y aunque no quedan muchos documentos de su administración se sabe que se manejaban por magisterios plenamente identificados en un orden jerárquico de importancia para el estado. Después de varios siglos de monarquía, ejercida por soberanos etruscos, la república es instaurada en 509 a. c. En lo sucesivo, todos los ciudadanos forman el populus romanus, que se reúne en unas asambleas, los comicios. Cada año eligen unos magistrados encargados de gobernar el país: Cuestores (finanzas), ediles (administración), y pretones (justicia). En la cumbre, dos cónsules ostentan el poder ejecutivo, dirigen al ejército y realizan las funciones de jefes de estado. Acceder a estas diferentes funciones, una después de otra, constituye el curus honorum. Por último, todos los antiguos magistrados componen el senado, que controla la política interior y dirige la política exterior. Conquistadores atrevidos, cultivadores y comerciantes prudentes, los romanos manejan con igual ardor la espada que el arado. De esta manera engrandecen sus territorios e implantan una administración encargada de fomentar su desarrollo. Cada uno de los pueblos sometidos les suministra un importante contingente de soldados y esclavos. Los ciudadanos van abandonando progresivamente a estos últimos, cada día más numerosos, la mayor parte de sus tareas.
             Este sistema subsistirá durante varios siglos y permitirá que los romanos lleven a cabo una obra gigantesca y múltiple en los límites de su inmenso imperio: construcción de incontables monumentos, carreteras y acueductos; explotación de minas y canteras, irrigación. Pero también les quitará el sentido a la lucha y el esfuerzo, dejándolos finalmente desarmados ante las invasiones de los bárbaros, que acabarán con su poderío a partir del siglo IV de nuestra era. El espíritu de orden administrativo que tuvo el Imperio Romano hizo que se lograra, a la par de las guerras y conquistas, la organización de las instituciones de manera satisfactoria.
            El estudio de estos aspectos se puede dividir en las dos etapas principales por las cuales pasó la evolución romana, a saber; La República y el Imperio. Sin embargo, deben estudiarse también la monarquía y la autocracia militar. La primera época de la República comprendió a Roma como ciudad y la segunda a su transformación en Imperio mundial, y es justamente este último período el que puede ser de mayor interés de estudio por el ejemplo administrativo que ha dado. Cuando vino el Imperio, y éste extendió sus dominios, el sistema consular tuvo que transformarse en el proconsular que trató de lograr una prolongación de la autoridad del cónsul.         Fue así como éstos y los pretores recibían una extensión del territorio bajo su tutela, después de un año de trabajo y pasaban así a tener jurisdicción sobre una provincia, bien como cónsules o como pretores. Años más tarde, al comienzo de la Era Cristiana, vino otro cambio de gran importancia, al convertirse el imperio Romano en una autocracia militar establecida por Julio Cesar y mantenida luego por sus antecesores. Correspondió a Diocleciano (284-205 después de Jesucristo) reformar la autoridad imperial; eliminó los antiguos gobernadores de provincias y estableció un sistema administrativo con diferentes grados de autoridad.
             Fue así como debajo del emperador venían los prefectos pretorianos. Bajo ellos los Vicarios o gobernantes de la diócesis, y subordinados a ellos los gobernadores de provincias hasta llegar finalmente a los funcionarios de menor importancia. Entre las limitaciones mayores que se le apuntan a los sistemas administrativos romanos están la era de ampliación que tuvo la forma de gobierno de la ciudad de Roma al Imperio, y también la reunión de las labores ejecutivas con las judiciales, a pesar de que se reconoce que fueron aislados los conflictos de autoridad que se presentaron por equivocadas concepciones entre los derechos y los deberes particulares. Ello se subsanó por la disciplina que tuvieron en su organización jurídica, la cual ha servido de pilar fundamental a la concepción del derecho.

GRECIA
            La aportación que dio Grecia a la administración es grande y fue gracias a sus filósofos, algunos conceptos prevalecen aún.
SOCRATES.   Utiliza      en   la      organización      aspectos     administrativos,     separand   el conocimiento técnico de la experiencia.
PLATON. Habla de las aptitudes naturales de los hombres, da origen a la especialización.
ARISTOTELES. Nos habla de lograr un estado perfecto, a través de una buena administración.
PERICLES. Nos da unos de los principios básicos de la administración que se refiere a la selección de personal. La administración gubernamental griega tuvo cuatro pasos evolutivos, puesto que sus estados tuvieron:
Monarquías
Aristocracias
Tiranías
Democracias
            Con la única excepción de Esparta, en donde siempre hubo una aristocracia. La monarquía ateniense fue su primer sistema de gobierno y tuvo relativamente poca importancia desde un punto de vista administrativo; en tanto que el período aristocrático, que duró hasta el siglo antes de Jesucristo, y el democrático si tuvieron una gran trascendencia. Mientras la democracia, el sistema de gobierno griego consistió en una asamblea popular denominada la eclesia, en el cual residía la autoridad máxima, y en ella participaban directamente todos los ciudadanos.
             Fue así ésa la primera manifestación que tuvo del concepto de gobierno de la mayoría y de que la soberanía del Estado la tiene el pueblo. En la eclesia se encuentran en buena parte las bases de nuestros sistemas democráticos actuales, con algunas limitaciones y diferencias. En la eclesia se discutían los asuntos y se formulaban las políticas a través de decisiones en las cuales tenían participación todos los ciudadanos.

América Latina Época Precolombina:

            En esta época fueron tres las culturas las que afectaron los cambios administrativos; la cultura Maya, Olmeca y la Azteca. En cada una tuvo gran importancia la administración sí analizamos las tres culturas, encontramos en ellas que existía una estructura organizacional muy compleja, al igual que sistemas económicos y políticos perfectamente definidos. Contaban con ejércitos, sindicatos, sistemas culturales, comercio, etc.

Aspectos Históricos de la Administración:

Periodo Contribuyente Principales aportaciones

5000 A.C. Sumerios: Establecieron registros escritos para uso comercial y gubernamental.
4000-2000 A.C., Egipcios: Practicaban inventarios los inventarios. Llevaban diarios ventas e impuestos; desarrollaron una elaborada burocracia para la agricultura y la construcción a gran escala, emplearon a tiempo completo administradores y usaban proyecciones y planeación.
4000 A.C., Hebreos, Aplicaron el principio de excepción y la departa mentalización, los Diez Mandamientos, la planeación a largo plazo y el tramo de control, así como leyes morales, agrícolas, sanitarias y de aspectos religiosos bien definido, la sociedad Hebrea fue administrada a través de Patriarcas, Jueces, Reyes y los caudillos que se levantaron bajo el mandato divino de su creencia.
2000 – 1700 A.C., Babilónicos Reforzaron leyes para la conducción de los negocios, incluyendo estándares, salarios y obligaciones de los contratistas.
500 A. C., Chinos: Establecieron la Constitución Chow y Confucio sentó las primeras bases para un buen gobierno.
500-200 A.C., Griegos: Desarrollaron la ética del trabajo; la universalidad de la administración (Sócrates); iniciaron el método científico para la solución de los problemas.
200 a.C. – 400 d.C., Romanos: Desarrollaron sistemas de fabricación de armamento, de cerámica y textiles; construyeron carreteras; organizaron empresas de bodegas; utilizando el trabajo especializado; formaron los gremios; emplearon una estructura de organización autoritaria basada en funciones.
300 d.C. – Siglo XX, Iglesia Católica: Estructura jerárquica descentralizada con control estratégico y políticas centralizadas.
1300, Venecianos: Establecieron un marco legal para el comercio y los negocios.


Conclusión:

            Las actuales concepciones administrativas son el resultado de un proceso iniciado en los mismos albores de la humanidad y que ha venido evolucionando y adquiriendo sus propios perfiles a través de diferentes épocas y etapas. Dicho proceso administrativo se inició como un hecho obligado cuando dos individuos tuvieron que coordinar sus esfuerzos para hacer algo que ninguno de ellos pudo hacer por sí solo y evolucionó hasta convertirse en un acto previo y cuidadosamente planificado y racional que permite alcanzar los objetivos con los menores esfuerzos posibles y con las mayores satisfacciones para los individuos.
            El estudio histórico de esa evolución administrativa nos muestra los enfoques que tuvo esta ciencia en Egipto, China, Grecia y Roma, y la influencia que tuvieron ciertos procedimientos utilizados en esos lugares sobre algunas prácticas actuales en el campo, entre ellas de la organización funcional de los poderes del Estado.


Tema 2

La Organización de las Instituciones de Educación Superior: la Relación entre las Instituciones Educativas y los Sistemas Administrativos en América Latina
RESUMEN

            Este trabajo es un esfuerzo intelectual para promover el debate y la discusión en todos los niveles sobre la importancia de la organización de las instituciones educativas para el establecimiento de un proyecto educativo comprometido con las necesidades de la población en América Latina. Se enfatiza la importancia que posee el papel de los sistemas administrativos al interior de las instituciones educativas en el establecimiento
de metas que no sólo se refieran al incremento de la calidad académica sino también al compromiso que a fortiori las instituciones de educación superior tienen con la sociedad en diversas cuestiones.
Palabras clave: institución, organización, administrativo, educación, América Latina.

ABSTRACT

This work is an intellectual effort to promote the debate and the discussion, in all levels, on the importance of the educational institutions organization for the establishment of an educational project compromised with the needs of the population in Latin America. I emphasizes the importance possessed by the administrative systems role within the educational institutions in establishing goals not only related to the increase of the academic quality but also to the fortiori commitment top education institutions have with the society in diverse questions.
Key words: institution, organization, administrative, education, Latin America.

            La importancia de este tema radica que en la actualidad se asiste a un periodo de turbulencias y de cambios drásticos a nivel global, que están dando lugar al surgimiento de una nueva época, caracterizada por la incertidumbre sobre el futuro: cambian las demandas de la sociedad y de las personas, cambia la situación internacional, se proponen nuevas reglas del juego, cambia el rol de los agentes permanentes y surgen nuevos actores sociales, en una palabra, cambia la organización mundial de la sociedad.
            La educación no es ajena a estas transformaciones. Todos los países están haciendo un gran esfuerzo por cambiar la organización de sus instituciones educativas, especialmente en lo que respecta a los sistemas administrativos y su respectivo peso para el desarrollo social.
            Esto incide en los diferentes procesos de interrelación entre la administración de las instituciones y las mismas prácticas pedagógicas, no sólo a nivel nacional, sino también a nivel global, esto para mí es muy importante porque significa la reorganización de los diferentes niveles en la función administrativa en las instituciones de educación a nivel mundial.
            Por principio de cuentas, por función administrativa entenderemos el proceso de crear, diseñar y mantener un ambiente en el que las personas de manera individual o que trabajan en grupos, alcancen con eficiencia metas seleccionadas. Como administración, las personas realizan funciones administrativas de planeación, organización, dirección y control. Éstas, comúnmente llamadas funciones de la administración, son esenciales dentro de cualquier empresa, en el ámbito de la organización de las instituciones de educación superior. Resalta que lo que compete a la función de la administración en las instituciones educativas y en general en las empresas, es sabido que una vez que se han aplicado las primeras cuatro funciones de la administración entonces se aplica la de coordinación.
            Sin embargo, Salvador Mercado en su texto intitulado Administración titulada 2da parte: Teoría y Práctica menciona que aún es necesario poner una acción extra para accionar los cinco puntos anteriores, esto es, dar a las personas con las cuales trabaja el administrador cuanta información necesiten para tomar decisiones acertadas.
            Esto afecta directamente a la organización de las cadenas de mando que desde la perspectiva de Stephen Robbins funciona cuando el empleado no depende de dos o más jefes, lo cual implicaría que tal vez tenga que manejar demandas o prioridades encontradas. [2] Si no hay información dada por el administrador encargado, el empleado tendrá que buscar en otros mandos para obtener información lo cual implicaría romper la cadena.
            También afectaría al llamado tramo de control, el cual se define como la cantidad de subordinados que un gerente puede dirigir en forma eficaz y eficiente. [2] Pues el control de los empleados al no aportar información completa; la consiguen con otros mandos, haciendo que se tambaleé la autoridad entendida como derecho inherente a un puesto
administrativo que permite girar órdenes y esperar que sean cumplidas, afectando el mando del administrador que originalmente controla. [2]
            No obstante, esta situación global no se reduce a los niveles de la función de la administración, ni sólo a las cadenas de mando o al tramo de control sino que también abarca la interacción de las instituciones educativas con la estructura de los procesos de aplicación en los sistemas administrativos en función de los problemas típicos en la organización de las instituciones educativas, la toma de decisiones de las instituciones educativas, específicamente, desde la interacción que ejercen con su medio ambiente, con la función de la administración, y con la categorización de las instituciones educativas como sistemas, etc. Veamos algunos antecedentes para ilustrar lo ya mencionado.

I. Antecedentes

            Ahora bien, en el caso de los nuevos escenarios globales que inciden directamente en los procesos de la organización de la administración de las instituciones y su impacto en la educación, existe una conciencia muy fuerte de que se están agotando los estilos tradicionales de operar. Hay mayor margen para la creatividad en la resolución de los problemas y también mayor tolerancia frente a la inseguridad y a las incertidumbres. Se generan nuevas condiciones y oportunidades favorables para los cambios.
            En América Latina el reto es más complejo. La década de los ochenta concluye con una gran crisis económica, con el caos que produce el desvanecimiento de una época histórica y la esperanza que genera el comienzo de otra. Se encuentra sumida entre la crisis derivada de los problemas acumulados del pasado, que todavía no ha resuelto y que se han agudizado en la década perdida de los ochenta, y la crisis asociada a las transformaciones planetarias que dan cuenta de los cambios en la organización de los sistemas productivos, de las nuevas tecnologías y de los nuevos modos de organización, que originan un nuevo orden competitivo basado en el conocimiento. [3]
            Frente a esta difícil situación, es necesario tener en cuenta un modelo de transformación, organización y de desarrollo alternativo que considere como estrategias básicas: el fortalecimiento de los sistemas administrativos y educativos que sean democráticos, pluralistas y participativos, además de que posibiliten la integración nacional, la cohesión social, la proyección de las culturas locales, el mayor protagonismo de las personas y de los grupos de todas las clases sociales sin excepción, la  representatividad en el ámbito de la actividad política, social y educativa, así como el logro de mayores grados de consenso en la proposición de objetivos y metas, la transformación de las estructuras educativas en el marco de la globalización que les permita adecuarse a un nuevo paradigma caracterizado por la competitividad académica,
etc.
            Debido a lo expuesto, es sumamente importante revisar en el contexto del cambio y desarrollo mundial posterior al siglo XX, especialmente en América Latina, cómo se da la génesis organizativa de los procesos de interrelación entre los sistemas administrativos y las instituciones educativas para revisar cuáles han sido los elementos más importantes que teórica y prácticamente han incidido en la forma de organizar la administración institucional dentro de las instituciones de educación superior (IES) en dicha región.
            Por lo anterior, el objetivo de este trabajo es explicar brevemente los cambios que están aconteciendo y que configuran los escenarios futuros en los cuales se desarrollarán la organización de las IES en lo que toca a las funciones administrativas y que afectan directamente la labor de las instituciones de educación superior en América Latina.
            Se analizará a nivel macro y llegando a generalizaciones relevantes cómo han impactado los cambios globales de los últimos diez años en los procesos de organización en la administración en las instituciones educativas. Con ello, se observará la incidencia de las nociones teóricas propias de la administración y cómo se incorporan a las prácticas educativas.
            Una vez especificados estos cambios se examina cómo los nuevos escenarios reconfigurados han producidos nuevas formas de concebir la administración de las instituciones, especialmente fijaré mi atención en el proceso de desarrollo de los sistemas administrativos y su impacto en las instituciones educativas en América Latina.

II. Los cambios necesarios en América Latina

            En América Latina (A.L.), el reto fue más complejo puesto que la década de los años ochenta concluyó con una gran crisis económica, con el caos que produce el desvanecimiento de una época histórica y la esperanza que genera el comienzo de otra.
            Esto afectó la calidad y los procesos de gestión de la educación, lo que indefectiblemente motivó a renovar e innovar ciertos parámetros de acción tanto en las instituciones de educación como en los procesos administrativos para modificarlas de acuerdo con las necesidades actuales.
            La mayoría de los sistemas educativos en A. L. ha iniciado procesos de reformas y transformaciones, como consecuencia de la aguda conciencia del agotamiento de un modelo tradicional que no ha sido capaz de conciliar el crecimiento cuantitativo con niveles satisfactorios de calidad y de equidad, e incorporar como criterio prioritario y orientador para la definición de políticas de gestión (aquí se utilizará como sinónimo de administrativas) y la toma de decisiones, en la satisfacción de las nuevas demandas sociales.
            Hoy, hablamos de un nuevo orden mundial competitivo basado en el conocimiento, en el cual la educación y la capacitación son el punto de apoyo de largo plazo más importante que tienen los gobiernos para mejorar la competitividad y para asegurar una ventaja nacional. El funcionamiento óptimo de los sistemas educativos pasa a ser una prioridad esencial de los países. Enunciamos a continuación las principales demandas que los cambios plantean a la organización de los sistemas educativos y que se incorporan a las agendas de especialistas y de gobernantes.
            En el caso de las instituciones educativas, es necesario preparar ciudadanas y ciudadanos capaces de convivir en sociedades marcadas por la diversidad, capacitándolos para incorporar las diferencias de manera que contribuyan a la integración y a la solidaridad, así como para enfrentar la fragmentación y la segmentación que amenazan a muchas sociedades en la actualidad. En consecuencia, los sistemas educativos serán responsables de distribuir equitativamente los conocimientos y el dominio de los códigos en los que circula la información socialmente necesaria, y formar a las personas en los valores, principios éticos y habilidades para desempeñarse en los diferentes ámbitos de la vida social.
            Es importante mencionar que formar a las personas en principios éticos y habilidades afecta a lo que Robbins llama departamentalización de funciones que se define como el agrupamiento de las actividades de acuerdo con las funciones que se desempeñan, [2] porque puede organizar su planta dividiendo a los especialistas según las ramas de conocimiento.
            No obstante, si articulamos el punto anterior con los procesos de formación humana en el ámbito de la administración, se hace imprescindible formar recursos humanos que respondan a los nuevos requerimientos del proceso productivo (calidad de los alumnos egresados en las instituciones educativas) y a las formas de organización del trabajo resultantes de la revolución global actual (las formas de organización en la administración
de dichas instituciones). Para incrementar la competitividad académica, el mayor desafío es la transformación de la calidad educativa: grupos cada vez más numerosos de individuos con buena formación, impulso de la autonomía individual, logro de un mayor acercamiento entre el mundo de las comunicaciones, la esfera del trabajo y de la educación y otorgamiento de prioridad a las necesidades del desarrollo económico: los usuarios, los mercados laborales y las empresas que utilizan conocimientos administrativos.
            Habría que capacitar al conjunto de la sociedad para convivir con la racionalidad de los nuevos cambios, especialmente, con las nuevas tecnologías, ideas y formas de pensar, para transformarla en instrumentos que mejoren la calidad de vida y que incidirían directamente en la ética y los valores morales de los ciudadanos.
            En A. L. le corresponde a los sistemas educativos impulsar la creatividad en el acceso, difusión e innovación científica y tecnológica, desarrollar capacidades de anticipación del futuro y de actualización permanente para seleccionar información, para orientarse frente a los cambios, para generar los nuevos, para asumir con creatividad el abordaje y resolución de problemas. Los miembros activos de una sociedad no sólo necesitan tener una formación básica, sino que deben incorporar conocimientos sobre informática y tecnología, aspectos que no eran imprescindibles hace sólo una década.

III. Tendencias en el desarrollo de los niveles del sistema educativo

            Definido el horizonte de largo plazo que confirma el valor estratégico de la educación en las próximas décadas, corresponde ahora establecer alternativas de respuesta de los sistemas educativos, tanto en el plano de las políticas y estrategias, como en las formas de organización y administración. En los países iberoamericanos existe consenso sobre la necesidad de reformar el Estado, con el objetivo de lograr mayores grados de exigencia, adoptando como paradigma la satisfacción de las necesidades personales y sociales de los usuarios de los servicios educativos, y como metodología, la incorporación de nuevas prácticas de planificación-organización y de gestión de los gobiernos.
            Establecer una especie de organización mecanicista (o burocracia) donde el hecho de respetar el principio de la cadena de mando que asegure la existencia de una jerarquía formal de autoridad, donde cada persona sea controlada y supervisada por un superior. Ello implica, a su vez, conservar un tramo de control pequeño en los niveles cada vez más altos de la organización, creando estructuras altas e impersonales.  No obstante, otras corrientes de la administración de instituciones educativas apostarían por la implementación de la estructura orgánica, que se define como una organización laxa y flexible, poca especialización, formalismos y centralización tan rígida y estable es la organización mecanicista.

IV. Estructura de los sistemas educativos y su relación con los aspectos administrativos

            La combinación de principios políticos, pedagógicos y administrativos configura la estructura de los sistemas educativos a partir de los cuales se definen los niveles, los ciclos, la obligatoriedad y los criterios de articulación y de coordinación. Los niveles identifican los tramos en que los sistemas atienden el cumplimiento de las necesidades educativas que plantea la sociedad en un determinado contexto de espacio y de tiempo.
Su duración tiene que ver con hacer explícitas estas necesidades sociales.
            En un contexto de cambio social mencionado, las nuevas demandas educativas refuerzan la defensa de la escuela como institución destinada prioritariamente a la transmisión y apropiación del conocimiento sistematizado. El éxito de este nuevo enfoque dependerá del equilibrio que se alcance entre los dos ejes de la organización institucional de los sistemas educativos: el eje de la unidad que promueve la integración administrativa y el eje de la descentralización que reconoce la diversidad.
            En la última década se han producido estudios sobre la descentralización administrativa que tienden a enfatizar la dimensión local como un ámbito privilegiado de intervención. [6] El surgimiento de la escuela como una organización con cierta autonomía administrativa es uno de los procesos más significativos que están ocurriendo en la transformación de los sistemas educativos. En general, la falta de iniciativa y de autonomía está ligada a la dificultad en hacer llegar a las escuelas los recursos consumidos por las máquinas burocráticas y la dudosa efectividad de los “paquetes preparados”, junto con la excesiva reglamentación y la visión homogénea de realidades locales y escolares muy dispares, son algunas de las explicaciones que justifican las estrategias de descentralización en el sector educación.
            Los procesos de descentralización administrativa se hacen efectivos en las escuelas cuando se acompañan con autonomía y con poder de decisión sobre aspectos sustantivos de su quehacer. Estudios recientes lo confirman a partir del análisis de características comunes que poseen algunas escuelas eficaces. Haddad afirma que “las escuelas eficaces y bien organizadas presentan varias características en común: disponen de un ambiente bien ordenado, enfatizan el desempeño académico, establecen altas expectativas para el desempeño de sus alumnos y son dirigidas por profesores y directores que realizan un enorme esfuerzo por ofrecer una enseñanza efectiva y estimular a sus alumnos a que aprendan, independientemente de sus condiciones familiares...”.
            La lógica que opera para la transformación del Estado, la administración y la resignificación de sus funciones adecuándolas a las demandas de la sociedad, se aplica también para la transformación de la escuela y sus funciones para adecuarse a los requerimientos de la comunidad y satisfacer sus necesidades educativas. En este marco se inscriben los nuevos papeles que asume la institución escolar.
            La institución escolar debe convertirse en un espacio de democratización y participación de la sociedad, y de punto de contacto de los sectores populares con el Estado. La expansión de la escolaridad representó un significativo avance en la igualdad de las oportunidades de acceso al sistema. La equidad sólo se logrará si la escuela tiene éxito en ofrecer a todos una educación de calidad.
            Es necesario configurar un estilo de gestión administrativa a nivel local, diferenciado y flexible en su organización escolar, que desarrolle capacidades y formas propias de interactuar en su medio social, que incorpore las necesidades desiguales y que trabaje sobre ellas a lo largo de los años de escolaridad.
            Conformar un ámbito con capacidad de decisión para la elaboración de su proyecto educativo y la construcción de su propia identidad a partir del conocimiento más cercano de las demandas sociales, desarrollar capacidades para la administración pedagógica de la institución, que focalice todos los esfuerzos en el logro de metas que atiendan la calidad de los resultados educativos y el mejoramiento del ambiente y de las condiciones de aprendizaje.
            Transformarse en un espacio con poder para organizar la oferta educativa y combinar el uso de los recursos humanos, técnicos, físicos y financieros de acuerdo con las necesidades y oportunidades en función de su propio proyecto educativo, a partir de la existencia de un mínimo de oferta socialmente justa sin la cual las escuelas no pueden funcionar. Ejercer un desempeño institucional eficiente, que rinda cuentas a su comunidad de los resultados de aprendizaje de sus alumnos.
            En la interrelación de las instituciones educativas con los aspectos administrativos Guiomar Namo de Mello ha brindado aportes sustantivos en varias publicaciones. Parte del análisis de los efectos que produjeron las estrategias centralizadas que se adoptaron para mejorar la calidad de las escuelas, entre las cuales destaca la provisión de insumos básicos necesarios para el funcionamiento cotidiano de los establecimientos.
            Estos insumos recibieron el mismo tratamiento que las demás normas de organización escolar, es decir, todas las escuelas recibieron los mismos insumos, sin considerar las peculiaridades de cada uno y, por lo general, los recibieron fuera de fecha debido a la demora de los procedimientos burocráticos. Robbins, a su vez, comenta que la autonomía administrativa de las escuelas requiere, como condición indispensable, el mayor grado de decisión posible en lo relativo  a dos insumos básicos y necesarios para su organización: finanzas y personal. Una real alteración del poder del sistema educativo sólo será posible si se hace efectiva dicha delegación.            Dice el autor que ninguna institución puede tener identidad, iniciativa y proyecto si no posee el control sobre sus propios recursos y su equipo.
            En cuanto a la administración de los recursos humanos, “…las políticas homogéneas sobre la carrera magisterial y el salario fueron uno de los principales factores que determinaron la pérdida de la fuerza de parte de las escuelas. Las normas de incorporación, los nombramientos, las admisiones y despidos negociados directamente por los sindicatos y la administración central, hacen difícil que las escuelas adopten decisiones responsables sobre aspectos cruciales de su organización, tales como currículo, uso del tiempo, perfil de los profesionales adecuados a sus propuestas de trabajo...
             En los países en que existe la estabilidad en la carrera docente, sería deseable que ese derecho no estuviese limitado a puestos específicos en las escuelas, sino a nivel
del sistema... De esta forma, si la escuela decide despedir a un profesor o a un técnico, podrá hacerlo poniendo al profesional a disposición de la administración central, la que procederá a reubicarlo... reservando el derecho de la escuela a escoger. Deberán permitirse los perfiles diferenciados de los equipos escolares, dependiendo de la propuesta de la escuela...”.
            Ahora bien, en cuanto a la administración de los recursos financieros, en el caso de las remuneraciones “…al menos una parte de las decisiones sobre las remuneraciones debería delegarse a las escuelas, como por ejemplo, las jornadas extraordinarias de trabajo. Otra alternativa importante sería la posibilidad de establecer estímulos salariales, a partir de niveles mínimos fijados en escalas homogéneas, que diferenciaran los salarios
en base a los resultados. De este modo, cada escuela tendría derecho a un volumen adicional de recursos a ser utilizados para pagos extraordinarios de su equipo, a partir de los resultados de las evaluaciones que indiquen que la escuela está mejorando su desempeño. Este es, sin duda, un tema controvertido, pero no por eso debemos retirarlo de la agenda de discusión...”.
            En el caso del financiamiento de programas compensatorios, para que la autonomía de las escuelas no produzca efectos negativos se requieren mecanismos fuertes de compensación financiera. Le corresponde a la administración central, en cumplimiento de las metas de calidad, equidad y universalización del acceso y del egreso, orientar recursos a las escuelas para asegurar un mínimo de oferta socialmente justa, a partir de la cual cada institución pueda elevar la calidad de los aprendizajes de sus alumnos.
            En el caso de la administración para el financiamiento de proyectos institucionales para promover innovaciones educativas la administración estatal orienta su intervención a través de mecanismos que alienten a las escuelas a mejorar sus niveles de calidad y eficiencia, e incentiven el uso racional de sus recursos, voluntad que se expresa en su proyecto educativo. Para ello es necesario establecer procedimientos para la convocatoria a la presentación de proyectos y el concurso para que se juzgue la calidad de los mismos, efectuado por comisiones evaluadoras altamente capacitadas y de acuerdo con normativas generales. El financiamiento de los mejores proyectos puede incluir un componente de complemento salarial para los profesores comprometidos en ellos.
            En el caso del presupuesto de la escuela autónoma, “…la autonomía financiera no es una transferencia esporádica de recursos que ya vienen predestinados para cierto tipo de gasto...” Se trata de crear mecanismos mediante los cuales la escuela posea su propio presupuesto, transferido en cantidades globales, con capacidad para administrarlo y con poder de decisión sobre cuáles son los gastos prioritarios, sin que existan limitantes referidos a ciertos tipos de gastos.
            Y más todavía, los gastos de las planillas de sueldos serían parte constitutiva de este presupuesto, aunque la escuela no sea la agencia pagadora, fijando los recursos destinados en manos de la administración central del sistema que haría efectivos tales pagos con las informaciones suministradas por las escuelas... Los gastos que efectúa el Estado (sueldos, compra de materiales), serán descontados del presupuesto de la escuela.    
            La autonomía de la escuela no significa que el presupuesto se transfiere en especie, sino que ésta tiene el poder de decidir cómo ejecutarlo, aun cuando una parte permanezca como un crédito al que la escuela tiene derecho a pesar de estar suministrado por las instancias centrales... Aunque dicha autonomía financiera no se implante de una vez y completamente, previendo que habrá etapas y procesos de negociación, considerando inclusive los plazos para capacitar a las escuelas en esta tarea, el objetivo final debe ser éste. Sólo en estos términos la autonomía financiera puede constituir un instrumento de auto mejoramiento de las escuelas, útil para perfeccionar su organización interna, obligando al equipo a pensar en el conjunto de la escuela, en el proyecto, en los objetivos y en las prioridades”.
            Finalmente, en este marco los países diseñarán sus alternativas y construirán sus caminos. Mientras tanto es necesario conducir los procesos de transición y avanzar en la realización de estudios preparatorios sobre normas jurídicas, simplificación de procedimientos de control burocrático, costos por tipos de escuela, criterios comunes y diferenciales para la asignación de recursos, especificación de los gastos que se reservan al Estado o a los municipios y los que se delegan a la escuela, y de acciones destinadas al diseño de programas de capacitación destinados a desarrollar competencias para el ejercicio de las nuevas tareas.

CONCLUSIONES

            Por tanto, para que las sociedades actuales caminen hacia estándares más elevados de calidad educativa y eficiente manejo de las funciones y recursos administrativos debe tomarse en cuenta la cultura original de su contexto y la situación activa de cada participante.
            Las sociedades cambian a un ritmo más rápido que la escuela y es cada vez más evidente el aislamiento de la cultura escolar, cerrada a la dinámica de la creación cultural externa y a los problemas cruciales de las sociedades y de los hombres. Esta desconexión entre la escuela, gestión administrativa y la sociedad explica la obsolescencia de muchos de los contenidos curriculares y la falta de aprovechamiento de recursos externos.
            Las instituciones escolares tienen que plasmar en su organización administrativa, en sus prácticas pedagógicas y en su currículo, su vocación de apertura y su capacidad de dar acogida a las múltiples expresiones y preocupaciones de la población, no para asumir más tareas de las que les corresponde hacer por función, capacidad y recursos, sino para adecuar sus proyectos educativos a los requerimientos de la comunidad, y para aprovechar, a su vez, los recursos educativos y económicos de la comunidad, concitando su apoyo y comprometiéndola con el proyecto educativo del establecimiento.
            Por tanto, las prácticas de la organización administrativa, las prácticas pedagógicas y el currículo vocacional son partes indisolubles de la construcción de la génesis de una política educativa de calidad; de buena calidad que incentive el aprovechamiento de los recursos administrativos y educativos en bien de la sociedad.
            Asimismo, me parece que es necesario reconocer el cimiento desde el que se pretende dirigir al sistema educativo en América Latina y especialmente al sistema educativo mexicano. De no ser así, es seguro que se reconocerían las distintas expectativas o enfoques racionales para edificar la naturaleza del concepto. En esa forma, no sólo se esclarecería la intención de la política, se dispondría del soporte cognitivo e instrumental para garantizar la calidad de la educación.



Tema 3

La Enseñanza de las Teorías de la Administración: Limitantes
Epistémicos y Posibilidades Pedagógicas

Diego Armando Marín Idárraga**




Resumen: En su devenir histórico, el conocimiento en Administración se ha estructurado con una vasta producción de enunciados, algunos con estatus de teoría y otros más con un “aire” de discurso ideológico. Es así como el constructo del saber administrativo ha bandeado entre dos lógicas que en ocasiones se hibridan: una racionalidad de tipo teorético y otra de carácter praxeológico. En la primera tipología se cuentan las teorías de la Administración y en la segunda los enfoques propios de la gestión. En el presente artículo se busca introducir un marco de reflexión epistemológico y pedagógico que advierta la necesidad de diferenciar la dualidad teórico-práctica, en el momento de encarar la enseñanza de la Administración.

            Es oportuno reconocer que estamos enfrentados a un “nuevo” mundo, caracterizado por cambios acelerados que influencian todos los sistemas y especialmente el empresarial. Es indudable que las expresiones inherentes a los procesos de globalización están transformando el ambiente de los negocios y con ello también los conceptos y fundamentos propios de la Administración concebida en las postrimerías de la revolución industrial, que hoy, con el advenimiento de la sociedad posmoderna –del conocimiento y la información–(Toffler, 1982), deben ser repensados y actualizados a
las nuevas realidades fenomenológicas, revestidas de complejidad, paradoja, no linealidad y no predictibilidad (Morin, 1996). El desarrollo de tal sociedad “posindustrial” encarna la imagen del cambio, que insta mayor atención intelectual a los procesos de gestión en un entorno complejo y abundante en factores que amenazan constantemente la supervivencia de las empresas (Etkin y Schvarstein, 2000, p. 135).
            Consecuente con este cambio de época, los procesos de enseñanza-aprendizaje deben experimentar una completa transformación, dando lugar a una reflexión de lo pedagógico en virtud de la socialización del conocimiento, de manera que frente a las necesidades de la sociedad actual, se propicie un sistema de educación acorde a los paradigmas de la nueva economía, cada vez más digitalizada (Tapscott, 1997).
            Entendiendo que “el hombre de hoy debe ser educado para que no naufrague en la información” (Monroy, 1996, p. 16), es necesario transformar nuestra mentalidad
y comprender los elementos característicos de la era de la información para adaptar el sistema educativo a las nuevas demandas y oportunidades socioculturales, económicas, tecnológicas, científicas y organizacionales.
            Tal realidad, expandible al campo de la Administración, sugiere la necesidad de asumir una responsabilidad pedagógica, en función de la formación de administradores integrales en las dimensiones del saber y el hacer. Este argumento implica que, aunado a la preocupación del conocimiento, debe aflorar una “inquietud pedagógica” hacia una educación con sentido, a fin de generar ambientes de reflexión que induzcan pensar en el qué, los por qué y los para qué de la enseñanza.
            Consintiendo este preámbulo, la exposición que procede comprende una “provocación” a la reflexión acerca de la enseñanza de las teorías de la Administración. El documento se estructura en dos partes: en la primera se deja plasmado el problema que enfrenta el conocimiento en Administración y se intenta inducir una reflexión de sus limitantes epistemológicos, entendiendo esto como la forma en que se ha estructurado particularmente el saber administrativo y no como un rastreo de su cientificidad.           
            En la segunda parte se introducen algunas apreciaciones pedagógicas y las posibilidades para la enseñanza de las teorías de la Administración. Previo al inicio, y para efectos del presente escrito, valga estimar la siguiente aclaración necesaria. Existen dos conceptos a los cuales se alude en el texto, que pese a corresponder a una misma unidad en relación con su objeto de intervención, tienen sus propios límites de diferenciación, a saber: Administración y gestión.
            La gestión es un concepto emergente del management (neologismo asumido de la escuela americana) que abarca el compendio de técnicas apropiadas por el manager –gerente– para actuar en las organizaciones con el objeto de garantizar la racionalidad técnica y social (Martínez, 2002, p. 4). Su aplicación en las organizaciones es el resultado de la razón subjetiva (Horkheimer, 2002),  y está al servicio de una lógica de tipo instrumental-utilitaria centrada en la adecuación de los medios para el alcance de los fines.
             Corresponde a la parte empírica del discurso administrativo. En ella se hallan las “herramientas” conceptuales para direccionar las organizaciones. Con relación a la Administración, ésta comprende el corpus teórico que engloba todas las nociones para describir, explicar y prescribir a las organizaciones y el comportamiento del individuo en su interacción con ellas –cuyas acciones derivadas se materializan a través de la gestión– (Kliksberg, 1995, pp. 35-42). Esto ha dado lugar a un conjunto de categorías que se han formado históricamente y que en este campo del saber se identifican como las teorías de la Administración.
            De esta manera, la asociación entre Administración y teorías de la Administración representa un arreglo de entidades inseparables, evidenciándose el principio de recursividad, en el que la Administración se concibe con las teorías de la Administración que a la vez son el fundamento de la Administración. Queda entonces propuesta la diferenciación entre las categorías Administración teorías de la Administración y gestión; la primera es el conocimiento objetivo (episteme), la otra es técnica (tecnhé), las cuales no deben ser entendidas como elementos aislados, pues están inherentemente conectadas.

La Naturaleza del Conocimiento en Administración: ¿Un Infortunio Epistemológico?

“La ciencia administrativa se presenta en nuestros días como un conjunto de discursos fragmentados, estratificados en el tiempo y yuxtapuestos en el espacio, más bien que reunidos en un proyecto global y articulado en torno a una problemática coherente, hasta el punto de que cabe legítimamente preguntarse qué autoriza a hablar de una ciencia en singular, y también, simplemente, de ciencia”.J. CHEVALLIER

            Para acometer la enseñanza de las teorías de la Administración se debe tener claridad de la esencia del conocimiento en Administración. Es decir, para enseñar Administración se debe entender qué es Administración. Este juego de palabras, aparentemente tautológico, es el fundamento para acercar una posibilidad en la enseñanza de las teorías de la Administración. Partiendo de aceptar que los problemas del aprendizaje son mucho más que la simple preocupación por la didáctica, la reflexión pedagógica acerca de la enseñanza de las teorías de la Administración debe trascender la mera consideración metodológica.
             Debe orientarse en mayor medida a la comprensión teórica de la Administración, matizando el sesgo hacia la gestión, de modo que la enseñanza se acople en sincronía con el avance del saber tanto en lo científico como en lo tecnológico, y se procure un equilibrio entre lo teórico y lo pragmático, entre el desarrollo de competencias tanto cognitivas como técnicas.
            Esto debe permitir que el estudiante, además de saber el “cómo se hace”, comprenda también el “por qué” se hace. Le Mouël (1992, p. 30) expone que, en el campo de la gestión, el tomar demasiado partido por la acción, lo que expresa es un desprecio por el conocimiento, puesto que el centrarse inmoderadamente en la cuestión del ¿cómo?, actúa en detrimento del ¿por qué?, eludiéndose así la reflexión crítica necesaria para el progreso conjunto del pensamiento y la acción. De tal manera, en los párrafos subsiguientes se trata de dejar planteado el problema que enfrenta –en su carácter epistémico– el abordaje de la enseñanza de las teorías de la Administración. Esto se hace por dos razones: primero, es fundamental conocer las ausencias estructurales en la conformación de un saber particular, para elucidar carencias epistémicas y aproximar soluciones o prescripciones, y, segundo, porque lo pedagógico se erige al servicio del saber (y no al contrario) .
            Siguiendo a Barragán (1998, pp. 14-15), empecemos por introducir que la epistemología, asumida como una teoría de la ciencia, se encarga del estudio de las diferentes condiciones de los conocimientos objetivos o verdaderos. Su interés es la búsqueda de objetividad del conocimiento y la forma como este se construye y estructura en una ciencia particular, de ahí que se ocupa de la naturaleza y los límites del mismo.
            La epistemología se preocupa por los datos constitutivos del conocimiento humano para determinar a partir de ellos su valor; por eso los juzga, los critica y los fundamenta Por su parte, Hoyos (1980, pp. 51-52) explica que la epistemología tiene como objeto inmediato los problemas de las ciencias, como son su estatuto teórico, sus presupuestos, el sentido de validez de sus juicios, sus alcances y la problemática de sus aplicaciones en la sociedad concreta. Por lo tanto, en razón a tales planteamientos, la condición epistemológica de la Administración debe referirse a la manera como se constituye el conocimiento formal de la disciplina, a su esencia, alcance y exigencias científicas.
            Es de advertir que la búsqueda de una explicación epistémica para la Administración ha sido objeto de múltiples abordajes que aún no han entregado resultados concluyentes. Ha sido común observar un surgir de posiciones polarizadas que sustentan la Administración a partir de la simbiosis entre la ciencia, la técnica y el arte, sin lograrse un acuerdo satisfactorio5 . Referenciando a Morris (1974, p. 74), “se hace evidente una considerable historia de confusiones que rodean los diferentes esfuerzos por asociar el concepto de Administración con el de ciencia”, distorsionándose su sentido epistémico hasta el punto de reducir las explicaciones en el ámbito de la técnica y hasta del arte. A este propósito, López (1999, pp. 21 y ss.) escribe que esta discusión se ha alimentado con planteamientos por un lado de la escuela anglosajona, centrada en lo pragmático y consuetudinaria a la herencia ingenieril, y por otro con la escuela germana, focalizada en el rigor científico y sustentada en la sociología y la economía.
            Pero quizá la problemática epistémica de la Administración sea la misma que enfrentan las ciencias sociales en general. Según Mardones (1991, pp. 19-57), el campo de la filosofía de las ciencias sociales alberga un debate polémico, ya que no existe consenso respecto a la esencia de las ciencias del espíritu o humanas, constatándose una carencia epistemológica.
            Para él, “las diversas posturas se reducen a proponer un modelo de explicación científica según el canon de las ciencias naturales (positivismo) o un modelo diferente donde se acentúa la peculiaridad del objeto socio- histórico, sicológico y el modo de aproximación a él (hermenéutica, fenomenología, dialéctica, lingüística...)”. Con Mardones se observa cómo las ciencias sociales, buscando legitimarse científicamente, han apelado indebidamente al método de las ciencias de la naturaleza, ya que las explicaciones científicas en este campo no deben ser rastreadas exclusivamente en términos causalitas  (tradición aristotélica), o en términos teleológicos (tradición galileana). Para este autor hay que dar lugar incluso a un postulado de la complementariedad a fin de lograr concreciones metodológicas más justificadas.
            Asimismo, se refieren las ideas de Chanlat (2002, pp.19-28), para quien las ciencias sociales surgen como la facultad para explicar los fenómenos de las sociedades que vivencian  profundas mutaciones. Dice el autor que “desde el comienzo y a lo largo de la historia, las ciencias sociales han oscilado entre dos actitudes con respecto al estudio científico de los fenómenos humanos: de una parte una posición naturalista, objetivista, causalista y cientificista y, de la otra, una posición humanista, subjetivista, finalista y comprensiva”. La primera, con Comte como su representante, intentaba una explicación positivista siguiendo el modelo de las ciencias naturales, y la segunda, con Dilthey a la cabeza, intentaba una emancipación del paradigma de la “física social”.
            Al igual que Mardones, Chanlat emite la apreciación de la complementariedad en la concepción científica de las ciencias sociales. Así escribe: “más allá de los acalorados debates que estas dos visiones puedan suscitar, cada una de ellas participa, a su manera, en la definición de las exigencias científicas propias de las ciencias sociales. Se comprende entonces que las ciencias humanas, por razón de su objeto que es también y ante todo un sujeto social-histórico, tienen características singulares y, al mismo tiempo, intenciones que comparten con las ciencias naturales”.
            De otra parte, es importante referenciar las ideas de Le Moigne (1997, pp. 163-185), quien expone que las ciencias de la gestión han experimentado obstáculos históricos para sustentar una identidad epistemológica que legitime su estatus científico, especialmente por los paradigmas positivistas que incluyen los cánones hipotético-deductivos propios de las ciencias naturales.
            Por lo tanto, para este autor, la aparente incoherencia epistemológica de las ciencias de la gestión no está en la disciplina per se sino en los positivismos que toma como referencia.
            Por extensión, se concluye entonces que uno de los mayores inconvenientes que enfrenta la Administración corresponde a los intentos “romanticistas” de vincular su carácter científico con los imperativos del positivismo naturalista, que concentra su observancia epistemológica en la óptica del paradigma matematizable de la ciencia (Cornella, 1998; Chevallier y Loschak, 1980).
            Empero lo anterior, las dificultades epistémicas para consolidar el saber administrativo no se deben únicamente a su heredad en el ámbito de las ciencias sociales. También radican en la forma como históricamente se ha construido su conocimiento. Si bien han existido desarrollos serios que se condensan en teorías, la ruptura epistémica se da en el momento en el cual aparecen las llamadas “modas” administrativas que no alcanzan el estatus de una teoría sólida. Partamos de reconocer que el conocimiento se consolida, en buena parte, con base en teorías. A través de la conformación de una teoría, el conocimiento va adquiriendo una coherencia interna que permite configurar el saber en una ciencia –o disciplina– particular.
             De acuerdo con Le Mouël (1992, p. 28), “una teoría es un conjunto de conceptos abstractos en cuyo interior, por medio de ciertas reglas de combinación y deducción, es posible concluir en la necesidad o probabilidad de algunas configuraciones igualmente abstractas que se considera representan a los fenómenos”. Christensen y Raynor (2003, pp. 55-62) exponen que la elaboración de una teoría sólida se da en tres etapas. Inicia con la descripción de un fenómeno que desea entenderse, luego se clasifican los aspectos de dicho fenómeno en categorías, para terminar formulando hipótesis de lo que causa el fenómeno y por qué. De su confiabilidad en la explicación, se pasa de comprensiones tentativas a predicciones confiables.
            Por consiguiente, podría decirse que la mayor consistencia epistemológica de la Administración radica en aquel saber que ampara una noción más estructural, rigurosa y racional en el ámbito del conocimiento formal y significante. Pese a que la elaboración de una teoría en la Administración se constituye en un evento problemático (Pfeffer, 2000, pp. 269-271), hay que reconocer que este saber se encuentra condensado en la categoría de las teorías de la Administración (organizacionales- administrativas), las cuales fundan la disciplina administrativa. Disciplina aquí se asume en la idea de Foucault (1970, p. 299), para quien corresponde a “un conjunto de enunciados que copian su organización de unos modelos científicos, que tienden a la coherencia y a la demostratividad, que son admitidos, institucionalizados, transmitidos y a veces enseñados como unas ciencias”.
            Con base en este planteamiento foucaultiano, puede asumirse que la Administración, como disciplina del conocimiento, se fundamenta en teorías que citan los aportes al saber administrativo que de cierta manera han tenido claridad sobre su objeto de estudio, cuyos postulados han sido objeto de validaciones empíricas, que han adquirido cierto grado de respetabilidad académico-histórica, que han tenido reconocimiento universal por sus regularidades en las explicaciones de los comportamientos humano-organizacionales, y que requieren sustentarse en otras ciencias (humanas económicas) debido a su carácter ecléctico. Cabe destacar entonces aquellas contribuciones que han intentado definir el constructo teórico de la Administración, a partir de aproximaciones de carácter hermenéutico sobre su objeto de estudio. Justamente se cuentan dos vertientes que se conmutan entre sí: la teoría administrativa y la teoría organizacional. La primera, enfatizando en el hombre y su comportamiento como gestor y gestionado, acopia los aportes que han intentado explicar el fenómeno administrativo desde lo estructural-funcional, mediante aproximaciones de tipo mecanicistas y normativas; y la segunda, enfatizando en la estructura y el proceso, fundamenta las ideas en torno al carácter conductual de los individuos en las relaciones dirigente-dirigido, mediante aproximaciones sicológicas, sociológicas y políticas. Ambas teorías, a manera de eventos autológicos6 (Foerster, 1996, p. 140), intentan explicar la condición del sujeto que administra la organización (de la cual él es parte integral), en un acuerdo contractual –entre el poseedor del capital y el administrador– por la rentabilidad de su inversión .
            En esta perspectiva, el vacío espitémico de la Administración se da cuando empieza a disminuirse el desarrollo del conocimiento –según la validación de teorías en las categorías administrativa y organizacional ya referidas– y cuando casi simultáneamente hace su surgimiento la ideología administrativa. A continuación se explica este acontecimiento en una idea sucinta.
            La Revolución Industrial, a finales del siglo XIX, caracterizada por la utilización de la gasolina y la electricidad como fuentes de energía, la industrialización del acero, la modernización de las comunicaciones, el perfeccionamiento del ferrocarril, el desarrollo de la aviación y la consolidación del capital financiero, representó el hecho histórico que marcó el surgimiento de la gran empresa industrial, sobre todo en países como Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Francia (Martínez, 2002). Ante la ampliación de los mercados y el aprovechamiento de las oportunidades de comercialización, estas industrias centran sus objetivos de negocio en la producción y la mayor eficiencia.
            Es así como se empezaron a gestar los primeros análisis que condujeran a sistematizar prácticas racionales de Administración. De este modo, subyacen esfuerzos de teorización con base en diversas aproximaciones para explicar los fenómenos de la Administración. Se cuentan así las aproximaciones de tipo normativo, esforzándose en descubrir las reglas y “normas” que la Administración debe observar y seguir, las aproximaciones sicológicas focalizadas en el análisis de la conducta individual de los agentes organizacionales, las aproximaciones sociológicas analizando a la organización como una estructura de relaciones sociales (De Bruyne, 1973), y las aproximaciones sistémicas y contingentes que han dado lugar a metateorías en el marco de la complejidad.
            Podría decirse que desde su surgimiento precoz en el ámbito de la Revolución Industrial, la Administración se ha nutrido con el desarrollo de tales teorías, las cuales de alguna manera han permitido vislumbrar un sustento epistemológico más o menos acertado. Sin embargo, a partir de la última mitad del siglo XX, el desarrollo teórico de la Administración es opacado –infortunadamente para su condición epistémica– por la introducción acelerada de una serie de fórmulas que orientan cómo lograr el éxito empresarial mediante la mejor manera de gestionar (Chanlat, 2002, p. 32; Jackson, 2003, pp. 42-45).
            Discursos como la reingeniería, el aprendizaje organizacional, la gestión del cambio, las competencias, TQM, EVA, BSC, entre otros (la lista es abrumadora), responden a la inventiva de autores que intentan seudoteorizar en el campo de la administración, a partir de soluciones a problemas suscitados en culturas particulares y en momentos históricos específicos, cuya efectividad no es tan demostrable en otros contextos. “La obsesión por estudiar las compañías exitosas y sus ‘mejores prácticas’ es una de las principales razones por las que las modas y trivialidades en el management vienen y van con una regularidad tan alarmante” (Christensen y Raynor, 2003, p. 60).
            Aparece así la ideología en el campo de la Administración, eclipsando el desarrollo de la teoría. Por ideología se entiende un sistema de representaciones, ya sean imágenes, mitos, ideas o conceptos, que entrañando una lógica y rigor propios, está dotado de una existencia y de un papel histórico en una sociedad determinada, y cuya función práctico-social es más importante que la función teórica o de conocimiento que caracteriza a la ciencia (Althusser, 1967, p. 191). En consecuencia, ante la disminución de los trabajos que permitieran teorías consolidadas, la Administración empieza a experimentar serias carencias epistémicas, en especial por el advenimiento de discursos construidos como ideología, y que alegóricamente se conocen como las “modas administrativas”. Así las cosas, el conocimiento en Administración ha de ser objeto de una serie de intenciones conceptuales que han pretendido su construcción epistemológica, pero que sólo han representado una producción fructífera de retóricas carentes de coherencia y de estatus teórico, ante la falta de una definición clara del objeto de estudio . Asumiendo la idea de Chanlat (2002, pp. 24-28), para quien las exigencias científicas de una disciplina social corresponden a su capacidad de describir, explicar, comprender y evaluar los fenómenos, puede fácilmente deducirse que la ideología administrativa adolece de tales capacidades.         Una investigación seria requiere la formulación de hipótesis profundas para ser validadas en un lapso amplio de tiempo, frente a lo cual las “modas” administrativas caen en la arbitrariedad de introducir las respuestas, antes de realizar la investigación (Jackson, 1994, p. 16).
            Aparecen así ciertos “paracientíficos” de la Administración, aquellos que Huczynski distingue como gurús, ya sean académicos, consultores o directivos-héroes (citado por Jackson, 2003, p. 39), quienes han intentado “axiomas” para consolidar un estatuto teórico propio, introduciendo una serie de paradigmas que a lo sumo no han trascendido de ser más que un laboratorio de enfoques a partir de los elementos básicos de planeación- organización-dirección-control. Según Cruz Kronfly (1982, p. 9), “tal pareciera como si para algunos, la administración no fuese más que un conjunto de técnicas para enseñar a planear, organizar, dirigir, integrar y controlar las organizaciones, con lo cual quedaría reducida al proceso administrativo mismo”10 . (Es de entender que el proceso administrativo significa la técnica de operacionalización del conocimiento en administración. Configura la parte instrumental del saber administrativo, que procede del conocimiento emergente de las teorías organizacional y administrativa.
            Así, hay que atender que lo epistémico corresponde a la consolidación del saber y no a su aplicabilidad). Sin embargo, varios de los enfoques se originan en prácticas de gestión que se construyen como producto de la aplicación del proceso administrativo, sin observancia de lo teórico. Tal es el caso de ideologías como el hoshin kanri, la gestión por objetivos, la gerencia participativa, la administración por procesos, entre otras, que han cobrado vida desde la vivencia gerencial para instituirse como seudoteorías.
            Son el resultado de la sistematización de la experiencia de empresarios en sus prácticas de terreno, quienes, aprovechando el respaldo de su corporación (llámese GM, Toyota, Microsoft…), intentan generalizar sus propias concepciones sin una validación universal y desconociendo que su implementación se da en circunstancias particulares y en contextos específicos. Siguiendo a Christensen y Raynor (2003, pp. 55-62), en su interés de encontrar fórmulas que aseguren el éxito de las empresas, los gerentes aplican eufemismos teóricos (modas administrativas) que han sido efectivos en otros escenarios, pero que pueden carecer de una descripción amplia y cuidadosa de los fenómenos, y de la expresión en categorías que impliquen una inferencia universal de regularidades. Asimismo, la aversión a lo teórico lleva a desconocer la relevancia que tiene el análisis de causalidades por encima de la simple correlación entre atributos y resultados del fenómeno que se observa. La adopción de “recetas” sin un estatus de teoría, más que el éxito, puede traer el fracaso para la empresa.
            En este sentido, Villegas (1996, p. 55) expone que actualmente existe una avalancha de tecnologías blandas que se aplican indiscriminadamente a realidades sociales totalmente distintas a las de origen. Igualmente, López (1998, p. 79) escribe que “se ha incurrido en el error de razonamiento que Cohen y Nagel (1971) recogen como errores de contexto, que consiste en hacer extensivas sin las debidas cautelas, las explicaciones correctas en un lugar o ambiente a otros distintos.
            El error de contexto propicia que la implantación de propuestas administrativas exitosas en otros contextos y situaciones, se lleve a efecto de manera mecánica y acrítica, sin tener en cuenta la situación en la cual se hace la implantación”. Este es quizá uno de los mayores inconvenientes que enfrentan las empresas. En lo que Le Mouël (1992, p. 120) ha calificado como la internacionalización de la gestión, muchos de los modelos teóricos son elaborados en ambientes culturales foráneos,
que se importan y aplican sin las debidas cautelas. De manera que en una sociedad de organizaciones cada vez más complejas, tratar de adoptar modas administrativas, fragmentadas y antagónicas entre sí, como la “revelación” de la gestión, implica una visión reduccionista de la Administración. En cadencia con el cambio, va apareciendo una colección de “proverbios”, cuyos resultados son parciales y circunstanciales, pues su identidad común es “el empirismo a ultranza y el cortoplacismo como recetas de éxito” (Romero, 1998, p. 31). Si bien en todas las organizaciones se pretende la búsqueda de la mejor fórmula para administrar y lograr la eficiencia (the best way, en la idea taylorista), no resulta aceptable conjugar múltiples técnicas sin un estatuto epistemológico que las sustente. Se gesta, entonces, “una jungla de la administración” (Koontz, 2002, p. 17), que evidencia una pluralidad de criterios que hacen difícil asumir en un único enfoque la filosofía de la Administración . Cada uno de ellos propone conceptos administrativos cuyos patrones dominantes carecen de claridad y de una línea de pensamiento que sustente sus planteamientos teóricos.
            En el propósito de encarar la complejidad que reviste la gestión de las organizaciones, el sometimiento de la Administración a esta serie de idealizaciones conceptuales, no ha logrado los resultados anunciados. Esto ha implicado que la Administración sea entendida más en términos de actividades, que como un arreglo teórico de enunciados que prescriben el “hacer”, corriéndose el riesgo de convertirse en una práctica sin observancia teórica.
            Del mismo modo, los “gurús” que se han ocupado de la Administración, han desarrollado diversas metáforas, ambicionando formalizar una regularidad y racionalidad de aplicación genérica. Ante esto, Cornella (1998, p. 11) advierte que “el uso de metáforas es común en todas las ciencias.             Pero el problema de su utilización en el management sea quizás que se aplica antes de que éste haya encontrado sus principios básicos. Las metáforas se convierten, entonces, en estimulaciones puntuales en la trayectoria del management como disciplina que sería más zigzagueante y errática que las otras disciplinas que parten de unos principios establecidos”.
            Los intentos de establecer relaciones con el mundo biológico, físico-químico y sociocultural han alejado a la Administración de la búsqueda de sus nociones esenciales e identidad. Las diferentes formas de pensarse las organizaciones, como máquinas, como organismos vivos, como cerebro, como fenómeno cultural, como institución política, como cárcel psíquica, o como proceso de dominación y cambio (Morgan, 1998) entrañanun pluralismo ideológico que ha dado lugar a concepciones de la administración poco claras y aun por desarrollarse. De acuerdo con Ghyczy (2003, p. 73), es atractivo para los negocios extraer lecciones empresariales de otras disciplinas como la guerra, la biología o la música, pero el entendimiento de la realidad a través del modelado en metáforas, significa un proceso endeble en la esfera del discurso racional.
            A toda esta panorámica se suma que muchas de las carencias teóricas que enfrenta el conocimiento administrativo se deben también en buena medida a la literatura derivada de consultores, quienes documentan el producto de sus intervenciones en los conocidos best seller que son comercializados como los mejores métodos de gestión, cuya observancia garantizará el éxito empresarial –y que además son usados peligrosamente, como fuente bibliográfica formal en los procesos de enseñanza–. Para Jackson (2003, p. 46), “gran parte de la información contenida en los libros de los gurús proviene de experiencias y observaciones directas de los autores. Los best sellers son descaradamente subjetivos y anecdóticos en su enfoque”.
             Es así como el afán mismo por justificar e introducir la “receta ideal” para administrar las organizaciones, ha llevado a que los académicos desvíen el análisis de la Administración desde sus supuestos teóricos, y se limiten a explicaciones desde la concepción pragmática. “Seguir las novedades y la moda sin cierto sentido de una agenda de investigación teórica capaz de resistir el acoso de la novedad y la unicidad, ocasiona problemas en el desarrollo del campo de estudio” (Pfeffer, 2000, p. 266). En este sentido, el conocimiento en Administración tiende a estructurarse más desde la perspectiva operativa que entraña la gestión, eludiéndose la atención con respecto a la discusión teorética.
            Así pues, de todo lo hasta aquí plasmado, se deriva que la mayor dificultad que enfrenta la enseñanza de las teorías de la Administración está ligada a la identificación y entendimiento de aquello que realmente alberga un sustento epistémico. Y ésta es sin duda una labor a enfrentar desde los procesos formativos. Urge la necesidad de edificar el conocimiento administrativo sobre lo teorético, moderando el influjo técnico propio de la gestión. Es capital discernir la diferencia entre teorías de la Administración y enfoques o “modas” administrativas, para atenuar el mayor énfasis instrumental en la enseñanza. Efectivamente, lo teórico debe dar vida a lo empírico y no al contrario, puesto que no es admisible enseñar como teoría aquello que banalmente es ideología –y las modas administrativas no son más que retóricas que no alcanzan la consistencia de una teoría–.
            En síntesis, el conocimiento administrativo se enfrenta a la exuberancia de discursos ideológicos –y hasta ortodoxos– que distorsionan y tornan imprecisos los argumentos epistémicos de significancia, situación que es necesario advertir en la educación teorética de la Administración. No apunta esto a censurar la doctrina de las racionalidades técnicas, ya que sin duda, en la formación de administradores, la dualidad teoría-práctica no es excluyente ni ambivalente, pues simbólicamente son dos “caras de una misma moneda”. Lo que se sugiere aquí es que para vencer las limitantes epistémicas en la enseñanza de las teorías de la Administración, es preciso alejar los enfoques pragmáticos propios de ser enseñables como gestión, gerencia o management.

Administración y pedagogía: una posibilidad

“Id donde esté la gente. Aprended de ella. Mostradle su amor. Partid de lo que ya sabe. Construid sobre lo que ya ha hecho. Y cuando hayáis terminado vuestra tarea, sabremos que hemos sido exitosos cuando ellos digan: lo hicimos nosotros mismos”. PREMISA CONSTRUCTIVISTA

            El nuevo siglo trajo inherente una avalancha de cambios a todo nivel, que demarcan una nueva dinámica mundial. Rodríguez (1999) expone entre los más significativos el ocaso del bipolarismo como eje de la distribución política mundial, la revolución informática con sus efectos en el mundo del trabajo, la globalización del intercambio, la hegemonía del neoliberalismo económico y la interdependencia de los mercados financieros.
            La educación superior no se sustrae a la realidad de nuestro tiempo. La mayor internacionalización y movilidad académica exigen prácticas de formación integrales y de calidad, que estén acordes a este nuevo escenario. Para Pérez (2002, p. 19), hay tres grandes impactos actuales sobre el mundo académico, que están influenciando radicalmente la demanda y la provisión de los servicios de la educación superior. Ellos son: la emergencia de la sociedad de la información (que está transformando la naturaleza del trabajo y de la organización de la producción), el fenómeno de la mundialización (que incide sobre las posibilidades de creación de empleo), y la revolución científico-técnica (que crea una nueva cultura y que plantea acuciantes cuestiones éticas y sociales).
            Para hacer frente al complejo ambiente mundial, las universidades en lo curricular investigan y definen el perfil del profesional en Administración requerido para responder a los retos que demanda la sociedad globalizada y lo asumen como el referente para orientar posibilidades formativas. Igualmente, obtienen la información del entorno, sobre todo la referida a tendencias del ejercicio profesional y el anclaje laboral, como insumo para discutir propuestas pedagógicas (Calderón, 1995).Si bien esta labor refrenda la contemporaneidad de los procesos académicos, es de entender que la reflexión pedagógica es un evento endógeno, que debe iniciarse en el terreno mismo del aula de clase, en donde, mediante la correlación docente-discente, se forma el futuro profesional.
            Así, en medio de la red conversacional que se teje en el colectivo aula, el docente debe empezar a pensar esta pregunta problemática: ¿cómo seducir al estudiante para que comprometa su interés en la incorporación del conocimiento? El qué y el cómo –la enseñabilidad y la enseñanza– son manifestaciones propias del evento educativo, que conllevan a negociaciones tanto cognitivas como culturales. En esto, sus protagonistas (docente-estudiante) establecen relaciones dialógicas que mediante un acuerdo encierran la probabilidad del aprendizaje. Pero, ¿de qué manera se logra este acuerdo?
            Partiendo de los anteriores interrogantes, lo que sigue es un intento de reflexión sobre lo pedagógico, que a la vez permita elucidar una posibilidad para la enseñanza de las teorías de la Administración. A modo de introducción, valga retomar textualmente a Handy (1993, p. 49), quien escribió: el hombre que estaba frente a la clase dijo “ahora, aprendan esto” y escribió una ecuación en el pizarrón. Los alumnos la copiamos en nuestro cuaderno. Tres meses después, la volvimos a copiar en la hoja de examen. Si la segunda vez la transcribíamos igual que la primera, significaría que la habíamos aprendido [...]. Ese fue mi primer concepto de aprendizaje. Posteriormente vine a darme cuenta que no había aprendido en la escuela nada que ahora pudiera recordar excepto esto: que alguien ya había resuelto todos los problemas y que la respuesta estaba en algún libro o en el cerebro del maestro. El aprendizaje parecía ser la transferencia de respuestas de ellos hacia mí .
            Sin duda que aquí se encuentra un llamado de atención a la hora de encarar la enseñanza de cualquier saber. Reducir arbitrariamente los procesos de aprendizaje al transmisionismo reproductivismo, supone un estado terminal del conocimiento, que impide el rastreo de nuevos sentidos y significados para los problemas cognitivos. La enseñanza unidireccional ubica al docente como el único dotado de sabiduría y al estudiante como imbuido en la ignorancia.
            En este esquema, se desconoce que el conocimiento es afín a una red autopoiética, en donde las soluciones a los problemas dan origen a nuevas encrucijadas, en un ejercicio iterativo de discusión. Precisamente el objeto del conocimiento está en la búsqueda incesante, por lo cual el docente debe motivar a sus estudiantes a la vocación por la curiosidad, por la indagación, por la pregunta. Según Badillo (2000, p. 115), la práctica pedagógica que históricamente se ha asociado con aprendizaje mecanicista y repetitivo, en el que la acción cognoscitiva se limita a “archivar en la memoria neurofisiológica definiciones y discursos”, evidencia serios inconvenientes que perjudican la creatividad.
             Frente la emergencia de procesos formativos flexibles y autónomos, se hace necesario que el docente, además de calificarse permanentemente en el conocimiento propio de su disciplina, encare una reflexión pedagógica que le motive a descubrir los caminos apropiados para coadyuvar la apropiación del conocimiento en sus estudiantes. Esta introversión es substancial para acercar la inteligibilidad de la relación docente-estudiante; más aun si se tiene en cuenta la cuasi ausencia de espacios de discusión sobre lo pedagógico por parte de los maestros universitarios.
            Para ello se debe partir de aceptar que la pedagogía es más que un simple evento instructivo. Implica todo un proceso de formación que, en la óptica de Delors (1998), se estructura en torno a cuatro pilares de los cuales subyace el conocimiento: aprender a conocer (comprensión), aprender a hacer (influencia en el entorno), aprender a vivir juntos (cooperación-fraternidad) y aprender a ser (autonomía-juicio-responsabilidad). Hacia estas dimensiones deberá apuntar el rol docente.
            Un aprendizaje significativo será aquel que además de competencias cognitivas y técnicas, entregue a los estudiantes elementos para ser mejores individuos en su sociedad. Para iniciar esta labor de reflexión pedagógica es evidente que existen varias alternativas. Diversos trabajos investigativos han buscado explicar cómo los sujetos acceden al conocimiento. Tales aportes dan una explicación de las manifestaciones conductuales y los patrones cognitivos del ser humano en los procesos de aprendizaje, que sirven de referente para apoyar el proceso formativo.
            Entre ellos, valga destacar el constructivismo cognitivo como una posibilidad paradigmática en la búsqueda del saber. Este enfoque afirma que el sujeto construye su propio conocimiento desde el interior, a partir de estrategias y estructuras cognoscitivas, en una actividad mental que está en interacción permanente con el entorno. De esta manera se propicia un aprendizaje en espiral, caracterizado por la asociación docente discente, que acompañado del entendimiento empírico heredado de la interacción cultural, genera nuevos conceptos de reflexión que se apoyan en el pre-saber, para a través de la tríada conceptualización-contextualización- comprensión, lograr madurar las capacidades de los estudiantes.
            En esta perspectiva, para Piaget (citado en Coll, 1994), el proceso de construcción del conocimiento no es el resultado de una mera copia de la realidad preexistente, sino de un proceso dinámico e interactivo a través del cual la información externa es interpretada y reinterpretada por la mente que va construyendo progresivamente modelos explicativos cada vez más complejos y potentes. Para este autor, conocemos la realidad a través de los modelos que construimos para explicarla, siempre susceptibles de ser mejorados o cambiados.
            En este enfoque se puede concluir que el aprendizaje ocurre cuando el estudiante es capaz de relacionar, de manera no arbitraria y sustancial, la nueva información con los conocimientos y experiencias previas que posee en su estructura de conocimientos, a través de la mediación del docente.
            Si se acepta como válida la anterior exposición, el inicio del camino con respecto a la enseñanza de las teorías de la Administración estaría en la dirección de una imprescindible innovación del rol docente, inherente a un cambio de paradigma, desde un énfasis en la transmisión de conocimientos a un énfasis en la construcción del saber, invistiendo al estudiante de autonomía y caracterizándolo como artífice de su formación, de modo que sea él quien se automotive-conscientice hacia la indagación del conocimiento y alimente actitudes reflexivas, críticas y argumentativas que dinamicen su aprendizaje, conjuntamente con el ejercicio de una responsabilidad intrínseca.
            De acuerdo con Monroy (1996, p. 101), “el aula de clase debe ser concebida como un espacio social para la democracia, además de ser un espacio científico que permita conjuntamente coadyuvar en el autoconocimiento del estudiante”. En este sentido, la enseñanza de las teorías de la Administración debe motivar la participación, buscando que la discusión y el debate contribuyan a la incorporación del conocimiento y al cultivo de valores. Tales consideraciones conllevan a que el docente identifique al alumno como un interlocutor válido de una acción comunicativa, desvirtuando los prejuicios que ubican a profesor y estudiante en polos diametralmente opuestos, y por el contrario, se reconoce una toma de conciencia de doble vía, en donde el docente asume que el estudiante está dotado de un pre-saber y el estudiante reconoce que el docente valida el diálogo intersubjetivo; acciones que conducirán al acuerdo cognoscitivo.
            Es de advertir, sin embargo, que la interacción de los dos actores puede implicar un conflicto de saberes, debido a ideas y conceptos con poca consistencia argumentativa. Ante esto, el docente como protagonista –focal– del acto formativo y como conocedor de la disciplina administrativa, debe buscar encauzar soluciones asertivas según la lógica de la razón, de modo que se logre una negociación y acuerdo relevante, que en esencia justifique la evidente eficacia en la construcción del aprendizaje.
            En este esquema, además, el docente debe acometer otra función esencial: transformar la enseñanza de las teorías de la Administración en un formato en el cual converjan sincrónicamente tres dimensiones: una acción epistémica, dada por el dominio del saber y su justificación telética; una acción axiológica fundamentada en un proyecto de valores por negociar-construir en un contexto cultural dado; y una acción praxeológica –integradora de las dos anteriores– que se sustenta en la operacionalización del conocimiento en coherencia con el comportamiento.
            La conjugación de las dimensiones teórico-ético-práctica (saber-ser-hacer) encierra la posibilidad de un aprendizaje significativo, lo cual está en correspondencia con la invitación que hiciera la Unesco (Delors, 1998) para reflexionar en torno a la educación para el siglo XXI. Ahora bien, aceptando como una posibilidad pedagógica el anterior referente conceptual, en el ámbito específico de la enseñanza de las teorías de la Administración, cabe plantear unas consideraciones adicionales, que aunque albergan un matiz más procedimental, son de especial atención en una apreciación teleológica de lo curricular.
            Primero, en materia del contenido de la enseñanza referido a las teorías de la Administración, podría decirse que la presentación de las teorías ha respondido a una cierta sucesión de hechos –que incluso se ha manualizado en los “libros de texto”19 –. Si bien esta linealidad, debida a la exposición del saber administrativo por periodos de tiempo, es una característica de este campo disciplinar, el llamado de atención es a realizar análisis más dinámicos relacionados con las conexiones conceptuales, los atributos semejantes y las influencias transversales entre teorías, buscando que los estudiantes adquieran una visión holística e integral del pensamiento administrativo.
            Segundo, recordando lo expresado anteriormente, la Administración se entiende desde dos perspectivas: de un lado, las teorías de la Administración (organizacionales- administrativas) que son fundantes del conocimiento del cual emerge la disciplina, y, de otro, el saber técnico que se materializa en la gestión. Se dijo aquí que ambas connotaciones deben entenderse como una unidad en sincronía (la teoría deviene en práctica). Sin embargo, la falta de atención a este razonamiento ha conllevado una visión fragmentada en la formulación curricular para la enseñanza de la Administración, pues el marcado énfasis instrumental hacia los negocios ha afianzado la enseñanza de técnicas y herramientas, despreciando un mayor sustento teórico –se ha privilegiado la acción en detrimento del conocimiento (Le Mouël, 1997, p. 28)–. Es substancial comprender que en la invención-evolución del pensamiento administrativo se halla el rigor teórico que entrega al estudiante los elementos para el “saber hacer”, por lo cual debería existir mayor ponderación de las asignaturas que se refieren a las teorías de la Administración.
            De esta manera, y asintiendo como hecho medular la preeminencia del conocimiento como bastión de la técnica (Administración vs. Gestión), el plan de estudios debería estructurar al menos tres ambientes para la enseñanza de las teorías de la Administración .
            El primero comprendería los orígenes de la Administración –indicios y formas primitivas, su evolución hasta los esbozos administrativos de la economía clásica (Smith, Ricardo ...), los precursores de la Administración (Owen, Babbage, Towne, ...) y las primeras manifestaciones de la sicología industrial (M. P. Follet, L. Gilbreth, ...).
            El segundo incluiría pensamiento clásico (Taylor, Fayol, Urwick, Gulick,...), enfoque burocrático (Weber,), teoría de las relaciones humanas (Mayo, ...), aportes behavioristas (Maslow, Herzberg, McGregor, ...), teoría de sistemas (Kahn, Katz, Forrester...) y enfoque de contingencias (Lawrence, Losh, Woodward, ...).
            El último reuniría otros aportes conceptuales, quea unque tengan un dudoso estatus de teoría, revisten un tratamiento solemne de las dinámicas administrativo- organizacionales: el institucionalismo (Chandler, Sloan, Mintzberg...), la administración por objetivos (Drucker, Odiorne, ...), el conductismo organizacional (Barnard, Lewin, ...), el desarrollo organizacional (Bennis, Blake, Mouton, ...), la calidad total (Deming, Ishikawa, Juran, ...), el estructuralismo (Etzioni, Parsons, Strauss, ...) y el paradigma de la complejidad (Morin, Foerster, Beer, ...)21 .
            La anterior prescripción podría calificarse como contenciosa e insensata, pero precisamente lo que se quiere insinuar es la importancia de una fundamentación más teórica en la formación del administrador, atenuando el mayor énfasis instrumental.
            Finalmente, para complementar las consideraciones expuestas hasta el momento, no deja de inquietar la manera como se operacionaliza la búsqueda cognitiva. Empero ésta es una circunstancia meramente metodológica que concierne al quehacer docente y que se ampara en la libertad de cátedra; no por ello resulta inasequible una revisión sutil acerca de los métodos para apoyar el trabajo pedagógico.
            El método23 es “un principio de organización y ordenación del trabajo docente de acuerdo a un fin preestablecido, configurado sobre la marcha del sistema educativo y ajustado además a las leyes intrínsecas y a las exigencias de cada materia” (Restrepo, 1986). El método es el vehículo fáctico a través del cual el docente dotado de una actitud pedagógica particular, traduce el conocimiento al estudiante para facilitar el aprendizaje.
            El método encarna una estrategia de enseñanza, que responde a un enfoque teórico de cómo se lleva a la práctica la discusión por el conocimiento. Tradicionalmente, la estrategia de aprendizaje por recepción (exposición magistral) ha dominado los ámbitos de clase y su trascendencia histórica la ubica como un protocolo de difícil desapego. No obstante, son cada vez más utilizadas las prácticas cimentadas en otras estrategias como el aprendizaje por descubrimiento, el constructivismo y las modernas NTIC (Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación), que se individualizan o combinan para el logro de los objetivos pedagógicos.
            A la luz de la pedagogía se han estructurado diversos métodos para materializar las acciones fundantes de cada estrategia, que han apoyado la enseñanza en los diferentes campos del saber. En el caso de la Administración, han sido recurrentes el método magistral, centrado en la autoridad y saber del docente; el método expositivo abierto, con el control por parte del docente, pero con una motivación hacia la reflexión y discusión grupal; el método de proyectos, que enfatiza la búsqueda de alternativas cognoscitivas mediante la realización y experimentación; el método de problemas, que busca el aprendizaje significativo mediante el planteamiento y solución de situaciones; el método de indagación, que acerca al estudiante a la investigación e incentiva la curiosidad intelectual; y el método de casos, concebido para argumentar y problematizar una realidad figurada.
            Cada uno de estos métodos ofrece sus propias posibilidades, según las circunstancias y características de un determinado tema, y solo desde su aplicabilidad se pueden señalar ventajas y desventajas. En particular, el método de casos ha sido la práctica más acérrima en las escuelas de negocios.
            La usanza ha demostrado que el método de casos se ha constituido en una herramienta para la enseñanza de la Administración, desde su introducción por la Universidad de Harvard.
            En su concepción pragmática, la Administración implica acción y por lo tanto desarrollo de habilidades de actuación frente a situaciones reales de las organizaciones. El rol del método de casos es precisamente poner en “escena” a los estudiantes, mediante simulaciones de la realidad. No obstante, algunos autores han coincidido en observar serias restricciones. Por ejemplo, Aktouf (2002) señala que este método evidencia deficiencias como el desarrollo lento de competencias, el hecho de asumir una madurez inexistente en el estudiante, el simplificar abusivamente las funciones empresariales y su presentación sesgada por el fuerte contenido ideológico. Citando a Friedrich, expone que “Si Harvard es el templo del método de casos, el método de estudio de casos es solamente una maquinación que aparenta realidad, es como un juego electrónico de jockey, que nunca podrá producir verdaderos jugadores de jockey” (Aktouf, 2002, p. 75).
            Este autor igualmente polemiza que la enseñanza de la Administración a través del método de casos es limitada solo a abstracciones de la realidad, subjetivizadas y relativizadas al criterio unidireccional de su elaborador. “Como en todo, el abuso es nocivo. Hacer de él a la vez, o casi, la teoría y la ilustración, el hecho y el concepto, el ejemplo y la generalización, es tan pretencioso como antiintelectual [...]. El caso debería conservar el papel de complemento, de auxiliar, de ilustración simple que nunca debió perder” (Aktouf, 2002, p. 79). En oposición, existen otros autores que justifican su bondad por considerar que prepara al estudiante para hacer frente a situaciones cotidianas de los empresarios y permite aprender actuando, ya que obliga al estudiante
a pensar de manera analítica, factual y reflexiva. De igual manera, lo exaltan como una alternativa (entre otras) para el despertar investigativo por su capacidad de describir, entender y explicar (Ramírez, 1999, pp. 13-27).
            Así pues, podría sostenerse que en tanto que este método no sea considerado como un medio tendencioso para la generación-configuración de un saber teórico, podrá emplearse como un ejercicio válido de discusión de saberes ya elaborados que ofrece buenas posibilidades. Para terminar, accediendo que sea dable asumir una propuesta de discusión-construcción, como alternativa para crear situaciones de incorporación del aprendizaje en la Administración, entonces, ¿cómo lograr materializarla en el ambiente de clase? Se torna necesario confrontar y armonizar la dupla teoría-práctica, con una pedagogía que proporcione al estudiante una visión integradora de las teorías de la Administración y sus implicaciones empresariales, propiciando que sea él quien desarrolle una actitud analítica, crítica y argumentativa.
            En concordancia con el esquema constructivista ya referido, subyace como inquietud pedagógica para dinamizar el proceso de enseñanza-aprendizaje de las teorías de la Administración, una intención simbiótica de manifestaciones hermenéuticas, explicativas y prescriptivas. Partiendo de las manifestaciones hermenéuticas – aquellas en las cuales se establece un diálogo con el texto para interpretar significados y dotar sentidos–, el estudiante realiza una exploración bibliográfica de los temas a tratar en clase, en una actividad extra aula acompañada de una guía de aprendizaje, cuyo objetivo es la incorporación de conocimientos previos.
            Una vez preparado el material consultado, se da lugar en el colectivo aula a las manifestaciones explicativas (explicitaciones-justificaciones-sustentaciones-relaciones), a través de la presentación individual y socialización grupal, con el objeto de acordar la construcción teórica acorde con la racionalidad del conocimiento.
            El ciclo termina con las manifestaciones de tipo prescriptivo (proposiciones-hipótesis-soluciones-generalizaciones- perspectivas), con homologaciones teórico prácticas, en aplicaciones a la realidad, en donde los estudiantes contrastan las teorías de la Administración en un ámbito organizacional real, problematizan sus supuestos y prescriben recomendaciones de adopción como cimiento de la acción gerencial. Esta fase permitirá superar las críticas que se hacen en torno al distanciamiento que existe entre la formación de administradores y su objeto de estudio (Christensen y Raynor, 2003). Frente a la complejidad, globalización y competitividad inherentes a los procesos de modernización de las empresas, está sentado que el futuro profesional en Administración debe poseer las competencias cognitivas y procedimentales para comprender los fundamentos, principios, teorías y modelos administrativos y de gestión, que le faciliten la consecución de metas y propósitos en el ámbito profesional e institucional, lo cual –de alguna manera– puede entrañar una posibilidad de logro a partir de las consideraciones aquí planteadas.

Conclusión

            La sociedad del siglo XXI, caracterizada por entramados de información que tornan borrosos los límites espacio-temporales, demanda profesionales en Administración que respondan a los requerimientos de la mundialización organizacional. La preparación y formación de personas idóneas en el saber administrativo y praxis gerencial, acorde a la dinámica del cambio, es un compromiso conjunto de docentes, educandos e instituciones.
            En consecuencia, los profesores deben afianzar los procesos formativos en la incorporación del conocimiento –del cual subyace la técnica–, de manera que los estudiantes validen que la gestión efectiva de las organizaciones se sustenta en las competencias que logren desarrollar en su vida formativa.
            Así, la enseñanza de las teorías de la Administración debe partir de la comprensión de su carácter epistemológico. Si bien la historia del pensamiento administrativo ha denotado una falta de claridad con relación a la concepción epistémica de la Administración, no es desdeñable que en las teorías administrativas y organizacionales se pueden hallar sustentos indemnes a la ideología de “gurús”, los cuales dan una explicación satisfactoria respecto a la naturaleza del conocimiento
administrativo, y que entregan los elementos para identificar la Administración como una disciplina de índole científica.
            El conocimiento en Administración se halla concentrado en enfoques y teorías; pero son estas últimas las que representan los constructos teóricos que reúnen las regularidades que validan el conocimiento en diferentes contextos. Dichas teorías se operacionalizan y homologan con la praxis a través de la gestión, que se constituyen en la expresión procedimental del conocimiento administrativo (y es en esta práctica donde pululan las modas).
            En correspondencia con lo anterior, la expresión pedagógica para la enseñanza de las teorías de la Administración parte de admitir que los procesos de enseñanza- aprendizaje son mutuales y en ellos confluyen docente-discente en interacciones dialécticas que permiten descubrir el conocimiento, a partir de los preconceptos y la socialización, discusión y argumentación del saber.
            Es así como el aprendizaje debe ocurrir mediante la generación de espacios de diálogo constructivo, en los cuales el docente, con criterio tolerante y sensato, reconoce la mente del otro (estudiante) y propicia la adopción de competencias mediante manifestaciones hermenéuticas explicativas-prescriptivas, soportadas en diferentes acciones metódicas y factuales.






UNIDAD 2: Fundamentos pedagógicos teóricos y metodológicos de la administración y la organización.

Tema 1

Fundamentos del Saber Administrativo


RESUMEN

            El presente texto tiene por objetivo delimitar, de manera general, algunos de los conceptos más importantes del saber administrativo; en primera instancia, práctica administrativa y saber administrativo. Estos conceptos están ligados con los que en el texto se denominan fundamentos de la administración, estableciendo consensos sobre algunas expresiones comunes en el lenguaje administrativo, y contribuyendo a la comprensión de estos temas para los estudiantes de los primeros niveles del programa de Administración de Negocios, en las áreas de su formación básica. Además, se hace una exposición general sobre los fundamentos —económicos, religioso-culturales y socio-psicológicos— con especial énfasis en la forma en que contribuyen a estructurar, histórica y conceptualmente, el saber administrativo.

Palabras clave: práctica administrativa, saber administrativo y fundamentos.

The objective of this paper is to set the limits, under a general perspective, of some of the most important concepts of the administrative knowledge; administrative practice and administrative knowledge from an initial perspective. These concepts are linked with the so called administration foundations within the text, establishing consensus about some common expressions in the administrative language, and contributing to understanding such themes for the students of the Business Administration program’s first levels, in the basic formation areas. Besides, a general presentation is made on the foundations —economics, cultural-religious, and socio-psychological— particularly on the way they contribute to structure both, historically and conceptually, the administrative knowledge.

Key words: administrative practice, administrative knowledge and foundations

INTRODUCCION

            El diccionario de la Real Academia de la lengua española, define la palabra fundamento como “Principio y cimiento en que estriba y sobre el que se apoya un edificio u otra cosa; raíz, principio y origen en que estriba y tiene su mayor fuerza una cosa no material” (Real Academia, tomo1, 1992). Desde estas acepciones se entenderá el término “fundamentos” en lo que toca al saber administrativo; es decir, se considerarán fundamentos aquellos conceptos, circunstancias o procesos históricos que hayan aportado, de una u otra manera, a dar forma al saber y a las prácticas administrativas más reconocidas en Occidente. Estos fundamentos son considerados no como principios filosóficos o teóricos inmutables, sino sujetos al cambio, a la historia, a los procesos de configuración que han constituido el saber de la administración moderna y, en este orden de ideas, contribuyen a la comprensión de las dinámicas de la administración, propias de un determinado momento en el tiempo.
            Así, el campo de conceptos que comprenden el saber administrativo no está por fuera de su historia. Una distinción importante tiene que ver con lo que, para efectos de este artículo, se entenderá como práctica administrativa, a diferencia de saber administrativo. En general, y a modo de ejemplo, la práctica es entendida como todo acto rutinario establecido por un grupo humano en el orden de la técnica, la religión, la economía o la política. Por ejemplo, existen prácticas tecnológicas —la fabricación de objetos de piedra—, prácticas económicas —el trueque—, prácticas religiosas —veneración de santos—, prácticas políticas —el voto—, todas ellas en el dominio del quehacer empírico, en el marco de unas actividades rutinarias establecidas culturalmente.
            Práctica implica todo lo que sea fácil o inmediatamente traducible a la acción y  reducido a ella (Abbagnano, pp. 939-942, 1998). La práctica está en el orden de un conocimiento rudimentario, pragmático y concreto, que rige la vida cotidiana en los niveles más primarios de la supervivencia.
            Para hacer comprensible el concepto de práctica en el campo de la administración, es necesario remitirnos  a las condiciones de las sociedades “primitivas”, y en general precapitalistas, en las que el hombre debe resolver su problema de supervivencia. Dado que el hombre ha debido enfrentarse al mundo natural para aprovechar los recursos que garanticen su vida, han sido necesarias históricamente una serie de prácticas que podrían denominarse como prácticas administrativas, y que están en el orden del manejo, la gestión y la administración de recursos, que pueden ser: alimentos, armas, animales, herramientas, capacidad de  trabajo humano, el fuego, el conocimiento de los cambios climáticos para las siembras, o para beneficiarse de las crecientes de un río, entre otros.
            Como lo afirman Hernández y Rodríguez, “poco a poco, la humanidad llegó a conclusiones sobre cómo debía organizarse para producir lo que necesitaba, aprendió de los fracasos, también de sus éxitos y gradualmente formó una teoría empírica que se transmitió de generación en generación bajo las condiciones de cada pueblo” (Hernández y Rodríguez, p. 37, 1994). Esta teoría empírica —que se refiere a las condiciones materiales de la existencia y a la capacidad del hombre para insertarse en las relaciones de producción y de trabajo y transformarlas activamente— fue durante siglos una práctica económica y cultural de la cual se derivó posteriormente un saber administrativo.
            Pero existen también actividades más complejas, que trascienden una relación más directa con la naturaleza, y cuyo manejo también hace parte de los propósitos de bienestar que el ser humano debe lograr: actividades en el orden de lo social, lo económico y lo político, por ejemplo. En resumen, la práctica administrativa como tal, deviene del hacer directamente, teniendo en cuenta la experiencia que se adquiere a partir de la realización misma de actividades tendientes a obtener un fin determinado —el bienestar general— a hacer un uso óptimo de los medios con los que se cuenta para cumplir tal fin, y al logro de la supervivencia individual y la de la comunidad.
            El saber, por su parte, se puede entender de dos formas: una, “como conocimiento en general que, en este caso, designa toda técnica que se considere adecuada para dar información en torno a un objeto, un conjunto de tales técnicas o, también, el conjunto más o menos organizado de sus resultados”; y otra, que lo entiende como “ciencia, o sea como conocimiento de algún modo garantizado en su verdad” (Abbagnano, p. 1027, 2001). Acá se adopta el concepto tradicional de la ciencia, es decir, aquel en el que se incluye una garantía absoluta de validez y es, por lo tanto, como conocimiento, el grado máximo de la certeza. En el sentido más reglas válidas que superan el conocimiento empírico y se abstraen de las condiciones particulares de la realidad, proponiéndose como universales, es decir, como objetiva.3
            El hecho de que el conocimiento de la administración haya sido durante tanto tiempo de orden práctico, no lo demerita, no supone que ocupe un lugar de menor valor frente al saber administrativo, que en ciertos momentos de su historia ha sido denominado como una “ciencia”. Durante miles de años la humanidad construyó conocimiento confiable a partir del saber práctico, pero es en nuestra época cuando las valoraciones excesivas sobre el conocimiento científico han desvalorado otras formas del conocimiento como el conocimiento común, popular y práctico.
            La adquisición de un conocimiento confiable acerca de muchos aspectos del mundo ciertamente no comenzó con el advenimiento de la ciencia moderna y del uso consciente de sus métodos. En realidad, a este respecto, muchos hombres, en cada generación, repiten durante sus vidas la historia de la especie: se las ingenian para asegurarse habilidades y una información adecuada, sin el beneficio de una educación científica y sin una adopción premeditada de modos científicos de procedimiento (Nagel, p. 15,1994).

            Lo relevante en esta diferenciación entre práctica y saber administrativo no estáen privilegiar a la una sobre el otro, sino en resaltar la naturaleza diferente que cada tipo de conocimiento supone y la forma como se ha ido conformando históricamente un campo de saber ligado a una profesión, que con el tiempo se ha denominado administración. Con el transcurso del tiempo, las sociedades se han tornado más complejas, de manera que culturalmente están mejor dotadas para superar el saber empírico y práctico sobre el manejo de sus recursos, y convertirlo en un saber teórico.
             Por su sistematicidad y por los procesos históricos de su configuración, estos saberes se han denominado en las sociedades occidentales, y principalmente con el advenimiento de la modernidad, como “ciencias”. Para efectos de este texto, se propone el concepto de saber administrativo, suspendiendo por el momento la discusión en torno al carácter científico que algunos le han adjudicado a la administración, esto es, si hoy la administración se tiene como una ciencia o no.
            El saber administrativo hace alusión a la teoría administrativa o a las teorías de diversas disciplinas y ciencias, a la luz de las cuales la administración se ha pensado y se ha construido a si misma como un campo de saber. Es decir, se habla de saber administrativo en términos de un conocimiento más sistematizado, formal y abstracto. Este conocimiento al que se hace alusión, se refiere a su carácter teórico, explícito, que trasciende la aplicación pragmática y tiende a convertirse en una elaboración propiamente teórica, no obstante sus implicaciones prescriptivas. Este tipo de conocimiento habla de realidades que rebasan la experiencia cotidiana, supera el nivel de un conocimiento empírico y pragmático de la experiencia, dado que se construye a partir de elaboraciones abstractas de conceptos y categorías que están en el orden del discurso (Bonilla y Rodríguez, pp. 30-31, 1997).
            Con el advenimiento de la sociedad moderna, después del siglo XVIII y, particularmente, con la Revolución Industrial, la velocidad con la que las industrias se expandieron, crecieron y se diversificaron, hizo que quienes las administraban —en algunos casos los mismos propietarios e inversionistas— se vieran en la necesidad de optimizar sus procesos, de “organizar la casa” pues, si bien existían los medios económicos para que la industria subsistiera, la idea era que produjera los mejores resultados posibles y que continuara creciendo.          
            Este proceso de creciente mecanización y de reunión de los asalariados en una fábrica o en un taller, donde se vieron obligados a trabajar uno al lado del otro, cuando antes lo hacían de manera separada y espontánea, y la necesidad de que los obreros cumplieran con los ritmos regulares de las máquinas —pues antes trabajaban de modo irregular y espontáneo— obligó a pensar el problema de la administración y del control, como lo plantea William Asworth: “entre los problemas más estrechamente relacionados con la introducción de la maquinaria, figuraba el de la administración y control, un problema que consistía en asegurar que las ventajas potenciales ofrecidas por el mejoramiento técnico se convirtieran en realidades prácticas, y que todas las varias divisiones del proceso productivo se combinaran de tal modo que contribuyeran más eficazmente al resultado
Final” (Asworth, p. 97, 1978).
            Para esto, era necesario recoger experiencias sobre el manejo de los talleres y las actividades comerciales y, a partir del control sistemático de los tiempos, movimientos y habilidades de los obreros, así como de métodos como el contable, hacer que su administración fuera más ordenada, con fines establecidos hacia los cuales trabajar y con la posibilidad de prever los resultados. En este contexto de mayor complejidad de las industrias, fue claro que las elaboraciones de las ciencias y la tecnología aportaron mayores posibilidades de eficiencia e innovación para el capitalismo. De allí que muchas de las prácticas y procedimientos administrativos del siglo XIX se sistematizaran, organizaran y recogieran en elaboraciones teóricas incipientes, pero que apuntaban a un saber “científico” sobre la administración.
            En las etapas más tempranas de su desarrollo como saber —a finales del siglo XIX y principios del XX— las funciones de control y organización que tuvo que enfrentar la ingeniería, derivaron hacia la formulación de incipientes teorías caracterizadas por la observación sistemática y la medición de los tiempos y movimientos, el estudio de las destrezas, el manejo de las herramientas y la capacitación, como medios para la regulación del trabajo productivo de los obreros y como una forma de organizar técnicamente los talleres y garantizar la eficiencia de sus procesos productivos. Particularmente en los Estados Unidos se presentaron propuestas más concretas que apuntaban a la organización metódica y planeada del trabajo en los talleres, a partir de observaciones sistemáticas que llegaron a convertirse en textos escritos con pretensiones de cientificidad, y que se constituyen en el cuerpo de conocimientos que fueron dando forma al campo de saber denominado Administración Científica.
            Esta última y otras corrientes teóricas norteamericanas y europeas, que tuvieron desarrollos posteriores, han contribuido a la configuración de lo que hoy se denomina Administración. Charles Babbage (1792-1871), Henry Laurence Gantt (1861-1919) y Frank Bunker Gilbreth (1868-1924) fueron algunos de los precursores del movimiento de la Administración Científica, a partir de los intentos que cada uno hizo de sistematizar y organizar los tradicionales conocimientos prácticos del manejo de los talleres y darles forma teórica, pretendiendo extractar unos principios generales para la organización científica del trabajo.
             La labor de estos primeros teóricos se centró en pensar las prácticas que tradicionalmente se habían asumido en los talleres para organizar el  trabajo. Se trataba de un proceso de sistematización que sugiere un acto de conocimiento que hace que una acción pase del conocimiento empírico al universo de las ideas estructuradas y de un pensamiento abstracto para iluminar de nuevo la acción; es decir, elaborar teóricamente las experiencias y los actos para la producción de saber sobre ellos mismos, cuyo objetivo fundamental es el mejoramiento de la  misma práctica.
            En síntesis, se pretendía recoger el saber empírico que durante décadas se había producido en los talleres para, con su teorización, establecer unos principios generales de la organización del trabajo que pudieran aplicarse en estos escenarios, independientemente de sus características particulares, de los trabajadores y de los procesos productivos específicos. Es entonces a partir de estas propuestas escritas que se comienza a configurar un campo de saber en la administración.
            El hecho de comenzar a consignar por escrito las observaciones, los conocimientos y todo un saber empírico recogido a lo largo del tiempo y que se conservó en la tradición oral, fue otorgando al saber administrativo que surgía el estatuto de “saber científico”. Esta pretensión de registrar en textos escritos tiene que ver con la preocupación propia del siglo XIX por una mayor precisión y exactitud en el cuerpo de los conocimientos que aspiraban a convertirse en ciencias. La formación textual de un saber que tradicionalmente fue oral contribuyó a originar criterios de orden, racionalidad, exposición fáctica, medios de verificación y argumentación propios de las ciencias, con la finalidad de crear un corpus teórico susceptible de ser difundido ampliamente en la sociedad, más allá de los círculos especializados del saber, y ello sólo fue posible con la producción de su escritura.
            Así, los precursores de la Administración Científica (Babbage, Gantt, Gilbreth) y el mismo Taylor supusieron una alteración en la “formación discursiva” que sirvió como soporte para el saber de la administración que se estaba gestando. Con la forma escrita que la administración iba produciendo, ella ingresaba al campo de La investigación moderna, [que] se caracteriza por su capacidad para organizar y ordenar tradiciones de pensamiento de modo que se adecuen tanto a la presentación racional, como al uso pedagógico y didáctico. La relación entre saber y organización textual es, pues, indispensable para que una cultura ordene y codifique el conocimiento. (Morrison, 178, 1995).
            El movimiento de la Administración Científica logró una mayor forma y difusión internacional con el trabajo de Frederick Taylor (1865-1915) titulado “Principios de la Administración Científica”, publicado en los Estados Unidos en 1911. Gantt y Gilbreth, junto con otros estudiosos de la organización racional del trabajo hicieron parte de la escuela de la Administración Científica.5 No obstante la diversidad de interpretaciones sobre la importancia atribuida a Taylor, la mayoría de los autores adjudican a éste un papel fundamental en la formulación del movimiento científico, lo cual supone su capacidad para sistematizar y formular con mayor coherencia teórica los principios básicos de un saber que cada vez se configuraba como un campo teórico relativamente autónomo respecto de la ingeniería y de la economía. Para Aktouf, por ejemplo: Reconociendo esta posible diversidad, se proponen los siguientes fundamentos, y dentro de ellos algunos conceptos derivados: fundamentos económicos, religioso culturales y socio-psicológicos, que serán desarrollados a continuación.

FUNDAMENTOS ECONÓMICOS.

            Para comenzar, es vital conocer y comprender el contexto que rodea el saber administrativo, en particular el proceso conocido como Revolución Industrial. El escenario inicial de la administración es la empresa económica capitalista, que según Erich Gutenberg se limita a “una entidad que busca la optimización de sus factores productivos.” (López, p.31, 1999). Posteriormente esta empresa se hace más compleja y trasciende la producción industrial, incursionando además en la oferta de servicios. Según Alfred Chandler, conocido economista norteamericano del siglo XX, la empresa pone varias unidades bajo su control, actúa en diversos lugares, lleva a cabo diversos tipos de actividad económica y produce varios bienes y servicios. “Las actividades de esas unidades y las transacciones entre ellas transcurren entonces internamente. Son operaciones coordinadas y vigiladas por empleados asalariados, que sustituyen a los mecanismos de mercado.”7 (Chandler, p.120, 1994). En ese escenario inicial se desarrollan unas singulares formas de división del trabajo, de organización de los recursos y de gestión de las relaciones sociales que le son propias. Tal escenario hace su aparición única y exclusivamente con la Revolución Industrial — siglo XIX especialmente— es decir, con una economía capitalista moderna que rompe con los antiguos esquemas de organización de los recursos de las sociedades antiguas y de la medieval europea.
            Como ya se ha sugerido, la mayor complejidad de las sociedades supone una serie de prácticas que superan la supervivencia inmediata en una relación directa con la naturaleza. Así, las prácticas administrativas se van orientando hacia la organización de las instituciones sociales, la construcción del mundo material de las ciudades, el gobierno, y los mecanismos políticos y culturales necesarios para la organización de una sociedad, superando así la etapa en la que las prácticas administrativas se limitaban al manejo de recursos que resultaban de actividades extractivas de la naturaleza: agricultura, ganadería y minería, para llegar a plantear la necesidad de sistematizar, ordenar las enseñanzas derivadas de tales prácticas, y así señalar el camino hacia un saber más sistematizado y ordenado, fruto de las preocupaciones alrededor de esas nuevas sociedades.
            En este sentido interesa delimitar el concepto de división del trabajo, entendido en su dimensión social, como aquellas actividades que los diferentes integrantes de la sociedad realizan como resultado de una división de funciones, para el logro de los objetivos que la benefician. Para Carlos Marx esta división tiene sus inicios con la separación entre el campo y la ciudad y las distintas actividades económicas y, materiales que ello supone, y particularmente con la diferenciación de los grandes géneros del trabajo: comercio, agricultura, ganadería, minería, industria, etc. Es así como en una sociedad existen aquellos que fabrican bienes materiales, otros que siembran la tierra, otros que imparten conocimientos, otros que curan las enfermedades y otros que crean obras artísticas. Todos se benefician mutuamente del trabajo de los demás.
             En tanto es una forma de organizarse para aprovechar al máximo los talentos y habilidades de los diferentes grupos sociales, en la búsqueda de, un beneficio común, la división del trabajo es una práctica administrativa asumida históricamente por las sociedades, noción que se ajusta a la que se ha propuesto anteriormente.
            Según Heilbroner, las sociedades se han organizado de tres maneras para resolver el problema de la supervivencia. Para este autor, algunas sociedades — agrarias, campesinas, antiguas, medievales, entre otras— se han organizado a partir de la tradición, “transmitiéndose de generación en generación, de acuerdo con la costumbre y el uso, los distintos oficios y actividades necesarias” que la división social del trabajo estructura para su supervivencia (Heilbroner, pp. 26-67, 1985). Un segundo grupo de sociedades —los grandes imperios antiguos de Egipto y Roma, por ejemplo— ha organizado sus recursos basado en el mando de una autoridad central  “que cuida que sean realizadas las tareas necesarias” (Heilbroner, p. 27, 1985) adjudicando por autoridad a cada grupo aquellas actividades que le son encomendadas: construcción, agricultura, alfarería, comercio, defensa del territorio, culto religioso y gobierno.
            Estas dos primeras formas de gestionar los recursos para resolver la supervivencia (la tradición y la autoridad central) corresponden a sociedades cuyos sistemas de producción son anteriores al capitalismo, es decir, sus sistemas de producción son esencialmente manufactureros y sus integrantes están organizados de
acuerdo con su condición étnica, su procedencia de castas, linajes o su posición política.8 Después de un milenario proceso histórico bastante complejo, y que no interesa detallar acá, la sociedad de mercado rompe con las maneras tradicionales de dividir el trabajo e instaura lo que la sociología ha llamado las clases sociales, de acuerdo con la relación que establecen las personas con los factores de la producción.
             Estas clases sociales son denominadas por los clásicos estudios sobre el capitalismo como burguesía y proletariado.10 (Mijailov, p.13, 1997).      Para Heilbroner, el sistema de mercado propio del mundo capitalista moderno es la tercera forma de organización de los recursos y en ella se propone que cada cual actuara de acuerdo con lo que fuera para él más ventajoso monetariamente. En este sistema es el móvil de la ganancia, no el impulso de la tradición o el látigo de la autoridad, lo que encamina a cada cual hacia su actividad. Pero, aunque cada cual goza de libertad para encaminarse hacia donde le lleva su olfato de lucro, la acción recíproca de unos hombres sobre otros, trae como consecuencia que se realicen las tareas necesarias para la sociedad (Heilbroner, p. 28, 1985).
            Para este autor, el sistema de mercado logró instaurarse tras un complejo y conflictivo proceso histórico que él denomina “revolución económica” y que tuvo lugar entre los siglos XII y XIX. Como parte del desarrollo de este nuevo sistema, se comprendieron la tierra, el capital y el trabajo como factores generadores de riqueza que, si bien habían existido desde siempre, no se les había explotado como recurso productivo y no existían como entidades abstractas, como ‘agentes’ de producción, como entes económicos impersonales (Heilbroner, p.36, 1985). Estos factores existían materialmente, pero no eran concebidos como “mercancías” movilizadas para generar riqueza. En el sistema de mercado estos factores de producción son dinamizados por el proceso de oferta y demanda regido por la lógica de la ganancia, ideal que fue ajeno a la Edad Media, y particularmente a la doctrina católica que condenaba la acumulación, la usura y toda ganancia que superara el “precio justo” de un bien, como se verá más adelante, y que fue un elemento fundamental para que se instaurara el capitalismo moderno.
            A partir de lo expuesto hasta ahora, es pertinente delimitar la noción de división del trabajo, en su acepción técnica, pues este concepto se constituye en un antecedente que será asumido por las teorías clásicas del saber administrativo como uno de sus fundamentos. Para Marx, la división técnica del trabajo se funda en las manufacturas, que tuvieron lugar en la Europa de los siglos XVI al XVIII, pero que se acentuó en la Revolución Industrial con la maquinización de los procesos industriales y la mayor complejidad de la organización social. Más específicamente, se trata de aquellas actividades que se realizan desglosadamente en los talleres y que hacen alusión a las sucesivas fases de la producción y de la especialización de los obreros. Esta problemática, entonces, no ha sido ajena al pensamiento económico occidental, por el contrario es un tema esencial de su tradición.
            En este sentido, para Omar Aktouf, Adam Smith, Frederick Taylor y, adicionalmente, Charles Babbage, son tres de los grandes pilares, hasta la actualidad inamovibles, del conjunto del pensamiento administrativo predominante en el occidente industrializado. Uno de los principios más evidentes y fundamentales de este pensamiento, de los más determinantes y más persistentes, desde Smith, es la división y la especialización del trabajo, principio que progresivamente ha llegado hasta la elaboración de las actuales concepciones que presiden la dirección del trabajo y la repartición de roles dentro de la empresa. (Aktouf, p. 35, 1998). Si bien el concepto de división del trabajo es una herencia principalmente de la sociología y de la economía para explicar el funcionamiento de la sociedad, a la administración le interesa particularmente la manera como el trabajo se divide y especializa en las organizaciones, entendida como “la división continua y la subdivisión de las tareas o funciones en actividades minuciosas altamente especializadas…” ,(Ritzer, p. 192, 2002). No obstante no ser objeto de este artículo profundizar sobre este particular, es importante señalar que existe diversidad de posiciones frente a las consecuencias que trae consigo la división del trabajo en la organización. Se concluye entonces que la división técnica del trabajo es un concepto central de la administración, en tanto compromete la dinámica propia de las organizaciones insertas en el mundo capitalista, donde el desarrollo de la tecnología ha contribuido a que el trabajo se organice de forma tal que permita la articulación de los procesos organizacionales con la lógica del capitalismo.

FUNDAMENTOS RELIGIOSO-CULTURALES.

            A partir de lo expuesto hasta ahora, los fundamentos religiosos y culturales no pueden comprenderse de manera aislada, sino en relación con los fundamentos económicos. La formación del sistema de mercado supone la construcción de unos dispositivos técnicos y materiales propios del mundo capitalista, que se va desarrollando en Occidente, pero también la construcción de dispositivos éticos y culturales sin los cuales no habría sido posible la aparición del capitalismo. Como se ha visto hasta el momento, la organización de un sistema de mercado supone una nueva forma de relación entre el hombre y el trabajo, más evidente a partir del siglo XII en el occidente europeo, donde se desarrolló una actividad comercial y una vida urbana más activa que darían lugar posteriormente a la formación de la economía capitalista.
            En especial después del Renacimiento (S. XV y XVI), el comercio y las actividades artesanales urbanas fueron ganando espacio, desplazando  a las actividades agrícolas propias de una economía cerrada donde los señores feudales monopolizaban el poder económico y político. En este nuevo escenario de relaciones económicas, el sistema de mercado se ve sustentado en valores y formas de vida que van configurando un campo ético y moral secular —propio del mundo de la economía y los negocios— que se independiza de la ética católica tradicional que condena la ganancia. Según la doctrina católica, “los medios de enriquecerse, que humanamente considerados parecen estar justificados de todo punto, se hallan en contradicción, no sólo con el espíritu del Evangelio, sino con prohibiciones expresamente hechas por Jesucristo y sus Apóstoles” (Groethuysen, p. 354, 1985).
            Así pues, esta moral católica no daba lugar a la ganancia ni a la usura, pues se las condenaba como prácticas que permitían la acumulación de riqueza, y por medio de ésta, el apego del hombre al mundo terrenal. Dado que la Iglesia Católica promovía la valoración de lo sobrenatural y la idea de que el mundo terreno era algo efímero y no definitivo, toda valoración excesiva de lo material, en este caso el afán de lucro de los nuevos empresarios burgueses, era combatido por los teólogos y sacerdotes como actividades pecaminosas y reprobables.
             Este fue un largo y complejo debate entre dos visiones contradictorias del mundo: el burgués y el de la Iglesia entre los siglos XII y XVIII, que se inscribe en el contexto de la Revolución Económica expuesto por Heilbroner. La postura católica que condenaba la generación de ganancia y por ende el espíritu capitalista, puede ejemplificarse con lo dicho por un representante de la teología católica, en 1783: Dios, que en la Sagrada Escritura está ordenándonos constantemente despreciar la riqueza, Dios, que nos pone ante los ojos con terribles imágenes de sus fatales consecuencias, Dios, que dice que la codicia, que constituye el motivo principal de todas las grandes empresas mercantiles, es la fuente de todo mal, Dios no creó al hombre para amontonar dinero y poner en circulación este dinero para gloria del comercio y del Estado; creó a los individuos lo mismo que a los estados para su propia gloria (Groethuysen, pp. 369-370, 1985).
            Es de aclarar que la condena de la Iglesia Católica sobre el comercio se dirigió básicamente al comercio en gran escala, al que daba lugar el desarrollo del capitalismo y de la burguesía, por las notables ganancias que producía y la acumulación de capital que de allí se derivaba. Mientras que el comercio en pequeña escala o artesanal era visto como un comercio “honrado” que supuestamente no perjudicaba a otros y que no era injusto a la luz de la moral católica. En este sentido el lucro sólo era aceptable dentro de los márgenes de supervivencia que permitía el trabajo mismo. Por ello, se sospechaba del comerciante que buscaba la ganancia (lucrum) por su acumulación excesiva de fortuna. Dentro de la visión de la Iglesia, sólo era lícito el comercio para el propio sustento (sustentatio) y el que se invertía en obras de caridad, mientras que la acumulación a gran escala de mercancías y artículos de primera necesidad con propósito especulativo, se consideraba como avaricia. Sólo el comercio en pequeña escala transado con el justo precio (iustum pretium) de los artículos, se consideraba lícito, mientras que el comercio practicado “racionalmente” —el que buscaba la ganancia— era calificado de pecado (Von Martin, pp. 121-122, 1976).
            El debate teológico sobre la ganancia se desarrolló de manera más clara a partir del siglo XII en la Europa occidental cuando aparecieron los burgos o ciudades donde el comercio dinamizaba la economía agraria estática y cerrada de la Edad Media. Los burgos dieron lugar a un nuevo actor social, la burguesía, cuyo protagonismo económico fue más claro a partir del Renacimiento (siglo XV y XVI) socavando el poder de los discursos teológicos tradicionales que combatían la nueva ética del capitalismo.
            La aparición de la burguesía está ligada a la secularización que sufrió la sociedad europea, donde la economía monetaria ganaba un creciente terreno como forma de organización económica. En este mundo de mayores intercambios comerciales la actitud del nuevo empresario intelectual, individualista, y más racional que supersticioso estaba acorde con unas nuevas actitudes de cálculo como explicación posible del mundo natural, donde los valores eran intercambiables, impersonales, abstractos, mercantilizados.
            Este nuevo empresario burgués fundó una serie de valores éticos, cuya aparición histórica fue más clara hacia el siglo XVIII con el mundo de la Ilustración: la iniciativa individual, el sentido de ganancia, la valoración del trabajo como motor del progreso social y como elemento de dignificación moral del hombre, la valoración de la propiedad privada, la disciplina laboral, el ahorro, la austeridad en el gasto, la valoración de la ciencia en oposición a la fe y la creencia de que el hombre era dueño y señor de su destino, lo cual lo liberaba de aceptar un orden social que la iglesia proclamaba como inmutable e incuestionable. Todos estos valores hacían parte de una nueva racionalidad que se expresó en el homo economicus y que fue reforzada por la ética protestante.
            El protestantismo, que surgió de una división del cristianismo, ofreció una manera de aproximarse al trabajo del hombre como camino del bien y de la salvación. “Max Weber señala que la ética religiosa del movimiento protestante crea un clima económico y ético que fue altamente favorable para el desarrollo del capitalismo y la industrialización en Inglaterra, Escocia, Holanda y, más tarde, en Nueva Inglaterra” (Hernández y Rodríguez, p. 44, 1994). El protestantismo se dividió posteriormente en luteranismo y calvinismo. Mientras el luteranismo en sus comienzos honró el trabajo, apreciando el oficio en sí y su valor de utilidad a la comunidad —mas no de utilidad en el sentido monetario— que redundaría en un hombre más rico, el calvinismo propendió por un reconocimiento al interés en términos monetarios, como resarcimiento al tiempo en el cual un hombre dejaba de percibir beneficios por un dinero que había prestado a otro; es decir, la acumulación individual, pasó a ser lo deseado y lo socialmente aceptado. Países como Alemania o Suecia siguieron la línea luterana, pero Suiza, Inglaterra y los Estados Unidos, tienen una marcada influencia calvinista.
            En este sentido, la administración moderna hereda unas complejas tradiciones éticas y religiosas que fueron soporte para el capitalismo, donde se inscribe el moderno escenario de acción del hombre de negocios.

FUNDAMENTOS SOCIO-PSICOLÓGICOS.

            Dentro de lo que se entiende como “universalidad de la administración”, se habla de los aportes que los desarrollos de diversas ciencias y disciplinas han hecho al campo del saber administrativo; es el caso de las ciencias sociales, y particularmente aquellas que durante el siglo XIX arrojaron nuevos conocimientos sobre el hombre y el trabajo, en parte motivadas por los nacientes interrogantes y problemas sociales que suscitaban la modernización y la revolución industrial.
            Como ya se planteó anteriormente, desde la sociología fue claro que el nuevo escenario económico capitalista estaba conformado por dos actores sociales que antes no existían, denominados clases sociales: burguesía y proletariado. Las relaciones de poder y de producción en que los involucraba el mundo de la producción suponían intercambios humanos muy complejos, conflictivos y de antagonismo social, de manera que empezó a evidenciarse la “lucha de clases” y el conflicto social.
            Era evidente que en el escenario productivo que resultó de la Revolución Industrial, la burguesía poseía la tierra y el capital, y el proletariado la capacidad de trabajo, estando este último subordinado a las lógicas capitalistas que definía la burguesía y a procesos sociales imprevistos que empezaron a ser leídos como fenómenos de descomposición social: la pobreza, la explotación, la mendicidad y la desarticulación de las familias campesinas en nuevos escenarios urbanos fabriles, entre otros.  
            Ese nuevo campo de problemáticas sociales que surgió con el capitalismo, fue denominado como la “cuestión social” y suscitó de parte del estado, la Iglesia Católica y los empresarios la preocupación por propiciar relaciones sociales más armónicas y menos conflictivas, que fueran funcionales al capitalismo. De este modo las conflictivas relaciones sociales entre el proletariado y la burguesía no pondrían en riesgo la viabilidad del sistema predominante en Occidente, amenazado por el comunismo, que supuestamente tendría lugar con la disolución del  capitalismo y que daría paso a la “dictadura del proletariado”.
            Es entonces en este contexto que se hace pertinente pensar en la cooperación como un mecanismo impulsado principalmente por la Iglesia Católica y los empresarios para promover unas relaciones sociales y productivas que se compadecieran con la comunidad de intereses compartidos por capitalistas, directivos y trabajadores. Particularmente a finales del siglo XIX el ambiente de antagonismo social se vislumbraba bastante convulsionado, lo que suscitó de parte de la Iglesia intentos de conciliación entre las clases sociales y la intervención desde la pastoral católica de las problemáticas sociales causadas por el capitalismo, especialmente las relacionadas con la pobreza, la marginalidad y la explotación obrera.
            La preocupación de la Iglesia por los problemas sociales que generaba el capitalismo se materializó en la Encíclica Rerum Novarum, publicada en 1891 por el papa León XIII, y cuyo objeto eran las relaciones entre el capital y el trabajo. Lo que la Encíclica establecía era la alternativa cristiana a la cuestión social en la que se plantea la necesaria contribución de la Iglesia, el estado y los interesados —en este caso obreros y patronos— para el encauzamiento y superación del problema social. Reivindicando la legitimidad y el carácter imprescindible de la intervención de la Iglesia en los asuntos sociales, opta por una actitud menos idealizada frente a los problemas sociales (Martínez Boom et. al, p. 16, 1996).
            A propósito de la contradicción entre capital y trabajo, la Iglesia proponía la cooperación mutua, obviamente con el carácter moralizante con el que la Institución veía este asunto: La violencia de las revoluciones civiles ha dividido a las naciones en dos clases de ciudadanos, abriendo un inmenso abismo entre una y otra. En un lado, la clase poderosa, por rica, que monopoliza la producción y el comercio, aprovechando en su propia comodidad y beneficio toda la potencia productiva de las riquezas, y goza de no poca influencia en la administración del Estado. En el otro, la multitud desamparada y débil, con el alma lacerada y dispuesta en todo momento al alboroto (Rerum Novarum, artículo 33).
            La reconocida cortedad de las fuerzas humanas aconseja e impele al hombre a buscarse el apoyo de los demás. De las Sagradas Escrituras es esta sentencia: «Es mejor que estén dos que uno solo; tendrán la ventaja de la unión. Si el uno cae, será levantado por el otro. ¡Ay del que está solo, pues, si cae, no tendrá quien lo levante!». […] El hermano, ayudado por su hermano, es como una ciudad fortificada (Rerum Novarum, artículo 35).
            En este sentido se hace más comprensible que las teorías administrativas —cada una desde su especificidad teórica e ideológica— fueran permeables a la doctrina social de la Iglesia, que tomaba forma a finales del siglo XIX y principios del XX, reivindicando la cooperación como un elemento fundamental dentro de las organizaciones para lograr los objetivos que les son propios.             Como concepto, la cooperación se refiere a la confluencia de intereses entre los actores organizacionales.
            Este carácter moralizante que alcanzó la cooperación logró importancia considerable dentro de la ideología del Mejoramiento Industrial (1870-1900)11 que tuvo mayor impacto en los Estados Unidos, y de ella se derivaron significados alusivos tanto a las tradiciones católicas, como a las formas no religiosas de agrupación del mundo obrero: solidaridad, caridad, colaboración, ayuda, asociación y mutualismo. Nuevamente, la Encíclica Rerum Novarum es ilustrativa al respecto: Finalmente, los mismos patronos y obreros pueden hacer mucho en esta cuestión, esto es, con esas instituciones —se refiere a instituciones de carácter social y de beneficencia— mediante las cuales atender convenientemente a los necesitados y acercar más una clase a la otra.
            Entre las de su género deben citarse las sociedades de socorros mutuos; entidades diversas instituidas por la previsión de los particulares para proteger a los obreros, amparar a sus viudas e hijos en los imprevistos, enfermedades y cualquier accidente propio de las cosas humanas; los patronatos fundados para cuidar de los niños, niñas, jóvenes y ancianos. Pero el lugar preferente lo ocupan las sociedades de obreros, que comprenden en sí todas las demás […]             Es grato encontrarse con que constantemente se están constituyendo asociaciones de este género, de obreros solamente o mixtas de las dos clases; es de desear que crezcan en número y eficiencia. Y, aunque hemos hablado más de una vez de ellas, Nos sentimos agrado en manifestar aquí que son muy convenientes y que las asiste pleno derecho, así como hablar sobre su reglamentación y cometido (Rerum Novarum, artículo 34) Autores tan reconocidos de la administración clásica como Frederick Taylor (1856-1915) y Elton Mayo (1880-1949) plantearon explícitamente la cooperación como herramienta fundamental para el logro de los objetivos en la organización, con un claro significado racional y técnico, ya no moralizante. En el caso del primer autor y su teoría, la administración científica se fundamenta en la firme convicción de que los verdaderos intereses de ambos —patrón y empleado— son idénticos [y más adelante agrega] cada obrero debiera ser instruido diariamente por sus superiores y recibir de éstos la ayuda más cordial, en lugar de ser, por una parte, compelido o forzado por su capataz, y, por la otra, abandonado a su propia inspiración. Esta cooperación personal estrecha e íntima entre la dirección y los obreros constituye la esencia de la moderna administración científica (Taylor: pp. 133-134, 143, 1994).
            Hacia los años de 1930, el segundo autor, con un enfoque más social y una preocupación humanista por el hombre en el contexto del progreso industrial del siglo XX, también se refirió específicamente a la cooperación como medio para lograr no solamente los fines de la empresa, sino que el hombre rescatara esa capacidad espontánea y natural para la cooperación con los demás seres humanos. Mayo reconocía que “la colaboración en una sociedad industrial no puede ser librada al azar”, en este sentido se refirió al problema de que en la sociedad industrializada, “no ha aparecido un esfuerzo para desarrollar una habilidad social o colaboradora que compense o equilibre el desarrollo técnico.” (Mayo, pp. 27-32, 1977).
            Hasta hoy día el tema de la cooperación es una constante preocupación en el pensamiento administrativo, logrando ser interpretada de distintas maneras según corrientes y épocas. De manera similar a lo que ya se mencionó para los fundamentos económicos y religiosos, en cuanto a que no es posible trazar fronteras claras que los separen, ocurre con los fundamentos socio-psicológicos en relación con los fundamentos religioso-culturales, bien sea en su vertiente protestante o católica.
            Otros aportes de las ciencias sociales, particularmente de la psicología y sus trabajos sobre el comportamiento humano, fueron retomados por el pensamiento administrativo, aunque de manera aislada, es decir, sin considerar el contexto o la teoría de origen en su totalidad. Según el autor Idalberto Chiavenato, aparecieron “nuevos conceptos, nuevas variables y, sobretodo una nueva visión de la teoría administrativa, basada en el comportamiento humano en las organizaciones (…) mientras que la sociología influyó profundamente en el estructuralismo —y más específicamente la sociología organizacional.” (Chiavenato, p.561, 1999). Entre los conceptos que se vienen señalando, se encuentran: motivación, liderazgo, comunicación, trabajo en equipo, entre otros. Más recientemente la antropología ha permitido reconocer las lógicas simbólicas y sociales que se tejen de manera específica dentro de las organizaciones, que van creando lo que se ha denominado cultura organizacional.
            En el ambiente de tecnificación, industrialización y especialización del trabajoobrero, fue visible un ambiente de “abatimiento moral y de depresión obrera”, (Aktouf, p. 219, 1998) lo cual evidenciaba que la visión del homo economicus Taylorista se quedaba corta frente a las necesidades e insatisfacciones de los obreros. Éstas no podían ser respondidas sólo desde lo salarial, pues el pensamiento administrativo de la época se percató de que “los elementos de orden afectivo y emocional eran tan importantes para el esfuerzo y la productividad, como los incentivos materiales” (Aktouf, p. 220,1998).
             En este contexto se hace necesario plantear el problema de la  motivación, concepto que aparece en la escuela de las Relaciones Humanas hacia la década de 1930, orientado a las lógicas de una psicología organizacional preocupada especialmente por la relación entre los ambientes sociales de trabajo y la productividad de la empresa. Para la época era claro que los problemas de la administración no giraban simplemente en torno a los procesos de la mecanización y al incentivo económico, como lo plantearon inicialmente los teóricos de la Administración Científica, sino que también era necesario reconocer los fenómenos sociales y psicológicos que tenían lugar en las fábricas, desde perspectivas que no eran exclusivamente técnicas, sino desde las ciencias sociales.
            Los nuevos conocimientos que se tenían sobre la motivación humana, particularmente los estudios de Abraham Maslow (1908-1970) y Frederick Herzberg (n. 1923)12, sirvieron al pensamiento administrativo para comprender, desde una perspectiva conductista, la motivación humana; conocimientos que la administración ha pretendido trasladar a la organización, no siempre de manera afortunada, para explicar e inducir en los trabajadores ciertas conductas que la benefician.
            De esta manera puede concluirse que los planteamientos desarrollados desde la sociología, la psicología y la antropología han contribuido a perfilar conceptos como los de la cooperación, motivación y liderazgo, entre otros. Estos conceptos hablan de las dinámicas que suceden en las organizaciones y que no pueden explicarse exclusivamente desde perspectivas tecnicistas o productivistas, pues tienen gran contenido social y cultural que se refieren a lo inasible del ser humano.

CONSIDERACIONES FINALES

            La administración ha estado tradicionalmente inscrita en una concepción de racionalidad pragmática, que reduce las posibilidades del saber a lo exclusivamente útil y productivo. En estas visiones tecnicistas, la administración se ha caracterizado por ser prescriptiva: un manual de recetas de cómo ser exitosos con la empresa, sin lugar a reflexiones sobre la responsabilidad ética y las consecuencias sociales y culturales que debe asistir a toda decisión empresarial.
            Ser conscientes de los fundamentos teóricos de la administración, abre la posibilidad a los administradores de pensar su profesión no simplemente como un quehacer práctico que se restringe exclusivamente a una acción, programa, estrategia o moda, sino que implica actitudes de pensamiento, reflexión crítica y responsabilidad ética frente a las decisiones que se toman a diario en una sociedad que ha delegado en las organizaciones y en sus directivos, el manejo de recursos económicos, físicos, naturales y humanos.
            Como se ha sugerido en este texto, los administradores son herederos de unas tradiciones prácticas y teóricas que han resultado de la construcción de diferentes ciencias y de trabajos de pensadores cuyo legado está atravesando el oficio diario de quienes dirigen las organizaciones. Desconocer o ignorar estas tradiciones de pensamiento es ignorar la complejidad de un campo de saber que ha requerido de muchos años de historia para conceptualizar el mundo de las organizaciones modernas y los retos que les significa a los administradores, con actitudes ético políticas de responsabilidad social.


Tema 2


La Organización y Administración de Centros Educativos: una Visión Desde el Concepto de las Buenas Prácticas en Educación

            Resumen Este documento se propone desarrollar una estrategia apropiada desde el campo de las ciencias de la administración y desde la concepción de calidad, que puede constituirse en una herramienta eficaz para los centros educativos, cuando éstos deban acreditar su desempeño ante diferentes organismos, ante padres, alumnos y, sobre todo ante sí mismos; o bien, cuando deban certificarse para obtener una calificación para los títulos que expiden. Para ello, se acudió a las herramientas que ofrecen las Buenas Prácticas en Educación (BPE), intentando identificar sus términos más usuales, los procesos y procedimientos más adecuados para asegurar estas prácticas; las fuentes de confusión y los errores más comunes que las desnaturalizan, así como el impacto social de un servicio educativo mal producido. Y, además, se intenta valorar la importancia y la utilidad de las BPE para el diagnóstico, diseño, desarrollo, aplicación y control del trabajo pedagógico; el uso correcto de la documentación y la función que representan las áreas de evaluación e investigación para el aseguramiento de la calidad durante el proceso de obtención de un servicio eficaz, eficiente, pertinente y relevante. Finalmente se presenta una aproximación a un modelo con algunos de los elementos que es necesario describir en un Manual de Calidad de un centro educativo.

Introducción

             La experiencia de muchos años realizando capacitación en grandes empresas desde la educación no formal, permitió tener contacto con procesos y procedimientos de las ciencias de la administración que, si fueran apropiados para la naturaleza y la idiosincrasia de las instituciones educativas, podrían resultar herramientas eficaces a la hora de ordenar las organizaciones de educación formal. Esto será así toda vez que se respeten las pautas culturales y las finalidades humanísticas de cada institución educativa. La manera en cómo hacemos nuestro trabajo educativo afecta a miles de personas que se ven alcanzadas directa e indirectamente por sus resultados. Las personas confían en los educadores y en las instituciones educativas, por eso cumplir y hacer cumplir las normas de buenas prácticas en educación es un deber moral presente en nuestras responsabilidades deontológicas profesionales.
             En los últimos años organismos gubernamentales y no gubernamentales, nacionales e internacionales, se han encargado de establecer pautas de orden general y de auditar los procesos y resultados de los sistemas educativos, calificándolos, a fin de mostrar a la sociedad cuáles son las instituciones más confiables en esa materia y así orientar las elecciones de la población, como también para evitar que sea sorprendida en su buena fe, con ofertas que no cumplen con los mínimos requerimientos de calidad, concepto éste de imprescindible definición previa al inicio de todo proceso que se encamine a su búsqueda.
            En este artículo se trazarán algunos lineamientos teóricos sobre las buenas prácticas en educación (BPE), en el marco de la noción de búsqueda de la calidad, con alguna breve ejemplificación de aplicación práctica. Sólo ello, dado que la apropiación de esta tecnología de organización y administración, es particular y específica a cada centro, son sus integrantes quienes deben realizar los esfuerzos necesarios para tomar las decisiones que permitan la selección y el uso de aquellos elementos que puedan resultar más útiles a su realidad. Esto quiere decir que, aunque no se busque estrictamente acreditar o certificar, bien puede resultar un incentivo para repensar la propia organización y proyectar rediseños administrativos que contribuyan a mejorar la calidad de lo ofrecido.
            Primer paso: ¡paciencia y personas dispuestas! La experiencia adquirida desde 1985 trabajando y certificando con las Normas ISO en sistemas de educación no formal –capacitación en empresas– permitió experimentar los pros y los contras de la aplicación de criterios derivados de las ciencias de la administración para trasladarlos a las ciencias de la educación. Desde ese enfoque práctico se ofrecen –sin la ingenuidad de creer que su ejecución será sencilla, pero en el convencimiento de que es posible– algunos líneamientos que pueden llegar a ser aplicables en los sistemas formales de enseñanza. La experiencia proporcionó claridad en cuanto a que es necesario: 1º. Asumir una actitud paciente ante los diferentes tiempos personales, de grupo e institucionales y 2º. Valorar la importancia de la participación de los equipos de trabajo y la necesidad del acompañamiento de todos, desde los directivos hasta el último asistente. En fin, los papeles no resultan un gran problema, se escriben y reescriben, se transforman en grandes palimpsestos... sin embargo, las personas sí deben estar convencidas, pues son el pilar fundamental de todo cambio. Esto es así por la relación que se establece al adquirir otros valores y otra cultura, en este caso la de la calidad, inscritos en marcos teóricos de una episteme ajena.             Pensar la educación desde modelos de organización no habituales en nuestros campos de actuación, no es tarea sencilla. Y esto es así, porque implica una apertura conceptual y un ejercicio cognitivo que ponga en marcha funciones de pensamiento flexibles, con amplitud de criterio para la consideración de la multivariabilidad, la complejidad y la dinámica propias de los sistemas, tal que, las personas y los grupos puedan desarrollar los esfuerzos de transpolación de un campo del saber a otro para vencer la entropía, aprovechar críticamente lo apropiado y recrear herramientas en función de las necesidades determinadas y sentidas por cada organización. Sabemos, que no es fácil... pero, tampoco es imposible. Las perspectivas de abordaje de nuevos modelos o el rediseño de paradigmas organizativos y de administración no usados en los centros educativos, nos conduce, primero, al necesario desarrollo de procesos de comunicación que involucran vitalmente procesos de decisión que son importantes para el cambio institucional. Pero… controlemos la ansiedad: el cambio demanda tiempo, tiempo que no es igual en todas las organizaciones. Y durante ese tiempo es imprescindible una forma especial de comunicación: la difusión, 1 que consiste en el modo por el cual se disemina una innovación entre los miembros de un sistema social, por caso, el de los centros educativos.
             Los estudios de difusión se refieren a los mensajes que constituyan ideas nuevas, a partir de las cuales se procura obtener cambios de comportamiento evidentes; es decir, la adopción o rechazo de estas ideas o prácticas nuevas. La meta de la investigación en difusión es acortar el periodo entre la invención y la adopción generalizada. Sin embargo, como su propia paradoja, una vez que la difusión está en marcha es imposible detenerla. Una idea práctica requiere de un proceso mental a través del cual una persona pasa del primer conocimiento hasta la confirmación de su actitud frente a ella. Primero la percibe, la conoce; después, desarrolla una inclinación favorable o desfavorable hacia ella, se persuade; a continuación, la adopta o rechaza, decide; y por último, confirma su decisión, hace uso pleno de la novedad como una buena alternativa de acción disponible.
            Este artículo sólo pondrá en contacto al lector con información que le permita conocer algunos elementos teóricos del modelo de calidad, pero desde el punto de vista de la educación. Entonces, se recomienda que tenga en cuenta:
 1. Las ventajas relativas que pueda obtener de la propuesta, que perciba en qué grado puede mejorar lo que hace en su centro educativo.
2. La compatibilidad con su realidad; el grado de consistencia con sus esquemas de valores y sus experiencias pasadas.
 3. La complejidad del planteamiento; si es difícil de entender y usar o puede intentarse.
 4. La practicabilidad; en qué grado puede ser aplicado, qué elementos representan una utilidad concreta y cuáles sólo potencialmente.
 5. La observabilidad; cómo sus resultados pueden ser visibles a otras personas e instituciones y cómo pueden agregar valor en la consideración social que se tiene de su institución. La calidad es un cambio cultural en el centro educativo que depende sí de la influencia tecnológica, pero fundamentalmente de la influencia de las personas; de quienes funcionalmente se ven comprometidos en la solución de problemas colectivos con respecto a una meta común, concepto que representa la cohesión del propio sistema. Así que, además de adhesiones encontraremos resistencias, dudas, avances y retrocesos, durante el proceso, las ideas, creencias, valores y afectividades de las personas que interactúan en la organización serán diferentes en sus atributos y, probablemente, deban administrarse varias crisis, propias de la naturaleza del cambio. Ahora bien, si queremos mejorar la organización y administración de nuestros centros, es imprescindible contar con múltiple y variada información, desde diferentes miradas y perspectivas, a fin de contar con elementos de juicio confiables para elegir, para tomar aquellas decisiones que doten de calidad a las ofertas educativas y las coloquen a la altura de las demandas sociales y culturales de la región.

 Algunos Conceptos Preliminares

 Las buenas prácticas en educación constituyen un conjunto de pautas que deben seguirse para la organización y administración de los centros que se dedican al diagnóstico, diseño, desarrollo, aplicación y evaluación de sistemas educativos formales y no formales, presenciales y a distancia, bajo modalidades puras o integradas2 que ayudan a la promoción de las cualidades humanas individuales o asociadas. Las pautas se elaboran sobre la base de diferentes componentes que permiten calificar la oferta educativa, como puede ser:
 a. La formación del personal que integra los equipos de trabajo y su preparación específica para la tarea que se le ha asignado.
 b. Las instalaciones y el equipamiento que se utiliza en el sistema, su frecuencia de uso y su destino apropiado.
 c. El orden y sistematización de la documentación que formaliza, registra, administra y controla al sistema. d. Los estilos de liderazgo y las formas de participación de la comunidad educativa.
 e. Los procedimientos que se utilizan para llevar a cabo las diferentes acciones técnico-pedagógicas.
f. La producción y distribución de materiales de enseñanza, formatos, posibilidades, objetivos, alcances y limitaciones.
 g. Las formas particulares de utilización de los medios y los propios modos de comunicación frente a otras instituciones, frente a los alumnos, frente a la comunidad cercana, frente al país y la región.
 h. Los intentos de cooperación interinstitucional, nacionales e internacionales. Marcos legales de referencia      El gobierno de cada país tiene autoridad legal para asegurar que las instituciones educativas cumplan con las BPE, auditando instalaciones, equipos, documentación, procedimientos de trabajo y conformación de los equipos docentes y de conducción. En uso de sus funciones, puede efectuar recomendaciones, proceder a la suspensión de carreras y hasta el cierre de los establecimientos, atento a la responsabilidad social que lo alcanza frente al derecho de las personas a recibir las mejores ofertas educativas en igualdad de oportunidades.
            En Argentina, por ejemplo, la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria ha elaborado diferentes criterios para la verificación y acreditación de las ofertas universitarias y el Consejo Federal de Educación, a su vez, a través del Documento A-14, convalidado como Resolución ME No. 63/97, también provee una reglamentación para el ordenamiento interno de los sistemas educativos, lo que permitirá la posterior certificación de los títulos otorgados.
             Así mismo, el Instituto Argentino de Normalización ha publicado las Normas ISO 9001: 20003 en la Educación, que constituyen los lineamientos para su implementación "en los establecimientos de educación formal (en todos los niveles), de educación de adultos y de educación no formal y organizaciones especializadas en capacitación de recursos humanos como así también departamentos de capacitación en organizaciones empresarias no especializadas" (de: Misión, Norma ISO 9001: 2000).



Gestión de la Calidad Educativa

             Los criterios enunciados en el párrafo anterior, no se alejan de los seguidos en los países que han sistematizado los requerimientos que permiten evaluar desde auditorías externas la validez de sus sistemas educativos, tampoco, de los instrumentos de evaluación institucional que algunos establecimientos de educación superior están concretando como parte del procedimiento interno o contratado a través de la asistencia de servicios de terceros evaluadores. Esto es así porque, una institución sabe que para lograr sus objetivos, los factores técnicos, administrativos y humanos que afectan la calidad de sus servicios, deben estar bajo control. Mecanismo que es necesario orientar a la disminución, eliminación y prevención de las deficiencias en la calidad. Pero para ello, cada propuesta de educación debe ofrecer servicios que:
 1. Satisfagan el uso, el propósito y la necesidad. Conceptos que deberán estar bien definidos en los respectivos idearios.
2. Satisfagan las expectativas de los alumnos, sus padres, las organizaciones que contratan servicios educativos, las organizaciones empleadoras receptoras de graduados, etc.
 3. Cumplan con las normas y especificaciones establecidas por las políticas institucionales y jurisdiccionales. 4. Cumplan con los requerimientos de la sociedad en su conjunto, atendiendo al bien común.
 5. Estén disponibles en igualdad de oportunidades.
 6. Provean beneficios sin dispendios.
             En definitiva, los programas deben cumplir con los objetivos fijados en la política de calidad de la institución educativa y de su jurisdicción. Aunque un efectivo sistema siempre debe diseñarse para satisfacer las necesidades y expectativas de los “clientes” y para proteger los sanos intereses de la institución. Por ello, es imprescindible desarrollar un conjunto de elementos básicos con los cuales implementar la gestión de la calidad. La selección de los criterios apropiados dependerá de la oferta y la demanda que exista en ese ámbito geográfico, la naturaleza de la carrera ofrecida, los procesos de diseño y aplicación organizados y las necesidades de las personas.
            En este caso, la particularidad del servicio de educación, que es esencialmente formativo, amplía una visión –en principio– restringida a la necesidad social, económica y laboral, en tanto también debe procurar la satisfacción de la necesidad personal, íntima, espiritual y vocacional, muchas veces por el solo goce intelectual y estético; cuestión que hace compleja su conjunción en una integración equilibrada y armónica. Esta circunstancia es una de las diferencias primordiales respecto a sistemas de otra naturaleza.
             Una segunda distinción de importancia, surge de la extensión y alcance que adquieren los sistemas bajo la modalidad a distancia y virtual, respecto a las necesidades localizadas en ámbitos geográficos específicos, las cuales pueden verse traspasadas por los intereses particulares de las personas residentes en cualquier lugar del mundo.
             Ahora bien, ¿qué pasos son convenientes a fin de establecer las buenas prácticas como valor en la organización educativa?  Veamos
 a) Determinar el ciclo de la calidad. Lo que permitirá modelizar las interrelaciones de todas las actividades relacionadas con la educación ofrecida; graficar los procesos centrales que describen cómo realizar la prestación y, medir el grado de conformidad con los parámetros de satisfacción establecidos.
 b) Estructurar el sistema de calidad. Para determinar las acciones y a asignar las responsabilidades dentro de la estructura organizativa. Es decir, pretende establecer una organización que administrará sistemas educativos a través del diagnóstico, diseño, desarrollo, aplicación y evaluación de diferente currícula. Por lo tanto, desde esta óptica organizacional previa, proveerá a definir las responsabilidades; a fijar clara y suficientemente las líneas de autoridad y su delegación; a identificar problemas reales o potenciales de calidad; a iniciar medidas preventivas o correctivas; a definir claramente líneas de comunicación; a proveer recursos suficientes y adecuados que permitan la aplicación de las políticas y objetivos de la calidad; a determinar el nivel de competencia, experiencia y entrenamiento necesarios para asegurar la capacidad del personal; a identificar los factores de calidad que afectan la organización interna y externamente; a crear nuevas ofertas, procesos, tecnologías; a adoptar acciones preventivas; a desarrollar, comunicar y conservar procedimientos operativos que coordinen los diferentes programas institucionales; a redactar procedimientos simples, inequívocos y comprensibles, como modo habitual y permanente de trabajo.
 c) Documentación del sistema. La política y los procedimientos del sistema de calidad deben ser documentados por escrito, sistemática y ordenadamente; y deben prever medidas para una apropiada identificación, comunicación, archivo en medios confiables y recuperables y registros con copia asegurada; como asimismo, limitarse a la extensión estrictamente necesaria en función del alcance de la actividad.
d) Auditorías del sistema de calidad. El plan de auditoría, programa los procedimientos evaluativos para informar hallazgos, conclusiones y recomendaciones, permite comprobar la eficacia, eficiencia, efectividad y relevancia del sistema de gestión y de sus resultados. Es en realidad, un plan de mejoramiento continuo, en tanto los informes de seguimiento deben reflejar las disconformidades, deficiencias, desviaciones de los objetivos pautados, sus posibles causas y para cada una de ellas, las recomendaciones acerca de las acciones correctivas más pertinentes; así como también, es una oportunidad para comprobar el comportamiento de las correcciones sugeridas en auditorías anteriores. Como se verá, aquí se hace imprescindible la formación de auditores calificados con desempeño idóneo para la realización de los procedimientos de control, recomendación y seguimiento.
             Los puntos a), b) y c) se compendian en el Manual de la calidad, por lo que éste constituye el documento básico que describe qué y cómo se hacen las diferentes actividades en la Institución. Se utilizan redacciones precisas para las definiciones, y gráficos (diagramas de flujo) para describir adecuadamente los procesos y procedimientos. El manual de la calidad sirve como referencia permanente, puesto que establece los métodos acostumbrados y aquellos ocasionales que facilitan la introducción de cambios, modificaciones, revisiones o agregados. El manual puede asumir distintos formatos: general, para toda la institución; particular, para algún sector o programa; especializado, para funciones como por ejemplo, modalidad, diseño o evaluación.
             Aseguramiento de la calidad El aseguramiento de la calidad es un concepto estrechamente ligado al de buenas prácticas en educación, porque con su aplicación mantenemos los procesos, los procedimientos y los resultados bajo control, de manera tal que las evaluaciones periódicas reúnen información y datos preventivos y ante cualquier desviación que se detectara, facilitan su corrección inmediata, manteniendo el servicio educativo dentro de los parámetros de calidad fijados para una institución y/o carrera, curso, o cualquier tipo de actividad de enseñanza y aprendizaje ofrecidos. Como se ve, la buena estructuración de los procesos de evaluación de la calidad es fuente para la toma de decisiones, cuando se quiere remediar, actualizar o recrear propuestas. Evaluación, investigación y validación La evaluación y la investigación –sin duda– constituyen los métodos más ricos para el desarrollo y aseguramiento de los procesos de buenas prácticas en la educación.
            Existen modelos de evaluación, como la investigativa, de E. Suchman (1967),4 que se constituye en un paradigma amigable con los planes de BPE; también resulta compatible el de satisfacción del cliente, de R. Stake (1967). Dentro del contexto de prácticas valorativas, las técnicas estadísticas y la validación son instrumentos consistentes y confiables para ser aplicados a las diferentes dimensiones de la calidad, tales como:
 a. El análisis del mercado.
 b. El diseño de los proyectos educativos.
 c. Las especificaciones de necesidad, confiabilidad, predicción de durabilidad, etc.
d. El control de los procesos educativos y estudios sobre la capacidad de la organización para brindarlos.
 e. La determinación de los niveles de calidad y de los planes de seguimiento y control.
 f. El análisis de todos los datos, la evaluación de desempeño, el análisis de los defectos.
             En este marco investigativo pueden llevarse a cabo –entre otras– algunas acciones como a continuación se ejemplifican:
*Diseño de planes experimentales.
 * Análisis de varianza y de regresión.
 * Evaluación de seguridad del sistema y análisis de riesgos en el corto, mediano y largo plazo.
 * Ensayos metodológicos, mediales e instrumentales.
 * Gráficos de control de la calidad.
 * Inspecciones por muestreo estadístico.
            La validación consiste en un programa documentado que suministra un alto grado de aseguramiento acerca de procesos, procedimientos y resultados que se deben mantener en las especificaciones deseadas, las que se han estimado como de calidad. Es un instrumento altamente confiable para suministrar datos valiosos para la evaluación y muy significativo –cuando tiene continuidad– en el mediano y largo plazos. La definición de validación remite a: firme, robusto, fuerte, reforzado, que vale (porque tiene valor) o debe valer legalmente y su concepto, en una primera aproximación, lleva a la idea de dar fuerza a algo, confirmarlo, hacerlo válido. En definitiva la validación se propone:
             a) Comprobar que un proceso realmente puede ser confiable, es decir, que es posible su junio de 2005 reproducibilidad sin fallas y de dar como resultado un producto o servicio que está conforme a sus criterios.
            b. Comprobar o ratificar que el procedimiento de control de calidad aplicado produce valores legítimos, fidedignos que permiten una evaluación precisa de la calidad del servicio. Existen dos tipos de validación. Una prospectiva, que aplicamos esencialmente a nuevas carreras u ofertas educativas, y una retrospectiva, que implica un examen estadístico sobre datos útiles representativos de los procesos y procedimientos llevados a cabo históricamente. Consiste en una determinación enteramente significativa de la capacidad de reproducción satisfactoria de los procesos, al menos sobre cinco cohortes. Los programas de validación deben ir acompañados por otros referidos al control de los cambios que son necesarios operar en los sistemas, a fin de mantener o incrementar su calidad. La revalidación es un programa formal de revisiones que indicará la frecuencia y la muestra que se examinará para observar la validez de los parámetros establecidos.

Confusiones y Errores

             Las confusiones y errores en los procedimientos técnico-pedagógicos de las organizaciones educativas, prácticamente son conceptos no abordados tanto como los que se refieren a los costos ocultos en la educación. Los costos son variables que facilitan la comprensión de la relación entre los medios invertidos y los resultados logrados. Hablar de costos desde la perspectiva pedagógica nos introduce en un problema filosófico que no se abordará en este artículo, pero sí es necesario reafirmar la complejidad, la profundidad y las múltiples dimensiones que implican hablar de costos en materia educativa, cuando sería más adecuado retornar a la noción de inversión. Pero tampoco se realizan con frecuencia los análisis de inversión-beneficio con vistas a la regulación de las condiciones generales del sistema.
            Los errores y defectos cometidos en las organizaciones representan falta de calidad –en este caso– con repercusión en las ofertas educativas; que por esa causa se convierten en inadecuadas, ineficaces, ineficientes; en fin, sin propiedad para ser ofrecidas como posibilidad formativa para el desarrollo personal, ni valor para promover en la sociedad cualquiera de sus áreas culturales: filosóficas, religiosas, artísticas, científicas, tecnológicas.     
            Ejemplos de errores tenemos a diario, cuando se reasignan horas a profesores cuya formación nada tiene que ver con el campo de estudio a enseñar; cuando se diseñan contenidos que no corresponden con el espacio curricular; cuando los docentes enseñan lo que conocen y no lo que deben; cuando no se cubren inmediatamente los cargos vacantes; cuando se mantienen ofertas desactualizadas o se superponen con las de otras instituciones, incrementando ofertas iguales y desatendiendo otras necesidades emergentes; cuando se destinan recursos a proyectos que requieren fuertes inversiones para escasos beneficios; cuando se fijan horarios reducidos de asistencia para los alumnos, aumentando el aprovechamiento de las instalaciones de una misma institución pretendiendo mayor cobertura pero a costa de menor tiempo escolar; etc. Ejemplos de confusión, se observan cuando se siguen las instrucciones equivocadas o se emiten y reciben las comunicaciones de manera inexacta y a destiempo; cuando sus textos se prestan a significados de interpretación polisémica; o los mensajes provienen de diferentes fuentes con criterios disímiles para su aplicación; cuando se cambian directivas sobre la marcha y no hay procedimientos seguros de comunicación o se archiva la documentación bajo criterios equívocos que dificultan la ubicación; cuando se publicitan perfiles de carreras con incumbencias inexactas o engañosas o bien, no se comunica la inserción laboral de manera clara y precisa, entre otros.
             Los errores y las confusiones se transforman en no conformidades del sistema, es decir, son aspectos que no cumplen o pueden no cumplir con las especificaciones que se han determinado como parámetros de la calidad del servicio ofrecido Se espera que las BPE aporten los instrumentos necesarios para reducirlos o evitarlos y mantener así los sistemas en sus niveles óptimos de calidad. Por ello, las normas sugieren una serie de procedimientos básicos:
 a. Identificar y documentar todas las acciones no conformes.
 b. Segregarlas para prevenir su uso inadvertido;
 c. Verificar periódicamente, con personal capacitado, para evaluar sus potenciales o reales efectos (funcionales, administrativos, estéticos, satisfacción del cliente, opinión pública, reputación, etc.).
 d. Disposición política por emergencia: la decisión de usar un ítem no conforme, debe acompañarse de las precauciones adecuadas.
e. Prevención para evitar la repetición de no conformidades.
            Impactos de los servicios educativos Nuevamente estamos ante las características especiales de los servicios educativos y de su trascendencia en el proyecto de vida personal, porque si bien, los resultados de la educación necesitan ser evaluados por sus logros inmediatos, también deben serlo por su relevancia en las acciones futuras. Las consecuencias de los procesos de aprendizaje, no obstante posibilitan la habilitación social para el desempeño de distintas actividades de características culturales con inserción en la estructura ocupacional, también producen una especialización creciente en la conformación de esquemas cognitivos, emocionales y morales, tendientes al mejoramiento y la dignidad del hombre.
             El sistema de gestión de la calidad mide los resultados obtenidos durante el transcurso y al final del proceso formativo y difícilmente puede hacerlo de manera absoluta con aquellas condiciones que sirven de soporte para la constitución de nuevas estrategias de pensamiento, que incluso pueden obtenerse una vez pasados los años escolares, pero gracias a su influjo. Y he aquí, uno de los problemas que no pueden pasar inadvertidos a quienes enseñan: los efectos en el tiempo de las situaciones de enseñanza del presente. Sin embargo, una organización administrada desde la política de la calidad, desarrolla un sistema tal que impide el apartamiento de los objetivos fijados, guía la introducción de nuevos propósitos basándose en necesidades que surgen también de nuevas condiciones; permite la reparación de los errores y la prevención de acciones incorrectas, con lo que asegura a la comunidad el ofrecimiento de lo que verdaderamente ha prometido.
             Las elecciones sobre el servicio educativo quedan entonces, bajo la libertad de opción de los interesados en las propuestas curriculares de una determinada institución educativa, cuya transparencia muestra qué hace y cómo hace su gestión técnica y pedagógica.

 Valor y Utilidad de las BPE

            Los valores de las BPE se aprecian en la satisfacción de quien llamaremos genéricamente cliente, expresión que pretende alcanzar a los alumnos, sus padres, las organizaciones que contratan servicios educativos, los fines de las jurisdicciones nacional, provincial y municipal, los empleadores, las instituciones educativas de diferente nivel que reciben a los graduados para continuar su formación.
             Y también, la satisfacción de los proveedores con quienes la institución interactúa a través de la contratación de servicios intermedios como transporte, alquiler de instalaciones y equipamiento, limpieza, mantenimiento y seguridad, capacitación profesional y técnica, producción de materiales y recursos didácticos, librería, asistencia social (medicina preventiva, seguros, recreación), marketing, comunicación y publicidad, albergues y apoyos estudiantiles, orientación vocacional, tutorías extracurriculares, etc. Es decir, en la cadena de la calidad intervienen articulados diferentes tipos y niveles de organización, que podría graficarse de manera sencilla, así: Las buenas prácticas en educación representan una garantía de orden y una avanzada para la modernización de las organizaciones y su puesta al día con las teorías y estudios experimentales que delinean pautas para su óptimo funcionamiento con mayores probabilidades de éxito, tanto para las personas que la integran como para quienes son los beneficiarios directos e indirectos de su acción, sean particulares, institucionales o ambientales.
             La diferencia principal se centra en el paso desde un actuar azaroso, casual o asistemático a la aplicación de métodos de trabajo científicos y tecnológicos. Si las instituciones dedicadas a la educación integraran las BPE con las Normas ISO 9001:2000 y el Programa de Desarrollo Sostenido, darían un vuelco de suma importancia en su rumbo, le imprimirían un fuerte carácter de aseguramiento a sus procesos y procedimientos, reduciendo –o, en el mejor de los casos eliminando– las improvisaciones, el trabajo desorganizado, la respuesta –el “efecto rebote”– a demandas varias provenientes de las líneas jerárquicas o de las modas, la mayoría de las veces inconducentes, anómicas, anárquicas, impertinentes y cambiantes, provocadoras de desvíos en la naturaleza, cultura, políticas y objetivos de la institución. A la par, confirmarían una línea filosófica y axiológica de buen hacer propia del sistema.
             No obstante, para que estos conceptos innovadores se incorporen en la cultura de cada organización, son necesarios algunos pasos previos de capacitación y aprendizaje, para comprender e interiorizar las pautas que permiten renovar los modelos de organización de los centros educativos, tales como:
             1. Aprender las normas que rigen las condiciones de calidad.
            2. Aprender a valorarlas y a apreciar sus beneficios.
             3. Elaborar las propias pautas de monitoreo y control interno, en concordancia con las normas             generales.
            4. Llevar registros detallados y permanentes de diseño, desarrollo, aplicación, evaluación y             distribución de los servicios educativos.
             5. Estudiar, capacitar y dar ejemplo.

             En definitiva, si se aspira a cumplir exitosamente con los fines loables de la educación6, es necesario recrear paradigmas organizacionales que aumenten su capacidad reuniendo nuevas condiciones de calidad y las garanticen.

 Un Manual de Calidad… ¿También en Educación?

            Tal como lo definiera anteriormente, las buenas prácticas en educación constituyen un conjunto de pautas que deben seguirse para la organización y administración de los centros que se dedican al diagnóstico, diseño, desarrollo, aplicación y evaluación de sistemas educativos formales y no formales, presenciales y a distancia, bajo modalidades puras o integradas, que ayudan a la promoción de las cualidades humanas individuales o asociadas.
            Es decir, trata sobre la funcionalidad de las instituciones para que sean más viables y exitosas en el cumplimiento de sus finalidades. Implican un cambio de valores y de cultura representado por la adopción de rigurosos métodos de trabajos sistemáticos, ordenados, prolijos y controlados cuyos procedimientos se describen en el Manual de calidad de la organización. Éste, constituye un documento para la descripción de qué se hace y cómo se hace el trabajo en la institución, a la vez que resulta base de comparación7 confiable para la realización de las auditorías internas, diseñadas a fin de obtener evidencias cuanti o cualitativas sobre los hechos y no sobre los dichos. Es decir, se compara si las acciones que lleva a cabo la organización educativa respetan lo que ha descrito como sus procesos y procedimientos regulares en las tres dimensiones de análisis propias de su naturaleza:
 * Dimensión pedagógico-didáctica.
 *Dimensión organizacional administrativa.
 *Dimensión socio-comunitaria.

Modelo Para la Elaboración del Manual de Calidad

             A continuación, se presenta un índice con algunos de los elementos que podrían desarrollarse en un Manual de calidad de una organización educativa, sin la pretensión de agotar los ítems, no obstante, puede ser de utilidad para tomar conciencia sobre las previsiones que es necesario describir y, a la vez, puede inducir a la incorporación de otras igualmente importantes, que no se le hubieran ocurrido a la autora de esta propuesta. Sin embargo, no escapará al lector que, para llevar a cabo la implementación de este u otro modelo en igual sentido, será necesario iniciar el proceso por el cual se introduce cualquier modelo innovador, en la organización el que precisará de:
 *Un periodo de información, clara, presentada por distintos medios y con frecuencias intermitentes.
 *Un lapso de persuasión sobre los valores que impregnan el cambio, sus efectos inmediatos y su impacto a      futuro, a escala personal e institucional.
* Un tiempo de aprendizaje con enseñanzas sistemáticas sobre el tipo de organización al que se aspira.
 *Un tiempo de espera durante el cual los “primeros innovadores” sensibilizarán a quienes aún dudan de los beneficios de introducir la innovación. Iniciar la aplicación de las normas comenzando por la redacción del manual de calidad y el orden y clasificación de la documentación.
            Seguir con la formación de líderes y auditores. Educar en una cultura afín a los proyectos de desarrollo sostenido; penetrar en la naturaleza y en el impacto que en el mediano y largo plazos tienen sus prácticas, que alcanzan desde el cuidado del ambiente hasta la preservación de la historia y los recursos para las generaciones futuras, atravesando las acciones profesionales y técnicas, que en el caso del campo educativo, permiten lograr no sólo la conciencia y el convencimiento que luego se transmite desde las múltiples tareas de liderazgo, sino también un perfil de autoridad y de gestión con grandes potencialidades para la creación y el ejercicio competente de proyectos, programas y planes innovadores.
             Y finalmente, el establecimiento de los plazos –sin prórrogas– para la puesta en práctica del sistema integral de gestión de la organización, bajo los lineamientos de la búsqueda de la calidad.

Manual de Calidad
 * Datos Institucionales
             Se describe nombre, dirección, formas de comunicación, niveles educativos que atiende y modalidades de enseñanza adoptadas (formal, no formal, presencial, a distancia, integradas). l Propósitos de su actividad De acuerdo con el ideario de la institución, se explícita el objeto fundamental de sus acciones, por ejemplo, “proveer calidad en la formación de profesores de diferentes especialidades a través de la investigación y el desarrollo y la continua innovación de los diseños curriculares”; “lograr el mejoramiento de la profesión docente”; “contribuir a la calidad de vida del personal que constituye el equipo de trabajo” ...
* Políticas de calidad Consignar fecha de elaboración y políticas de calidad que se seguirán a partir de su vigencia. Definir el concepto de calidad en el contexto de cada organización y en consonancia con las normas existentes en la materia:
 - Qué es calidad.
 - Calidad a través de la gente.
- Calidad centrada en los “clientes”.
 - Conceptos involucrados con la calidad.
- Seguridad y calidad.
 - Aseguramiento de la calidad y mejora continua.
- Buenas prácticas.
 - Control de la calidad.
- Relación con las normas ISO.
- Relación con otros sistemas de gestión.
 * Personal-equipos de trabajo Respecto del personal:
 - Describir titulación, postitulaciones, investigaciones, publicaciones, premios, etc.
- Describir el desarrollo de la carrera profesional: ayudante-alumno, adscripto, ayudante diplomado, jefe de trabajos prácticos, profesor adjunto, titular, asociado, visitante, invitado, etc.
 - Describir puestos jerárquicos desempeñados: jefe de departamento, secretario, director de centro, decano, etc. Respecto de los equipos de trabajo:
 - Experiencia en trabajos de rutina.
 - Experiencia en tareas innovadoras.
 - Experiencia en proyectos especiales.
Respecto de ambos:
- Explicar las posibilidades de desarrollo de carrera profesional: nuevos puestos, remuneración, beneficios.
 - Describir las funciones y sus responsabilidades.
- Determinar claramente las líneas de autoridad y la delegación en casos de vacancia.
- Los métodos para la cobertura de cargos.
 - Asignar responsabilidades y funciones, en orden a prevenir desempeños incorrectos, desautorizaciones, faltas leves o graves, ausencias, etc., que puedan afectar el servicio ofrecido.
- Establecer los modos de comunicación y de participación: reuniones semanales, mensuales, asambleas, pequeños grupos, etc.
- Fijar las formas de interacción horizontal y vertical (personal, electrónica, epistolar, etc.).
 - Determinar las formas de interacción intra e interinstitucional (informales, por convenios, etc.).
* Capacitación – perfeccionamiento – actualización
 - Se diseñan programas de entrenamiento periódicos para todos los niveles y categorías de personal (docente y no docente).
 - Cursos internos y externos. Carrera profesional y promoción.
 - Formación de formadores. Programas específicos sobre nuevos servicios, nuevas tecnologías, cambios culturales, cambio de responsabilidades y nuevos roles, introducción de innovaciones, incremento del conocimiento específico, refuerzo sobre áreas débiles, etc.
 *Seguridad social-higiene laboral
- Se describen los servicios sociales que cubren al personal de manera habitual y en casos de emergencias. - Se analizan las enfermedades profesionales que afectarían a la salud. Riesgos y prevenciones. Aseguradoras del trabajo.
- Se explicitan los procedimientos de higiene individual (v.g.: vestimenta adecuada en aulas, laboratorios, gimnasios, etc.) y ambiental (higiene y desinfección de espacios públicos ampliamente frecuentados, equipos e instalaciones)
–Tal vez por contrato de terceros–.
* Instalaciones y equipos - Se establece: localización, designación, construcción o adaptación –en su caso– y mantenimiento de las salas donde se realizan las distintas actividades.
 - Auditorios, salones de actos, campos deportivos, espacios de usos múltiples.
 - Factores que pueden afectar a determinados equipos, condiciones para su preservación y cuidado. Sistema de reserva para el uso.
 - Entornos laborales. Luces, olores, colores, temperaturas, humedad y ventilación apropiados para la enseñanza. Medidas de protección y sistemas de seguridad (v.g.: por interrupción de la energía eléctrica, cortocircuitos, inundaciones, alarmas, etc.).
 - Sistemas computarizados. Aseguramiento de la información: copias.
 * Bibliotecas-hemerotecas-laboratorios-tecnologías varias
 - Descripción, catalogación, registro, disponibilidad, condiciones de uso. Requerimientos. Condiciones. Horarios y tiempos. Organización de préstamos y utilización. - Insumos críticos. Reparación, mantenimiento y reposición. Calibración de instrumentos.
 - Modernización, reemplazos y compra.
 - Diseño, desarrollo y actualización de la página Web institucional.
 * Servicios - Electricidad, agua, gas. Telefonía e informática. Pagos. Control periódico. Atención de fallas. Situaciones críticas.
 - Cafetería y sala de fotocopiado. Sistemas de concesión y administración.
- Servicios para alumnos no residentes que viajen con motivo de exámenes, cursos o trámites.
 *Documentación Una buena documentación constituye la parte esencial del sistema de aseguramiento de la calidad. Ella define:
- El marco legal en el que se desenvuelve la institución.
- Los procedimientos de administración de personal.
- Los procedimientos de administración de alumnos.
- Los procedimientos de diagnóstico, diseño, desarrollo, aplicación, evaluación y distribución de ofertas curriculares.
- Los procedimientos de evaluación e investigación institucional.
- Los procedimientos de medición, análisis y mejora. El manual deberá especificar la forma y condiciones para dar claridad de la redacción de todo tipo de documento que produzca la institución, el diseño del texto, el lenguaje utilizado, su forma de registro y la frecuencia de las revisiones a las que será sometido para su actualización.
 * Realización
 - Planificación de los diferentes programas institucionales. Apertura en unidades simples, de ejecución posible y de concreta observación de sus resultados. Cálculo de tiempos.
 - Diagnósticos. Métodos e instrumentos. Gráficos. - Determinación de necesidades. Conciliación de necesidades.
- Diseños. Modelos y tipos.
- Desarrollo. Estrategias. Producción de materiales de enseñanza, de aprendizaje, de difusión y comunicación, de integración institucional, de asistencia comunitaria.
- Análisis de viabilidad y pertinencia. Inversiones: costo-beneficio.
- Operaciones relacionadas: especialistas (profesores invitados, cátedras libres, examinadores de otras instituciones, etc.), viáticos, movilidad y gastos corrientes para equipos itinerantes, becas, premios, publicaciones, cooperadoras escolares.
- Aplicación. Métodos, técnicas, recursos. Medios. Formatos. Modalidades de distribución. Programación de tiempos y recursos (técnicas de Gantt, CPM-PERT, etc.).
- Control de gestión: evaluación institucional de procesos y procedimientos.
- Metaevaluación.
- Medición, análisis y mejora.
- Planificación de los procesos de auditoría y evaluación.
Validación.
 - Capacitación de auditores.
- Ponderación de los criterios de medición. Uso de técnicas estadísticas. Gráficos.  - Toma y análisis de datos.
- Control de no conformidades. Recomendaciones. Control de su ejecución.
- Proyectos de mejora continua. Planificación.

Para Concluir…

             Las organizaciones, al menos las educativas, deben mirar por las personas a quienes se les brinda el servicio y también, por la promoción de las personas asociadas que brindan el servicio; es una organización que se administra hacia adentro y hacia afuera. Entonces, la calidad de los centros, es relevante en función de la especialísima condición de su finalidad. Aplicar las buenas prácticas en los centros educativos es intentar un camino más que ayude a cumplir esas metas. Así, no debería haber prejuicios, ni pre-conceptos, ni limitaciones ideológicas, ni ninguna otra restricción más de las que surjan de las necesidades mismas de las personas, de esta manera, resultará una apropiación de conocimientos, creativa, ética y útil, cuando seamos capaces de aplicar los conocimientos de cualquier campo del saber, sin desnaturalizar la función de la educación. Einstein sostenía que para solucionar los problemas debemos pensar de manera diferente a como pensábamos cuando los creamos; parafraseando este razonamiento, creo que para mejorar nuestros centros educativos, debemos pensar en organizaciones diferentes a las que tenemos. Esta es una oportunidad para considerarlo…

Tema 3

Planeación Estratégica

            Proceso a través del cual se declara la visión, la misión y los valores de una empresa, se analiza su situación externa e interna, se establecen sus objetivos a largo plazo y se formula las estrategias que permitan alcanzar dichos objetivos.
            La planeación estratégica se realiza a nivel organizacional, considera un enfoque global de la empresa, razón por la cual se basa en objetivos y estrategias que parecen simples y genéricos, pero que afectan a una gran variedad de actividades.
            Debido también a su carácter organizacional, se proyecta a largo plazo, teóricamente para un periodo de 5 a 10 años, aunque hoy en día en la práctica, debido a los constantes cambios que se dan en el mercado, para un periodo de 3 a un máximo de 5 años.

Análisis Dafo

¿En qué consiste?

El DAFO (iniciales de Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades) es una herramienta que permite al empresario analizar la realidad de su empresa, marca o producto para poder tomar decisiones de futuro.
El DAFO puede ser un buen comienzo cuando nos planteamos un nuevo proyecto empresarial ya que ayuda a establecer las estrategias para que éste sea viable.
Además se puede convertir en una herramienta de reflexión sobre la situación de una empresa ya creada.
El análisis DAFO se divide en dos partes:
1.      Análisis interno: (Fortalezas y Debilidades)
En esta fase se realiza una fotografía de la situación de la empresa o proyecto empresarial considerando sus Fortalezas y sus Debilidades.
2.      Análisis externo: (Amenazas y Oportunidades)
Tanto las Amenazas como las Oportunidades pertenecen al mundo exterior a la empresa pero deberían ser tenidas en cuenta bien para superarlas, en el caso de las amenazas, o bien para aprovechar las oportunidades que brinda el mercado exterior.
Una vez realizado el análisis, es necesario definir una estrategia que lleve a potenciar las fortalezas, superar las debilidades, controlar las amenazas y beneficiarse de las oportunidades.
La matriz DAFO muestra el conjunto de factores DAFO: Debilidades, Amenazas, Oportunidades y Fortalezas. Si ya se ha iniciado un DAFO, la matriz enseña cada uno de los contenidos introducidos por el usuario y permite añadir nuevos contenidos, editarlos y borrarlos, asimismo ofrece una ayuda que aporta ideas sobre el contenido de cada uno de los factores.

Supuesto ​práctico​

Actividad de comercio al por menor de cigarrillos electrónicos o vapeadores.

Antecedentes:

Persona física que realiza una actividad de informática como profesional desde 2008:
  • Alta en la actividad profesional con epígrafe del IAE 763 (Programadores y analistas informática).
  • Realiza la actividad desde casa (fuera de local).
  • Cotiza en el RETA por la base mínima.

Objetivo del DAFO:

Invertir en un negocio nuevo: comercio al por menor de cigarrillos electrónicos o vapeadores, y compaginarlo con su actividad debido al auge de este tipo de productos:
  • Alta de un local en el epígrafe empresarial 6532 - COM.MEN.APARATOS DE USO DOMESTICO.
  • Sigue cotizando igual en la Seguridad Social.
  • En un principio, no contratará trabajadores.
  • Para simplificar, se comercializarán dos tipos de artículos: los cigarrillos electrónicos o vapeadores y sus componentes, recambios, complementos, etc.; y los líquidos para cargar los cigarrillos y vapear (fumar).

Elaboración del DAFO

​Factores

El primer paso es reconocer los 4 factores DAFO, es decir, las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades.

Debilidades:

  • Compaginar las actividades
  • Desconocimiento de este tipo de artículos

Amenazas:

  • Caducidad de los líquidos para vapear
  • Condiciones rígidas de los proveedores
  • Escaso margen de beneficio por producto
  • Los proveedores no financian
  • Licencia de apertura más cara
  • Elevada competencia
  • Fase del ciclo de vida del negocio
  • Efectos en la salud
  • Incertidumbre en la regulación del sector

Fortalezas:

  • Actividad accesoria a la principal
  • Experiencia en emprendimiento y autoempleo
  • Sin necesidad de contratación
  • Experiencia en comercio online y redes sociales

Oportunidades:

  • Local comercial idóneo
  • Mínima inversión inicial
  • Autofinanciación
  • Sencilla gestión de compras
  • Gran variedad de artículos
  • Sustitutivo del tabaco
  • Etapa de consolidación
Los cuales se plasmarán en un diagrama llamado “Matriz de factores DAFO”, el cual sirve para poder visualizar de forma más didáctica todos los factores que influyen en nuestro negocio.

"Matriz de factores DAFO"​

Estrategias
Se procede a crear las estrategias que harán frente a todos los problemas detectados, y que nos permitirán destacar el negocios frente a la competencia.

Estrategias de Supervivencia (debilidades + amenazas):

  • Gestión óptima del almacén
  • Viabilidad a medio plazo

Estrategias Adaptativas (debilidades + oportunidades):

  • Aprovechar sinergias en la puesta en marcha
  • Política de comunicación

Estrategias Defensivas (fortalezas + amenazas):

  • Formación del emprendedor

Estrategias Ofensivas (fortalezas + oportunidades):

  • Política de promociones agresiva
  • Política de precios

“Matriz de Estrategias DAFO”

Resultados

Aquí se muestra el listado de las estrategias a seguir, ordenadas por prioridad de acuerdo a la importancia que se haya otorgado a cada uno de los factores DAFO.


Estrategias

A partir de los datos introducidos en los factores DAFO, se pueden establecer las estrategias más convenientes para el proyecto empresarial. Existen cuatro tipos de estrategias:
  • Estrategias Ofensivas: Se obtienen relacionando Fortalezas + Oportunidades.
Son estrategias de crecimiento: Buscan relacionar los puntos fuertes internos y externos para mejorar la situación. Ejemplo: Si la empresa es líder en un determinado producto (Fortaleza), y sube la demanda (Oportunidad), se pueden emplear estrategias más agresivas de ventas, promociones, etc.
  • Estrategias Defensivas: Se obtienen relacionando Fortalezas + Amenazas.
Son estrategias reactivas: Relacionan los puntos fuertes internos para contrarrestar las amenazas externas. Ejemplo: Si la empresa es líder en un determinado producto (Fortaleza), y baja la demanda (Amenaza), se pueden crear productos nuevos, bajar precios, etc.
  • Estrategias Adaptativas: Se obtienen relacionando Debilidades + Oportunidades.
Son estrategias de reorientación: en este sentido, se cambia algún elemento en las debilidades para aprovechar las oportunidades. Ejemplo: Si hay un servicio post-venta deficiente, y se detecta que es algo con gran valor en los servicios que se ofrecen, se puede potenciar y crear una campaña publicitaria para divulgarlo.
  • Estrategias de Supervivencia: Se obtienen relacionando Debilidades + Amenazas.
Busca relacionar los puntos débiles internos y externos para conocer la situación de la empresa respecto de la competencia y el mecanismo a utilizar para revertir esta situación. Ejemplo: ante la pérdida de cliente en la empresa y mantenimiento de los mismos en empresas de la competencia, se deberían crear nuevas estrategias de fidelización.
Es un error común confundir estrategias con acciones: Las estrategias no son concretas y pueden incluir una o más acciones.

Prioridades

Esta herramienta DAFO tiene el valor añadido, respecto a otras parecidas, de ayudar a priorizar las diferentes estrategias que se puedan crear y ayuda a saber en qué orden deberían llevarse a cabo. De este modo, en función del valor que se asigne a cada apartado al DAFO, las estrategias (que estarán relacionadas con estos valores) tendrán mayor o menor importancia. La aplicación realiza la priorización de forma automática.
https://dafo.ipyme.org/Home
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TEMA 2. Teorías de la Administración Pública y Privada


            LA Administración Según el pensamiento romano, tratar de formular una regla o definición es peligroso, porque ello obliga a tenerla como tal, aun cuando pueda significar problemas. Sin embargo, considero que proporcionar la definición del ser u objeto materia de estudio, es indispensable en los-libros de carácter docente, porque en esencia, de acuerdo con la lógica, definir es dar la mejor respuesta a la pregunta ¿Qué es esto? La respuesta requerida puede comprender los tres ámbitos de las definiciones conocidas: la nominal o etimológica, la conceptual o lógica y la real. La primera, como su nombre lo indica nos conduce al conocimiento del ser que se define, a través del significado gramatical o semántica de las palabras que la componen, y aunque es, en varias ocasiones el paso obligado para llegar a la definición lógica, no siempre lo es, pues ésta deberá comprender en todo caso el género próximo y la diferencia específica que permitirán la tipificación del ser que se define, e inclusive, su diferenciación con otros seres semejantes. De aquí que la verdadera preocupación científica está comprendida en la ambición de buscar y proporcionar la definición lógica del ser u objeto que se define.
             La definición real, proporciona elementos de la realidad que circunstancialmente se presentan en torno al objeto a definir, pero que no son necesarios e inherentes al mismo, por lo cual, la definición real excede los propósitos científicos. En consecuencia, partiré de la definición etimológica de administración y de ciencia de la administración para formular la definición buscada que es la mejor respuesta a las preguntas ¿Qué es la Administración , ¿Qué es la Administración Pública?, etc.
             El término administración deriva de la palabra latina administratio, onis, administratíone, cuyo significado es administrar que está compuesto de los vocablos ad y ministrare que quiere decir servir, En tales condiciones, gramaticalmente a la administración se le puede definir como la actividad consistente en servir o prestar servicios. El Diccionario de la Lengua Española, equivalente a la Real Academia Española, proporciona lo que llama definición activa, contenciosa, de justicia, diocesana, militar, municipal, proporcionando también otros significados en relación con la misma.
             A la primera la define como acción del gobierno al dictar y aplicar las disposiciones necesarias para el cumplimiento de las leyes, para la conservación y fomento de los intereses públicos, al resolver las reclamaciones a que dé lugar lo mandado. Esta definición etimológica, es como todas las de su tipo, simplemente el primer paso para llegar a la definición lógica que enmarque el género próximo y la diferencia específica de la misma.
            La actividad estatal que hoy conocemos con el nombre de "Administración" o "Ciencia de la Administración" tiene antecedentes que se ubican en tiempos remotos de la humanidad, pues en efecto, tan pronto como ésta concibió la posibilidad y necesidad de la vida comunitaria y advirtió las ventajas que implican vivir aprovechando los servicios de sus semejantes y al mismo tiempo servirles, dio advenimiento a la administración.
             Lourdes MÜNCH GALlNDO yJosé GARCÍA MARTíNEZ respecto a la definición de administración transcriben las de algunos autores, entre otras las siguientes:
            "Isaac GUZMÁN VALDIVIA. Es la dirección eficaz de las actividades y la colaboración de otras personas para obtener determinados resultados".
            José A. FERNÁNDEZ ARENA. Es una ciencia social que persigue la satisfacción de objetivos institucionales por medio de una estructura y a través del esfuerzo humano coordinado". "Elementos del concepto". "Si se analizan detenidamente las anteriores definiciones, se puede observar que todos los autores concuerdan, de una u otra manera, en que el concepto de administración está integrado por los siguientes elementos:
 l. Objetivo. Es decir, que la administración siempre está enfocada a lograr fines o resultados.
2. Eficacia. Consiste en lograr los objetivos satisfaciendo los requerimientos del producto o servicio en términos de cantidad y tiempo.
3. Eficiencia. Se refiere a "hacer las cosas bien". Es lograr los objetivos garantizando los recursos disponibles al mínimo costo y con la máxima calidad.
4. Grupo social. Para que la administración exista, es necesario que se dé siempre dentro de un grupo social. 5. Coordinación de recursos. Para administrar, se requiere combinar, sistematizar y analizar los diferentes recursos que intervienen en el logro de un fin común.
 6. Productividad. Es la relación entre la cantidad de insumes necesarios para producir un determinado bien o servicio. Es la obtención de los resultados con el mínimo de recursos, en términos de eficiencia y eficacia".     Y enseguida manifiestan: "Con los anteriores elementos es posible emitir una definición integral de la administración: "Proceso cuyo objeto es la coordinación eficaz. y eficiente de los recursos de un grupo social para lograr sus objetivos con la máxima productividad "
             Respecto a la ciencia de la administración pública, Ornar GUERRERO dice: "La ciencia de la administración pública es una de las disciplinas que, con mayor dignidad, cuenta en su haber con pergaminos nobiliarios de antigüedad académica. Su origen se remonta a los principios del siglo XVIII, cuando los soberanos de Prusia establecieron las primeras cátedras de enseñanza científica de los quehaceres administrativos, para los servidores del Estado".
            "Desde entonces, la ciencia de la administración ha sido materia de estudio y reflexión, aunque es cierto que la improvisación y el olvido han provocado que nuestra disciplina se haya extraviado más de una vez, al grado que algunos piensen que ni tiene pasado, ni su objeto de conocimiento tiene el rigor de una ciencia. Entre aquello que se perdió se encuentran las ciencias camerales o ciencias de la administración del Estado absolutista y de cuyo dramático extravío se llegó a pensar que habían precedido a la economía, no a la ciencia de la administración”.
             "Durante el siglo XIX, la ciencia de la administración volvió a perderse, aunque parcialmente, 10 que indujo a ciertas personas a crear "nuevas ciencias de la administración”. A principios del siglo XX y a otras más, extraordinariamente ingenuas, a creer en ellas. Fue este el tiempo en que se consagró el gerencialismo y luego los estudios sobre las organizaciones, que supieron acomodarse temporalmente en el hueco dejado por la ciencia de la administración".
             "Pero en los tiempos actuales las cosas han cambiado y, una vez que la ciencia de la administración ha recuperado su identidad y autenticidad, las modas intelectuales del presente han comenzado a ser desplazadas. Hoy día, los países del mundo vuelven a interesarse en el estudio de la actividad estatal y la ciencia de la administración ocupa de nuevo el sitial que le corresponde".
            Es evidente que desde el siglo XIX hubo tendencias importantes para constituir a la administración como la Ciencia de la Administración, tarea que dio resultados positivos, puesto que la misma, reúne los requisitos para ser considerada como tal, pues tiene un objeto, un fin y métodos propios, que le hacen obtener la calidad de Ciencia. El objeto es la materia que estudia dicha ciencia, es decir, los fenómenos, prácticas, técnicas, esfuerzos que le permiten elaborar sus principios. Su fin está constituido por las reglas o principios que se obtienen mediante el uso de los métodos adecuados, que son los procedimientos por medio de los cuales se conoce y depura el material y se elaboran los principio" correspondientes de esta ciencia.
            En virtud de la materia u objeto de la Ciencia de la Administración se deduce que es una ciencia social y para probarlo o confirmarlo aclararé que la diferencia esencial entre las ciencias sociales, culturales, normativas, teleológicas, etc. y las ciencias de la naturaleza, causales o fácticas, consiste en que mientras en las primeras el hombre a través de su conducta es protagonista de las mismas, y su hacer y quehacer determinan en muchas ocasiones su contenido, en las ciencias naturales o causales, por el contrario, el hombre solamente se limita a ser un espectador de los fenómenos y de las leyes de la naturaleza, que son fatales e inevitables, por lo cual el ser humano únicamente se limita a observarlas, conocerlas, interpretarlas y aplicarlas o valerse de las mismas para realizar las actividades que, inclusive, pueden tener el carácter de científicas.
             Las ciencias están clasificadas o separadas en los dos grandes grupos que he mencionado y que los diferentes autores que tratan de las mismas les dan el nombre que ellos estiman conveniente, pero en esencia corresponden a cualquiera de los dos grupos ya citados y también es natural que en las ciencias respectivas se utilicen los métodos idóneos para llegar al conocimiento, bien sea el método racionalista, llamado también deductivo, apriorístico o sintético, o bien, el método empirista conocido también, por su modo de operar, como método analítico o método a posteriori; es decir, para llegar al conocimiento lo hacemos a través de la razón o de la experiencia, pero también puede suceder que lo hagamos por medio de ambas, por lo cual debe afirmarse que los métodos más que excluirse se complementan, y que el uso del método está en razón directa de la ciencia de que se trata, ya que está determinado por la materia u objeto de la misma.
            Sobre el método de las ciencias sociales, Félix KAUFMANN sostiene que, "las dificultades capitales de los análisis metodológicos de las ciencias sociales tienen su origen en la extraordinaria riqueza de problemas que se cruzan y enredan entre sí. Mientras que en los estudios similares de la lógica, de la matemática y de la física teórica nos encontramos, por lo general, con un número bien limitado de cuestiones y podemos divisar, por lo menos a trechos cortos, el camino a seguir, en las ciencias sociales nos encontramos con el espectáculo confuso de innumerables caminos que se pierden en el infinito".
             En efecto, la problemática de la metodología de las ciencias sociales debe entenderse en razón directa de la importancia de su contenido, que son las relaciones e interrelaciones humanas que están determinadas no solamente por razones de normación, sino también de motivación y que en consecuencia, los puntos de partida para llegar al conocimiento propuesto son variables, pero más cambiantes aun son los recorridos que se tienen que hacer para llegar a los propósitos planteados y que en múltiples ocasiones intervienen factores que dificultan la llegada rectilínea al fin o propósito buscado, pero esta circunstancia no debe causar desilusión o desánimo en la investigación de las ciencias sociales, sino por el contrario representa un reto a la inteligencia humana para tratar de conocer la problemática que determina la conducta de la humanidad, en las distintas sociedades y en las circunstancias particulares e históricas que se presentan.
            Las ciencias sociales no pueden proporcionar respuestas precisas y uniformes en todos los casos porque su materia la constituyen acciones, interacciones y actividades humanas en las cuales nunca se da el principio de la fatalidad como sucede en las ciencias naturales o causales en las cuales las respuestas siempre son las mismas, de manera que al conocer la causa ya se pueden determinar los efectos que ésta producirá y a la inversa, conocidos los efectos se puede indagar, de manera inequívoca, cuales fueron las causas que la produjeron. Por todas las razones expuestas es evidente que la Ciencia de la Administración, es una ciencia social y por lo tanto no es una ciencia exacta, pero sus principios y reglas son firmes y precisas y están enmarcadas en el rigor científico.
             Respecto a la administración WilburgJIMÉ- NEZ CASTRO la define de la siguiente manera "Administración es una ciencia social compuesta de principios, técnicas y prácticas y cuya aplicación a conjuntos humanos permite establecer sistemas racionales de esfuerzo cooperativa, a través de los cuales se puedan alcanzar propósitos comunes que individualmente no es factible lograr".
             El propio autor proporciona también la siguiente definición: "La administración es un conjunto de conocimientos y de investigaciones que tiene sus propios principios y permite obtener conclusiones confiables y susceptibles de adquirir carácter unitario y general"." Con el material expuesto, me permito definir a la administración de la siguiente manera: "Es la actividad estructurada, ordenada y organizada que llevan a cabo las autoridades correspondientes del gobierno o de alguna institución u organismo particular, para que mediante las leyes, reglas, principios y técnicas respectivas, y del esfuerzo cooperativo se satisfagan las finalidades colectivas que le han sido encomendadas, y que individualmente no pueden ser satisfechas".

 LA CIENCIA DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

             La Ciencia de la Administración Pública es una ciencia social que tiene por objeto la actividad del órgano ejecutivo cuando se trata de la realización o prestación de los servicios públicos en beneficio de la comunidad, buscando siempre que su prestación se lleve a cabo de manera racional a efecto de que los medios e instrumentos de la misma se apliquen de manera idónea para obtener el resultado más favorable por el esfuerzo conjunto realizado. Alejandro CARRILLO CASTRO define a la administración pública como "el sistema dinámico -integrado por normas, objetivos, estructuras, órganos, funciones, métodos y procedimientos, elementos humanos y recursos económicos y materiales- a través del cual se ejecutan o instrumentan las políticas y decisiones de quienes representan o gobiernan una comunidad políticamente organizada ".6 Es comúnmente aceptado que la Administración Pública se lleva a cabo mediante las actividades que tienen el siguiente contenido:
 a) Mantener el orden público;
 b) Satisfacer las necesidades de la población y
 c) Conducir el desarrollo económico y social, partiendo siempre de la base jurídica de que el acto administrativo se realiza bajo un orden jurídico, que crea, modifica o extingue situaciones jurídicas particulares y concretas, y que en un Estado de derecho toda la actividad administrativa está determinada por el principio de legalidad a que se refiere el artículo 16 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, es decir, que todos los actos de la administración pública deben estar señalados por la Ley, puesto que de otra manera serían anticonstitucionales, de ahí que es cuestionable la opinión de quienes sostienen que la realidad de la actividad administrativa avanza más rápidamente que las leyes y que por tanto la primera, puede señalar los derroteros y cambios de las segundas. Tal criterio opera si se trata de hechos y realidades sociales que tipifican conductas que posteriormente estarán comprendidas en las leyes, pero que tal situación no puede aceptarse como válida respecto a la actividad administrativa, considerándola como antecesora del ordenamiento legal.
            También se considera a la administración pública como un esfuerzo racional del gobernante para cumplir con los compromisos adquiridos con la ciudadanía, y a la vez, como una disciplina académica que utiliza el método científico para la búsqueda de soluciones a los problemas que se generan con motivo de las relaciones entre el Estado y la sociedad civil, y a ella corresponde la tarea de manejar/y administrar el patrimonio del Estado, de acuerdo con las leyes de la materia, para la satisfacción de las necesidades colectivas, debiendo buscar en todo caso un equilibrio de la situación financiera del mismo a través del gasto e ingreso público. La administración pública tiene los mismos o semejantes problemas estructurales y funcionales de una organización privada, aun cuando sus características siempre permitirán diferenciarla de ésta. La administración pública, transforma los insumos en productos y tales son: los recursos humanos, financieros, materiales, políticos, tecnológicos y de poder, mediante el proceso de decisión. Se debe aceptar que a lado de la Ciencia de la Administración Pública existe la Ciencia de la Administración Privada y que ambas tienen características comunes, pero también principios, reglas y objetivos que les distinguen y separan.
            De lo expuesto se deduce que la Ciencia de la Administración Pública se refiere solamente a la actividad de uno de los órganos del Estado: al ejecutivo o administrativo. La Administración Pública es una ciencia que se va consolidando firmemente pero que siempre estará relacionada estrechamente ligada con la Ciencia Política, y en términos de expresión normal se hablará siempre de la relación existente entre la política y la administración, aceptando la mayoría de autores que la política es la ciencia que se refiere a toda la actividad estatal con sentido deontológico, en tanto que, la Administración Pública se refiere solamente a una parte de la actividad estatal enmarcada fundamentalmente en la prestación de los servicios públicos. Representa la actividad de uno de los órganos originarios del Estado: el ejecutivo, es la concreción de la voluntad del poder político, por lo cual, la administración no puede ni debe considerarse como un fin en sí mismo, sino el medio o instrumento a través del cual.iel Estado satisface las necesidades de su población llevando a cabo los servicios públicos que requiere la comunidad y todas las tareas que beneficien a la misma y justifiquen su existencia a través de la historia.
             El Estado realiza una actividad, que es la que el hombre históricamente le ha encomendado, y ella varía, en consecuencia, a través del tiempo, del espacio y de los sistemas políticos, pues mientras en el Estado liberalista clásico la actividad de éste, sobre todo en el aspecto económico, era menor que la del Estado intervencionista y todavía más reducida que la del totalitario, pero se debe reconocer que el Estado neoliberal o liberal de finales del siglo XX tiene una intervención muy importante y variable que está muy por encima de la que tenía el Estado liberal clásico.
            A la actividad que realiza el Estado se le han dado distintos nombres, tales como: atribuciones, funciones, facultades, cometidos, servicios públicos, prerrogativas, etc. Considero que los nombres correctos para designar a la actividad estatal son: atribución y función, aceptando el significado que ambas le da el Dr. Gabino FRAGA, es decir, a la atribución como el contenido de la actividad del Estado y a la función como la forma en que se realiza esa actividad, sosteniendo que las funciones deben ser consideradas, además, desde el 'punto de vista formal y material, el primero cuando se refiere al órgano que realiza la función y el segundo cuando se atiende al contenido de la misma. El significado de atribución y función expuesto es contrario al expresado por el del Dr. Andrés SERRA ROJAS que se apoya en el criterio de Benjamín VILLEGAS BASAVILBASO para quienes la atribución representa la forma de la actividad estatal y la función el contenido de la misma.
             Las funciones tradicionales del Estado son tres: la legislativa, la 'ejecutiva y la judicial, a las que agregaré la función social del Estado que a partir de la segunda década del siglo XX ha tomado gran auge. A través de estas funciones estatales se realiza toda la actividad del Estado de contenido múltiple y de una riqueza extraordinaria para satisfacer las necesidades de una sociedad permanentemente evolutiva que asigna al Estado nuevas atribuciones. Las denominaciones expresadas no son unánimemente aceptadas por los teóricos de la Política, de la Teoría del Estado, de los del Derecho Administrativo y de la Administración Pública.
             Así por ejemplo, León DUGUIT y sus seguidores, a la actividad del Estado la identifican con el servicio público. Considero que ésta denominación no es muy afortunada, puesto que no toda la actividad estatal es servicio público y tampoco éste es realizado únicamente por el Estado, ya que también lo pueden llevar a cabo los particulares mediante actos de concesión o autorización, sin embargo, debe reconocerse la importancia del servicio público en la definición de la administración, aunque no siempre se use este nombre. Sobre las funciones del poder público León CORTIÑAS-PELÁEZ dice: "En un intento por superar las confusiones terminológicas tan frecuentes entre los cultivadores de la ciencia de la administración y del derecho administrativo, parece importante contribuir previamente aquí a un deslinde, lo más preciso posible, de ciertas nociones capitales.
            En este sentido séanos permitido hacer referencia a los conceptos de función del Poder Público, de Poder del Estado, de facultad y de cometidos del Poder Público..... "Genéricamente la función del Poder Público es una manifestación de la voluntad general que, mediante la emisión de actos jurídicos y/o la realización de operaciones materiales, tiende al cumplimiento de los fines supremos del Estado, preceptuados por la Constitución y demás reglas subordinadas del ordenamiento jurídico"... "la función administrativa es la única que no puede contentarse con la simple emisión de actos jurídicos, pues su plenitud exige la ejecución de los mismos mediante operaciones materiales"... "las facultades son poderes jurídicos específicos de que están dotados los órganos de la administración pública para el cumplimiento de los respectivos cometidos.....             Mientras las funciones constituyen una categoría abstracta y universal, válida para todos los países y para todas las épocas; los cometidos, por el contrario constituyen una categoría concreta y particular, que puede variar según el "genio propio" de cada país y de, cada circunstancia histórica"... "llamamos cometidos esenciales a estas tareas concretas, en función administrativa y mediante actos de autoridad o imperio, insusceptibles de toda concesión a los particulares, en régimen estricto de derecho público, y cuyos destinatarios se encuentran frente a ellas en calidad de súbditos"."
             Todo lo expuesto por él autor citado lo lleva a cabo para tratar de demostrar que el término "cometidos" es el indicado o el adecuado para ser utilizado como el contenido de la actividad de la administración pública desechando los otros términos que han quedado mencionados por los motivos que él menciona.
            Sin embargo, considero que la palabra atribuciones del Estado es el indicado porque se refiere al contenido de la múltiple y riquísima actividad estatal enmarcada dentro de las facultades, funciones y atribuciones del órgano ejecutivo o administrativo que tiene como tarea específica y fundamental la de llevar a cabo la función administrativa no solamente considerada desde el punto de vista formal, sino también desde el punto de vista material y que comprende a todas las actividades que los autores en cita llaman cometidos, pero que en nada cambian el contenido de la actividad administrativa formal y materialmente hablando, que representa el contenido-del órgano llamado administración pública.
            Como ya quedó expuesto entre la Política y la Administración Pública existe un vínculo indisoluble, puesto que la primera proporciona los principios fundamentales sobre los cuales se llevan a cabo las actividades de la segunda, pues dentro del proceso político se discuten los objetivos y se establecen las prioridades de esas actividades, atendiendo a" los criterios derivados de la ideología, de la importancia de las necesidades y de los recursos con que se cuentan para realizar a través de la administración los proyectos determinados por la política. Respecto al político, que es la persona que crea, sistematiza, interpreta y expresa la política, el Licenciado Jesús REYES HEROLES, manifestó en diferentes ocasiones, en discursos, conferencias o coloquios que: "Es el político quien con su saber, con su experiencia, en su arte o en su ciencia si se quiere, le pude decir al técnico lo que es posible realizar y lo que no es posible; las resistencias que hay que vencer para una modificación o transformación; cuando avanzar y cuando detenerse; los riesgos de la inmovilidad y del avance.
            Es el político quien explica a las colectividades cómo, cuándo yen que forma satisfacer sus necesidades, como sortear peligros y asechanzas, como adoptar medidas que pueden ser contraproducentes a lo que con ella se busca. La profesión del político es la sensibilidad para pulsar lo que una colectividad quiere y lo que uno quiere; para armonizar intereses total y fragmentariamente contrapuestos, cuando las consecuencias de su choque se pueden traducir en perturbación, transtorno, retroceso; es el político profesional al quien con la cabeza y el carácter ayuda a las colectividades a moldear las duras y resistentes realidades.
            Por ser así, es lo que la existencia de una clase política es factor decisivo para la estabilidad y el progreso de los pueblos." y agrega: "Hagamos más, mucha más política; hagamos mejor política". "Si logramos que triunfe la fuerza de la política sobre la política de la fuerza, habremos conseguido una victoria para México". El Administrador Público es la persona que lleva a cabo los proyectos y programas, planes y esquemas señalados por el político, o para decirlo en forma impersonal y con intenciones de incursionar en el campo científico, la Ciencia Política formula los proyectos, diseña los esquemas y perfila los principios fundamentales, determinados por las aspiraciones sociales, en tanto que la Ciencia de la Administración Pública lleva a cabo las actividades, jurídicas, intelectuales y materiales que concretiza las posibles satisfacciones de las necesidades de la sociedad.
            En México se da el caso de que el político y el administrador están representados por la misma persona, el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, que es al mismo tiempo Jefe del Estado y del Gobierno y que como tal es el que realiza las actividades políticas más importantes de la Federación y al mismo tiempo en su calidad de titular del órgano Ejecutivo de la Unión, es el Jefe o Titular de la Administración Pública Federal, coincidencia que evita problemas por la disputa de poder. Lo mismo puede afirmarse del los Gobernadores de los Estados de la Federación que encarnan al mismo tiempo los papeles más elevados de la política y de la administración de sus entidades federadas.
            Respecto a los Municipios corresponde a los Ayuntamientos llevar a cabo las actividades políticas de los mismos, en tanto que el Presidente Municipal, es el ejecutor de los acuerdos de éstos, el Administrador Municipal por excelencia, aun cuando debe reconocerse que en varias ocasiones realiza actividades de índole política. Se afirma que en nuestro país de 1821 a 1854 se vivió en la etapa de mucha política y poca administración, de 1854 a 1874 en la época de la definición política y administrativa y de 1876 a 1910 se vivió con el criterio de mucha administración y poca política.
            Debe concluirse en este aspecto en el sentido de que la política determina y señala los derroteros y caminos por los que debe marchar la Administración Pública.

LA CIENCIA DE LA ADMINISTRACIÓN PRIVADA
             
            A lado de la administración pública existe la administración privada, y si bien es cierto que la primera se ha constituido por méritos propios en un largo proceso histórico como Ciencia de la Administración Pública, cuyo contenido está determinado por la actividad de uno de los órganos fundamentales del Estado: el ejecutivo o administrativo, también es cierto que la Administración Privada se ha formado como ciencia, teniendo sus principios y reglas, así como, objeto, fin y métodos propios. Es evidente que la Ciencia de la Administración Pública se ha visto enriquecida con el pensamiento de teóricos de la Política, del Derecho Administrativo y de la Ciencia de la Administración Pública, pero también la administración privada lo ha hecho, aunque en menor grado que la administración pública, lo que resulta comprensible puesto que la primera abarca una parte importantísima de la actividad estatal, aun cuando debe reconocerse la existencia de una enorme cantidad de libros relativos al estudio de algún aspecto concreto de la administración privada.
            La Administración Privada está íntimamente vinculada con la administración pública, puesto que ésta siempre podrá cumplir con sus atribuciones, facultades o cometidos mediante el caudal de recursos, fundamentalmente económicos que solamente puede obtener de los particulares e innegablemente se puede afirmar que los más importantes y poderosos contribuyentes al ingreso o erario estatal, son algunos particulares, las empresas, organismos, etc., es decir, personas físicas y morales que realizan o intervienen en los distintos aspectos de la administración privada, por lo que debe aceptarse que una excelente administración privada enriquece a la administración pública, pues sería imposible concebir a ésta rica, vigorosa y próspera al lado de una administración privada carente de iniciativa, de recursos y solvencia moral, técnica, científica y económica.
             Por lo expuesto en los párrafos que anteceden se tratará en algunas partes de este libro varios temas que atañen fundamentalmente a la administración privada, pero considero que deben estudiarse por las relaciones e importancia que tienen, en el campo de la ciencia de la administración pública, y que en muchas ocasiones se derivan de ésta. Respecto a la Administración Privada, también es una ciencia social que debe respetar al orden constitucional, pero sus reglas y principios no tienen la inflexibilidad de los de la administración pública, ya que varían en periodos mucho más cortos, obedeciendo a las circunstancias que le impone la mercadotecnia, pero aun así su estructura y organización esimportante para el logro idóneo de sus cometidos.
             Aun cuando considero que es difícil dar una definición de la Teoría de la Administración Privada que cumpla en plenitud con los requisitos de la lógica, formulo la siguiente: Es una ciencia social que en ocasiones se auxilia de conocimientos técnicos, y cumpliendo con el orden constitucional y reglamentario que del mismo se deriva, forma sus principios, reglas y normas a efecto de aprovechar el esfuerzo cooperativo y coherente del personal humano, recursos materiales y científicos para lograr que con el mismo se incremente la productividad y la producción de una empresa que labora bienes para la satisfacción de las necesidades colectivas, con carácter especulativo.





Tema 3

Capacitación Basada en Normas de Competencia Laboral. Una Alternativa Para el Nuevo Milenio en Cuestión de Capacitación.


            El mundo se encuentra en un proceso de cambio permanente, que en los últimos años se ha acelerado con el desarrollo científico y tecnológico, que ha influido en forma notoria en todos los aspectos de la sociedad contemporánea. Hoy en día se da la competitividad con base en la preparación de los recursos humanos. La globalización a nivel mundial ha traído una mayor vinculación entre las economías y la movilidad laboral ha exigido mayor velocidad de cambio y adaptación de los sistemas de educación y capacitación a las tendencias tecnológicas y a las transformaciones organizativas de la producción, por ello, la globalización incluye, además de los procesos de producción y comercialización, la de los sistemas de educación y capacitación de recursos humanos, por lo que éstos deben mejorar su calidad y acelerar su adaptación a las nuevas condiciones de la tecnología, la economía y la sociedad.

CAPACITACIÓN LABORAL

            Con el contexto anteriormente mencionado, la capacitación no puede concebirse como una actividad aislada y desvinculada de las estrategias de mejoramiento de la productividad y competitividad de la economía. La capacitación laboral constituye un proceso esencial para la transformación productiva. La falta de una capacitación se refleja con mayor fuerza en el ámbito de las empresas: micro, pequeñas y medianas, que en su conjunto formarían más del 90% de los establecimientos productivos en México y que en su mayoría se encuentran en un estado de desventaja ante la competencia externa. La exigencia de una mayor capacitación se manifiesta dentro y fuera de la empresa.
             Externamente se presenta como un proceso continuo, integral, de calidad, acorde con las tendencias tecnológicas y los cambios en las estructuras ocupacionales. Internamente forma parte de las estrategias de calidad total y mejoramiento continuo, reingeniería de procesos y sistemas, con el fin de elevar la productividad y competitividad. En el centro de una estrategia de cambio se encuentra la formación integral y permanente de los recursos humanos, con el fin de enfrentar en mejores condiciones los mercados globalizados y el cambio tecnológico continuo, a través de elevar los niveles de productividad y competitividad. El desarrollo integral de los individuos los hace más perfectibles, ya que se involucra al ser biopsicosocial. Fomentar el conocimiento en forma exclusiva es reducir el proceso de aprendizaje a una actividad mental, por lo que es necesario desarrollar, asimismo, habilidades y actitudes que se presentan en cada actividad humana. El hombre involucra todo su ser en el proceso de aprendizaje y debe constantemente buscar una congruencia entre el SER-SABER Y SABER HACER.

NUEVOS RETOS Y PLANTEAMIENTOS EN LA CAPACITACIÓN LABORAL

             Los principales retos que enfrenta actualmente el sector empresarial es: modernización tecnológica, reorganización de los procesos de producción y trabajo, así como la formación permanente de los recursos humanos. La organización para la cooperación y el desarrollo económico (OCDE) ha señalado que la solución a los problemas del empleo tiene relación con el desarrollo de tres capacidades  básicas:
 - Capacidad de Innovación
- Requiere imaginación y creatividad para enfrentar el cambio.
- Capacidad de Adaptación
- Adecuar los cambios a la tecnología y a los mercados, con el fin de responder con mayor agilidad a las necesidades cambiantes.
- Capacidad de Aprendizaje
- Asumir el aprendizaje como un proceso continuo y sistemático, con la finalidad de un desarrollo de capacidades adaptativas e innovativas.
             Lo anteriormente mencionado nos origina un nuevo concepto de la formación y la capacitación, como actividades que se transforman en procesos esenciales para la vida productiva de los individuos. Las empresas deben percibir a la capacitación como un proceso integral y permanente, y no solamente como una obligación legal. Se debe reconocer los beneficios que aporta la capacitación en los recursos humanos, que se refleja en una mayor productividad e ingreso económico.
            Asimismo, lo anterior tiene repercusión en la cultura y desarrollo organizacional, originando un ambiente de motivación, crecimiento, productividad, cooperación, compromiso, etc. Existe una necesidad de reformar el sistema de capacitación y formación, ya que la economía de la oferta se está transformando en una economía por demanda. Las empresas están adoptando sistemas flexibles de producción con el fin de atender con rapidez y oportunidad a las distintas necesidades de la demanda. En un modelo flexible y dentro de una estrategia de mejora continua, el trabajador debe tener la capacidad de incorporar y aportar sus conocimientos al proceso de producción y participar en el análisis y solución de problemas que obstaculizan la calidad y la productividad.
             Con lo anteriormente mencionado se pretende darle un valor a la educación profesional técnica, ya que muchos jóvenes ingresan a las carreras técnicas poco motivados y las visualizan como una última opción de desarrollo profesional. Un país como el nuestro, con un cúmulo de necesidades insatisfechas, debe apoyar a este número creciente de estudiantes potenciales, que carecen de los medios para ingresar a la educación superior y que tienen urgencia por entrar al mercado laboral en forma activa y percibir ingresos.

PROBLEMÁTICA DE LABORAL EN MÉXICO LA CAPACITACIÓN

             La capacitación laboral en México ha enfrentado algunos problemas como:
- Los programas de capacitación son diseñados, aplicados y evaluados académicamente y no tienen vinculación real con problemas y requerimientos de los procesos productivos.
- No hay una adecuada coordinación entre los programas de capacitación, que son básicamente organizados por especialidades.
- Existe una rigidez en los programas de capacitación, que representa una barrera de entrada que afecta en forma negativa la permanencia y movilidad en el mercado laboral.
- No se ha tomado en cuenta el cambio en los perfiles ocupacionales que requieren de nuevas capacidades laborales, de caracterización genérica, que desarrollen habilidades para: análisis y resolución de problemas, trabajo en equipo, asumir responsabilidades, capacidad para comunicarse, etc.
-No se ha generado una mayor movilidad laboral dentro del proceso productivo, con el fin de crear una visión de mayor amplitud en las actividades de trabajo.
- Falta reconocimiento en la experiencia laboral, ya que los conocimientos obtenidos a través de la experiencia no tienen un reconocimiento formal, de manera que no se da la posibilidad de acreditar conocimientos para la carrera profesional y personal.
             La industria requiere cada vez más trabajadores competentes con los conocimientos necesarios para responder eficazmente a las exigencias del proceso productivo. La desvinculación que se presenta entre el sistema formativo y productivo no ofrece a los trabajadores la posibilidad de alternar el trabajo y el estudio para actualizar sus conocimientos de manera rápida. La educación y la capacitación técnica deben reformarse y obtener un reconocimiento similar a la educación académica.
            Las actividades laborales carecen de una Revisión temática visión de amplitud dentro de los procesos productivos (el desempeño de una función en varios contextos), por lo que la movilidad laboral no se ha generado a gran escala. Debido a lo anterior, la capacitación laboral debe reformarse para adaptarse a las necesidades cambiantes.

CAPACITACIÓN BASADA EN NORMAS DE COMPETENCIA LABORAL

            Se ha realizado una reforma estructural a la formación y capacitación de los recursos humanos mediante el surgimiento de las competencias laborales. El término de la competencia tiene su origen en los cambios técnicos y organizativos de las empresas, así como en la falta de capacidad de adecuación del sistema educativo a las necesidades cambiantes del aparato productivo y de la sociedad.
            En los años ochenta el movimiento de las competencias laborales empezó a tomar fuerza en países con sistemas de educación-formación rezagados, como es el caso de México y algunos países de América Latina. Dentro del Proyecto para la Modernización de la Educación Técnica y de la Capacitación (1995-2000) surge un sistema de Certificación de capacidades laborales con aceptación en el mercado laboral, así como la definición y establecimiento de un sistema de educación y capacitación basados en Normas de Competencia Laboral.
             Así mismo se establece el Consejo de Normalización y Certificación (CONOCER) establecido oficialmente, con el objetivo de normar y validar los procedimientos de las competencias laborales. El Consejo se encuentra constituido, en una parte, por diversos comités técnicos (supervisores, gerentes de línea, etc.), de las diferentes áreas ocupacionales del sector productivo, donde se definen los contenidos de las normas de competencia laboral, con el objeto de asegurar su coherencia y consistencia.
            En forma simultánea se establecen organismos Certificadores y Centros de Evaluación de Competencias Laborales para acreditar y certificar los conocimientos, las habilidades y las actitudes, acordes a las normas técnicas de competencia establecidas por el Consejo de Normalización y Certificación. Las calificaciones otorgadas son dos: competente o no-competente.
            Una norma de competencia laboral (NCL) es la descripción de los conocimientos, habilidades, destrezas y operaciones que una persona debe desempeñar y aplicar en diversas situaciones de trabajo. A continuación se presenta un esquema explicativo de la norma: Criterios de desempeño: Logros aceptables en cada elemento de competencia. Describen los desempeños esperados.
            Éstos incluyen las evidencias de los desempeños que pueden ser: Directas (detalla las situaciones requeridas por los criterios de desempeño) y las del producto (detalla los resultados esperados en cuanto a los productos tangibles). Campos de aplicación: Se expresa el contexto en que se logra el elemento de competencia (circunstancias) e incluye a las evidencias del conocimiento que pueden ser: conocimientos fundamentales (métodos y principios que son constantes para un desempeño competente) y los conocimientos circunstanciales (que permiten tomar decisiones y adaptarlas a situaciones variadas). Orientación de la evaluación: Se detallan los métodos de la evaluación y un análisis comparativo entre las diversas evidencias obtenidas.
            Dentro de este marco surge la Capacitación Basada en Normas de Competencia Laboral como un sistema, metodología o modalidad para la capacitación de los recursos humanos, que a partir de sus experiencias y conocimientos previos, busca un desarrollo integral, con el fin de un desarrollo óptimo. La noción de Competencia incluye un carácter holístico de la actividad humana, en el que se articulan teoría y práctica, el ser-saber y hacer.
             Las Competencias se centran en el desempeño, ya que la formación debe tener impacto directo en la actuación de los capacitados y no solamente ser un requisito de formalidad. El fomentar la adquisición de conocimientos, habilidades y actitudes en los trabajadores, como requisitos indispensables para tener un alto rendimiento laboral, origina una mayor conciencia en el trabajo desempeñado, en cuanto a buscar calidad en el producto o servicio y el tener presente a la actividad laboral como una posibilidad de desarrollo personal y no exclusivamente como una actividad mecánica. Este modelo educativo utiliza a las normas como eje en la orientación del trabajo, ya que representa una expectativa de desempeño en el lugar de trabajo, contra la cual se compara un comportamiento observado. La norma, asimismo, es un parámetro evaluativo, para determinar la competencia o incompetencia del candidato, independientemente de la forma en que la competencia fue adquirida.
            Para garantizar las normas de competencia, éstas serán definidas por los diversos sectores productivos y constituirán un lenguaje común para dar uniformidad a la formación de recursos humanos. Existen cinco niveles de competencia que se refieren a los diferentes grados de dominio de una competencia. Estos niveles se encuentran determinados por variables de autonomía y responsabilidad en la ejecución del trabajo. Los niveles van desde actividades rutinarias y predecibles hasta técnicas complejas con un alto grado de autonomía, responsabilidad y planeación.
                         
LA NORMA COMO UN INSTRUMENTO REGULADOR DEL MERCADO DE TRABAJO

             La norma de competencia laboral es un instrumento que permite articular la formación con elementos de recursos humanos, en lo que respecta al mercado de trabajo interno, como son: sistema de salarios, participación, ascensos, etc. En cuanto al trabajo externo, representan ser un sistema de información dinámico en lo que se refiere al "saber hacer" en procesos productivos. De lo anterior se concluye la necesidad de establecer bases para un entendimiento común, generando un sistema simbólico en cuanto a la administración de recursos humanos.
            Se pretende lograr la flexibilidad del modelo del sistema de capacitación técnica en competencias, mediante la estructuración de los programas en módulos de aprendizaje, donde cada uno corresponde a una unidad de competencia y donde estudiantes y trabajadores puedan progresar gradualmente hasta llegar a dominar grados avanzados de competencia.
             Las normas de competencia laboral hacen explícito lo esperado en el proceso de capacitación, lo que origina un mayor control y responsabilidad sobre el propio aprendizaje.

CERTIFICACIÓN DE LAS NORMAS DE COMPETENCIA

            La certificación de las normas de competencia se ubica como la última etapa en el sistema por lo que es importante mencionar que las competencias se van actualizando en un proceso interactivo, además de que se puede transferir de una competencia a otra. El proceso de certificación tiene tres momentos:
 1.-Acreditación de la competencia por instancias facultadas.
2.- Acreditación por parte de instituciones facultadas para emitir un certificado.
3.- Acto de certificación. Los evaluadores son personas clave dentro de un sistema de certificación de competencias, ya que son los que aplicarán el primer proceso directo de la evaluación, debido a su experiencia en la función ocupacional, por estar como supervisores o como gerentes de línea.
            El evaluador tiene un contacto directo con el candidato a certificación y debe tener presente que para realizar una evaluación correcta en competencias debe: Revisión temática
 - Evaluar el desempeño del candidato en el área de trabajo, básicamente observando.
 - Evaluar al candidato utilizando diversas evidencias (documentos testimonios, proyectos, diario de aprendizajes, etc.).

¿QUÉ ES UNA COMPETENCIA?

            La competencia comprende la especificación del conocimiento y la habilidad, así como la aplicación de ambos dentro de una ocupación o nivel industrial para la norma de desempeño requerido en el empleo. El concepto de competencia se enfoca en lo que se espera de un trabajador en el centro de trabajo, esto hace referencia a la capacidad de transferir y aplicar habilidades y conocimientos a nuevas situaciones y contextos.




¿QUÉ SON LAS NORMAS DE COMPETENCIA?

             Son aquellas que definen las competencias requeridas para el desempeño efectivo en el empleo. Se relacionan con prácticas reales laborales, expresadas como un resultado, aplicables en diversos contextos.

Tabla 1.Algunas diferencias entre el Sistema de Capacitación Técnica Tradicional y La Capacitación Basada en Normas de Competencia Laboral

CAPACITACIÓN TRADICIONAL
CAPACITACIÓN BASADA EN NORMAS DE COMPETENCIA LABORAL
Los contenidos de los programas son académicos, poco flexibles y altamente especializados.
El sector productivo establece los contenidos la definir un sistema normalizado de competencia laboral (SNCL). Los cursos son modulares y graduales, con el fin de adquirir competencias más avanzadas.
No hay opciones ante la deserción y no se da la suficiente preparación para satisfacer necesidades requeridas por el sector productivo.
El aprendizaje se define como una  y habilidades   de conocimientos y habilidades de utilidad. Cada trabajador va a su ritmo, proceso individualizado.
No hay una estandarización en los resultados de la capacitación. No se da reconocimiento a los aprendizajes realizados fuera del sistema educativo.
Se utiliza un sistema de certificación basado en demostración de los conocimientos y habilidades. Origina una estandarización.
Los diplomas o certificados no proporcionan información real de las habilidades y conocimientos del trabajador.
Se da una certificación o acreditación a los conocimientos  y habilidades adquiridos empíricamente, que ofrecen datos sobre su formación real.
El capacitado no se encuentra muy motivado en  su proceso formativo ya que no toma una posición activa en él, así mismo percibe una desviación con el sector productivo.
El capacitando encuentra una mayor motivación en su proceso de formación, ya que toma una actitud activa, se adecua a sus necesidades particulares y obtiene un reconocimiento  que avala sus conocimientos y habilidades reales.


PUNTO DE VISTA PEDAGÓGICO

            Esta nueva modalidad en capacitación es una metodología de enseñanza orientada a desarrollar conocimientos y habilidades necesarias para desempeñar un puesto de trabajo determinado, con ventajas para el capacitando en cuanto a la flexibilidad y rapidez en la adquisición de conocimientos y destrezas específicas. Así mismo permite seleccionar tiempos con el fin. De alternar estudio y trabajo, así como el poder interrumpir y reanudar la formación a largo tiempo.
            En la actualidad, el contexto de las empresas se caracteriza por el requerimiento de tener que capacitar nuevamente a su personal, para adecuar el currículo, donde se hace referencia a los conocimientos y habilidades, a las nuevas condiciones de los procesos productivos. Es importante el que las instituciones que ofrezcan servicios de capacitación, introduzcan innovaciones tecnológicas en los contenidos temáticos de sus programas. Se ha dado poca relación entre los sectores educativos y los que se dedican a la producción, por lo que es importante tomar en cuenta algunos  aspectos como:
- Se ha tenido una concepción reducida del aprendizaje como algo fragmentado y aislado
- Se han ofrecido pocas posibilidades en el diseño curricular de integrar actitudes, habilidades y conocimientos en el proceso educativo.
- Se han promovido pocas situaciones de aprendizaje "convergentes", donde se den situaciones laborales lo más apegadas a la realidad posible.
- Muchos de los contenidos en los aprendizajes se dan de manera abstracta y fragmentada, así como el no ser relevantes para situaciones laborales.
- No se ha reconocido suficientemente al educando como un individuo capaz de organizar y dirigir su aprendizaje.


CONCLUSIONES

- Es importante subrayar con base en lo anteriormente mencionado, el realizar un equilibrio de estatus entre la educación profesional técnica y la académica, ya que cada vez son más necesarias las alternativas para
el creciente número de jóvenes que no tienen acceso a una educación superior.
- Con la modalidad de la capacitación basada en normas de competencia laboral, se pretende revisar el proceso de capacitación y establecer un marco de reglamentación basado en las normas de competencia laboral (NTCL), con el objeto de vigilar su cumplimiento y garantizando un nivel mínimo de calidad, al favorecer una capacitación enfocada al mercado.
- La capacitación basada en competencias pretende evitar la discriminación y ofrecer igualdad de oportunidades, evitando barreras que no permitan el avance del sistema. Así mismo, se pretende ofrecer un mejor proceso evaluativo que se caracterice por ser válido y confiable.
- El fomentar una fuerza laboral calificada, flexible y con una alta productividad es lo que caracteriza a esta modalidad de capacitación, ya que el desarrollar habilidades y actitudes es actualmente una exigencia de las economías modernas.
- Las normas de competencia laboral son un reflejo de modelos laborales, de las cuales se derivan las unidades y los elementos de competencia, como parte constitutiva de ellas.
- Esta modalidad en capacitación pretende generar individuos responsables, con una actitud de apertura a los cambios tecnológicos y de organización. Con una motivación para superarse y buscando constantemente una calidad en su desempeño profesional.
- El generar en los trabajadores que se capacitan una actitud de "bien hacer", supera a la realización de movimientos mecánicos y automatizados, para obtener un producto de calidad y competitividad.

Referencia

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